Lunes, 25 de septiembre de 2006

Pregón de Las Fiestas del Cristo de Icod de los Vinos 2006 pronunciado por Don Fernando Díaz Medina, licenciado en Económicas y Periodismo y profesor del IES Lucas Martín Espino en el mismo municipio.


PREGÓN DE LAS FIESTAS DEL CRISTO 2006

ICOD DE LOS VINOS

 

Fernando Díaz Medina



BUENAS NOCHES. Cuando las manecillas del reloj señalan el despertar puntual de un nuevo Septiembre, he sido invitado por el Señor Alcalde de la Ciudad para pregonar estas fiestas del Santísimo Cristo del Calvario. El Pregón es el acto que inaugura las celebraciones y que consigue captar y promover a todos los asistentes a la Fiesta. Hoy, estamos en los umbrales de estos esplendorosos festejos que, todos los años, viene celebrando Icod

 

Fiestas en honor de nuestra venerada y milagrosa Imagen, que atrae a tantos visitantes, desde los más apartados lugares. Son fechas señaladas que marcan la sobreabundancia de la alegría, tiempo en que la ciudad saca sus mejores galas a la calle. De nuevo los icodenses, hacen un alto en su quehacer fecundo y constructivo para dedicar unos días a estas jornadas de conmemoración, solemnes y divertidas. Icod se vuelve señorial, movilizando sus infinitos recursos para alegrar a todos los participantes haciéndose cumplir que las ciudades que levantan la voz están siempre cercanas a sus piedras fundadoras, a los días del sonido de la celebración.


Es este año 2006, un Año marcado por importantes Aniversarios para Icod de los Vinos. Por ejemplo, se celebra el Décimo Aniversario de la Cofradía del Cristo del Calvario, y el Centenario de la representativa Sociedad Centro Icodense. Los objetivos básicos de mi intervención serán, pues, en primer lugar expresar un homenaje público y merecido a escritores, cronistas y poetas que han ofrecido sus palabras para elogiar la ciudad. En segundo lugar, recordaré pasajes de estas fiestas, de esta ciudad, en la mirada de mi infancia, y también recobraré esos aniversarios tan señalados, Y, por último, como no podrían ser de otra manera, ANUNCIARE la invitación a estas FIESTAS MAYORES.


Para empezar decir que, toda ciudad, villa o pueblo, se define por los símbolos que ha elegido. LAS FIESTAS MAYORES DE SEPTIEMBRE, que se representan en Icod han asignado al CRISTO DEL CALVARIO el protagonismo supremo ¿Y qué simboliza EL CRISTO DEL CALVARIO?

Cada año, nuestra ciudad que vive sus símbolos y ritos en el último domingo de septiembre, aprecia el orden de la caridad tan sustancial al cristianismo. Es para muchos de nosotros, icodenses, el día universal de la ofrenda, el amor se hace visible –encuentro y rendición ante la veneración. El icodense tuvo siempre la espléndida tradición con su Fiesta del Cristo y lejos de adormecerla, la multiplica en escenarios múltiples y variados. Y hoy, sus fidelidades están en pie. Las escalas de sus ruidos y sonidos aumentan y se particularizan. Nos asomamos a la fiesta con curiosidad. Y hay una disminución del individualismo, y como no, jugamos a cientos de espejos; de gustos distintos, en las personas y recuerdos que guardamos.

En este año también las fiestas del Cristo del Calvario están de enhorabuena por otra circunstancia. Gracias al Decreto 23/2006, de 21 de febrero, se ha declarado BIEN DE INTERÉS CULTURAL, con categoría de Monumento a “LA Ermita del Calvario y los bienes muebles vinculados a la misma”. La descripción de la ermita en el expediente dice: “Se levanta sobre una plaza en alto, caracterizada por su ligera pendiente y a la que se accede por varias escalinatas. El espacio se halla delimitado por una rejería soportada por un lienzo en muro, con pilares intercalados rematados por adornos. En el interior de la plaza se reparten sectores de jardín en los que destacan laureles de Indias de cierto desarrollo.


La ermita consta de una sola nave con cubierta de madera a dos aguas y la fachada es sencilla, con espadaña de cemento y una moldura mixtilínea de cemento que la remata. A la derecha se localiza un característico calvario integrado por tres cruces de madera.

