Lunes, 11 de septiembre de 2006
Homil?a del Papa Benedicto XVI en la primera misa en suelo b?varo, en la explanada de Neus Messe, el 10 de Septiembre de 2006


Queridos Hermanos y Hermanas,

Primero, deseo ofrecerles a todos una afectuoso saludo. Estoy feliz de estar entre ustedes de nuevo y celebrar la Santa Misa con ustedes. Tambi?n estoy feliz por volver a visitar lugares familiares que tuvieron una influencia decisiva en mi vida, formando mis ideas y sentimientos: lugares donde aprend? c?mo creer y c?mo vivir. ?ste es un tiempo para decir gracias a todos aquellos ?vivos y muertos- que me guiaron y acompa?aron a lo largo del camino. Agradezco a Dios por este hermoso pa?s y por todas las personas que verdaderamente hicieron de ?l mi patria.

Acabamos de escuchar tres lecturas b?blicas que la liturgia de la Iglesia ha escogido para este domingo. Las tres desarrollan un tema doble que es ?ltimamente uno, destacando ?como dictan las circunstancias ? uno u otro de sus aspectos. Las tres lecturas hablan de Dios como el centro de toda la realidad y el centro de nuestra vida personal. "?Aqu? est? tu Dios!", exclama el profeta Isa?as (35:4). En su propia forma, la Carta de Santiago y el pasaje del Evangelio sostienen lo mismo. Ambas desean guiarnos a Dios, ubicarnos en el camino correcto. Pero hablar de "Dios" es tambi?n hablar de sociedad: de nuestra responsabilidad compartida por el triunfo de la justicia y el amor en el mundo. Esto se expresa poderosamente en la segunda lectura, en la que Santiago, un familiar cercano de Jes?s, nos habla. Se dirige a una comunidad que empieza a estar marcada por la soberbia, debido a que incluye a personas influyentes y distinguidas, y consecuentemente el riesgo de la indiferencia hacia los derechos de los pobres. Las palabras de Santiago nos dan un vistazo de Jes?s, de ese Dios que se hizo hombre. Aunque fue de la estirpe de David, y por ello real, stock, se hizo un hombre simple en medio de hombres y mujeres simples. No se sent? en un trono, pero muri? en la pobreza ?ltima de la Cruz. Amar al pr?jimo, que es primeramente un compromiso con la justicia, es la pierda de toque para la fe y el amor de Dios. Santiago la llama "la ley real" (cf. 2:8), haciendo eco de las palabras que Jes?s us? a menudo: el reino de Dios, el reinado de Dios. Esto no se refiere solo a cualquier reino, que llegar? a en cualquier momento; significa que Dios debe convertirse en la fuerza que da forma a nuestras vidas y acciones. Esto es lo que pedimos cuando rezamos: "Que venga tu Reino". No estamos pidiendo algo lejano en distancia, algo que no queramos experimentar, rezamos para que Dios quiera aqu? y ahora determinar nuestra propia voluntad, y que en esa forma Dios pueda reinar en el mundo. Rogamos que la justicia y el amor puedan convertirse en las fuerzas decisivas que afectan nuestro mundo. Un rezo como ?ste seguramente se dirige primero a Dios, pero es tambi?n inquietante para nosotros. ?Realmente, es esto lo que deseamos? ?Es esta la direcci?n en la cual deseamos dirigir nuestras vidas? Para Santiago, ?la ley real?, la ley del Reino de Dios, es tambi?n ?la ley de la libertad?: si seguimos a Dios en todo que pensemos y hagamos, entonces nos acercamos, ganamos libertad y as? nace la fraternidad verdadera. Cuando Isa?as, en la primera lectura, habla sobre Dios, sigue hablando sobre la salvaci?n para el sufrimiento, y cuando Santiago habla del orden social como expresi?n necesaria de nuestra fe, sigue l?gicamente hablando Dios, de quien somos hijos.

