Viernes, 11 de agosto de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo, 6 de Agosto, fiesta de la Transfiguraci?n del Se?or.



Transfiguraci?n del Se?or


Daniel 7, 9-10.13-14; 2 Pedro 1, 16-19; Marcos 9, 2-10


En lugar del XVIII domingo del Tiempo Ordinario, este a?o se celebra la fiesta de la Transfiguraci?n del Se?or. El episodio de la Transfiguraci?n, como se lee en los Evangelios, refleja ciertamente la fe posterior de la Iglesia, pero se basa en un hecho ocurrido realmente. ?El relato hace pensar un acontecimiento verdaderamente sucedido en Jes?s, m?s que en una visi?n subjetiva de los tres disc?pulos o de uno de ellos? (H. Schurmann). Negar a la Transfiguraci?n la relevancia hist?rica y el car?cter sobrenatural y objetivo atestiguado por los Evangelios significar?a considerar imposible en la vida de Cristo lo que se observa frecuentemente en la vida de los santos, por ejemplo, en la de San Seraf?n de Sarov, quien un d?a se transfigur?, literalmente, en presencia de su disc?pulo Motovilov.

Pero los acontecimientos de la vida de Cristo son hist?ricos en un sentido del todo especial. Sucedidos en un tiempo y lugar preciso, extienden su acci?n a todos los tiempos y a todo lugar. Son ?misterios?, esto es, acontecimientos abiertos. El creyente est? llamado a revivirlos, no s?lo a recordarlos. Cada uno, en la fe, se hace contempor?neo al evento y el evento contempor?neo a ?l. En otras palabras, Cristo sigue hoy transfigur?ndose, revel?ndose a los ojos del creyente con la misma ?evidencia? con la que se apareci? a los disc?pulos en el Tabor.

A veces esto ocurre mientras se leen con fe sus palabras. Las palabras del Evangelio son tambi?n, a su modo, las vestiduras de Cristo: ?Cuando veas a alguien que conoce perfectamente la divinidad de Jes?s y que es capaz de ?aclarar? cada texto evang?lico, no dudes en decir que para ?l las vestiduras de Jes?s se han vuelto blancas como la nieve? (Or?genes).

Otras veces esta transfiguraci?n sucede en la contemplaci?n de la creaci?n. Dios ha escrito dos libros: uno es la Escritura, el otro la creaci?n. Uno est? hecho de letras y palabras, el otro de cosas. No todos conocen y pueden leer el libro de la Escritura, pero todos, tambi?n los iletrados, pueden leer el libro que es la creaci?n. Est? abierto de par en par a los ojos de todos.

En el Tabor, dec?a un antiguo autor, Cristo ?transfigur? en su imagen la creaci?n entera?. Al celebrar esta fiesta en el coraz?n de las vacaciones de verano, en las que todos buscan un renovado contacto con la naturaleza, desear?a insistir sobre este punto. No basta con abrir los ojos del cuerpo; es necesario abrir tambi?n los del alma. Los tres ap?stoles hab?an pasado mucho tiempo con Jes?s, pero hab?an visto s?lo las apariencias, la humanidad; aquel d?a sus ojos se abrieron. As? ocurre con la presencia de Dios en la creaci?n. Vivimos en medio de ella, pero raramente reconocemos ah? la gloria de Dios, de la que ?los cielos y la tierra est?n llenos?. Pensamos s?lo en utilizarla en nuestro beneficio, en disfrutar de las cosas. Es un universo para nosotros opaco, no transparente. Esto es lo que la Escritura llama ?necedad de los hombres? (Sb 13, 1 ss.).

Las vacaciones de verano son una ocasi?n para poner remedio a esta necedad. Existe una dimensi?n religiosa de las vacaciones que se evidencia por su propio nombre: ferias [d?as de fiesta. Ndt], en el sentido originario, eran d?as libres dedicados al culto de la divinidad. Es el sentido que el t?rmino tiene tambi?n hoy en el uso lit?rgico. El t?rmino ingl?s holydays literalmente significa d?as santos. En un salmo Dios se dirige a los hombres y dice: ?Deteneos (literalmente: vacate. Ndt.), sabed que yo soy Dios? (Sal 46, 11). Se podr?a traducir el vers?culo (como hac?a la Vulgata latina): Tomaos una vacaci?n (vacate) para descubrir la ?nica verdad que importa: que existe un Dios y que t?, precisamente t?, existes en presencia de este Dios.

No es necesario, ni ser?a posible para todos, ir a los Dolomitas o a las Maldivas para descubrir la gloria de Dios en la creaci?n. Cada lugar tiene su fascinaci?n y su belleza: un campo de trigo, una vi?a, una flor, una mariposa volando. Basta con abrir los ojos del coraz?n. La fe es un poco como la poes?a y el arte en general. El poeta y el pintor, cuanto est?n bajo la inspiraci?n, transfiguran todo aquello sobre lo que se posan sus ojos. Van Gogh era capaz de descubrir la belleza hasta en una silla de paja con una pipa apoyada en ella.

?Los cielos y la tierra est?n llenos de su gloria?, pero no pueden, por s? solos, ?vaciarse?. Como la mujer embarazada, tienen tambi?n necesidad de las h?biles manos de una comadrona para sacar a la luz todo aquello de lo que est?n llenos. Y estas ?comadronas? de la gloria de Dios debemos ser nosotros, criaturas razonables a quienes la Escritura nos define ?alabanza de su gloria? (Ef 1,12).

Hab?a comprendido esta tarea el beato Enrico Susone, quien escribe: ?Cuando en el canto de la Misa llego a las palabras Sursum corda [levantemos el coraz?n. Ndt.], me imagino que tengo ante m? a todos los seres creados por Dios en el cielo y en la tierra: el agua, el aire, el fuego, la luz y todo elemento, cada uno con su propio nombre, as? como los p?jaros del cielo, los peces del mar y las flores del bosque, la hierba y todas las plantas del campo, las innumerables arenas del mar, el polvillo que se ve a la luz del sol, las gotas de lluvia ca?das o que caer?n, el roc?o que perla el prado. Entonces imagino que estoy entre estas criaturas como un maestro de canto en medio de un inmenso coro?.
Publicado por verdenaranja @ 10:35  | Espiritualidad
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