Viernes, 21 de julio de 2006
21 julio 2006 ZENIT publica el mensaje que ha emitido la Conferencia del Episcopado Dominicano con el t?tulo ?S? a la vida; no a la violencia y a la posesi?n de armas? al concluir su XLIV Asamblea Plenaria.



?No nos ha sido dado un Esp?ritu de cobard?a sino de fortaleza? (2 Tim 1,7)

1. Al concluir la XLIV Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Dominicano, queremos hacer p?blico un Mensaje de fortaleza y esperanza a nuestros fieles y a todos los dominicanos y dominicanas de buena voluntad.

Ning?n otro prop?sito nos anima que el amor a Dios y al pr?jimo y ser fieles a nuestra misi?n de Pastores.
Al reflexionar sobre la situaci?n del pa?s, al que servimos, son muchas las realidades que nos han llenado de gozo y satisfacci?n y algunas que nos duelen en el alma. Entre estas hay que se?alar en primer lugar el fen?meno de la violencia e inseguridad que envuelve hoy a toda la poblaci?n.

Queremos en primer lugar mostrar a todas las familias que han sido afectadas por la muerte de alguno de sus miembros, nuestro inmenso dolor que hemos acompa?ado de oraci?n por las v?ctimas y por sus familiares. Para estos hemos pedido al Se?or les conceda fortaleza y consuelo. A todos les decimos que estamos a su lado.

I. La violencia

2. Respecto a la violencia, complicada hoy con el consumo y tr?fico de drogas y con la violencia internacional, publicamos en enero de 1996, hace 10 a?os, un Mensaje que tiene en la actualidad toda su vigencia.
El t?tulo del Mensaje era: ?S?, a la vida; no, a la violencia y a la posesi?n de armas?.

Dec?amos entonces y repetimos hoy: ?En toda naci?n, que se tenga por civilizada lo que debe imperar es la ley. Y la ley debe ser expresi?n de la justicia. Y la justicia es respeto al derecho ajeno. Y son derechos fundamentales de todo ser humano su vida, su seguridad y su inviolable dignidad. Y contra estos derechos atentan flagrantemente la violencia y la posesi?n privada de armas aunque est? respaldada por una injustificada licencia de ellas. La mayor?a dominicana, sensata y sana, est? contra ambos fen?menos? (n?m. 7).

3. Cultura es el modo generalizado como un pueblo expresa la vida en todas sus dimensiones.

En dicho mensaje resalt?bamos que lo grave era que la violencia estaba ya torn?ndose parte integrante de nuestra cultura. Dec?amos: ?El modo de reaccionar violento se ha ido apoderando poco a poco del alma nacional. Se discute, se reclama, se disiente, se protesta, se ordena, se condena y hasta se manejan los veh?culos violentamente. No se sabe intercambiar sin herir; mandar sin oprimir; defender las propias ideas sin descalificar las ajenas; protestar sin destruir; reclamar sin amenazar; condenar sin anatematizar; disentir sin insultar; censurar sin calumniar; ejercer los propios derechos sin pisotear los derechos del pr?jimo; cuestionar sin agredir; divertirse sin perturbar la tranquilidad del vecino. Ya hasta los ladrones no saben robar sin asesinar. La violencia lo est? invadiendo todo: la vida familiar y p?blica; el trabajo y el deporte; el mundo econ?mico y el pol?tico; la radio y la televisi?n; la prensa y el cine; la pintura y la poes?a; el baile y la m?sica; las instituciones y las organizaciones; las normas y las estructuras? (n?m. 8).

4. Un an?lisis superficial y fr?volo podr?a detenernos en s?lo desentra?ar la violencia. Lo serio es ir a la ra?z de donde brota esa violencia hoy tan extendida y profunda. Esta ra?z no es otra que el desorden existente. Desorden personal y familiar, social y econ?mico, pol?tico y cultural, nacional e internacional. Desorden ideol?gico y ?tico, mental y de comportamiento. Esto provoca rechazo, desesperanza y frustraci?n y ambos fen?menos llevan a multitud de seres humanos a la violencia.

La sociedad no les cubri? necesidades -derechos fundamentales- como acogimiento, amor, educaci?n, instrucci?n, formaci?n, capacitaci?n, trabajo, solidaridad, igualdad de oportunidades. Efecto de ese orden vigente, el gran banquete de la vida -regio y opulento- se restringe hoy a una minor?a de la poblaci?n mundial, mientras la inmensa mayor?a se debate marginada en la dificultad o en la miseria y ha surgido en el mundo entero, con mayor o menor virulencia, la irrupci?n violenta de los marginados exigiendo participar del banquete de los pocos.

5. De acuerdo a esto, la disminuci?n substancial de la violencia est? vinculada a un urgente reordenamiento del mundo actual. Al interior de las naciones y entre las naciones. Tal reordenamiento exige, a su vez, un proceso r?pido de conversi?n de todos.

