Martes, 12 de septiembre de 2006
12 septiembre 2006 ZENIT publica el discurso que pronunci? Benedicto XVI el lunes d?a 11 de Septiembre en la Bas?lica de Santa Ana de Alt?tting, coraz?n mariano de Alemania.



?Queridos amigos!

Aqu? en Alt?tting, en este lugar lleno de gracia, nos hemos reunido ?seminaristas que se preparan para el sacerdocio, sacerdotes, hombres y mujeres religiosos y miembros de sociedades con vocaci?n espiritual? en la Bas?lica de Santa Ana, ante el santuario de su hija, la Madre del Se?or. Nos hemos reunido aqu? para considerar nuestra vocaci?n de servir a Jesucristo y, bajo la atenta mirada de Santa Ana en cuyo hogar la m?s grande vocaci?n en la historia de la salvaci?n se desarroll?, comprenderla mejor. Mar?a recibi? su vocaci?n de boca del ?ngel. El ?ngel no entra visiblemente a nuestra habitaci?n, pero el Se?or tiene un plan para cada uno de nosotros, nos llama por nuestro nombre. Nuestra tarea es aprender a escuchar, percibir su llamada, ser valientes y fieles para seguirlo, y cuando est? todo dicho y hecho, ser siervos fieles que han utilizado bien los dones que se nos han dado.

Sabemos que el Se?or busca obreros para su vi?a. ?l mismo lo ha dicho: ?La mies es abundante, pero son pocos los obreros, rogad al Se?or de la mies que env?e obreros a su mies?. (Mt 9, 37-38). Por eso estamos reunidos aqu?: para hacer este urgente pedido al Se?or de la mies. La mies de Dios es grande y necesita obreros: en el llamado Tercer Mundo: en Am?rica Latina, en ?frica y Asia la gente espera nuestros heraldos para llevarles el Evangelio de la paz, la Buena Nueva de Dios que se hizo hombre. Pero en el tambi?n llamado Occidente, aqu? entre nosotros en Alemania, y en las vastas regiones de Rusia es cierto que hay una gran mies que cosechar. Pero hace falta gente con voluntad para trabajar la mies de Dios. Hoy es como entonces, cuando el Se?or se compadeci? de las multitudes que parec?an ovejas sin pastor: personas que probablemente sab?an c?mo hacer muchas cosas, pero no pod?an darle sentido a sus vidas. ?Se?or, mira nuestros tiempos dif?ciles, necesitados de predicadores del Evangelio, testigos de ti, personas que puedan se?alar hacia la ?vida en abundancia'!. ?Mira nuestro mundo y compad?cete una vez m?s! ?Mira nuestro mundo y env?anos obreros! Con este pedido tocamos a la puerta de Dios y con el mismo pedido el Se?or est? tocando las puertas de nuestro propio coraz?n. ?Se?or, me quieres? ?No es tal vez demasiado grande para m?? ?Soy muy peque?o para esto? ?No tengas miedo', le dijo el ?ngel a Mar?a. ?No temas: Te he llamado por tu nombre', dice Dios a trav?s del profeta Isa?as (43, 1) a nosotros, a cada uno de nosotros.

?Ad?nde vamos, si respondemos "s?" al llamado de Dios? La m?s breve descripci?n de la misi?n sacerdotal ?y esto es cierto en su manera particular para los hombres y mujeres religiosos tambi?n? nos la ha dado el evangelista Marcos. En su relato sobre el llamado de los Doce, dice ?Jes?s llam? a doce para que est?n con ?l y para ser enviados?. Estar con Jes?s y ser enviado, salir a conocer personas: estas dos cosas se corresponden y juntas son el coraz?n de la vocaci?n, del sacerdocio. Estar ?con ?l' significa llegar a conocerlo y darlo a conocer. Cualquiera que haya estado con ?l no puede retener para s? lo que ha encontrado, al contrario, tiene que comunicarlo a otros. Tal es el caso de Andr?s, que le dijo a su hermano Sim?n: ?Hemos encontrado al Mes?as' (Juan 1, 41) y el evangelista agrega: ?Llev? a Sim?n ante Jes?s' (Juan 1, 42). San Gregorio Magno, en una de sus homil?as, dijo una vez que los ?ngeles, sin importar que tan lejos deban ir en su misi?n, siempre se mueven en Dios. Siempre permanecen con ?l. De esta reflexi?n de los ?ngeles, San Gregorio explica que los obispos y los sacerdotes: sin importar adonde vayan, siempre est?n ?con ?l'. Sabemos esto por experiencia. Cuando los sacerdotes, debido a sus m?ltiples deberes, tienen menos tiempo para estar con el Se?or, eventualmente pierden, por toda su actividad con frecuencia heroica, la fuerza interior que los sostiene. Su actividad se convierte en un activismo vac?o. Estar con Cristo ?C?mo se hace esto? Bueno, lo primero y los m?s importante para el sacerdote es la Misa diaria, siempre celebrada con una participaci?n interior y profunda. Si celebramos la Misa como verdaderos hombres de oraci?n, si unimos nuestras palabras y nuestras actividades a la Palabra que nos precede y si nos dejamos conformar por la Celebraci?n Eucar?stica, si en la Comuni?n nos dejamos abrazar por ?l y le recibimos; entonces estamos con ?l.

La Liturgia de las Horas es otra manera fundamental de estar con Cristo. Aqu? rezamos como personas concientes de nuestra necesidad de hablar con Dios, mientras sostenemos a otros que no tienen ni el tiempo ni la capacidad para rezar de esta forma. Si nuestra Celebraci?n Eucar?stica y la Liturgia de las Horas no son significativas, necesitamos renovar nuestra devoci?n constantemente leyendo las Sagradas Escrituras, no solo para ser capaces de descifrar y explicar las palabras de un distante pasado, sino para descubrir la palabra que el Se?or me est? diciendo a m?, personalmente, aqu? y ahora. Solo de esta forma seremos capaces de llevar la Palabra inspirada a otros como la Palabra de Dios actual y viviente.

La Adoraci?n Eucar?stica es una forma esencial de estar con el Se?or. Gracias a Mons. Schraml, Alt?tting tiene un nuevo ?tesoro' Donde una vez se guardaron tesoros del pasado, objetos religiosos e hist?ricos, hay ahora un lugar para el verdadero tesoro de la Iglesia: la permanente presencia del Se?or en el Sant?simo Sacramento. En una de sus par?bolas el Se?or habla del tesoro escondido en el campo, del hombre que lo encuentra y lo vende para comprar ese campo, porque el tesoro escondido es m?s valioso que cualquier otra cosa. El tesoro escondido, m?s grande que cualquier otro bien, es el Reino de Dios, es Jes?s mismo, el Reino en persona. En la sagrada custodia est? presente el verdadero tesoro siempre esperando por nosotros. Solo adorando esta presencia aprendemos a recibirla adecuadamente, aprendemos la realidad de la Comuni?n, aprendemos la Celebraci?n Eucar?stica desde dentro. Aqu? me gustar?a citar algunas l?neas de Santa Edith Stein, tambi?n Patrona de Europa: ?El Se?or est? presente en el tabern?culo en su divinidad y humanidad. No est? all? por ?l, sino por nosotros: es su alegr?a estar con nosotros. Sabe que nosotros, siendo como somos, necesitamos tenerlo personalmente y cerca. Como resultado, cualquier persona con pensamientos y sentimientos normales se sentir? atra?do naturalmente a pasar tiempo con ?l, siempre que le sea posible y todo el tiempo que le sea posible' (Gesammelte Werke VII, 136ff.). ?Amenos estar con el Se?or! All? podemos hablar con ?l sobre cualquier cosa. Podemos ofrecerle nuestras peticiones, nuestras preocupaciones, nuestros problemas. Nuestras alegr?as. Nuestros gozos, nuestras decepciones, nuestras necesidades y nuestras aspiraciones. All? tambi?n podemos pedirle constantemente: ?Se?or, env?a obreros a tu mies! ?Ay?dame a ser un buen obrero en tu vi?a!

Aqu? en esta Bas?lica, nuestros pensamientos se vuelcan a Mar?a, quien vivi? su vida completamente ?con Jes?s' y consecuentemente estuvo, y sigue estando, cerca de todos los hombres y mujeres. Las muchas placas que hay aqu? son un signo concreto de esto. Pensemos en la santa madre de Mar?a, Santa Ana, y con ella pensemos tambi?n en la importancia de los padres y madres, abuelas y abuelos, y la importancia de la familia como entorno de vida y oraci?n, en donde aprendemos a rezar y en donde las vocaciones se desarrollan.

Aqu? en Alt?tting, pensamos de manera especial en el Hermano Konrad. ?l renunci? a su gran herencia porque quer?a seguir a Jesucristo sin reservas y estar completamente con ?l. Como el Se?or lo recomienda en una de sus par?bolas, ?l escogi? el lugar m?s bajo como hermano laico y portero. En su trabajo como tal pudo lograr lo que San Marcos nos dice sobre los Ap?stoles: ?estar con ?l', ?ser enviado' a otros. Desde su celda siempre pudo mirar al tabern?culo y as? siempre ?estar con Cristo'. Desde su contemplaci?n aprendi? la bondad ilimitada con la que trataba a la gente que tocaba a su puerta a toda hora, a veces sin cuidado, para molestarlo, y a veces bullosa e impacientemente. Para todos ellos, por su gran bondad y humanidad, y sin grandes palabras, siempre dio un mensaje m?s valioso que las mismas palabras. Roguemos al Santo Hermano Conrad, pid?mosle que mantenga nuestra mirada fija en el Se?or, para llevar el amor de Dios a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. ?Am?n!
[Traducci?n distribuida por Analisisdigital.com
Publicado por verdenaranja @ 23:45  | Habla el Papa
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