Martes, 22 de agosto de 2006
Intervenci?n de Benedicto XVI en la audiencia general del mi?rcoles 9 de agosto, celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, en la que present? la figura del ap?stol Juan, ?el te?logo?.


Queridos hermanos y hermanas:

Antes de las vacaciones comenc? a esbozar peque?os retratos de los doce Ap?stoles. Los Ap?stoles eran compa?eros de camino de Jes?s, amigos de Jes?s, y su camino con Jes?s no era s?lo un camino exterior, desde Galilea hasta Jerusal?n, sino un camino interior, en el que aprendieron la fe en Jesucristo, no sin dificultad, pues eran hombres como nosotros. Pero precisamente por eso, porque eran compa?eros de camino de Jes?s, amigos de Jes?s que en un camino no f?cil aprendieron la fe, son tambi?n para nosotros gu?as que nos ayudan a conocer a Jesucristo, a amarlo y a tener fe en ?l.

Ya he hablado de cuatro de los doce Ap?stoles: de Sim?n Pedro, de su hermano Andr?s, de Santiago, el hermano de Juan, y del otro Santiago, llamado "el Menor", el cual escribi? una carta que forma parte del Nuevo Testamento. Y comenc? a hablar de san Juan evangelista, exponiendo en la ?ltima catequesis antes de las vacaciones los datos esenciales que trazan las fisonom?a de este Ap?stol. Ahora quisiera centrar la atenci?n en el contenido de su ense?anza. Los escritos de los que quiero hablar hoy son el Evangelio y las cartas que llevan su nombre.

Un tema caracter?stico de los escritos de san Juan es el amor. Por esta raz?n decid? comenzar mi primera carta enc?clica con las palabras de este Ap?stol: "Dios es amor (Deus caritas est) y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en ?l" (1 Jn 4, 16). Es muy dif?cil encontrar textos semejantes en otras religiones. Por tanto, esas expresiones nos sit?an ante un dato realmente peculiar del cristianismo.

Ciertamente, Juan no es el ?nico autor de los or?genes cristianos que habla del amor. Dado que el amor es un elemento esencial del cristianismo, todos los escritores del Nuevo Testamento hablan de ?l, aunque con diversos matices. Pero, si ahora nos detenemos a reflexionar sobre este tema en san Juan, es porque traz? con insistencia y de manera incisiva sus l?neas principales. As? pues, reflexionaremos sobre sus palabras.

Desde luego, una cosa es segura: san Juan no hace un tratado abstracto, filos?fico, o incluso teol?gico, sobre lo que es el amor. No, ?l no es un te?rico. En efecto, el verdadero amor, por su naturaleza, nunca es puramente especulativo, sino que hace referencia directa, concreta y verificable, a personas reales. Pues bien, san Juan, como Ap?stol y amigo de Jes?s, nos muestra cu?les son los componentes, o mejor, las fases del amor cristiano, un movimiento caracterizado por tres momentos.

El primero ata?e a la Fuente misma del amor, que el Ap?stol sit?a en Dios, llegando a afirmar, como hemos escuchado, que "Dios es amor" (1 Jn 4, 8. 16). Juan es el ?nico autor del Nuevo Testamento que nos da una especie de definici?n de Dios. Dice, por ejemplo, que "Dios es Esp?ritu" (Jn 4, 24) o que "Dios es luz" (1 Jn 1, 5). Aqu? proclama con profunda intuici?n que "Dios es amor". Conviene notar que no afirma simplemente que "Dios ama" y mucho menos que "el amor es Dios". En otras palabras, Juan no se limita a describir la actividad divina, sino que va hasta sus ra?ces.

Adem?s, no quiere atribuir una cualidad divina a un amor gen?rico y quiz? impersonal; no sube desde el amor hasta Dios, sino que va directamente a Dios, para definir su naturaleza con la dimensi?n infinita del amor. De esta forma san Juan quiere decir que el elemento esencial constitutivo de Dios es el amor y, por tanto, que toda la actividad de Dios nace del amor y est? marcada por el amor: todo lo que hace Dios, lo hace por amor y con amor, aunque no siempre podamos entender inmediatamente que eso es amor, el verdadero amor.

Ahora bien, al llegar a este punto, es indispensable dar un paso m?s y precisar que Dios ha demostrado concretamente su amor al entrar en la historia humana mediante la persona de Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado por nosotros. Este es el segundo momento constitutivo del amor de Dios. No se limit? a declaraciones orales, sino que -podemos decir- se comprometi? de verdad y "pag?" personalmente. Como escribe precisamente san Juan, "tanto am? Dios al mundo, -a todos nosotros- que dio a su Hijo ?nico" (Jn 3, 16). As?, el amor de Dios a los hombres se hace concreto y se manifiesta en el amor de Jes?s mismo.

San Juan escribe tambi?n: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am? hasta el extremo" (Jn 13, 1). En virtud de este amor oblativo y total, nosotros hemos sido radicalmente rescatados del pecado, como escribe asimismo san Juan: "Hijos m?os, (...) si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. ?l es v?ctima de propiciaci?n por nuestros pecados, no s?lo por los nuestros, sino tambi?n por los del mundo entero" (1 Jn 2, 1-2; cf. 1 Jn 1, 7).

