Domingo, 03 de septiembre de 2006
Reflexiones pastorales acerca del aborto, redactadas por monse?or Oscar D. Carlinga, obispo de Z?rate-Campana, en las que hace un llamado a las ciencias biom?dicas, a la conciencia humanista y a la conciencia religiosa, cristiana y no-cristiana.


El tema del aborto se ha hecho acuciante, sobre todo a trav?s de los medios de comunicaci?n, en estos ?ltimos tiempos en nuestra sociedad argentina. M?s concretamente, con espanto por los hechos perpetrados, han tomado importante arraigo en las mentes y corazones de mucha gente los recientes casos de embarazo por causas de violaci?n. Uno que nos conmovi? a todos es el del abuso de una joven con capacidades diferentes -o portadora de discapacidad- (con lo cual el acto de violencia ?siempre malo- se hace especialmente despreciable, dado, claro est?, que quien lo haya perpetrado sea ps?quica y jur?dicamente imputable). Pero toda violaci?n, como sea, es siempre aberrante, execrable, indigna de un var?n ?e indigna de la mujer que involuntariamente la sufre-. Otra cosa, hay que decirlo, es el eventual fruto (un nuevo y distinto ser humano) de esa execrable acci?n. Lo ocurrido a estas personas sufrientes que requieren de toda nuestra empat?a y compasi?n, relanz? con fuerza, por decirlo as?, en cierta opini?n p?blica la cuesti?n del aborto, no ya con relaci?n a una violaci?n, sino en general, y en especial con vistas a su posible despenalizaci?n.

No es mi intenci?n entrar en in?tiles y desgastantes pol?micas. Pero en uso de la leg?tima libertad de opini?n de la que gozamos por las libertades democr?ticas vigentes, y en ejercicio de la misi?n pastoral para con los fieles cat?licos que me han sido encomendados, me parece importante apuntar algunas consideraciones, incluso algunas de la ciencia biom?dica. Y otras del derecho y de la moral.

El drama del aborto tiene horizontes m?s amplios, algunos de los cuales pr?cticamente inconsiderados, y que merecen que los tengamos en nuestro conocimiento, para formarnos al respecto una conciencia recta. La cuesti?n del aborto es un tema humano (un drama humano, lo llam? Juan Pablo II), al cual ?tambi?n? considera la religi?n, pues ?nada de lo humano le es ajeno?. La valoraci?n negativa del aborto procurado puede hacerse desde el cristianismo, desde otras religiones, o desde una conciencia no-creyente pero con bases humanistas y humanitarias. Ciertamente la fe cristiana nos da una luz especial para ver lo esencial de la defensa de la vida.

Primero quisiera hacer una aclaraci?n. En el orden de la relaci?n ?religi?n-sociedad?, creo que una primera dicotom?a que hemos de identificar consiste en pensar que la defensa del embri?n, del feto, de la vida del ?nascituro? (es decir, la creatura por nacer), es un problema ?religioso? y m?s espec?ficamente ?cat?lico?, no v?lido, por ende, para la generalidad de la sociedad. Se trata as? de descalificar a lo que se considera ?una opini?n religiosa, sin fundamento racional, o al menos sin fundamento para la sociedad en general?. Sin dejar de lado que la conciencia religiosa (y no s?lo cat?lica, sino tambi?n de otras denominaciones o iglesias cristianas, y lo mismo d?gase del ?mbito del juda?smo, del Islam, sin olvidar al budismo o a otras religiones) es opuesta al aborto, verdad sea dicha que el tema mencionado no queda acantonado ?a lo religioso? (sobre todo a un concepto de la religi?n, como quiere hacerlo cierto sector de la sociedad actual, arrinconada a su vez, a la mera esfera privada de los actos humanos). El tema que nos ocupa es profundamente humano, antropol?gico, podemos decir.

