Jueves, 07 de septiembre de 2006
Art?culo publicado en la Revista de la Cl?nica de San Juan de Dios "Familia Hospitalaria", n?m. 64 y65, A?O XXII, 2006.


EL SECRETO DE BENEDICTO XVI,
EN VALENCIA


CREYENTES Y NO CREYENTES, presentes y ausentes: todos unidos con vida de fe cristiana o camino hacia ella, ante la voz de Dios en Benedicto XVI.
El secreto del Papa actual es la capacidad que tiene para afrontar la vida como tarea diaria. Es muy amante, sobre todo, de la persona; y por eso es capaz de manifestarse con una abnegaci?n tenazmente cotidiana y sin llamar la atenci?n. La ascesis, la ?tica y el gobierno, en ?l, no son fines, sino medios; su fin fundamental es el bienestar de la persona y de la comunidad.

La mayor?a de sus bi?grafos coinciden en destacar que todo su itinerario eclesial y te?logo es una afirmaci?n firme y en?rgica de Jesucristo como la realidad que acontece en la revelaci?n cristiana. Y lo expresa en una peculiar e intr?nseca conexi?n entre revelaci?n e historia, que ha venido experimentando desde ni?o en la fe cristiana de la familia y de la Iglesia popular de su pueblo (Baviera). Esta experien?cia ha contribuido a madurar en ?l la gran actitud metodol?gica que va del joven estudioso al profesor y pastor. Aqu? est? el origen de la continuidad y de la evoluci?n de su pensamiento. Nuestro Papa actual sabe proponer con un lenguaje accesible al hombre de hoy el n?cleo central de la fe sin abandonar el dato dogm?tico

Su trabajo teol?gico tiene tambi?n inter?s para el lector no especialista. Por eso, este Papa, desde tiempos atr?s es una figura grande entre los cat?licos m?s le?dos en los c?rculos culturales laicos. Bien lo demuestran sus m?s de treinta libros suyos ya publicados. Le apasiona tambi?n el tema -muy querido por otros te?logos de su tiempo- que es el nexo entre teolog?a y santidad. La teolog?a alcanza siempre sus cimas en la historia cuando ha sabido beber en la fuente de la santidad. Hablar, escribir y predicar la gracia cristiana con responsabilidad es mirar a Cristo y seguirle para siempre. La Iglesia misma se entiende bien como el lugar de un acontecimiento que se realiza en la Historia. La memoria de la Iglesia, la Iglesia como memoria, es el lugar de toda fe cristiana, que resiste todos los tiempos, ya sea creciendo o desfalleciendo, pero siempre corno com?n espacio de la fe. Nuestro Papa habla tambi?n de la Iglesia como ?mbito de experiencia. A esta experiencia y vida corresponde una cierta primac?a respecto a las instituciones y preceptos. Por eso, en cada momento de la Historia, la verdad cristiana es contempor?nea de la libertad del hombre a la que se propone. Esta es la raz?n por la que la fe no se experimenta nunca como algo extra?o al hombre de cualquier tiempo. Otro punto a considerar: el supuesto paso del te?logo progresista, en fases sucesivas, sin m?s alcance que la simple novedad del momento. Este Papa, ya de cardenal, lo consideraba como algo t?pico, que se prestaba a la falsedad. Su pensamiento y doctrina iba por otro camino: para una persona que posee un principio sint?tico vital, el desarrollo de su pensamiento, no falto obviamente de correcci?n y clarificaci?n, lejos de ser prueba de discontinuidad, muestra la riqueza y la madurez de la persona que as? lo manifiesta.

No terminamos esta comunicaci?n sin dejar de recordar que el ministerio de Juan Pablo II y el desarrollo del magisterio pontificio de estos ?ltimos 20 a?os como la aut?ntica interpretaci?n del Concilio Vaticano II en continuidad con toda la tradici?n, ha encontrado un colaborador original y fiel en este genuino hijo del pueblo b?varo. Y este hijo as? ha definido la personalidad de Juan Pablo II: ?Todos conocen a Juan Pablo II: su rostro, su caracter?stico modo de moverse y de hablar, su ensimismarse en la oraci?n, su alegr?a espont?nea. Muchas de sus palabras se han grabado de manera indeleble en la memoria, comenzando por ese apasionado llamado con que se present? al inicio de su pontificado: ??Abrid las puertas a Cristo, no teng?is miedo!?. En esta frase se condensa todo un pontificado. Como si desease hacer accesible a todos los hombres el camino hacia la verdadera vida, hacia el verdadero amor?.

Benedicto XVI, desde el comienzo de su pontificado, ha recordado muy entra?ablemente a su antecesor, los dos pilares que le fueron para ?l tan significativo e importante en toda su larga vida apost?lica: la juventud y las familias.

En agosto pasado se reuni? en Colonia con una multitud de muchachos llegados de los cinco continentes y en estos d?as, primeros de julio en Valencia, celebra el V Encuentro Mundial con la Familia. Dos papas, unidos en la sucesi?n y en estos dos ternas: la juventud y las familias. Ambos convencidos de que ?as? cual es la familia, tal es la juventud, la naci?n, porque tal es el hombre... la familia es la primera y fundamen?tal comunidad humana. Es tambi?n de vida, es ambiente de amor. La ?nica comunidad en la que cada ser humano es amado por s? mismo, por lo que es y no por lo tiene... la juventud, la sociedad del ma?ana ser? lo que hoy es la familia?.

Este es el secreto de Benedicto XVI. Que no faltemos, presentes y ausentes, a esta cita con nuestra presencia f?sica, moral y con nuestra oraci?n en Valencia. Escuchemos y vivamos la doctrina de su mensaje: ?Nosotros, corno creyentes, como Iglesia y dem?s personas con rectitud de vida, camino de la fe, ayudemos a las familias, que constituyen la c?lula fundamental de toda sociedad sana. S?lo as? puede crearse en la familia una comuni?n de generaciones, en la que el recuerdo del pasado vive en el presente y se abre al futuro. La cuesti?n de la familia es estructura esencial de la sociedad y de la uni?n en matrimonio de un hombre y una mujer, seg?n el designio impreso por el Creador en la naturaleza humana. Los derechos de esta instituci?n no pueden ser usurpados por otras formas de uni?n?.

No hay verdadero progreso sin esta continuidad de vida de familia en los padres, como amparo y gu?a de sus hijos; y en ?stos, la esperanza de sus padres. Valores que se alcanzan con el elemento religioso cristiano fervientemente vivido. No hay otro camino por m?s que se empe?en en rechazarlo esas ideolog?as pol?ticas cuyos promotores conf?an consolidarlas como lo intentaron en otros tiempos.
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