Pero ahora debemos dirigir nuestra atenci?n al Evangelio, que habla de la curaci?n de Jes?s a un hombre nacido sordo y mudo. Aqu? encontramos tambi?n los dos aspectos de este ?nico tema. Jes?s se preocupa del sufrimiento, de aquellos que han sido empujados a los m?rgenes de la sociedad. ?l los cura y, permiti?ndoles vivir y trabajar juntos, los lleva a la igualdad y la fraternidad. Esto obviamente tiene que decirnos algo: Jes?s se?ala la meta de toda nuestra actividad. Hasta la historia entera tiene una dimensi?n m?s profunda, destacada constantemente por los Padres de la Iglesia, una que nos habla particularmente hoy. Los padres hablaban a y sobre los hombres y mujeres de su tiempo. Pero su mensaje tambi?n tiene un nuevo significado para nosotros hombres y mujeres modernos. No solo hay una sordera f?sica que separa a la gente de la vida social; hay tambi?n una ?dureza de audici?n? donde se compromete a Dios, y esto es algo que sufrimos particularmente en nuestro propio tiempo. Para hacerlo m?s sencillo, no somos m?s capaces de o?r a Dios - hay demasiadas frecuencias diversas que llenan nuestros o?dos. Lo que se dice de Dios nos impacta como algo pre-cient?fico, no m?s adecuado a nuestra era. Junto con esta dureza de audici?n o sordera absoluta que compromete a Dios, naturalmente perdemos nuestra capacidad de hablar con ?l y sobre ?l. Y por eso terminamos perdiendo una capacidad decisiva de percepci?n. Arriesgamos perder nuestros sentidos internos. Este debilitamiento de nuestra capacidad para la opini?n corta dr?stica y peligrosamente el rango de nuestra relaci?n con realidad. El horizonte de nuestra vida es recortado de forma preocupante.

El Evangelio nos dice que Jes?s puso sus dedos en los o?dos del sordomudo, toc? la lengua del hombre enfermo con saliva y dijo ?Ephphatha? - ??brete?. El Evangelista ha preservado para nosotros la palabra aramea original que Jes?s pronunci?, y nos lleva de nuevo a ese mismo momento. Lo que sucedi? entonces fue ?nico, pero no pertenece a un pasado distante: Jes?s contin?a haciendo lo mismo de nuevo, incluso hoy. En nuestro bautismo nos toc? a cada uno y dijo ?Ephphatha? - ??brete? -, permiti?ndonos as? o?r la voz de Dios y poder hablar con ?l. No hay nada m?gico en lo que ocurre en el sacramento del Bautismo. El Bautismo nos abre un camino. Nos hace parte de la comunidad de los que pueden o?r y hablar; nos lleva a la intimidad con Jes?s mismo, que ha visto a Dios a solas y puede hablar de ?l (cf. Jn 1:18): con la fe, Jes?s desea compartir con nosotros su visi?n de Dios, su escucha del Padre y su di?logo con ?l. El camino en el que nos ubicamos con el Bautismo implica un proceso de desarrollo progresivo, por el cual crecemos en la vida de comuni?n con Dios, y adquirimos una diversa manera de mirar al hombre y la creaci?n.

El Evangelio nos invita a tomar conciencia de que tenemos un ?d?ficit? en nuestra capacidad de percepci?n ?inicialmente, no nos damos cuenta de esta deficiencia como tal, desde que todo lo dem?s parece ser tan urgente y l?gico; desde que todo parece proceder con normalidad; aun cuando, no tenemos m?s ojos ni o?dos para Dios y vivimos sin ?l. Pero, ?es verdad que todo acontece como si fuese normal cuando Dios no es m?s parte de nuestras vidas y nuestro mundo? Antes de hacer preguntas m?s elevadas, me gustar?a compartir algo de mi experiencia encontr?ndome con Obispos de todas partes del mundo. La Iglesia Cat?lica en Alemania es important?sima por sus actividades de ayuda social, por su disposici?n a ayudar ah? donde la ayuda es necesaria. Durante las visitas ad limina que realizan los obispos, m?s recientemente de aquellos venidos de ?frica, han mencionado siempre con gratitud la generosidad de los cat?licos alemanes y me han pedido que haga expresa dicha gratitud. Justamente, hace muy poco, los obispos de los pa?ses b?lticos me hablaron acerca de c?mo los cat?licos alemanes los asisten enormemente en la reconstrucci?n de sus iglesias, las que quedaron muy da?adas y necesitadas de una reparaci?n urgente despu?s de los a?os de gobierno comunista. Sea como fuese, sin embargo, algunos obispos africanos suelen decir: ?si vengo a Alemania y presento proyectos sociales, de pronto todas las puertas se abren. Pero si vengo con un plan para la evangelizaci?n, encuentro siempre reservas?. Evidentemente, alguna gente tiene la idea de que los proyectos sociales deber?an ser r?pidamente asumidos, mientras que cualquier cosa que trate de Dios o de la fe cat?lica es limitada y disminuida en su importancia. La experiencia de aquellos obispos es que todav?a la evangelizaci?n por s? misma deber?a ser lo m?s importante, que el Dios de Jesucristo debe ser conocido, cre?do y amado; y los corazones deben ser convertidos si el progreso ha de llevarse a cabo en temas sociales y ha de empezar la reconciliaci?n, y si -por ejemplo- el SIDA ha de ser combatido con aut?ntico realismo, enfrentando sus causas m?s profundas, y los enfermos tratados con todos los cuidados amorosos que necesitan. Los temas sociales y el Evangelio son inseparables. Cuando le damos a la gente solo conocimiento, habilidad, asistencia t?cnica y herramientas, le damos muy poco. R?pidamente, todos los mecanismos de la violencia toman el control: la capacidad de destruir y matar se convierte en el camino dominante para tomar el poder ?un poder que en alg?n punto podr?a hacerse legal, pero que nunca ser? capaz de legitimarse. As?, la reconciliaci?n y un compromiso compartido con la justicia y el amor, se pierden gradualmente en el horizonte. Los criterios con los que la tecnolog?a es puesta al servicio de la ley y el amor no son m?s criterios claros: es precisamente sobre estos criterios de los que depende todo: criterios que no son solo teor?as, sino aquellos que iluminan el coraz?n y de esa manera ponen a la raz?n y la acci?n en el sendero correcto.

