Lunes, 25 de septiembre de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo XXV del tiempo ordinario.

Si uno quiere ser el primero...


XXV Domingo del tiempo ordinario (B)
Sabidur?a 2,12.17-20; Santiago 3,16-4,3; Marcos 9,30-37


?Entonces se sent?, llam? a los Doce y les dijo: ?Si uno quiere ser el primero, sea el ?ltimo de todos y el servidor de todos??. ?Es que Jes?s condena, con estas palabras, el deseo de sobresalir, de hacer grandes cosas en la vida, de dar lo mejor de uno, y privilegia en cambio la dejadez, el esp?ritu abandonista, a los negligentes? As? lo pensaba el fil?sofo Nietzsche, quien se sinti? en el deber de combatir ferozmente el cristianismo, reo, en su opini?n, de haber introducido en el mundo el ?c?ncer? de la humildad y de la renuncia. En su obra As? hablaba Zaratustra ?l opone a este valor evang?lico el de la ?voluntad de poder?, encarnado por el superhombre, el hombre de la ?gran salud?, que quiere alzarse, no abajarse.

Puede ser que los cristianos a veces hayan interpretado mal el pensamiento de Jes?s y hayan dado ocasi?n a este malentendido. Pero no es ciertamente esto lo que quiere decirnos el Evangelio. ?Si uno quiere ser el primero...?: por lo tanto, es posible querer ser el primero, no est? prohibido, no es pecado. No s?lo Jes?s no proh?be, con estas palabras, el deseo de querer ser el primero, sino que lo alienta. S?lo que revela una v?a nueva y diferente para realizarlo: no a costa de los dem?s, sino a favor de los dem?s. A?ade, de hecho: ?...sea el ?ltimo de todos y el servidor de todos?.

?Pero cu?les son los frutos de una u otra forma de sobresalir? La voluntad de poder conduce a una situaci?n en la que uno se impone y los dem?s sirven; uno es ?feliz? (si puede haber felicidad en ello), los dem?s infelices; s?lo uno sale vencedor, todos los dem?s derrotados; uno domina, los dem?s son dominados.

Sabemos con qu? resultados se puso por obra el ideal del superhombre por Hitler. Pero no se trata s?lo del nazismo; casi todos los males de la humanidad provienen de esta ra?z. En la segunda lectura de este domingo Santiago se plantea la angustiosa y perenne pregunta: ??De d?nde proceden las guerras??. Jes?s, en el Evangelio, nos da la respuesta: ?del deseo de predominio! Predominio de un pueblo sobre otro, de una raza sobre otra, de un partido sobre los dem?s, de un sexo sobre el otro, de una religi?n sobre otra...

En el servicio, en cambio, todos se benefician de la grandeza de uno. Quien es grande en el servicio, es grande ?l y hace grandes a los dem?s; m?s que elevarse por encima de los dem?s, eleva a los dem?s consigo. Alessandro Manzoni concluye su evocaci?n po?tica de las empresas de Napole?n con la pregunta: ??Fue verdadera gloria? En la posteridad la ardua sentencia?. Esta duda, acerca de si se trat? de verdadera gloria, no se plantea para la Madre Teresa de Calcuta, Raoul Follereau y todos los que diariamente sirven a la causa de los pobres y de los heridos de las guerras, frecuentemente con riesgo para su propia vida.

Queda s?lo una duda. ?Qu? pensar del antagonismo en el deporte y de la competencia en el comercio? ?Tambi?n estas cosas est?n condenadas por la palabra de Cristo? No; cuando est?n contenidas dentro de l?mites de correcci?n deportiva y comercial, estas cosas son buenas, sirven para aumentar el nivel de las prestaciones f?sicas y... para bajar los precios en el comercio. Indirectamente sirven al bien com?n. ?La invitaci?n de Jes?s a ser el ?ltimo no se aplica, ciertamente, a las carreras ciclistas o a las de F?rmula 1!

Pero precisamente el deporte sirve para aclarar el l?mite de esta grandeza respecto a la del servicio. ?En las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio?, dice San Pablo (1 Co 9,24). Basta con recordar lo que ocurre al t?rmino de una final de 100 metros lisos: el vencedor exulta, es rodeado de fot?grafos y llevado triunfalmente en volandas; todos los dem?s se alejan tristes y humillados. ?Todos corren, mas uno solo recibe el premio?.

San Pablo extrae, sin embargo, de las competiciones atl?ticas, tambi?n una ense?anza positiva: ?Los atletas -dice- se privan de todo; y eso ?por una corona corruptible!; nosotros en cambio [para recibir de Dios la] corona incorruptible [de la vida eterna]?. Luz verde, por lo tanto, a la nueva carrera inventada por Cristo en la que el primero es quien se hace ?ltimo de todos y siervo de todos.
Publicado por verdenaranja @ 0:38  | Espiritualidad
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