S?bado, 09 de septiembre de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del domingo XXIII del tiempo ordinario 10 de Septiembre.


Effat?. ??brete!

XXIII Domingo del tiempo ordinario (B)

Isa?as 35, 4-7a; Santiago 2, 1-5; Marcos 7, 31-37


El pasaje del Evangelio nos refiere una bella curaci?n obrada por Jes?s: ?Le presentan un sordomudo que, adem?s, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre ?l. ?l, apart?ndose de la gente, a solas, le puso sus dedos en los o?dos y con su saliva le toc? la lengua. Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: ?Effat?!?, que quiere decir: ???brete!?. Se abrieron sus o?dos y, al instante, se solt? la atadura de su lengua y hablaba correctamente?.
Jes?s no hac?a milagros como quien mueve una varita m?gica o chasquea los dedos. Aquel ?gemido? que deja escapar en el momento de tocar los o?dos del sordo nos dice que se identificaba con los sufrimientos de la gente, participaba intensamente en su desgracia, se hac?a cargo de ella. En una ocasi?n, despu?s de que Jes?s hab?a curado a muchos enfermos, el evangelista comenta: ??l tom? nuestras flaquezas y carg? con nuestras enfermedades? (Mateo 8, 17).
Los milagros de Cristo jam?s son fines en s? mismos; son ?signos?. Lo que Jes?s obr? un d?a por una persona en el plano f?sico indica lo que ?l quiere hacer cada d?a por cada persona en el plano espiritual. El hombre curado por Cristo era sordomudo; no pod?a comunicarse con los dem?s, o?r su voz y expresar sus propios sentimientos y necesidades. Si la sordera y la mudez consisten en la incapacidad de comunicarse correctamente con el pr?jimo, de tener relaciones buenas y bellas, entonces debemos reconocer enseguida que todos somos, quien m?s quien menos, sordomudos, y es por ello que a todos dirige Jes?s aquel grito suyo: effat?, ??brete!. La diferencia es que la sordera f?sica no depende del sujeto y es del todo inculpable, mientras que la moral lo es. Hoy se evita el t?rmino ?sordo? y se prefiere hablar de ?discapacidad auditiva?, precisamente para distinguir el simple hecho de no o?r de la sordera moral.
Somos sordos, por poner alg?n ejemplo, cuando no o?mos el grito de ayuda que se eleva hacia nosotros y preferimos poner entre nosotros y el pr?jimo el ?doble cristal? de la indiferencia. Los padres son sordos cuando no entienden que ciertas actitudes extra?as o desordenadas de los hijos esconden una petici?n de atenci?n y de amor. Un marido es sordo cuando no sabe ver en el nerviosismo de su mujer la se?al del cansancio o la necesidad de una aclaraci?n. Y lo mismo en cuanto a la esposa.
Estamos mudos cuando nos cerramos, por orgullo, en un silencio esquivo y resentido, mientras que tal vez con una sola palabra de excusa y de perd?n podr?amos devolver la paz y la serenidad en casa. Los religiosos y las religiosas tenemos en el d?a tiempos de silencio, y a veces nos acusamos en la Confesi?n diciendo: ?He roto el silencio?. Pienso que a veces deber?amos acusarnos de lo contrario y decir: ?No he roto el silencio?.
Lo que sin embargo decide la calidad de una comunicaci?n no es sencillamente hablar o no hablar, sino hablar o no hacerlo por amor. San Agust?n dec?a a la gente en un discurso: Es imposible saber en toda circunstancia qu? es lo justo que hay que hacer: si hablar o callar, sin corregir o dejar pasar algo. He aqu? entonces que se te da una regla que vale para todos los casos: ?Ama y haz lo que quieras?. Preoc?pate de que en tu coraz?n haya amor; despu?s, si hablas ser? por amor, si callas ser? por amor, y todo estar? bien porque del amor no viene m?s que el bien.
La Biblia permite entender por d?nde empieza la ruptura de la comunicaci?n, de d?nde viene nuestra dificultad para relacionarnos de una manera sana y bella los unos con los otros. Mientras Ad?n y Eva estaban en buenas relaciones con Dios, tambi?n su relaci?n rec?proca era bella y extasiante: ??sta es carne de mi carne...?. En cuanto se interrumpe, por la desobediencia, su relaci?n con Dios, empiezan las acusaciones rec?procas: ?Ha sido ?l, ha sido ella...?.
Es de ah? de donde hay que recomenzar cada vez. Jes?s vino para ?reconciliarnos con Dios? y as? reconciliarnos los unos con los otros. Lo hace sobre todo a trav?s de los sacramentos. La Iglesia siempre ha visto en los gestos aparentemente extra?os que Jes?s realiza en el sordomudo (le pone los dedos en los o?dos y le toca la lengua) un s?mbolo de los sacramentos gracias a los cuales ?l contin?a ?toc?ndonos? f?sicamente para curarnos espiritualmente. Por esto en el bautismo el ministro realiza sobre el bautizando los gestos que Jes?s realiz? sobre el sordomudo: le pone los dedos en los o?dos y le toca la punta de la lengua, repitiendo la palabra de Jes?s: effat?, ??brete!.
En particular el sacramento de la Eucarist?a nos ayuda a vencer la incomunicabilidad con el pr?jimo, haci?ndonos experimentar la m?s maravillosa comuni?n con Dios
Publicado por verdenaranja @ 15:16  | Espiritualidad
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