La gente en ?frica y Asia admira nuestro valor cient?fico y t?cnico, pero al mismo tiempo se asusta por una forma de racionalidad que excluye totalmente a Dios de la visi?n del hombre, como si ?sta fuera la forma m?s alta de la raz?n, y una que se impondr? a sus culturas tambi?n. No ven la verdadera amenaza a su identidad en la fe cristiana, sino el desprecio a Dios y el cinismo que considera la mofa del sagrado como un ejercicio de la libertad y que erige la utilidad en el criterio moral supremo para el futuro de la investigaci?n cient?fica. Estimados amigos, ?este cinismo no es la clase de tolerancia y la franqueza cultural que la gente del mundo est? buscando y que todos deseamos! La tolerancia que necesitamos urgentemente incluye el temor de Dios - respeto hacia lo que sagrado para otros. Este respeto hacia lo que otros consideran sagrado, nos demanda aprender una vez m?s el temor de Dios. Este sentido del respeto puede renacer en el mundo occidental solamente si renace la fe en Dios, si Dios se hace una vez m?s presente para nosotros y en nosotros.

No imponemos esta fe a alguien. Tal proselitismo es contrario al Cristianismo. La fe puede desarrollarse solamente en libertad. Pero apelamos a la libertad de hombres y las mujeres de estar abiertos a Dios, buscarlo, o?r su voz. Reunidos aqu?, pidamos al Se?or con todos nuestros corazones que pronuncie de nuevo su ?Ephphatha?, que cure nuestra dureza de audici?n ante la presencia, la actividad y la palabra de Dios, y nos d? vista y o?do. Pidamos su ayuda para redescubrir la oraci?n, a la que nos invita en la liturgia y cuya f?rmula esencial nos ha dado en el Padrenuestro.

El mundo necesita a Dios. Necesitamos a Dios. ?Pero qu? Dios? En la primera lectura, el profeta dice a la gente que padece opresi?n: ??l vendr? con venganza? (Is 35:4). Podemos suponer f?cilmente c?mo la gente imaginaba esa venganza. Pero el profeta mismo revela cu?l es realmente: la bondad sanadora de Dios. La explicaci?n definitiva de la palabra del profeta debe encontrarse en quien muri? en la cruz: en Jes?s, el Hijo de Dios encarnado. Su ?venganza? es la cruz: uno ?no? a la violencia y un ?amor hasta el extremo?. ?ste es el Dios que necesitamos. No debemos fallar en demostrar respeto por otras religiones y culturas, respeto profundo por su fe, cuando proclamamos claramente y sin compromisos al Dios que contradice la violencia con su propio sufrimiento; quien ante el poder del mal exalta su misericordia, para que el mal sea limitado y superado. A ?l ahora levantamos nuestras oraciones, que permanezca con nosotros y nos ayude a ser sus testigos cre?bles. ?Am?n!

Texto original en alem?n
Fuente: Sala de Prensa de la Santa Sede
Publicado por verdenaranja @ 0:39  | Habla el Papa
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