Jueves, 07 de septiembre de 2006
6 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publica la intervenci?n de Benedicto XVI durante la audiencia general de este mi?rcoles, celebrada en la plaza de San Pedro, dedicada a presentar la figura del ap?stol Felipe.



Queridos hermanos y hermanas:

Al seguir trazando el semblante de los diferentes ap?stoles, como hacemos desde unas semanas, nos encontramos hoy con Felipe. En las listas de los doce siempre aparece en el quinto lugar (en Mateo 10, 3; Marcos 3, 18; Lucas 6, 14; Hechos 1, 13), es decir, fundamentalmente entre los primeros. Si bien Felipe era de origen jud?o, su nombre es griego, como el de Andr?s, lo que constituye un peque?o gesto de apertura cultural que no hay que infravalorar. Las noticias que nos llegan de ?l proceden del Evangelio de Juan. Era del mismo lugar del que proced?an Pedro y Andr?s, es decir, Betsaida (Cf. Juan 1, 44), una peque?a ciudad que pertenec?a a la tetrarqu?a de uno de los hijos de Herodes el Grande, quien tambi?n se llamaba Felipe (Cf. Lucas 3, 1).

El cuarto Evangelio cuenta que, despu?s de haber sido llamado por Jes?s, Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ??se del que escribi? Mois?s en la Ley, y tambi?n los profetas, lo hemos encontrado: Jes?s el hijo de Jos?, el de Nazaret? (Juan 1, 45). Ante la respuesta m?s bien esc?ptica de Natanael --??De Nazaret puede haber cosa buena??--, Felipe no se rinde y responde con decisi?n: ?Ven y lo ver?s? (Juan, 1, 46). Con esta respuesta, seca pero clara, Felipe demuestra las caracter?sticas del aut?ntico testigo: no se contenta con presentar el anuncio como una teor?a, sino que interpela directamente al interlocutor, sugiri?ndole que ?l mismo haga la experiencia personal de lo anunciado. Jes?s utiliza esos dos mismos verbos cuando dos disc?pulos de Juan Bautista se acercan a ?l para preguntarle d?nde vive: Jes?s respondi?: ?Venid y lo ver?is? (Cf. Juan 1,38-39).

Podemos pensar que Felipe nos interpela con esos dos verbos que suponen una participaci?n personal. Tambi?n a nosotros nos dice lo que le dijo a Natanael: ?Ven y lo ver?s?. El ap?stol nos compromete a conocer a Jes?s de cerca. De hecho, la amistad, conocer verdaderamente al otro, requiere cercan?a, es m?s, en parte vive de ella. De hecho, no hay que olvidar que, seg?n escribe Marcos, Jes?s escogi? a los doce con el objetivo primario de que ?estuvieran con ?l? (Marcos 3, 14), es decir, de que compartieran su vida y aprendieran directamente de ?l no s?lo el estilo de su comportamiento, sino ante todo qui?n era ?l realmente. S?lo as?, participando en su vida, pod?an conocerle y anunciarle. M?s tarde, en la carta de Pablo a los Efesios, puede leerse que lo importante es ?el Cristo que vosotros hab?is aprendido? (4, 20), es decir, lo importante no es s?lo ni sobre todo escuchar sus ense?anzas, sus palabras, sino conocerle a ?l personalmente, es decir, su humanidad y divinidad, el misterio de su belleza. ?l no es s?lo un Maestro, sino un Amigo, es m?s, un Hermano. ?C?mo podr?amos conocerle si estamos lejos de ?l? La intimidad, la familiaridad, la costumbre, nos hacen descubrir la verdadera identidad de Jesucristo. Esto es precisamente lo que nos recuerda el ap?stol Felipe. Por eso, nos invita a ?venir? y a ?ver?, es decir, a entrar en un contacto de escucha, de respuesta y de comuni?n de vida con Jes?s, d?a tras d?a.

Con motivo de la multiplicaci?n de los panes, recibi? de Jes?s una petici?n precisa, bastante sorprendente: d?nde era posible comprar el pan que se necesitaba para dar de comer a toda la gente que le segu?a (Cf. Juan 6, 5). Entonces, Felipe respondi? con mucho realismo: ?Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco? (Juan 6, 7). Aqu? se pueden ver el realismo y el esp?ritu pr?ctico del ap?stol, que sabe juzgar las implicancias de una situaci?n. Sabemos qu? es lo que pas? despu?s. Sabemos que Jes?s tom? los panes, y tras haber rezado, los distribuy?. De este modo, realiz? la multiplicaci?n de los panes. Pero es interesante el hecho de que Jes?s se dirigiera precisamente a Felipe para tener una primera impresi?n sobre la soluci?n del problema: signo evidente de que formaba parte del grupo restringido que lo rodeaba.
En otro momento, muy importante para la historia futura, antes de la Pasi?n, algunos griegos se encontraban en Jerusal?n con motivo de la Pascua, ?se dirigieron a Felipe? y le rogaron: ?Se?or, queremos ver a Jes?s?. Felipe fue a dec?rselo a Andr?s; Andr?s y Felipe fueron a dec?rselo a Jes?s? (Juan 12, 20-22). Una vez m?s nos encontramos ante el indicio de su prestigio particular dentro del colegio apost?lico. En este caso, en particular, realiza las funciones de intermediario entre la petici?n de algunos griegos --probablemente hablaba griego y pudo hacer de int?rprete-- y Jes?s; si bien se une a Andr?s, el otro ap?stol de nombre griego, de todos modos los extranjeros se dirigen a ?l. Esto nos ense?a a estar tambi?n nosotros dispuestos tanto a acoger las peticiones e invocaciones, vengan de donde vengan, como a orientarlas hacia el Se?or, pues s?lo ?l puede satisfacerlas plenamente. Es importante, de hecho, saber que no somos nosotros los destinatarios ?ltimos de las peticiones de quien se nos acerca, sino el Se?or: tenemos que orientar hacia ?l a quien se encuentre en dificultad. ?Cada uno de nosotros tiene que ser un camino abierto hacia ?l!