El amor de Jes?s por nosotros ha llegado hasta el derramamiento de su sangre por nuestra salvaci?n. El cristiano, al contemplar este "exceso" de amor, no puede por menos de preguntarse cu?l ha de ser su respuesta. Y creo que cada uno de nosotros debe pregunt?rselo siempre de nuevo.

Esta pregunta nos introduce en el tercer momento de la din?mica del amor: al ser destinatarios de un amor que nos precede y supera, estamos llamados al compromiso de una respuesta activa, que para ser adecuada ha de ser una respuesta de amor. San Juan habla de un "mandamiento". En efecto, refiere estas palabras de Jes?s: "Os doy un mandamiento nuevo: que os am?is los unos a los otros. Como yo os he amado, as? amaos tambi?n vosotros los unos a los otros" (Jn 13, 34).

?D?nde est? la novedad a la que se refiere Jes?s? Radica en el hecho de que ?l no se contenta con repetir lo que ya hab?a exigido el Antiguo Testamento y que leemos tambi?n en los otros Evangelios: "Ama a tu pr?jimo como a ti mismo" (Lv 19, 18; cf. Mt 22, 37-39; Mc 12, 29-31; Lc 10, 27). En el mandamiento antiguo el criterio normativo estaba tomado del hombre ("como a ti mismo"), mientras que, en el mandamiento referido por san Juan, Jes?s presenta como motivo y norma de nuestro amor su misma persona: "Como yo os he amado".

As? el amor resulta de verdad cristiano, llevando en s? la novedad del cristianismo, tanto en el sentido de que debe dirigirse a todos sin distinciones, como especialmente en el sentido de que debe llegar hasta sus ?ltimas consecuencias, pues no tiene otra medida que el no tener medida.

Las palabras de Jes?s "como yo os he amado" nos invitan y a la vez nos inquietan; son una meta cristol?gica que puede parecer inalcanzable, pero al mismo tiempo son un est?mulo que no nos permite contentarnos con lo que ya hemos realizado. No nos permite contentarnos con lo que somos, sino que nos impulsa a seguir caminando hacia esa meta.

Ese ?ureo texto de espiritualidad que es el librito de la tard?a Edad Media titulado La imitaci?n de Cristo escribe al respecto: "El amor noble de Jes?s nos anima a hacer grandes cosas, y mueve a desear siempre lo m?s perfecto. El amor quiere estar en lo m?s alto, y no ser detenido por ninguna cosa baja. El amor quiere ser libre, y ajeno de toda afici?n mundana (...), porque el amor naci? de Dios, y no puede aquietarse con todo lo criado, sino con el mismo Dios. El que ama, vuela, corre y se alegra, es libre y no embarazado. Todo lo da por todo; y todo lo tiene en todo; porque descansa en un Sumo Bien sobre todas las cosas, del cual mana y procede todo bien" (libro III, cap. 5).

?Qu? mejor comentario del "mandamiento nuevo", del que habla san Juan? Pidamos al Padre que lo vivamos, aunque sea siempre de modo imperfecto, tan intensamente que contagiemos a las personas con quienes nos encontramos en nuestro camino.

[Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua espa?ola, en especial al grupo de j?venes de Orihuela-Alicante, a los fieles de distintas parroquias y asociaciones de Espa?a. Saludo tambi?n a la Estudiantina Real Santiago, de Quer?taro, M?xico, as? como a los dem?s peregrinos de Latinoam?rica. Os invito a contemplar el amor inmenso de Dios manifestado en Cristo, y a corresponderle con la entrega generosa de la propia vida. ?Muchas gracias!

[En italiano]

Queridos hermanos y hermanas, mi pensamiento se dirige una vez m?s con preocupaci?n a la amada regi?n de Oriente Pr?ximo. Con referencia al tr?gico conflicto en curso, recuerdo las palabras del Papa Pablo VI a la ONU, en octubre de 1965. Dijo en aquella ocasi?n: "?Nunca m?s unos contra otros, jam?s, jam?s en lo sucesivo!... Si quer?is ser hermanos, dejad que caigan las armas de vuestras manos". Ante los esfuerzos que se est?n llevando a cabo para llegar finalmente al alto el fuego y a una soluci?n justa y duradera del conflicto, repito, con mi inmediato predecesor el gran Papa Juan Pablo II, que cuando prevalecen la raz?n, la buena voluntad, la confianza en el otro, la puesta en pr?ctica de los compromisos adquiridos y la cooperaci?n entre miembros responsables, es posible cambiar el curso de los acontecimientos (cf. Discurso al Cuerpo diplom?tico, 13 de enero de 2003). As? dijo Juan Pablo II y sus palabras siguen siendo v?lidas para todos. A todos renuevo la exhortaci?n a intensificar la oraci?n para obtener el deseado don de la paz.

Finalmente, como de costumbre, os saludo a vosotros, queridos j?venes, enfermos y reci?n casados. Celebramos hoy la fiesta de santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, copatrona de Europa. Que esta heroica testigo del Evangelio os ayude a cada uno de vosotros a tener siempre confianza en Cristo y a encarnar en vuestra existencia su mensaje de salvaci?n.
Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Habla el Papa
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