Lunes, 11 de septiembre de 2006
11 septiembre 2006 ZENIT publica las palabras que pronunci? Benedicto XVI el s?bado, 9 deSeptiembre, en el acto de oraci?n ante la ?Mariens?ule? (Columna de la Virgen) en la que volvi? a poner en manos de la Madre de Dios a Baviera.



Se?ora canciller y se?or ministro presidente,
queridos se?ores cardenales,
queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
se?oras, se?ores,
queridos hermanos y hermanas:

Para m? es motivo de particular emoci?n encontrarme de nuevo en esta bell?sima plaza a los pies de la ?Mariens?ule?, lugar que, como se acaba de decir, en otras dos ocasiones ha sido testigo de cambios decisivos para mi vida. Aqu?, como se ha mencionado, hace treinta a?os me acogieron los fieles con gran cordialidad y yo puse en manos de la Virgen el camino que deb?a emprender, pues el paso de la c?tedra universitaria al servicio de arzobispo de Munich y Freising era un salto enorme. S?lo con esta protecci?n y con el amor perceptible de los habitantes de Munich y de Baviera pod?a atreverme a asumir ese ministerio sucediendo al cardenal D?pfner. Despu?s, en 1982, me desped? aqu?; estaba presente el arzobispo de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Hamer, que despu?s ser?a cardenal, y le dije: ?Los habitantes de Munich son como los napolitanos, quieren tocar al arzobispo y le quieren?. Le impresion? ver aqu?, en Munich, tanta cordialidad, poder conocer el coraz?n b?varo en este lugar, en el que yo, una vez m?s, me encomend? a la Virgen.

Le doy las gracias, ilustre y querido se?or ministro presidente por la cordial bienvenida que me ha dirigido en nombre del gobierno y del pueblo b?varo. Doy gracias de todo coraz?n tambi?n a mi querido sucesor, el pastor de la arquidi?cesis de Munich y Freising, el se?or cardenal Friedrich Wetter, por las c?lidas palabras con las que me ha saludado. Saludo a la se?ora canciller, la doctora Angela Merkel, y a todas las personalidades pol?ticas, civiles y militares que han querido participar en este encuentro de bienvenida y oraci?n. Deseo dirigir un particular saludo a los sacerdotes, en especial a aquellos con los que pude colaborar en mi di?cesis de origen, Munich y Freising, como sacerdote y como obispo. Pero quisiera saludaros a todos, compatriotas, reunidos en esta plaza con gran cordialidad y gratitud. Os doy las gracias por vuestra c?lida acogida b?vara y agradezco, como ya lo he hecho en el aeropuerto, el servicio de todos los que han colaborado en la preparaci?n de la visita y que ahora hacen todo lo posible para que todo salga bien.

En esta ocasi?n permitidme volver a exponer un pensamiento que, en mis breves memorias, he desarrollado en el contexto de mi nombramiento como arzobispo de Munich y Freising. Ten?a que convertirme en sucesor de san Corbiniano y lo fui. Desde mi infancia me ha fascinado su leyenda, seg?n la cual, un oso habr?a despedazado al caballo del santo durante su viaje por los Alpes. Corbiniano le reprendi? duramente y, como castigo, le carg? con todo su equipaje hasta llegar a Roma. De este modo, el oso, cargado con el fardo del santo, tuvo que caminar hasta Roma y s?lo entonces Corbiniano le dej? en libertad.

Cuando en 1977 me encontr? ante la dif?cil decisi?n de aceptar o no el nombramiento a arzobispo de Munich y Freising, que me habr?a sacado de mi acostumbrada actividad universitaria, llev?ndome hacia nuevas tareas y nuevas responsabilidades, reflexion? mucho. Entonces me acord? de este oso y de la interpretaci?n de los vers?culos 22 e 23 del Salmo 72 [73] que desarroll? san Agust?n, en una situaci?n muy parecida a la m?a en el contexto de su ordenaci?n sacerdotal y episcopal, y que despu?s expresar?a en sus sermones sobre los Salmos. En este Salmo, el salmista se pregunta por qu? les va bien con frecuencia a los malvados de este mundo y por qu? les va tan mal a muchas personas buenas. Entonces, el salmista dice: era un tonto por haber pensado as?; estaba ante ti como un animal, pero despu?s entr? en el santuario y comprend? que precisamente en las dificultades estaba muy cerca de ti y que t? estabas siempre conmigo. Agust?n, con amor, retom? con frecuencia este Salmo y, viendo en la expresi?n ?estaba ante ti como un animal? (?iumentum? en lat?n), en referencia al animal de tiro que entonces se utilizaba en el norte de ?frica para arar la tierra, se identific? a s? mismo en este ?iumentum? como animal de tiro de Dios, se identific? en ?l como alguien que est? bajo el peso de su carga, la ?sarcina episcopalis?. Hab?a escogido la vida del hombre de estudio y, como dice despu?s, Dios le hab?a llamado a ser un ?animal de tiro?, un buen buey que tira del arado en el campo de Dios, que hace el trabajo duro que le es encomendado. Pero despu?s reconoce: as? como el animal de tiro est? muy cerca del campesino, trabajando bajo su gu?a, as? tambi?n yo estoy muy cerca de Dios, pues de este modo le sirvo directamente para la edificaci?n de su Reino, para la construcci?n de la Iglesia.

Con el tel?n de fondo de este pensamiento del obispo de Hipona, el oso de san Corbiniano me alienta siempre de nuevo a realizar mi servicio con alegr?a y confianza --hace treinta a?os y tambi?n hoy, en mi nuevo encargo--, pronunciando d?a tras d?a el ?s?? a Dios: ?me he convertido para ti como en un animal de tiro, pero de este modo "yo estoy siempre contigo" (Sal 72[73], 23)?. El oso de san Corbiniano, en Roma, qued? en libertad. En mi caso, el ?Due?o? ha dispuesto de otro modo. Me encuentro, por tanto, de nuevo a los pies de la ?Mariens?ule? para implorar la intercesi?n y la bendici?n de la Madre de Dios, no s?lo para la ciudad de Munich y para la querida Baviera, sino para la Iglesia universal y para todos los hombres de buena voluntad.

[Traducci?n del original alem?n realizada por Zenit
Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Habla el Papa
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