Hay otra oportunidad sumamente particular en la que interviene Felipe. Durante la ?ltima Cena, despu?s de que Jes?s afirmase que conocerle a ?l significa tambi?n conocer al Padre (Cf. Juan 14,7), Felipe, casi ingenuamente, le pidi?: ?Se?or, mu?stranos al Padre y nos basta? (Juan 14, 8). Jes?s le respondi? con un tono de ben?volo reproche: ??Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a m?, ha visto al Padre. ?C?mo dices t?: ?Mu?stranos al Padre?? ?No crees que yo estoy en el Padre y el Padre est? en m?? [?] Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre est? en m?? (Juan 14, 9-11). Son unas de las palabras m?s sublimes del Evangelio de Juan. Contienen una aut?ntica revelaci?n. Al final del ?Pr?logo? de su Evangelio, Juan afirma: ?A Dios nadie le ha visto jam?s: el Hijo ?nico, que est? en el seno del Padre, ?l lo ha contado? (Juan 1, 18). Pues bien, esa declaraci?n, que es del evangelista, es retomada y confirmada por el mismo Jes?s. Pero con un detalle. De hecho, mientras el ?Pr?logo? de Juan habla de una intervenci?n explicativa de Jes?s a trav?s de las palabras de su ense?anza, en la respuesta a Felipe, Jes?s hace referencia a su propia persona como tal, dando a entender que s?lo se le puede comprender a trav?s de lo que dice, es m?s, a trav?s de lo que es ?l. Para darnos a entender, utilizando la paradoja de la Encarnaci?n, podemos decir que Dios asumi? un rostro humano, el de Jes?s, y por consiguiente a partir de ahora, si realmente queremos conocer el rostro de Dios, ?s?lo nos queda contemplar el rostro de Jes?s! ?En su rostro vemos realmente qui?n es Dios y c?mo es Dios!

El evangelista no nos dice si Felipe comprendi? plenamente la frase de Jes?s. Lo cierto es que le entreg? totalmente su vida. Seg?n algunas narraciones posteriores (?Hechos de Felipe? y otros), nuestro ap?stol habr?a evangelizado en un primer momento Grecia y despu?s Frigia y all? habr?a afrontado la muerte, en Hier?polis, con un suplicio que algunos mencionan como crucifixi?n y otros lapidaci?n.

Queremos concluir nuestra reflexi?n recordando el objetivo hacia el que debe orientarse nuestra vida: encontrar a Jes?s, como lo encontr? Felipe, tratando de ver en ?l al mismo Dios, Padre celestial. Si falta este compromiso, nos encontraremos s?lo con nosotros mismos, como en un espejo, ?y cada vez nos quedaremos m?s solos! Felipe nos invita en cambio a dejarnos conquistar por Jes?s, a estar con ?l y a compartir esta compa??a indispensable. De este modo, viendo, encontrando a Dios, podemos encontrar la verdadera vida.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En ingl?s, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
El ap?stol Felipe, natural de Betsaida como Pedro y Andr?s, nos manifiesta las caracter?sticas del verdadero testimonio cuando, en su di?logo con Natanael, no s?lo le habla de Cristo, sino que le invita a conocerlo de cerca. En efecto, s?lo podremos descubrir la identidad de Jes?s en una relaci?n de amistad con ?l. En otras ocasiones podemos ver c?mo Felipe gozaba de un cierto prestigio dentro del colegio apost?lico. As?, con ocasi?n de la multiplicaci?n de los panes, Jes?s se dirige precisamente a este Ap?stol, para tener una primera indicaci?n sobre c?mo resolver aquella necesidad. Tambi?n, antes de la Pasi?n, algunos griegos se acercaron a Felipe porque quer?an ver a Jes?s. Esto nos ense?a a estar siempre dispuestos a acoger a los dem?s con sus inquietudes y a orientarlos hacia el Se?or, el ?nico que pude satisfacerlas en plenitud. En la ?ltima Cena, una pregunta de Felipe dio ocasi?n a Jes?s para hacer una importante revelaci?n sobre su persona, afirmando que: ?quien me ha visto a m?, ha visto al Padre?. Es decir, de ahora en adelante, si de verdad queremos conocer el rostro de Dios, no tenemos m?s que contemplar el rostro de Jes?s.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua espa?ola, en especial a los de Logro?o, con el Se?or Cardenal Eduardo Mart?nez Somalo; a la peregrinaci?n diocesana de Huelva y a los diversos grupos parroquiales de Espa?a. Saludo tambi?n a los peregrinos de Colombia, Chile y de otros Pa?ses Latinoamericanos. Os animo, como el ap?stol Felipe, a dejaros conquistar por el Se?or, invitando tambi?n a otros a participar de su vida y de su amor. ?Que Dios os bendiga!
Publicado por verdenaranja @ 0:05  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios