Viernes, 22 de septiembre de 2006
21 septiembre 2006 ZENIT publica la primera de las cinco respuestas espont?neas que ofreci? Benedicto XVI a otras tantas preguntas de los sacerdotes de la di?cesis de Albano, donde se encuentra la residencia pontificia de Castel Gandolfo. El encuentro tuvo lugar el 31 de agosto.

Algunos problemas de vida de los sacerdotes


Padre Giuseppe Zane, vicario ad omnia, de 83 a?os: Nuestro obispo le ha explicado, aunque brevemente, la situaci?n de nuestra di?cesis de Albano. Los sacerdotes estamos plenamente insertados en esta Iglesia, viviendo todos sus problemas y vicisitudes. Tanto los j?venes como los mayores nos sentimos inadecuados, en primer lugar porque somos pocos en comparaci?n con las muchas necesidades y procedemos de lugares muy diversos; adem?s, sufrimos escasez de vocaciones al sacerdocio. Por estos motivos a veces nos desanimamos, tratando de tapar agujeros aqu? o all?, a menudo obligados s?lo a realizar "primeros auxilios", sin proyectos precisos. Al ver las muchas cosas que habr?a que hacer, sentimos la tentaci?n de dar prioridad al hacer, descuidando el ser; y esto se refleja inevitablemente en la vida espiritual, en el di?logo con Dios, en la oraci?n y en la caridad, en el amor a los hermanos, especialmente a los alejados. Santo Padre, ?qu? nos puede decir al respecto? Yo soy de edad avanzada..., pero estos j?venes hermanos m?os ?pueden tener esperanza?

BENEDICTO XVI: Queridos hermanos, ante todo, quisiera dirigiros unas palabras de bienvenida y de agradecimiento. Gracias al cardenal Sodano por su presencia, con la que expresa su amor y su solicitud por esta Iglesia suburbicaria. Gracias a usted, excelencia, por sus palabras. Con pocas frases me ha presentado la situaci?n de esta di?cesis, que no conoc?a en esta medida. Sab?a que es la mayor de las di?cesis suburbicarias, pero no sab?a que hubiera crecido hasta los cincuenta mil habitantes. Veo que es una di?cesis llena de desaf?os, de problemas, pero ciertamente tambi?n de alegr?as en la fe. Y veo que todas las cuestiones de nuestro tiempo est?n presentes: la emigraci?n, el turismo, la marginaci?n, el agnosticismo, pero tambi?n una fe firme.

No pretendo ser aqu? ahora como un "or?culo", que podr?a responder de modo satisfactorio a todas las cuestiones. Las palabras de san Gregorio Magno que ha citado usted, excelencia, "que cada uno conozca infirmitatem suam", valen tambi?n para el Papa. Tambi?n el Papa, d?a tras d?a, debe conocer y reconocer "infirmitatem suam", sus l?mites. Debe reconocer que s?lo colaborando todos, en el di?logo, en la cooperaci?n com?n, en la fe, como "cooperatores veritatis", de la Verdad que es una Persona, Jes?s, podemos cumplir juntos nuestro servicio, cada uno en la parte que le corresponde. En este sentido, mis respuestas no ser?n exhaustivas, sino fragmentarias. Sin embargo, aceptamos precisamente esto: que s?lo juntos podemos componer el "mosaico" de un trabajo pastoral que responda a la magnitud de los desaf?os.

Usted, cardenal Sodano, ha comentado que nuestro querido hermano el padre Zane parece un poco pesimista. Pero hay que reconocer que cada uno de nosotros pasa por momentos en los que puede desanimarse ante la magnitud de lo que tiene que hacer y los l?mites de lo que en realidad puede hacer. Esto sucede tambi?n al Papa. ?Qu? debo hacer en esta hora de la Iglesia, con tantos problemas, con tantas alegr?as, con tantos desaf?os que afronta la Iglesia universal? Suceden tantas cosas cada d?a y no soy capaz de responder a todo. Hago mi parte, hago lo que puedo hacer.

Trato de encontrar las prioridades. Y soy feliz de contar con muchos buenos colaboradores. Puedo decir en este momento que constato cada d?a el gran trabajo que lleva a cabo la Secretar?a de Estado bajo su sabia gu?a. Y s?lo con esta red de colaboraci?n, insert?ndome con mis peque?as capacidades en una totalidad m?s grande, puedo y me atrevo a seguir adelante.

As?, naturalmente, tambi?n un p?rroco que est? solo ve que son muchas las cosas que es preciso hacer en esta situaci?n que usted, padre Zane, ha descrito brevemente. Y s?lo puede hacer una: tapar agujeros ?como dijo usted?, dedicarse a los "primeros auxilios", consciente de que se deber?a hacer mucho m?s. Pues bien, la primera necesidad de todos nosotros es reconocer con humildad nuestros l?mites, reconocer que debemos dejar que el Se?or haga la mayor?a de las cosas. Hoy escuchamos en el evangelio la par?bola del siervo fiel (cf. Mt 24, 42-51). Este siervo, como nos dice el Se?or, da la comida a los dem?s a su tiempo. No lo hace todo a la vez, sino que es un siervo sabio y prudente, que sabe distribuir en los diversos momentos lo que debe hacer en aquella situaci?n. Lo hace con humildad, y tambi?n est? seguro de la confianza de su se?or. As? nosotros debemos hacer lo posible para tratar de ser sabios y prudentes, y tambi?n tener confianza en la bondad de nuestro Se?or, porque al fin y al cabo debe ser ?l quien gu?e a su Iglesia. Nosotros nos insertamos con nuestro peque?o don y hacemos lo que podemos, sobre todo las cosas siempre necesarias: los sacramentos, el anuncio de la Palabra, los signos de nuestra caridad y de nuestro amor.

Por lo que respecta a la vida interior, a la que usted ha aludido, es esencial para nuestro servicio sacerdotal. El tiempo que dedicamos a la oraci?n no es un tiempo sustra?do a nuestra responsabilidad pastoral, sino que es precisamente "trabajo" pastoral, es orar tambi?n por los dem?s. En el "Com?n de pastores" se lee que una de las caracter?sticas del buen pastor es que "multum oravit pro fratribus". Es propio del pastor ser hombre de oraci?n, estar ante el Se?or orando por los dem?s, sustituyendo tambi?n a los dem?s, que tal vez no saben orar, no quieren orar o no encuentran tiempo para orar. As? se pone de relieve que este di?logo con Dios es una actividad pastoral.

Por consiguiente, la Iglesia nos da, casi nos impone ?aunque siempre como Madre buena? dedicar tiempo a Dios, con las dos pr?cticas que forman parte de nuestros deberes: celebrar la santa misa y rezar el breviario. Pero m?s que recitar, hacerlo como escucha de la Palabra que el Se?or nos ofrece en la liturgia de las Horas. Es preciso interiorizar esta Palabra, estar atentos a lo que el Se?or nos dice con esta Palabra, escuchar luego los comentarios de los Padres de la Iglesia o tambi?n del Concilio, en la segunda lectura del Oficio de lectura, y orar con esta gran invocaci?n que son los Salmos, a trav?s de los cuales nos insertamos en la oraci?n de todos los tiempos. Ora con nosotros el pueblo de la antigua Alianza, y nosotros oramos con ?l. Oramos con el Se?or, que es el verdadero sujeto de los Salmos. Oramos con la Iglesia de todos los tiempos. Este tiempo dedicado a la liturgia de las Horas es tiempo precioso. La Iglesia nos da esta libertad, este espacio libre de vida con Dios, que es tambi?n vida para los dem?s.

As?, me parece importante ver que estas dos realidades, la santa misa, celebrada realmente en di?logo con Dios, y la liturgia de las Horas, son zonas de libertad, de vida interior, que la Iglesia nos da y que constituyen una riqueza para nosotros. Como he dicho, en ellas no s?lo nos encontramos con la Iglesia de todos los tiempos, sino tambi?n con el Se?or mismo, que nos habla y espera nuestra respuesta. As? aprendemos a orar, insert?ndonos en la oraci?n de todos los tiempos y nos encontramos tambi?n con el pueblo.

Pensemos en los Salmos, en las palabras de los profetas, en las palabras del Se?or y de los Ap?stoles; pensemos en los comentarios de los santos Padres. Hoy tuvimos el maravilloso comentario de san Columbano sobre Cristo, fuente de "agua viva", de la que bebemos. Orando nos encontramos tambi?n con los sufrimientos del pueblo de Dios hoy. Estas oraciones nos hacen pensar en la vida de cada d?a y nos gu?an al encuentro con la gente de hoy. Nos iluminan en este encuentro, porque a ?l no s?lo acudimos con nuestra peque?a inteligencia, con nuestro amor a Dios, sino que tambi?n aprendemos, a trav?s de esta palabra de Dios, a llevarles a Dios. Esto es lo que ellos esperan: que les llevemos el "agua viva", de la que habla hoy san Columbano.

La gente tiene sed. Y trata de apagar esta sed con diversas diversiones. Pero comprende bien que esas diversiones no son el "agua viva" que necesitamos. El Se?or es la fuente del "agua viva". Pero en el cap?tulo 7 de san Juan nos dice que todo el que cree se convierte en una "fuente", porque ha bebido de Cristo. Y esta "agua viva" (v. 38) se transforma en nosotros en agua que brota, en una fuente para los dem?s.

As?, tratemos de beberla en la oraci?n, en la celebraci?n de la santa misa, en la lectura; tratemos de beber de esta fuente para que se convierta en fuente en nosotros, y podamos responder mejor a la sed de la gente de hoy, teniendo en nosotros el "agua viva", teniendo la realidad divina, la realidad del Se?or Jes?s, que se encarn?. As? podremos responder mejor a las necesidades de nuestra gente.

Esto por lo que se refiere a la primera pregunta: ?Qu? podemos hacer? Hagamos siempre todo lo posible en favor de la gente ?en las otras preguntas tendremos la posibilidad de volver a este punto? y vivamos con el Se?or para poder responder a la verdadera sed de la gente.

Su segunda pregunta era: ?Tenemos esperanza para esta di?cesis, para esta porci?n de pueblo de Dios que es la di?cesis de Albano y para la Iglesia? Respondo sin dudarlo: s?. Naturalmente, tenemos esperanza: la Iglesia est? viva. Tenemos dos mil a?os de historia de la Iglesia, con tantos sufrimientos, incluso con tantos fracasos. Pensemos en la Iglesia en Asia menor, la grande y floreciente Iglesia de ?frica del norte, que con la invasi?n musulmana desapareci?. Por tanto, porciones de Iglesia pueden desaparecer realmente, como dice san Juan en el Apocalipsis, o el Se?or a trav?s de san Juan: "Si no te arrepientes, ir? donde ti y cambiar? de su lugar tu candelero" (Ap 2, 5). Pero, por otra parte, vemos c?mo entre tantas crisis la Iglesia ha resurgido con nueva juventud, con nueva lozan?a.

En el siglo de la Reforma, la Iglesia cat?lica parec?a en realidad casi acabada. Parec?a triunfar esa nueva corriente, que afirmaba: ahora la Iglesia de Roma se ha acabado. Y vemos que con los grandes santos, como Ignacio de Loyola, Teresa de ?vila, Carlos Borromeo, y otros, la Iglesia resurgi?. Encontr? en el concilio de Trento una nueva actualizaci?n y una revitalizaci?n de su doctrina. Y revivi? con gran vitalidad. Lo vemos tambi?n en el tiempo de la Ilustraci?n, en el que Voltaire dijo: "Por fin se ha acabado esta antigua Iglesia, vive la humanidad". Y ?qu? sucedi?, en cambio? La Iglesia se renov?. En el siglo XIX florecieron grandes santos, hubo una nueva vitalidad con tantas congregaciones religiosas: la fe es m?s fuerte que todas las corrientes que van y vienen.

Lo mismo sucedi? en el siglo pasado. Hitler dijo en cierta ocasi?n: "La Providencia me ha llamado a m?, un cat?lico, para acabar con el catolicismo. S?lo un cat?lico puede destruir el catolicismo". Estaba seguro de contar con todos los medios para destruir por fin al catolicismo. Igualmente la gran corriente marxista estaba segura de realizar la revisi?n cient?fica del mundo y de abrir las puertas al futuro: "la Iglesia est? llegando a su fin, est? acabada". Pero la Iglesia es m?s fuerte, seg?n las palabras de Cristo. Es la vida de Cristo la que vence en su Iglesia.

Tambi?n en tiempos dif?ciles, cuando faltan las vocaciones, la palabra del Se?or permanece para siempre. Y, como dice el Se?or mismo, el que construye su vida sobre esta "roca" de la palabra de Cristo, construye bien. Por eso, podemos tener confianza. Vemos tambi?n en nuestro tiempo nuevas iniciativas de fe. Vemos que en ?frica la Iglesia, a pesar de todos sus problemas, tiene una gran floraci?n de vocaciones que estimula. Y as?, con todas las diversidades del panorama hist?rico de hoy, vemos ?y no s?lo, creemos? que las palabras del Se?or son esp?ritu y vida, son palabras de vida eterna. San Pedro, como escuchamos el domingo pasado en el evangelio, dijo: "T? tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos cre?do y conocido que t? eres el santo de Dios" (Jn 6, 69). Y viendo a la Iglesia de hoy; viendo la vitalidad de la Iglesia, a pesar de todos sus sufrimientos, podemos decir tambi?n nosotros: hemos cre?do y conocido que t? tienes palabras de vida eterna y, por tanto, una esperanza que no defrauda.

[La segunda parte de las preguntas y respuestas de este encuentro ser? publicada este viernes
Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 21:06  | Habla el Papa
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