Vaya a dicho a modo an?logo o de ejemplo, los diez mandamientos (propios del Juda?smo y del Cristianismo) proh?ben robar y asesinar (?No codiciar?s los bienes ajenos?; ?No matar?s?) y a nadie se le ocurrir?a pensar o decir que el tema del robo o del asesinato est? en el ?mbito s?lo de lo religioso, y por eso, que sean solamente los creyentes quienes no deben matar o robar, si?ndoles l?cito a todos los dem?s el hacerlo. Y el primero de los mandamientos: ?Amar?s al Se?or tu Dios, sobre todas las cosas, y al pr?jimo como a ti mismo?, tampoco significa que el amor humano sea una cuesti?n solamente ?religiosa?. Lo traigo a colaci?n s?lo para ver como, el hecho de que lo religioso considere algo dentro de su ?mbito, el que lo ilumine, ello no lo hace de por s? existente ?solamente? dentro de dicho ?mbito, con exclusi?n de lo humano, en sus vertientes personal, social, moral, jur?dica.

Otra dicotom?a consiste en pensar que quienes defienden la vida desde el instante de la concepci?n, despu?s no se ocupan de lo que ocurre con los ni?os nacidos, de ?los chicos de la calle? o de los que sufren necesidad. La defensa de la vida de la ?creatura por nacer? requiere, en conciencia, tambi?n promover la protecci?n del ni?o despu?s de su nacimiento, as? como la vida y prosperidad de su madre y de su padre, esto es, la protecci?n de la familia, su sustento, su prosperidad, su educaci?n, su felicidad. La protecci?n social de la familia, que es la expresi?n primera y coherente de la inclinaci?n social del ser humano, ser? un bien fundamental a tutelar.

La defensa de la vida incluye el bien integral del ser humano, y en esto debemos unirnos, creyentes y no creyentes. Es la raz?n por la cual el Papa invita a gobernantes y legisladores a ayudar al bien de la familia, pues ?sta es ?escuela de humanizaci?n del ser humano?: ?Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armon?a aseguran al hombre, a la familia, centro neur?lgico de la sociedad (?) El objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones. Esto es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se puede privar y para los pueblos es una salvaguarda y una purificaci?n. Adem?s, la familia es una escuela de humanizaci?n del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre (1). Por otra parte, ocioso ser?a decir cu?nto se ocupa en especial la Iglesia de los m?s enfermos, de los desvalidos, de los m?s necesitados, de los ni?os de la calle y de las familias. Pero eso constituye otro tema.

Esto dicho, es manifiesta nuestra ?declaraci?n de intenci?n?: el ?nico deseo que nos mueve en esta defensa de la vida es ?ese Amor que mueve el Universo y la humanidad?, el Amor de Dios Creador y Redentor. As? lo dice el comunicado de la comisi?n permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, que hemos le?do en las misas de este fin de semana: ?Cr?annos: s?lo nos mueve el profundo amor de Dios por todos nosotros. S?lo nos mueve el deseo de valorar cada una de las vidas que se engendran y que ya son un ser constituido en el vientre de la madre?(2).

Ahora bien, como la consideraci?n de la vida puede empezar por lo biol?gico, me gustar?a atraer la atenci?n hacia un tema del que ?ltimamente se ha escuchado hablar muy poco. En efecto, las ciencias biom?dicas han hecho avances impresionantes en las ?ltimas d?cadas. Hasta el ultrasonido tiene su palabra muy importante para decir sobre la vida del feto. Ni que hablar de las investigaciones sobre el ADN. Porque, de la existencia de un ?nuevo ser?, que es humano, que es aut?nomo en su ser del cuerpo de su madre, que tiene su propio ADN, y que por consiguiente es un ser humano individual, no se han hecho eco en tan gran medida los medios de comunicaci?n. Y son conclusiones de la ciencia.


I. Las conclusiones de las ciencias biom?dicas

A fin de profundizar en el tema de los fundamentos cient?ficos de la defensa de la vida, hay que bucear m?s en la ciencia biol?gica y m?dica, con sus actuales adelantos y conclusiones sobre el ?estatuto biol?gico? del embri?n, y sobre la ?programaci?n? real, f?ctica e irrepetible de todas las potencialidades que caracterizar?n al nacido. Todos, aunque no seamos especialistas, tenemos la obligaci?n de informarnos. En efecto, con los actuales conocimientos gen?ticos, es indudable que cada ser ?es lo que es? desde el momento de la fecundaci?n, no es una mera simiente, una ?pura potencialidad?. Veamos por qu?.

