S?bado, 29 de julio de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del pr?ximo domingo, XVII del tiempo ordinario.


Recoged los trozos sobrantes


XVII Domingo del tiempo ordinario (B)
2 R 4, 42-44; Efesios 4, 1-6; Juan 6, 1-15

Durante varios domingos el Evangelio est? tomado del discurso que pronunci? Jes?s sobre el pan de vida en la sinagoga de Cafarna?m, y que refiere el evangelista Juan. El pasaje de este domingo viene del episodio de la multiplicaci?n de los panes y los peces, que hace de introducci?n al discurso eucar?stico.

No es casualidad que la presentaci?n de la Eucarist?a comience con el relato de la multiplicaci?n de los panes. Con ello se viene a decir que no se puede separar, en el hombre, la dimensi?n religiosa de la material; no se puede proveer a sus necesidades espirituales y eternas, sin preocuparse, a la vez, de sus necesidades terrenas y materiales.

Fue precisamente ?sta, por un momento, la tentaci?n de los ap?stoles. En otro pasaje del Evangelio se lee que ellos sugirieron a Jes?s que despidiera a la multitud para que fuera a los pueblos vecinos a buscar qu? comer. Pero Jes?s respondi?: ??Dadles vosotros de comer!? (Mateo 14, 16). Con ello Jes?s no pide a sus disc?pulos que hagan milagros. Pide que hagan lo que pueden. Poner en com?n y compartir lo que cada uno tiene. En aritm?tica, multiplicaci?n y divisi?n son dos operaciones opuestas, pero en este caso son lo mismo. ?No existe ?multiplicaci?n? sin ?partici?n? (o compartir)!

Este v?nculo entre el pan material y el espiritual era visible en la forma en que se celebraba la Eucarist?a en los primeros tiempos de la Iglesia. La Cena del Se?or, llamada entonces agape, acontec?a en el marco de una comida fraterna, en la que se compart?a tanto el pan com?n como el eucar?stico. Ello hac?a que se percibieran como escandalosas e intolerables las diferencias entre quien no ten?a nada que comer y quien se ?embriagaba? (1 Co 11, 20-22). Hoy la Eucarist?a ya no se celebra en el contexto de la comida com?n, pero el contraste entre quien tiene lo superfluo y quien carece de lo necesario no ha disminuido, es m?s, ha asumido dimensiones planetarias.

Sobre este punto tiene algo que decirnos tambi?n el final del relato. Cuando todos se saciaron, Jes?s ordena: ?Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda?. Nosotros vivimos en una sociedad donde el derroche es habitual. Hemos pasado, en cincuenta a?os, de una situaci?n en la que se iba al colegio o a la Misa dominical llevando, hasta el umbral, los zapatos en la mano para no gastarlos, a una situaci?n en la que se tira el calzado casi nuevo para adaptarse a la moda cambiante.

El derroche m?s escandaloso sucede en el sector de la alimentaci?n. Una investigaci?n del Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos revela que una cuarta parte de los productos alimentarios acaba cada d?a en la basura, por no hablar de lo que se destruye deliberadamente antes de que llegue al mercado. Jes?s no dijo aquel d?a: ?Destruid los trozos sobrantes para que el precio del pan y del pescado no baje en el mercado?. Pero es lo que precisamente se hace hoy.

Bajo el efecto de una publicidad machacona, ?gastar, no ahorrar? es actualmente la contrase?a en la econom?a. Cierto: no basta con ahorrar. El ahorro debe permitir a los individuos y a las sociedades de los pa?ses ricos ser m?s generosos en la ayuda a los pa?ses pobres. Si no, es avaricia m?s que ahorro.
Publicado por verdenaranja @ 9:51  | Espiritualidad
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