En el interior, el artesonado de par y nudillo cuenta con almizate decorado con molduras entrelazadas de carácter geométrico de clara adscripción mudéjar. El retablo mayor es de un solo cuerpo, que acoge la imagen del Crucificado, custodiado por la Virgen y San Juan.

 

Es éste, como sabemos, un lenguaje administrativo, hueco, ausente de pasión y admiración. Pero la fuerza que asigna nuestra cultura al Cristo del Calvario tiene otro sentido y un significado más profundo. Tiene dureza, dolor, lágrimas y sangre. Su rostro sufriente, una visión destacable entre las distintas manifestaciones de nuestra rica iconografía local. Ya, en la Semana de Pasión Cristiana, esta imagen se integra en su correspondiente PASO de la SEMANA SANTA, y así, ayuda a describir las distintas manifestaciones de la Pasión de Cristo. En el tema de la Crucifixión existen en Icod ejemplos de una calidad incuestionable. De entre ellos, merece singular atención este impresionante Cristo rescatado del Calvario. El patetismo y la profunda espiritualidad que irradia esta imagen es popularmente sentida. Tallada en escultura, técnicamente en bulto redondo, está fechada alrededor de 1730 (siglo XVIII) de anónimo cubano. Es una escultura que impresiona hondamente. Simbólicamente, vemos sufrir al Hombre. Porque eso nos enseña la Imagen Venerada. Jesús nos enseñó a mirar de cerca el sufrimiento humano. Nos basta ver el rostro de nuestro Cristo del Calvario castigado, maltratado, resignado, para ver ahí reflejado el rostro de todos los hombres. No olvidemos que, estamos ante la Pasión de Cristo en todos los problemas de la vida diaria. Jesús carga con ellos y con ese estilo de Jesús en la Cruz, paciente y perdonando.
LA muerte y resurrección de Jesucristo es el evento más significativo de toda la historia cristiana. La ubicación exacta de donde fue crucificado, sepultado y resucitado Jesucrito ha intrigado siempre a los cristianos durante muchos siglos. Es natural que los cristianos tengan interés en conocer donde murió y donde resucitó su Salvador.
Y ¿Qué nos dice la Biblia acerca de la ubicación? Los escritores del evangelio llaman al lugar donde Jesús fue crucificado “Gólgota” una palabra Aramea que significa “Calavera”. Calvario es la forma latina de esa palabra. Las Escrituras no revelan la ubicación precisa del Gólgota. Solamente dicen que la crucifixión de Jesús ocurrió en un lugar fuera de la ciudad de Jerusalén, aunque cercano (Juan 19:20; hebreos 13:12). La ley judía no permitía ejecuciones y sepulturas dentro de la ciudad.
Además, Jesús fue sin lugar a dudas crucificado cerca de un camino bien transitado, puesto que los que pasaban se burlaron de él (Mateo 27:39; Marcos 15:21; 29:30). Los romanos seleccionaban los lugares más transitados para sus ejecuciones públicas. La crucifixión probablemente ocurrió en una colina, porque tenía la elevación suficiente para hacerla visible desde la distancia (versículo 40). De la tumba o sepulcro, sólo se nos dice que estaba en un jardín cerca del lugar de la Crucifixión (Juan 19:41).
Hay que recordar también algunas interpretaciones alusivas de la investigación científica en el campo de la antropología religiosa. Basándose en la gran variedad de costumbres, hábitos e instituciones presentes en la humanidad, se llega a conclusiones que, aunque no siempre niegan los valores humanos universales, si llevan a una concepción relativista de la moral.
Y en esta ciudad de emigrantes, el Cristo del Calvario también es el CRISTO DE LOS EMIGRANTES.

