S?bado, 02 de septiembre de 2006
La vida f?cil


Alfonso Aguil?

www.interrogantes.net



?Entiendo lo que dices ?comentaba Guillermo, un reci?n matriculado en la universidad?, pero yo no puedo ser distinto a como soy.
?Yo siempre he sido un poco despreocupado, algo informal, no me gusta tomarme demasiado en serio las cosas. Quiero disfrutar un poco de la vida, aprovechar un poco estos a?os, que apenas tengo diecinueve y no estoy en edad de pensar tanto.

?Tengo muchos proyectos en la vida, pero para m?s adelante. No tengo prisa. Yo no aguanto muchos d?as haciendo la misma cosa. Me gusta la variedad. Ya repet? un curso en bachillerato y no me traumatiza. Incluso prefiero hacer la carrera m?s despacio pero conociendo muchas otras cosas mientras.

?Y esto me sucede con casi todo; por ejemplo, tengo muchos amigos y amigas, pero me gusta ir variando, conocer gente, pero sin que me l?en; he salido con muchas chicas, pero ninguna me ha durado dos meses: no quiero comprometerme ni estar ligado a nadie ni a nada.

?Yo ?conclu?a? siempre he querido ser pr?ctico. Tengo que aprovechar la juventud, que ya tendr? tiempo de hartarme de vida m?s sosegada. No quiero ser como esos que se pasan sus mejores a?os debajo de una l?mpara, estudiando d?a y noche como si no hubiera otra cosa en la vida.?

Aquel chico no acertaba a comprender que por aprovechar, como ?l dec?a, esos cinco o seis a?os de vida universitaria, probablemente acabar?a lament?ndolo los cincuenta o sesenta siguientes.

No quer?a entender que es preciso esforzarse mucho para abrirse camino profesionalmente. Que no se trata de pasarse la juventud debajo de una l?mpara, pero es indudable que de c?mo uno se prepare en esos a?os depende en mucho c?mo ser? luego su vida. Que lo habitual es que una persona perezosa o inconstante a su edad, llegue a los treinta o los cuarenta sin haber cambiado mucho. Igual que si es ego?sta, o fr?volo, o superficial: pasan los a?os y el tiempo no les hace mejorar si no se esfuerzan por mejorar.

?Mira ?recuerdo que me dec?a?, es que no es tan sencillo. Ser?a una maravilla ser persona con una voluntad firme, y todas esas cosas. Lo desear?a para m?, por supuesto. Pero todo eso exige mucho esfuerzo y yo no estoy acostumbrado a esos agobios.

??Es que no hay ning?n camino m?s f?cil? ?No se puede ser feliz sin tanto sacrificio? Yo no soy mala persona, t? lo sabes. Procuro no perjudicar a nadie y al tiempo no complicarme la vida...?

Y suelen tener raz?n en aquello de que no son malas personas, y de que procuran no perjudicar a los dem?s, y todo eso. Pero pienso que resulta algo pobre y bastante peligroso ese benevolente planteamiento de "no hacer da?o a nadie y disfrutar cuanto m?s se pueda". Cuando una persona excluye por principio aquello que le supone complicarse la vida, esa actitud puede significar una seria hipoteca para su felicidad.

No es que complicarse la vida tenga que ser el punto central de la filosof?a de la vida de una persona, es cierto. Pero tampoco puede serlo el no complic?rsela, sobre todo cuando ?sa es la ?nica raz?n que nos frena ante algo digno de mejores actitudes. Hacer el bien supone muchas veces un esfuerzo considerable, y evitar habitualmente lo que supone esfuerzo hace dif?cil mantenerse dentro de las fronteras de la ?tica y de la sensatez.

Cualquier elecci?n, por sencilla que sea, supone renunciar al resto de las opciones, la mayor?a de ellas l?citas. Mill dec?a que de quien nunca se priva de cosa l?cita, no se puede esperar que rehuse luego todas las prohibidas.

Tambi?n cabe recordar aquella conocida expresi?n de cortar por lo sano, que sin duda proviene de la sabidur?a m?dica y es tan de sentido com?n. Si hubiera, por ejemplo, que amputar una pierna o un brazo gangrenados, no se puede cortar justo en el l?mite entre lo sano y lo enfermo, porque lo m?s probable entonces es que siempre quede algo de lo enfermo, por peque?o que sea, y el mal continuar? extendi?ndose. Es preciso cortar un poco m?s arriba, aun a costa de perder algo de la zona sana.

Hay personas que son como un manojo de sentimientos vaporosos, personas que s?lo quieren aceptar la parte f?cil de la vida. Quieren el fin, pero no quieren los medios necesarios para alcanzar ese fin. Quieren ser premios Nobel sin estudiar, enriquecerse sin dar ni golpe, ganarse la amistad de todos sin hacerles un favor, o ingenuidades por el estilo. Y eso no es serio.

No distinguen entre lo que es propiamente querer algo, con todas sus consecuencias, y lo que es sencillamente una ilusi?n, un apetecerles, un so?ar soltando la imaginaci?n.

Han de comprender que para la vida real se necesita m?s esfuerzo que para las novelas fabricadas por la fantas?a. Y quiz? no se enfrentan con la realidad de la vida porque est?n enormemente mediatizados por la comodidad.

Quieren triunfar en la vida, como todo el mundo, pero olvidan el esfuerzo continuado que esto supone: para hacer bien una carrera son precisas muchas jornadas de clases y estudio que no siempre apetecen; para ser un buen atleta hay que perseverar en un entrenamiento muchas veces agotador; para dominar un idioma no bastan unas cuantas clases o unas semanas en el extranjero. Para casi todo hace falta esfuerzo, y no poner ese esfuerzo supone rechazar el fin, no querer de verdad.

Esta falta de fortaleza de car?cter aparece a veces como una aut?ntica fiebre por cambiar de objetivo, y puede observarse de modo muy gr?fico en algunos ni?os o adolescentes. Pongamos un ejemplo.

Ve anunciado en la televisi?n un eficac?simo m?todo de aprendizaje de ingl?s, que pasa de inmediato a resultar absolutamente imprescindible. Lo compra. La primera decepci?n es que el m?todo es muy laborioso, hay que ir grabando unos ejercicios en cada lecci?n... De todos modos, comienza..., le cansa, sigue, lo deja; lo retoma, se aburre..., y finalmente lo deja en el olvido..., en la lecci?n 4?.

A la semana siguiente comienza a leer una novela interesant?sima..., pero enseguida se le hace pesada y queda abandonada en los primeros cap?tulos.

Quiz? despu?s se propone hacer footing todos los d?as..., y no pasa de tres o cuatro.

Al poco fantasear? con ser un insigne virtuoso de aquel instrumento musical, pero pronto le parecer? in?til o imposible.

Quiz? m?s adelante empiece con otra afici?n, y ser? un nuevo hobby que se sumar? a la interminable serie de ilusiones que nunca se alcanzan, a ese continuo devaneo presidido por la inconstancia.

A lo mejor otro d?a, despu?s de ver una pel?cula o de leer un libro en los que se exalta la figura de un personaje, con quien se identifica, se llena de proyectos buenos y de ilusiones sanas..., pero que se desvanecen en cuanto respira el aire de la calle, en cuanto aterriza de su ingenua emotividad.

El que se mima a s? mismo se vuelve blanducho. El camino de la vida f?cil, aunque ameno al principio, se hace cada vez m?s trabajoso; y al final aguarda un amargo despertar. No es m?s f?cil la vida f?cil.



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