Mi?rcoles, 06 de septiembre de 2006
Art?culo del Padre Fernando Lorente, capell?n de la cl?nica de San Juan de Dios, Tenerife, publicado en el peri?dico El D?a en su secci?n "Criterios", 06 de Septiembre de 2006.


Luz en el Camino Fernando Lorente, o.h. *


Mi sustituto


Cuando la fibra moral de una naci?n se debilita, cuando disminuye el sentido de responsabilidad personal, entonces queda abierta la puerta a la justificaci?n de las injusticias, a la violencia en todas sus formas y a la manipulaci?n de muchos por parte de unos pocos.

Ante esta situaci?n tan antigua como a?n m?s plenamente real en nuestra sociedad actual, resulta muy acertada la doctrina y ense?anza que nos ofrece mi distinguido sustituto. Compru?benlo, amigos lectores:

"Es cierto que hoy existe un nuevo moralismo cuyas palabras clave son justicia, paz, conservaci?n de lo creado, palabras que hacen referencia a los valores morales esenciales que son verdaderamente necesarios. Mas este moralismo sigue siendo impreciso y se desliza casi inevitablemente, a la esfera pol?tico-partidista. Antes que nada es una pretensi?n dirigida a los dem?s y demasiado poco un deber personal de nuestra vida cotidiana. En efecto, ?qu? significa justicia? ?qui?n la define? ?qu? es lo ?til para la paz? En las ?ltimas d?cadas hemos visto ampliamente en nuestras calles y en nuestras plazas c?mo el pacifismo puede desviarse hacia un anarquismo destructivo y hacia el terrorismo. El moralismo pol?tico de los a?os setenta, cuyas ra?ces en absoluto est?n muertas, fue un moralismo que logr? fascinar incluso a j?venes llenos de ideales. Sin embargo, era un moralismo en direcci?n equivocada, carente de serena racionalidad, ya que situaba, en ?ltimo t?rmino, la utop?a pol?tica por encima de la dignidad del hombre individual, dando muestras, en nombre de grandes objetivos, de poder llegar incluso a despreciar al hombre. El moralismo pol?tico, tal como lo hemos vivido y tal como lo vivimos todav?a, no abre el camino para una generaci?n; la impide. Lo mismo se aplica por consiguiente tambi?n a un cristianismo y a una teolog?a que reduzcan el n?cleo del mensaje de Jes?s, "Reino de Dios", a los "valores" del Reino, identificando estos valores con las grandes consignas del moralismo pol?tico, y proclam?ndolas, al mismo tiempo, como s?ntesis de las religiones, olvid?ndose sin embargo de Dios, a pesar que precisamente ?l es el sujeto y la causa del Reino de Dios. En su lugar quedan grandes palabras (y valores) que se prestan a cualquier tipo de abuso.

Esta breve mirada sobre la situaci?n del mundo nos lleva a reflexionar sobre la situaci?n actual del cristianismo y, por tanto, tambi?n sobre las bases de Europa; aquella Europa de la que se puede afirmar que en tiempo fue el continente cristiano, y tambi?n el punto de partida de aquella nueva racionalidad cient?fica que nos ha regalado grandes posibilidades y grandes amenazas. El cristianismo, es verdad, no comenz? en Europa, y por tanto, no puede ser tampoco clasificado como una religi?n europea, la religi?n del ?mbito cultural europeo. Pero precisamente en Europa recibi? su huella cultural e intelectual hist?ricamente m?s eficaz y permanece por eso entrelazado de un modo especial en Europa. Por otra parte, tambi?n es cierto que esta Europa ya desde el Renacimiento, y desde los tiempos de la Ilustraci?n de forma plena, desarroll? la racionalidad cient?fica que llev?, en la ?poca de los descubrimientos, a la unidad geogr?fica del mundo, al encuentro de los continentes y de las culturas, y que hoy en d?a, mucho m?s profundamente gracias a la cultura t?cnica posibilitada por la ciencia, ciertamente deja la huella de s? en todo el mundo; es m?s, en cierto sentido la uniformiza. Y sobre la estela de esta forma de racionalidad, Europa ha desarrollado una cultura que excluya a Dios de la conciencia p?blica en modo desconocido hasta ahora para la humanidad, bien neg?ndole completamente, bien porque su existencia se reputa no demostrable, incierta, y, por ello, perteneciente al ?mbito de las elecciones subjetivas, en cualquier caso, irrelevante para vida p?blica. Esta racionalidad puramente funcional, por as? decirlo, ha producido una alteraci?n de la conciencia moral igualmente nueva para las culturas que han existido hasta ahora, pues sostiene que solamente es racional aquello que se puede probar con experimentos, puesto que pertenece a una esfera completamente diferente, la moral como categor?a en s? misma desaparece y tiene que ser hallada de otro modo, pues en definitiva hay que admitir que la moral es necesaria. En un mundo basado en el c?lculo, el c?lculo de las consecuencias determina lo que hay que considerar moral o no. Y as? la categor?a de bueno, como claramente la evidenci? Kant, desaparece, Nada en s? es bueno o malo, todo depende de las consecuencias que una acci?n deja de prever. Si por una parte, el cristianismo ha encontrado su forma mas eficaz en Europa, por otra parte, en Europa se ha desarrollado una cultura que constituye la contradicci?n en sentido absoluto m?s radical no s?lo del cristianismo, sino de las tradiciones religiosas y morales de la humanidad. A partir de esto se comprende que Europa est? experimentando una verdadera "prueba de tracci?n"; tambi?n a partir de esto se comprende la radicalidad de las tensiones a las que nuestro continente tiene que hacer frente. Pero aqu? emerge ante la responsabilidad que nosotros europeos tenemos que asumir en este momento hist?rico: en el debate en torno a la definici?n de Europa, en torno a su nueva forma pol?tica, se entabla no una cierta batalla nost?lgica "de retaguardia" de la historia, sino m?s bien una gran responsabilidad para la humanidad de hoy"

Qu? gran responsabilidad descubre aqu? mi Sustituto para los pol?ticos europeos y para la misma sociedad de este Continente y con m?s urgencia en esta parte que comprende Espa?a, mirando al pasado, contemplando el presente y esperando el futuro.

* Capell?n de la Cl?nica S. Juan de Dios
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