Sabido es que de la uni?n de gametos humanos se crea ?un nuevo ser de la especie humana?. Esto es as? desde el principio, desde el comienzo puesto que queda determinado su patrimonio gen?tico que es ?humano? espec?ficamente ?y no de un vago modo gen?rico-Ese nuevo ser ?no es una parte del cuerpo de la madre? pese a que en determinada fase de su vida necesite el ambiente del vientre materno para subsistir. La prueba que no es una mera parte del cuerpo de la madre consiste sobre todo en que desde la fecundaci?n tiene ya su propio patrimonio gen?tico ?distinto del de la madre?. Y lo mismo d?gase del sistema inmunol?gico (3). Esto no quita que la dependencia de su madre sea muy intensa, pero esto no es una prerrogativa del feto sino que tambi?n lo es del ni?o ya nacido (4).

Pero hay algo cient?ficamente admirable. La maravilla cient?fica del ADN deja a las claras que la primera c?lula humana viviente que existe (esto es, la que es formada cuando el espermatozoide del var?n penetra el ?vulo de la mujer), ya contiene un ADN ?nico y exclusivo del nuevo ser humano (5). Este ADN es diferente del ADN de los padres, es ?nico e individual, y esto para siempre (6). Dicha caracter?stica el ADN no la adquiere al nacer el ni?o, ni siquiera a los meses del embarazo, sino desde la ?concepci?n? (o fecundaci?n, o uni?n del ?vulo con el espermatozoide) del nuevo ser (7). Por lo tanto, desde el comienzo de esta primera c?lula en adelante, existe un nuevo y totalmente diferente ser humano. Si al momento de la fecundaci?n, de la concepci?n, se destruyera ese ser concebido, o las c?lulas que despu?s se desarrollar?n, se ADN humano que existi? no se repetir? otra vez en otro ser (8). Desde la ciencia, pues, es claro que la infalibilidad del ADN prueba que desde su primera c?lula, el embri?n en el vientre de la madre no constituye, con absoluta seguridad, parte del cuerpo de aqu?lla. Al momento de la concepci?n comienza efectivamente la construcci?n gen?tica de la persona. Por ese motivo los rasgos que caracterizan y definen al ser que pertenece al ?g?nero humano? se encuentran ya en el embri?n, pues el ADN o genoma humano identifica a una persona con un signo caracter?stico e irreductible ?y por ello inviolable? de ?humanidad?.

De manera semejante, la ciencia demuestra que el ser humano reci?n concebido es el mismo, y no otro, que el que despu?s se convertir? en beb?, en ni?o, en joven, en adulto y en anciano (9). Ser?a muy bueno que en este punto tan fundamental la opini?n p?blica fuera informada adecuadamente por los medios de comunicaci?n, con art?culos, declaraciones y opiniones de los m?s autorizados cient?ficos en la materia. Creo que es importante profundizar en el tema, hasta por honestidad intelectual, aunque por profesi?n no seamos bi?logos o m?dicos. Por el s?lo hecho de un tema fundamental de humanidad.

Y una ?ltima palabra, no ya referente a la concepci?n sino directamente al aborto ya hecho, hecha tambi?n desde la ciencia, pero ahora desde la psicolog?a y la psiquiatr?a. ?ltimamente se est? estudiando el llamado ?s?ndrome post-aborto?. La cuesti?n ha sido investigada por la Universidad de Baltimore, USA, y la Real Academia de Obstetricia de Inglaterra, entre otras prestigiosas instituciones de Estados Unidos, Canad?, Francia, Inglaterra, Suiza, Australia, Dinamarca y Finlandia. En algunos manuales de Psicolog?a y Psiquiatr?a de numerosas universidades ya se ha incluido dicho s?ndrome (10). Ocasiona trastornos y dolencias a la madre que lo ha cometido.


II. Ese embri?n, ese feto, que es una persona humana, y no una simple simiente

Las ciencias biom?dicas pueden determinar que se trata no de una simple simiente sino de un ?ser humano individuado e individual?, pero no pueden definir el estatuto filos?fico o jur?dico de ?persona humana?, y tampoco definir que es sujeto de derechos humanos. Esto corresponde a la filosof?a y al derecho. Tampoco, ciertamente, est?n en condiciones de afirmar que ese ser tenga alma inmortal o sea hijo de Dios. Esto corresponde a la religi?n. Pero el hecho de saber que se trata de un ser humano individual, con patrimonio gen?tico (y sistema inmunol?gico) propio, con ADN diferente de la madre y del padre, ya nos dice much?simo.

