Lunes, 04 de septiembre de 2006
Carta dirigida por monse?or monse?or Fernando Sebasti?n Aguilar, arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, con el t?tulo: ?Un debate pendiente?.


En Espa?a tenemos todav?a pendiente un debate sereno y razonable sobre el acomodo de la Iglesia y de los cat?licos en la sociedad democr?tica. Con frecuencia, desde las filas del laicismo se nos atribuyen cosas que no son verdaderas. A veces estas cr?ticas nos vienen de cristianos ilustrados y hasta de eclesi?sticos relevantes.

Es frecuente o?r o leer que la Iglesia espa?ola pretende imponer a la sociedad entera sus normas y criterios morales, que los obispos actuamos con mentalidad del nacionalcatolicismo, que no reconocemos la autonom?a de las actividades seculares ni la plena autoridad del gobierno y de las instituciones pol?ticas en el orden temporal, que la fe es enemiga de la ciencia y de la democracia. Cosas tremendas.

Quien estudie los documentos de la Conferencia Episcopal y los pronunciamientos de los Obispos, no puede acusarnos de tales barbaridades. La Conferencia Episcopal Espa?ola, asimil? fielmente la doctrina del Concilio Vaticano II y desde 1971 se situ? resueltamente en perspectiva democr?tica. Nunca ha habido retractaci?n alguna de aquellas declaraciones sino m?s bien una clara y firme continuidad. Las ense?anzas de Pablo VI, de Juan Pablo II y del Papa Benedicto XVI en su enc?clica ?Deus caritas est? son perfectamente coherentes y los obispos espa?oles hemos tratado de ajustar nuestras ense?anzas y decisiones a las ense?anzas de los Papas.

Tambi?n puede ser que detr?s de ciertas cr?ticas haya una manera de ver las cosas no del todo verdadera. En ciertos escritos duramente cr?ticos contra la Jerarqu?a de la Iglesia espa?ola, se trasluce una visi?n de la autonom?a de las realidades temporales (ciencia, cultura, pol?tica) que pr?cticamente excluye la visi?n religiosa de la vida. O por lo menos la restringe indebidamente. Para ciertas mentalidades, el ordenamiento de la vida p?blica en una sociedad democr?tica tiene que ser estrictamente laico. La raz?n aducida es ?el debido respeto a la libertad de todos?. Se dice: ?el gobierno tiene que gobernar para todos y no solamente para los cat?licos?. La verdad es que no hay ning?n peligro. Ser?a m?s oportuno decir: ?el gobierno tiene que gobernar para todos, tambi?n para los cat?licos?.

En democracia hay que comenzar a pensar las realidades pol?ticas desde la libertad y los derechos de los ciudadanos. Los ciudadanos, para proteger sus derechos y mejor alcanzar sus bienes (para garantizar lo que antes se llamaba el ?bien com?n?), se organizan pol?ticamente y crean unas instituciones a las cuales les conceden una autoridad que tendr? que estar siempre a su servicio y bajo su control.

En esta perspectiva democr?tica, las leyes y las actuaciones del gobierno tienen que favorecer el bien de todos, y deben estar al servicio del bien com?n de todos sus ciudadanos, tanto creyentes como no creyentes. Sin prevenciones ni discriminaciones. Esto, tan sencillo, no se cumple si el gobierno inspira su actuaci?n en una mentalidad laicista, desconociendo y a veces lesionando la manera de pensar y de vivir de una parte importante de sus ciudadanos. Esto es lo que propugnan los partidarios de un Estado que llaman laico, pero que en realidad es laicista, puesto que impone para la sociedad entera una concepci?n laica de la vida, ?como si Dios no existiera?, es m?s, como si no existieran ciudadanos religiosos que ven las cosas de otra manera y quieren vivir de otra forma.

Este parcialismo laicista se ve claramente en la ense?anza p?blica. Se da por supuesto que el Estado tiene autoridad plena para organizar la ense?anza p?blica y que esta ense?anza, para no herir los derechos de nadie, tiene que ser laica. Pero as? se impone el laicismo a los j?venes cat?licos, con lo cual no se respetan sus derechos. Los cat?licos, creo que con buen sentido democr?tico, decimos que la ense?anza p?blica tiene que ser como la quieran los padres de los alumnos. Y decimos que el gobierno no debe organizar la ense?anza a su gusto, sino al gusto de los padres que son los primeros responsables de la educaci?n de sus hijos y a cuyo servicio est?n las instituciones docentes. Ense?anza cat?lica para los cat?licos y ense?anza laica para los laicos. Con el mismo respeto y con los mismos derechos. Esto es claro en los niveles primario y secundario. Y en los niveles superiores la ense?anza oficial tiene que ser estrictamente objetiva y no beligerante en materias religiosas, fiel a las exigencias del m?todo cient?fico y respetuosa con el patrimonio cultural y espiritual de sus alumnos y de la sociedad entera.

