Mi?rcoles, 23 de agosto de 2006

Comentario al evangelio de "El joven rico" (Mt 19,16-22), de el lunes de la Vigésima Semana del Tiempo Ordinario, de Guillermo Gutiérrez de el libro "Enséñame tus caminos".


¿Qué más debo hacer? «Este joven ha hecho mucho másl de lo que suele hacer la mayor parte, pero sabe que no está hecho todo. En todo lo que yo hago queda siempre algo por hacer que debe ser hecho. Este joven con su historia es para mí una «buena noticia», un evangelio, porque es un estímulo para seguir haciendo hasta llegar a la perfección. Este joven se fue triste y la tristeza es argumento para que ni quede en lo que es cuando puede ser más y mejor: ahí está la alegría (H. Arens).

El joven en cuestión se presenta como un alma inquieta, un corazón con aspiraciones a más. No viene a Jesús desde la vejez desengañada ni desde la juventud necesitada. Es joven y rico. Significa que tiene la vida por delante y los medios necesarios para disfrutarla. ¿Basta eso para ser «perfecto», es decir, para no sentir la insatisfacción de algo que falta, un vacío que debería estar lleno? Concibe la vida en plenitud como principal valor y quiere saber qué inversión debe hacer para comprarla. Mira al pasado y ve cosas hechas, pero le parecen poco. De cara al futuro vislumbra que le quedan muchas posibilidades abiertas. Quiere saber y hacer. Por eso llega a Jesús con una pregunta que es la pregunta fundamental: «¿Qué debo hacer?».

La respuesta de Jesús va escalonada en dos partes, Una es perceptiva para todos; la otra es optativa para «los que más quieran distinguir-se». Consiste la primera en un camino universal marcado por el Padre. En opinión de Jesús, los mandamientos son necesarios para entrar en la vida eterna. Cumplidos con fidelidad ellos bastan. Es una respuesta tal vez desconcertante por su sencillez, pero es la respuesta de Jesús y no es posible otra mejor. Los mandamientos expresan la voluntad de Dios, contra la que nada valen el naturalismo o individualismo situacional por el que tiende uno a hacerse norma del bien y del mal. No se puede so-meter a revisión la voluntad de Dios. O se cree, y entonces se acepta el decálogo, o no se cree, y entonces asume cada uno su propio camino y riesgo.

El consejo pasa del «hacer» al «seguir» y del «cumplir» al «convivir». Jesús es camino de perfección y llama a su seguimiento. La ley fría se ha-ce cálida amistad; los compromisos legales se trasforman en exigencias de un amor preferencial.


Publicado por verdenaranja @ 23:33  | Espiritualidad
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