Por ello, una vez concebido, (e incluso desde una perspectiva cient?fica) no puede decirse que ese ser sea simplemente ?vida? a secas (como puede ser considerado un tejido org?nico crio-conservado, por ejemplo), sino que es ?vida humana e individual?, y nosotros decimos que es persona viviente, no puramente en un sentido potencial general. Porque si as? fuera, esto es, si vi?ramos al ?nascituro?, lato sensu como ?vida biol?gicamente de ?ndole humana?, no estar?amos haciendo justicia a las conclusiones de la ciencia: su car?cter humano, individual, irrepetible. Esto ?ltimo lleva necesariamente a que ese ?ser?, al que se le niega la atribuci?n de persona en sentido pleno, no se haga, por ende, acreedor a la protecci?n debida por parte del ordenamiento jur?dico positivo.

El ser concebido debe ser considerado propia y efectivamente ?persona?, esto es, un ser personal con ?subjetividad jur?dica?, sujeto de atribuci?n de derechos humanos. La protecci?n que dicho ordenamiento jur?dico debe a las personas es absoluta e incondicionada, tambi?n a las personas ?no nacidas? pero existentes. Esta es sin duda la base del derecho fundamental, ?pilar basal de todos los dem?s?, que es el derecho a la vida, sobre el cual se asientan todos los dem?s derechos. El derecho a la vida es verdadera piedra angular en la v?a del progreso moral de la humanidad. Es un derecho fundamental que proviene de la dignidad que corresponde a cada ser humano, por ser tal. Y por eso mismo, la fuente ?ltima de los derechos humanos no se sit?a en la mera voluntad de los seres humanos, en la realidad del Estado, de los poderes p?blicos, sino en el ser humano mismo y en Dios su creador. Frecuentemente se combate este pensamiento bajo la raz?n de que ?ste podr?a quiz? tener validez para las personas cat?licas pr?cticas, o religiosas, pero que en s? no constituir?a un principio sostenible universalmente, y tampoco en sentido jur?dico. Pero es una cuesti?n de la propia natura humana, creada y elevada, claro est?, por Dios.

El hecho de ?ser humano? ya concebido constituye s? mismo una dignidad, una atribuci?n digna a la ?ndole humana. Ese car?cter de persona, de perteneciente a la humanidad, de ser racional, inteligente, volitivo, espiritual encuentra su dignidad en la propia condici?n humana y en la imagen de Dios que hay en cada hombre. En el mundo de hoy, tambi?n hay que decirlo, se percibe una fractura entre la antropolog?a y la ?tica, marcada por un relativismo moral seg?n el cual se valoriza el acto humano, no con referencia a principios permanentes y objetivos, propios de la naturaleza creada por Dios, sino conforme a una ponderaci?n meramente subjetiva: ?mi propia decisi?n, mi propio parecer, mi propio proyecto? por encima de todo y de todos. Esta ?ponderaci?n meramente subjetiva? seguida de decisi?n tambi?n puramente subjetiva puede ser llamada ?decisionalismo?, en sentido de no valorar justamente los derechos de los dem?s. Claro est?, aplicado ese decisionalismo al nascituro, ponderando s?lo el ?derecho a decisi?n?, devenido absoluto, deriva en la desprotecci?n del nuevo ser concebido, e incluso en su supresi?n, como es el caso del aborto procurado.


III. El ?drama humano? hoy d?a

Para no pocos la gran soluci?n consistir?a en la despenalizaci?n del aborto. Sin embargo, en la experiencia de los pa?ses que han legalizado el aborto se manifiesta claramente que dicha legalizaci?n no ayuda a la desaparici?n de aqu?llos, sino a que aumenta ?incluso considerablemente- su n?mero. El efecto multiplicador de la legalizaci?n del aborto se debe a que la opini?n p?blica general ve como bueno lo que es legal, lo que se despenaliza, y cada vez se banaliza m?s en las conciencias la decisi?n de abortar. Esto por aquellos del ?valor pedag?gico de la ley?, y por la tendencia a pensar que ?todo lo legal es moral y todo lo ilegal es inmoral?, lo cual no es cierto. Ya lo dec?an los antiguos romanos: ?Non omne quod licitum honestum est? (no todo lo que es legal es moral u honesto).