Los Obispos espa?oles sabemos bien que la Iglesia no tiene poderes para organizar la sociedad civil seg?n la recta raz?n. Ni lo deseamos tampoco. No intentamos atribuirnos ni reclamar una autoridad que no nos corresponde. Sin embargo, s? reclamamos el derecho a opinar sobre las realidades pol?ticas desde el punto de vista moral, para orientar en cada momento la conciencia de los cat?licos y ofrecer nuestros puntos de vista a quien quiera tenerlos en cuenta como una ayuda para la formaci?n de su conciencia y el bien moral de la sociedad. Queremos vivir en paz con todos. Estamos dispuestos a respetar las opiniones de todos y a aceptar las leyes justas de las autoridades leg?timas como cualquier otro ciudadano, sin privilegios ni exenciones de ninguna clase. Pero no estamos dispuestos a vernos excluidos de la democracia, ni a vivir bajo la presi?n de unos modelos laicistas de la vida, ni a ser considerados como ciudadanos de segunda.

No es ?sta la letra ni el esp?ritu de la Constituci?n. Nos parece m?s democr?tico que el gobierno, independientemente de las convicciones personales de quienes lo componen, considere como parte del bien social que los ciudadanos puedan ejercer libremente su libertad en materias religiosas, sin privilegiar ni discriminar a nadie. En nombre de una ideolog?a racionalista y laicista hay quien pretende considerar a la fe y a la Iglesia como incompatible con la democracia. Eso es condenar a media Espa?a al sometimiento o a la rebeld?a. Las ideolog?as siempre terminan legitimando el autoritarismo.

No ganamos nada con desautorizarnos mutuamente, desfigurando unos las posiciones de los otros. No ganamos nada excluyendo de la ortodoxia democr?tica a media sociedad espa?ola por sus ideas religiosas. Con un poco m?s de cultura y de objetividad la izquierda espa?ola tendr? que reconocer que la vida religiosa de los ciudadanos es un bien para sus personas y tambi?n para la sociedad. Partamos del reconocimiento de la buena voluntad y del derecho de todos a vivir en paz y libertad en una misma sociedad, sin preferencias ni discriminaciones, reconociendo sin restricciones el ejercicio de la libertad religiosa de todos como parte importante del bien com?n de una sociedad democr?tica. Ser? m?s democr?tico, m?s respetuoso con nuestra identidad hist?rica y mucho mejor para todos.

En nuestra sociedad hay otra grave cuesti?n pendiente. ?Pueden los gobernantes legislar en contra de la ley moral fundada en la raz?n y en la tradici?n mayoritaria de la sociedad? En todas las sociedades hay un patrimonio moral mayoritario, constituido mediante la aportaci?n pac?fica de las sucesivas generaciones y de las mejores instituciones del pa?s, que puede llamarse la moral natural socialmente vigente en una sociedad. La cuesti?n es ?puede un gobierno legislar y actuar en contra de este patrimonio moral mayoritario de la sociedad? ?Tienen los legisladores autoridad para modificar y hasta contrariar las convicciones morales de la mayor?a de la poblaci?n? Cierto que el patrimonio cultural de una sociedad es algo din?mico, que cambia y progresa, o se deteriora, al paso de los a?os. Pero esta movilidad del patrimonio cultural no es tarea propia del gobierno, sino de las personas y las instituciones dedicadas al pensamiento y al enriquecimiento cultural de la sociedad. Si el Estado moderno, con los recursos que s?lo ?l tiene, y dominando buena parte de los medios de comunicaci?n, se convierte en educador y mentalizador de la poblaci?n, queda muy poco espacio para la democracia. Eso es el inicio de todos los autoritarismos.

Algunos se escandalizan de que los cat?licos estemos en contra de la nueva asignatura ?Educaci?n para la Ciudadan?a?. La raz?n es muy sencilla, en el programa de esta asignatura, tal como ahora lo conocemos, hay muchas cuestiones morales, algunas muy importantes para la formaci?n y el futuro de las personas, como es el caso de la educaci?n sexual y afectiva de ni?os y j?venes que no corresponden a la competencia del gobierno. Los padres cat?licos saben que esa educaci?n de sus hijos en las cuestiones morales les compete a ellos, no al Estado, y saben que en las programaciones del gobierno aparecen ideas y teor?as muy contrarias a la concepci?n cristiana de la vida en la cual ellos quieren educar a sus hijos. En vez de descalificarnos unos a otros, examinemos las cosas serenamente y busquemos soluciones que no molesten a nadie, que no excluyan a nadie, que no desprecien a nadie. No hagamos una democracia que valga solo para un partido y sus amigos, dejando fuera a media Espa?a. La historia ya nos ense?? que estos ensayos no traen nada bueno.

Pamplona, 1 de septiembre de 2006.
+ Fernando Sebasti?n Aguilar.
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela
Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Hablan los obispos
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