 

La emigración, ha constituido a lo largo de la historia de Icod, la forma de superar unos conflictos estructurales, que aparecían de manera reiterada y sistemática, ante la pervivencia de las causas que las originaban, en general, las crisis económicas y las situaciones de desigualdad social.
En los siglos XIX y gran parte del siglo XX, la emigración canaria en general, y la icodense singularmente se dirigió hacia los países de habla hispana en América: Cuba, Venezuela y en menor escala a otras naciones hispano-americanas que han recogido la fuerza humana migratoria de estas tierras en sus etapas de crisis. La última gran emigración fue en la profunda depresión económica sufrida en este Archipiélago a raíz de la Guerra Civil. Serán los años cuarenta del pasado siglo XX, pero sobre todos en las décadas de los años cincuenta y sesenta cuando los éxodos y retornos en la emigración icodense son muy importantes.

 

Yo, que soy hijo, nieto y bisnieto de emigrantes, he tenido la oportunidad de palpar ese sentimiento de añoranza de la colonia icodense, sentimientos de idas y regresos, tanto en la República de Cuba como en la hoy llamada República Bolivariana de Venezuela. En verdad os digo, que Icod de los Vinos se siente con fuerza en el exterior y tiene renombre en estos dos países hermanos. En Cuba conversé con varios icodenses nacidos aquí, o descendientes de padres y abuelos nacidos aquí. Y, en Venezuela, como no, hay numerosos icodenses que polarizan y potencian los recuerdos, y ejercen activamente la fuerza asociativa de los emigrantes paisanos nuestros.


Es justo que Icod agradezca al Club Archipiélago Canario, al Hogar Canario-Venezolano, y a todo tipo de Asociaciones, como “Amigos icodenses en Venezuela” que mantengan la llama viva por canalizar y dinamizar los recuerdos, historias y tradiciones continuando con una fecunda e intensa relación afectiva con esta ciudad y todo el Archipiélago.
Y siguen dividiendo su corazón y agradecimiento tanto con su tierra de origen como con quien los acogió al otro lado del Atlántico. Todos los emigrantes icodenses repartidos por el mundo, conservan en su sangre el sufrimiento y recuerdos de los que tuvieron que abandonar su tierra contra su voluntad, en busca de los medios de subsistencia o mejorar su vida. Todos no han podido olvidar que tienen una raíz común: “Ser icodenses”.
Ya, Sobre la emigración icodense escribía Juan Reyes Bartlet en agosto de 1926 lo siguiente:

 

“De Icod a Cuba hay un camino de hormigas. Cuba es una prolongación de Icod para el campesino de estos lugares. El icodense que no haya estado en la Perla del Mar Caribe –es expresión de un poeta-orfebre de por allá- que levante el dedo. Si en Icod nadie se acuesta sin cenar, que no es poca ventaja, a Cuba hay que agradecérselo. La voz gastada en el intenso pregón del lotero por calles y parques de la urbe habanera, el sudor vertido en sembrados de tabaco o caña de azúcar, bajo el sol candente, calcinador, del Trópico”…

 

Y esto no ha perdido actualidad si nos referimos a Venezuela. También Gilberto Alemán, actual Cronista Oficial de Santa Cruz de Tenerife, escribía sobre la emigración icodense en el periódico EL DÍA en septiembre de 1956:
“Ahora todo es distinto. El trabajo de aquellos hombres que antaño marcharon a Cuba es diferente como lo es la vida actual. Hoy el hombre se emplea en la fábrica, en el taller, en las refinerías de petróleo. Va con el deseo de encontrar un empleo y deja el campo para quedarse en la capital. Aquellos hombres campesinos conocían la tierra, el trabajo, el sudor, las fatigas de la manigua y trabajaban para volver luego cansados, agotados por el trabajo y los años.

 

El isleño icodense marcha y se queda cegado por la luz de los adelantos técnicos. La máquina ha reemplazado al hombre en muchas de las funciones que éste realizaba antes. Se ha reblandecido la fortaleza física y moral. Pero entre los emigrantes de nuestras islas destaca sin duda alguna el hombre.

 

El icodense es el gallego de las Canarias. Pero se diferencia en que siempre vuelve. Sea rico o pobre. Sin rubor por el fracaso y sin altanería por el triunfo duro.


Hemos visto su paso y hemos sentido la presencia de miles de estos hombres perdidos en la inmensa urbe caraqueña. Dedicados a cualquier oficio; trabajando de sol a sol. De luna a luna. Viviendo en cualquier barraca de madera y recordando la vieja casa de Icod con sus balcones de madera. Pensando en la tierra que han querido comprar para ser independientes. Porque el icodense no trabaja para un patrón. Él ayuda si algún vecino lo solicita. Y saca de la tierra lo que necesita para vivir. No quiere depender de nadie. Sólo de su trabajo y de su tierra.