Estas consideraciones, hay que repetirlo, no forman parte s?lo de la doctrina y la moral cat?licas, sino que se integran en un sentido com?n humanista. No se trata evidentemente de fanatismo alguno (como hace tambi?n referencia al respecto la declaraci?n de la Conferencia episcopal argentina) ni tiene que ver exclusivamente con las convicciones religiosas, cat?licas o no, sino que es una obligaci?n de conciencia para todos los que creen en el derecho a la vida y en la dignidad del ser humano. Nuestra fe cristiana, esto s?, nos ilumina acerca de que la dignidad de la persona humana tiene su m?s profundo fundamento en el hecho de ser hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, que quiso ser hombre por amor a todos y cada uno de nosotros.

Nosotros, como cristianos, tenemos esperanza y no vemos perdici?n y ruina en todo lo que nos rodea. No queremos luchas intestinas ni est?riles conflictos. Tenemos conciencia, esto s?, de poseer un mensaje y una praxis que apunta al desarrollo integral del ser humano, y fuerzas que pueden colaborar a realizarlo efectivamente. Con humildad y con firmeza seguimos proponiendo el valor inmenso de la vida humana y el maravilloso mensaje del Evangelio, de modo adecuado para llegar al mismo coraz?n de la cultura de nuestro tiempo.

La defensa de la vida, con los medios de la paz, con la convicci?n, con los medios de una democracia sana y plural, es una deuda de honor para con el avance de nuestra civilizaci?n. Es un pilar, para construir la ?civilizaci?n del amor?. Es la contribuci?n al ?humanismo integral y solidario? que queremos construir. Nuestra civilizaci?n fue construida sobre estos basamentos. Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado: ?No matar?s el embri?n mediante el aborto; no dar?s muerte al reci?n nacido? (11). Y asimismo la tradici?n judeocristiana, como lo refiere la declaraci?n de la Conferencia Episcopal Argentina: ?Toda la tradici?n judeocristiana basada en los mandamientos de la Ley de Dios por miles de a?os consider? que el aborto es un crimen (?) Las culturas cambian, pero los fundamentos esenciales de las personas permanecen. La Ley de Dios y el sentido com?n nos han ense?ado que la vida es un gran bien que debemos preservar desde el momento que comienza? (12).

Claro est?, como lo adelant?ramos en el tema de la familia, la defensa de la vida debe darse tambi?n en un marco social, y d?gase lo mismo de la prevenci?n del aborto como tal. La adecuada informaci?n (incluso biom?dica, como he dicho), la educaci?n sexual como educaci?n para el amor, la educaci?n familiar, la promoci?n de programas sociales para la crianza de los hijos, la contenci?n de adolescentes y familias en riesgo, son fundamentales. Ni que hablar de la lucha contra la pobreza y las situaciones de vida sub-humana y de la prevenci?n de los execrables hechos de abusos y violaciones. Un sentido humanista y un sentido religioso de la vida humana desde el momento de la concepci?n hasta la muerte natural nos ayudar? a construir una civilizaci?n m?s humana, m?s digna del ser humano. Por ?ltimo, no olvidemos que, para quien ha tenido la situaci?n de incurrir en un aborto procurado, queda siempre abierta la puerta a la luz de la misericordia divina, a la reconciliaci?n y a la paz. Tantas veces esa decisi?n es fruto de grandes sufrimientos (sin excluir las presiones), todo lo cual, en un sentido u otro, no queda sin consecuencias en el orden ps?quico y espiritual cuando no tambi?n f?sico. Esto no justifica en lo moral, pero los brazos abiertos de Dios siempre nos esperan para abrazarnos, cuando hay arrepentimiento. M?s bien nuestra actitud ha de ser la de valorar cada d?a m?s el don de Dios que ha dado a la humanidad: ser co-creadores de su Amor creador.


+Oscar D. Sarlinga
Obispo de Z?rate-Campana
27 de agosto de 2006
Publicado por verdenaranja @ 16:12  | Hablan los obispos
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