San Agust?n en su Tratado 12, n. 8, sobre San Juan escribi? ?Muchos amaron sus pecados y muchos los confesaron. El que confiesa sus pecados y los acusa ya se encuentra de lado de Dios, Dios que es la luz, acusa tus pecados y si tu tambi?n los acusas te unes a Dios. Hay como dos cosas: el hombre y el pecador. Dios hizo al hombre y el hombre hizo de s? mismo un pecador. Destruye lo que t? hiciste para que Dios salve lo que ?l hizo?.

El pecado no s?lo es un acto desordenado en si, sino tambi?n desordenador del medio en que el pecador se mueve. Corrompe no s?lo la persona, sino la sociedad.

6. A los ojos de la fe, en la ra?z del desorden que hemos se?alado est? la presencia y dinamismo de los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza; est?n los tres ?dolos, el dios-dinero, el dios-poder y el dios-placer ante los que se postra el hombre moderno.

Es necesario que todos recuperemos la grandeza y atractivo del C?digo de la genuina felicidad promulgado por Cristo con las Bienaventuranzas. Qu? distinto ser?a el mundo si en ?l imperasen las cuatro virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza); los siete dones del Esp?ritu Santo (sabidur?a, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) y los altos valores proclamados en las Bienaventuranzas; si en ?l rigiese siempre el doble mandato del Se?or: ?amar?s al Se?or tu Dios con todo tu coraz?n, con toda tu alma y con toda tu mente, y amar?s al pr?jimo como a ti mismo?.

7. No faltar?n creyentes fieles que en situaciones l?mites se sientan en nuestros d?as como desamparados de Dios. Se trata de un falso sentimiento. Recuerden el pasaje del evangelista San Lucas 12, 4-7: ?a ustedes mis amigos les digo: no teman a los que matan al cuerpo y no pueden hacer m?s. Yo les indico a qui?n deben temer: teman a Aquel que despu?s de matar tiene poder de echar en el infierno, S?, les digo teman a este. ?No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Pues ni uno s?lo de ellos cae en olvido ante Dios. Pero si los cabellos de sus cabezas est?n todos contados, no teman. Ustedes valen m?s que muchos pajarillos?.

San Pablo en la carta a los Romanos despu?s de hablarnos que Cristo nos ama y que prueba de ello es que nos ha dado al Esp?ritu Santo - ?Esp?ritu no de cobard?a sino de fortaleza? (2Tim. 1,7),- exclama: ?Qui?n podr? apartarnos del amor de Cristo?. ?La aflicci?n?. ?La angustia?. ?La persecuci?n?. ?El hambre?. ?La desnudez?. ?El peligro?. ?La espada?. En todo esto venceremos f?cilmente por aquel que nos ha amado?. (Rom. 8, 35).

8. Una falsa concepci?n de la Providencia divina pudiera hacernos creer que cuando la adversidad o la desgracia nos visita es que Dios se ha olvidado de nosotros. La cruz es parte de nuestra vocaci?n cristiana: ?Si alguno quiere seguirme, que tome su cruz y me siga? (Mc. 8, 34). La Divina Providencia consiste en las disposiciones con las que Dios conduce a sus criaturas a la perfecci?n ?ltima, a la que ?l mismo las ha llamado. Dios es el autor soberano de su designio. Pero para realizarlo se sirve tambi?n de la cooperaci?n de sus criaturas, otorgando al mismo tiempo a estas la dignidad de obrar por si mismas, de ser causa unas de otras.

Dios otorga y pide al ser humano, respetando su libertad, que colabore con la providencia mediante sus oraciones, pero tambi?n con sus sufrimientos. La fe nos da certeza de que Dios no permitir?a el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, Pablo exclama: ?Lejos de m? el gloriarme de otra cosa que de la cruz de Cristo? (Gal. 6, 14). Y en la carta a los Romanos nos explica:? Todos los sufrimientos de este mundo, en nada son comparables a la gloria que se manifestar? en nosotros? (Rom. 8, 18).

El delito y la violencia no pueden quedar sin su correspondiente castigo, lo cual conlleva una mayor responsabilidad, eficiencia y profesionalizaci?n de la Polic?a Nacional. La seguridad de la ciudadan?a - una seguridad que ahuyente todo temor- debe estar en su diligencia, capacidad y eficacia.

II. Otras inquietudes y esperanzas

9. Evidentemente que nuestras inquietudes ante la realidad nacional no han podido quedar restringidas al fen?meno grave de la escalada de la violencia en general, de la agresividad y violencia de los delincuentes y de la inseguridad consecuente de la ciudadan?a. Es inconcebible que por el robo de un celular sea asesinado su propietario o propietaria. Y m?s inconcebible a?n es la violencia ejercida contra la vida misma desde el momento de su gestaci?n (aborto) hasta el final natural de ella (la eutanasia).

Esperamos todos que, a partir de agosto, la composici?n del Poder Legislativo del mismo color que el Poder Ejecutivo sirva para lograr expeditiva y eficazmente el bien com?n de la naci?n, fundamento del Poder P?blico. No es el Poder por el Poder la finalidad de los elegidos para dirigir el bienestar y los destinos de la patria desde el Poder Ejecutivo y desde el Poder legislativo, sino, entre los dos, el conseguir ese bien com?n que los fundamenta. Y ese bien com?n consiste y tiende a concretarse en el conjunto de aquellas condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su propia persona. Y esto supuesto, es justo recordar que el poder p?blico est? subordinado a ese bien com?n y no al rev?s el bien com?n al Poder P?blico. Tanto poder tienen cuanto lo exige su servicio al bien com?n y no m?s.

10. Dentro de este marco del Poder P?blico, nos inquieta la situaci?n de los servicios b?sicos para toda la poblaci?n. Esos servicios b?sicos abarcan educaci?n, salud, luz, agua, v?as de comunicaci?n, transporte, empleo, seguridad social y vivienda.

A pesar de las promesas, angustia a la poblaci?n, el problema de la energ?a el?ctrica sigue a?n sin resolverse, siendo prioridad de prioridades nacionales por su repercusi?n en la producci?n y en el bienestar nacional.

Nos inquieta que, a pesar de los esfuerzos hechos, la educaci?n punto clave para el despegue de la naci?n, siga siendo un problema nacional. Dado el insuficiente presupuesto oficial para las necesidades de la Educaci?n, exhortamos a la sociedad a hacer aportaciones significativas y generosas para hacer frente a problema tan fundamental.

11. La vivienda por su repercusi?n en la nobleza del vivir y su capacidad de favorecer y dignificar la vida familiar forme parte de los planes del Gobierno con proyectos viables y realistas de viviendas de proyecci?n social juntamente con proyectos de mejoramiento visible de enclaves marginados.

A parte de la injusticia de una democracia que no cumple con el deber de proporcionar un trabajo digno a todos sus miembros, no hay mayor peso muerto y r?mora para el desarrollo de un pa?s que el exceso de desempleo y subempleo de sus ciudadanos. El Estado y la sociedad seg?n esto deben multiplicar planes que favorezcan las fuentes de empleo si no queremos seguir en la pobreza y subdesarrollo.

La justicia distributiva y la democracia reclaman de la confecci?n y ejercicio del Presupuesto Nacional una distribuci?n m?s justa y equitativa de las disponibilidades econ?micas de acuerdo a un plan nacional que tenga en cuenta las necesidades jerarquizadas de la naci?n.

Duelen a la Naci?n tanto los delitos de sus ciudadanos como la impunidad de muchos de sus delincuentes y que no todos los representantes de la Justicia sean serios, honestos, ?giles y eficaces.

III. Manos a la obra

12. La inmensa mayor?a de nuestra gente es buena, generosa, sacrificada y est? dispuesta al bien y a enderezar nuestro presente y futuro. Aplaudimos a tantos y tantas que se esfuerzan en contribuir a la seguridad, al bienestar y a la paz.

Pedimos, seg?n esto, a cada uno poner de su parte lo mejor de si mismo para remediar los males que nos aquejan: Estado, sociedad y ciudadanos. Se lo pedimos de modo perentorio a nuestros fieles en virtud de su compromiso con Dios y con el pr?jimo.

En concreto. A prop?sito de la violencia y sus causas, pedimos a todos nuestros sacerdotes y agentes pastorales seguir insistiendo, en su predicaci?n, en los altos valores del esp?ritu y en el amor y respeto a la vida, animar al cultivo de todas las virtudes, sentir las necesidades ajenas como propias, establecer escuelas parroquiales donde no llegue la escuela p?blica, estar muy cerca y ayudar a cuantos sufren los efectos de la violencia, trabajar sin fatiga con nuestra juventud, cooperar generosa y eficazmente en la soluci?n de nuestros problemas, orar al Se?or, en actos y jornadas, para que El mueva los corazones, acercarse a los delincuentes para que escuchen esa voz y se conviertan en agentes del bien, abrirles nuestras puertas para que se sientan acogidos y cambien de vida.

La Virgen de la Altagracia es nuestra protectora nacional. Jam?s ha dejado de mostrarnos su solicitud. Ella es la misma que en las Bodas de Can? intercedi? ante su Hijo para que no les faltase vino a los comensales, la misma que al pie de la cruz acept? ser nuestra Madre. A ella recurrimos como hijos para que de su Hijo Todopoderoso nos consiga con su auxilio el futuro que anhelamos para la patria de todos.

Les Bendicen (firman todos los obispos)
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