La estampa de la mañana en Icod es bien conocida. Llega el correo cargado de esperanzas y allí va la viejecita y la joven. El hombre y el chiquillo. Todos en busca de la carta con ribetes de colores que les llegará de Venezuela.
El emigrante icodense es de los que siempre vuelven. Lleva muy clavado en su alma la tierra chiquita y verde. Lleva el Drago y su Cristo del Calvario ante el cual oró antes de marchar. Lleva la casa y los niños y el amigo profundamente arraigado y siempre vuelve para respirar aire fresco de la cumbre cercana y arrodillarse delante del Cristo “Rescatado”.
Este hombre siente necesidad de retornar a la tierra porque desde lejos la idealiza y la embellece aún más de lo que es en realidad. Sueñan con ella y con la novia y con la madre y con todo aquello que han dejado en la isla lejana y querida. Y cuando leen los periódicos u oyen por la radio la música que les llama, lloran con lágrimas de nostalgia.
En los días del Cristo del Calvario, cuando el pueblo se anega de alegrías y de música y de poesía, el emigrante icodense en cualquier parte, en los países más lejanos recordará el Drago y las fiestas de arte y la gente y el vino blanco y transparente. Sentirá con más fuerza la llamada de la tierra que nace entre mar y cumbre.

Los que se encuentran en la ciudad de los Vinos también pensarán en aquellos que están lejos.

Hoy recordamos al emigrante con pena y con alegría. Todos ellos volverán algún día y festejarán, bajo la sombra del Drago, a su Cristo del Calvario.

Don Heraclio Díaz Mesa, último Cronista oficial de la ciudad, fallecido en 1972, explica la original peculiaridad que en Icod se observa en el culto al Cristo del Calvario, particularmente notable en el emigrante: el que va o viene de tierras americanas. El emigrante promete siempre en silencio; entra con recogimiento en el santuario; no se le ve expresar nada; habla con los ojos y con el alma. Luego, cuando llega la hora de cumplir, viene convertido en otra persona; cumple con alborozo, con ruido, con afán de mostrar públicamente ese agradecimiento que debe a su Cristo. Y en los días de fiesta religiosa, la devoción se desborda en promesas, en cariño y en fervores visibles.


En 1955, según los datos estadísticos, Icod es uno de los pueblos más emigrantes de la provincia. El barrio de San Bernabé de Las Vegas destaca entre todos. Allí no encontramos un hombre que no conozca las tierras americanas; tampoco que no haya vuelto… Recordemos que nadie quiere ser millonario… Cuando los icodenses se encuentran en el Nuevo Mundo, se agrupan y vuelven a constituirse en barrios. Los vecinos conviven conservando las mismas costumbres de su pueblo. Algunas familias emigran sin dejar atrás a ninguno de sus miembros, pero son muy pocas.
El escritor Vicente Borges sobre este fenómeno migratorio recogía en uno de sus escritos que “Esta preocupación colectiva por adquirir un trozo de terreno –los más poseen una fanegada- crea un beneficioso repartimiento de las tierras, que se refleja, inmediatamente, en el bienestar de todo el pueblo. Las roturaciones de fincas, en sitios inverosímiles y aprovechando cualquier espacio por muy arisco que sea, se suceden. Las construcciones también. Esta virtud de los hombres de Icod, que, al contrario de los gallegos, prefieren ser independientes a millonarios, es un factor positivo que beneficia a la colectividad.

