Jueves, 07 de septiembre de 2006
Art?culo publicado en la revista de la Cl?nica San Juan de Dios "Familia Hospitalaria", N?m. 64 y 65, A?O XXII, 2006


?PARA QU? SIRVEN LOS CURAS?


HACE TIEMPO que le? un librito con este interrogante sobre las tareas del sacerdote. Se sigue manteniendo esta curiosidad, hasta con cierta desvalorizaci?n del servicio sacerdotal en los tiempos presentes. Porque lo que nuestra sociedad cree necesitar es tener s?lo pol?ticos h?biles que nos resuelvan los problemas de nuestra convivencia socio-pol?tica. Economistas audaces que encuentren alguna soluci?n a la siempre tan comprometida crisis que no para de envolvernos.

Por las circunstancias que me han tocado vivir, tanto en mi larga vida religiosa hospitalaria como en los veintid?s a?os de vida sacerdotal, he podido constatar el valor positivo que le merece el servicio de los sacerdotes en general a una gran mayor?a de personas, de todas las categor?as sociales y profesionales. Y dan estas apreciaciones entre otras muy positivas: ?Los curas sirven:

- Para escuchar los interrogantes, los miedos, insatisfacciones e incertidumbres de tantas personas que abandonaron un d?a a Dios, en el que no pod?an creer, y acompa?arles hoy en la b?squeda del verdadero rostro del Dios de Jesucristo.
-Para sembrar un poco y mucho de esperanza en tantas personas que viven sin horizonte, sin saber qu? sentido dar a su vida, llena de cosas y con el alma vac?a.
- Para denunciar modestamente, pero con libertad y sin depender de las consignas de ning?n partido, las mentiras, injusticias, manipu?laciones, violencias y superficialidad de nuestras vidas.
- Para compartir las inquietudes de los j?venes, entender sus aspira?ciones, comprender sus contradicciones y acompa?arlos en su soledad orient?ndolos hacia el mensaje de Cristo.
- Para defender los derechos humanos que todos defienden e, incluso, los que apenas defiende hoy nadie, como el derecho a la vida interior y al silencio, el derecho a ser aceptado con nuestras cobard?as y pecados, el derecho de todo hombre al amor y la solidaridad de todos, el derecho a buscar a Dios?.

El pasado d?a lo de este mes, en Icod de los Vinos participaba en la celebraci?n de unas Bodas de Oro y de Plata sacerdotales; y entre siete sacerdotes estaba el p?rroco de Los Sauces, don Amado Rodr?guez Concepci?n, que, el pasado d?a 26, todos los fieles de esta parroquia y los que estuvieron anteriormente festejaron este gran acontecimiento del cincuentenario sacerdotal. En ambos d?as he participado, recordando este interrogante ??para qu? servimos los sacerdotes??. Y, entre las que he mencionado aqu? y muchas m?s, meditaba sobre lo que es el ser sacerdote y cu?l es su meta decisiva: Y lo primero es estar dispuesto, con la ayuda de Dios, para ser santo, modelo de conducta personal para todos sus fieles. Y por eso, la llamada a la vida sacerdotal y la perseverancia en ella es la invitaci?n a la santidad. Ser santo significa que somos de Dios en todo. No se nos pide que seamos m?s o menos, sino que, tal como somos, que seamos de Dios ?Esta es la voluntad de Dios: que se?is todos santos?. (1 Tes 4,39). Y en el cumplimiento de la voluntad del Se?or est? la santidad?, que se expresa en la predicaci?n y en todos los dem?s servicios apost?licos, propios de los sacerdotes. Y el camino comienza para todos, sacerdotes y fieles, por el sacramento del Bautismo, que nos hace hijos de Dios. Todos, por tanto, llamados a la santidad. La santidad es de todos y es para todos. Es nuestra propia vida, que va girando sobre su propio eje, cuyo polo norte y polo sur son el dolor y el amor. El dolor, que lo producen los pecados que cometemos, todos somos pecadores. Y el amor, el que nos une a Dios y al pr?jimo, que es donde est? y crece la santidad.

Vamos, de verdad, a ser santos, pero ?ya!, de una vez para siempre. Hagamos de la fe cristiana un programa de vida. Y as?, cuando llegue el momento duro de la tentaci?n o de la lucha, del dolor y de la prueba, que la esperanza en Dios nos sostenga sabiendo que se acaba todo, como se acab? Getseman? y el Calvario, y que luego llega el triunfo, la resurrecci?n y la gloria para siempre sin fin. Seamos personas ?no tengamos miedo!, decididamente dispuestas a s?lo dar gusto al Se?or
- Que queremos ser santos.
- Que podemos ser santos.
-Que debemos ser santos.
Que, con la gracia de Dios y nuestra fidelidad, seremos santos. Que este sea el compromiso de todas las personas: sacerdotes, religiosos, religiosas y esposos cristianos que hayan
Publicado por verdenaranja @ 9:36  | Art?culos de inter?s
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