Mi?rcoles, 06 de septiembre de 2006
S? que mi redentor vive


Siempre se nos hace dif?cil comprender esta realidad vital que es el dolor, la enfermedad y la muerte. Y todo ello por diversos factores. Uno de esos factores es la confianza que tenemos en la medicina y sus avances. La expectativa de vida que crea en nosotros esta sociedad tecnificada, se mezcla con las enormes ganas que tenemos todos de vivir. Y sin embargo la muerte nos llega de manera enigm?tica e inexorable.
?Qu? podemos decir hoy a los que est?n pasando por esta experiencia de perder un ser querido? ?Qu? deciros a vosotros, familiares de N. ?
S?lo si somos sinceros podemos sentir una parte del dolor que llev?is. Qui?si?ramos acercarnos a vuestro coraz?n dolorido. Pero incluso ni siquiera esto es suficiente para paliar vuestra pena. Y es que el dolor y la muerte siguen siendo un enigma y lo que es peor, un enigma incurable.
Claro. Explicaciones buscamos todos, creyentes y no creyentes. Intentar ex?plicar estos misterios con la raz?n es un fracaso y lo ha sido siempre. Y por otro lado, nosotros que tenemos fe ?c?mo encajar esta realidad de la muerte, la enfermedad y el dolor, con la idea que tenemos del Dios bueno, del Dios de la vida y del Dios del amor?.
Es ah? en estos momentos dolorosos donde surge nuestra duda, donde persiste nuestro malestar y donde discutimos con una total ignorancia. El sufrimiento pone en crisis la fe. Pero la crisis no es mala. Puede ser un paso hacia adelante...
De todos modos ?qu? nos dice la Palabra de Dios, fuente de nuestra fe y de nuestra sabidur?a sobre estas cuestiones?. Si miramos la Biblia lo primero que nos llama la atenci?n es que nos habla del dolor como de un enemigo de Dios. Dios aborrece el sufrimiento y lucha contra ?l. Jes?s, el Hijo de Dios, siempre aparece curando a los enfermos, consolando a las viudas, resucitando a los muertos.
Actuando as?, El nos muestra que es un rebelde contra el mal que alcanza a todo hombre. Y cuando le vemos en la Cruz dirigirse al Padre lo hace con aquellas palabras misteriosas: "Dios m?o, Dios m?o, por qu? me has abandonado? " Com?prendemos que tambi?n para El la muerte era un misterio insondable.
Pero Jes?s tambi?n sabe que el Padre no quiere su muerte. Que odia el sufrimiento de todos sus hijos y a pesar de todo se entrega a El y entabla con el Padre un di?logo amoroso y le dice las palabras de un hijo que conf?a en su Padre Bueno: "Padre, a ti encomiendo mi esp?ritu". " Pongo mi vida en tus manos". En una palabra, Jes?s nos invita a quejarnos ante el Padre, pero nos invita tambi?n a no que-darnos en un lamento est?ril, sino a acogernos como ni?os peque?os en su seno amante y consolador.
Porque, y esto es lo definitivo en una persona con fe, sabemos que esta vida es lo mejor que tenemos de momento. Dudamos de que exista otra vida mejor, pero todos sabemos que Dios rechaza y odia todo lo que destruye la vida de sus hijos. Sabemos que es el Dios del amor y que no puede permitir que el amor que existe en torno a una persona, en este caso en torno a N., deje de existir quedando s?lo en el recuerdo.
Y es entonces cuando confiamos en este Dios, cuando nos abrimos a la es?peranza. Nos fortalecemos en esta certeza de que Dios no puede dejarnos abando?nados a la crueldad de la muerte. Porque entonces, si eso fuese verdad, no tendr?a sentido celebrar un funeral. Y es en este momento cuando comprendemos tambi?n por qu? la Pascua de la Resurrecci?n es nuestra fiesta fundamental.

En ella apoyamos nuestra vida y nuestras pobres explicaciones sobre lo que no entendemos. Y decimos con Job: " No entiendo nada, pero s? que mi Redentor vive y que un d?a me levantar? del polvo".
Y ?sta es la palabra de amistad que os queremos ofrecer en este d?a a vosotros los familiares de N. Sabemos que este d?a, adem?s, ninguna palabra podr? arrebataros del dolor que sent?s, pero queremos tambi?n que sep?is que estamos junto a vosotros para ofreceros todo nuestro cari?o, y nuestra esperanza. Esa esperanza que nosotros no tenemos oculta tras el dolor y quiz?s a vosotros os puede ayudar a aclarar la luz del Cielo que con negros nubarrones oculta hoy a vuestro familiar.
N. como buen hijo de Dios, amaba la vida, os amaba a vosotros, y nosotros hoy como los ?ngeles podemos deciros: "?Por qu? busc?is entre los muertos al que Vive?. N. no est? aqu?, ha resucitado y vive en la Gloria de Dios con Jesu
Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Homil?as
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