 

El también escritor y poeta Andrés de Lorenzo-Cáceres, escribió en 1949 que los icodenses de pro, no se sustraen a la vocación indiana de los naturales de la comarca, y, en su juventud, siguen la ruta de Venezuela, que ha sido y es el Dorado para los canarios de años atrás y especialmente para los de esta hora. Un viaje significa siempre para quien lo realiza un giro espiritual y cambiar de aires es tal vez el mejor camino para tener después buen aire en un lugar determinado, en ese momento de nuestra vida en que habiendo nuestras raíces encontrado su tierra definitiva, abrimos la copa de nuestro árbol para que fructifique bajo el cielo que nos ha sido deparado o que hemos elegido. La tentación del viaje alcanzaba por igual al labrador humilde y al hijo de buena familia, y América fue la gran niveladora si no en la realidad social y económica, como en algunos casos lo fue efectivamente.
Otros escritos como los de Jesús Delgado, expresan la exaltación del Santísimo Cristo del Calvario, al indicar:

“El Santuario del Calvario fue edificado el año 1815, habiéndose establecido desde entonces las fiestas del Calvario en honor a la preciada imagen, las cuales se han venido llevando a cabo anualmente durante los últimos días del mes de septiembre.

La devoción del pueblo icodense hacia su idolatrado Cristo, ha ido año tras año en un creciente aumento, llegando a constituir la máxima veneración de Icod de los Vinos que, constantemente le rinde culto y principalmente en todos los viernes del año en los cuales permanece abierto el Santuario día y noche, verificándose con tal motivo un verdadero jubileo de visitas y misas

el Cristo de Icod, predilecto de la ciudad.


Hasta el año 1924, los cultos en honor de la Sagrada imagen el último domingo de septiembre, se verificaban en su Santuario, saliendo la procesión en las últimas horas de la tarde con dirección a la parroquia de San Marcos, donde se predicaba el sermón, continuando después la procesión solemne hasta su Santuario del Calvario, en cuya plaza se celebraban divertidas y animadas fiestas. Ya desde el año 1925, comenzó a trasladarse procesionalmente al Santísimo Cristo por la mañana a la indicada parroquia, celebrándose desde dicha fecha funciones suntuosísimas con asistencia del Prelado de la Diócesis y autoridades superiores de la provincia en unión de las locales. Las procesiones nocturnas del Santísimo Cristo han continuado como siempre, pero desde luego, con mayor brillantez y esplendor.

El año 1944 se estableció asimismo la fiesta de la Octava, la cual solo se verifica en el Calvario y plaza y calles adyacentes al Santuario. Esta fiesta, que se celebra el primer domingo de octubre, reviste igualmente gran esplendor, asistiendo a ella gran contingente de público, fieles y devotos, durante cuyo recorrido, bellamente adornado e iluminado, se hace también un gran derroche de pirotecnia, culminando con los sorprendentes fuegos de la Entrada en el Calvario.”


El escritor y periodista Don Francisco Ayala, recogerá en una crónica en 1961 lo siguiente: Fue Don Julio Delgado, un sacerdote que interinamente desempeñó la parroquia de San Marcos, quien dio a conocer mucho del pasado icodense inédito hasta entonces, aunque sus relatos –él mismo narraba las leyendas que iba recopilando- no obedecieran a un elemental rigor histórico. Don Julio Delgado, fue quizás el que reivindicó de entre el olvido la vieja leyenda del Cristo del Calvario, llamado también “Cristo Rescatado”.
La imagen santa –dice la leyenda- fue embarcada con destino a Méjico. Un barco pirata apresó la nave que la portaba y se apoderó de ella. Más tarde, la misma imagen obró el milagro de su rescate. Por entonces, llegó a Icod y en Icod quedó para siempre.

 
En estrofas de inspirada composición del fino poeta icodense Domingo Fleytas, se sintetiza la citada leyenda:


Una vieja leyenda cuenta el caso inaudito

de que apresado fuiste por brazo malhechor,

y en manos de piratas fue tu cuerpo bendito

trofeo bien de crímenes o bien de deshonor.


Del bajel te trajeron cristianos, libertado.

Y con la advocación de Cristo Rescatado

mi pueblo, reverente, te eligió un altar:

Señor, cautiva el alma de pasiones piratas,

a Ti vengo, implorante, que en la Cruz nos rescatas,

igual que rescataron Tu efigie de la mar.


El eterno poeta icodense Emeterio Gutiérrez Albelo también glorifica al Cristo del Calvario al relatarnos: “La sagrada Imagen se detiene frente al Santuario y comienza el capítulo indescriptible de la Entrada. Los fuegos quemados hasta ahora en el recorrido son solamente un premio del grandioso espectáculo. Un cohete de gran magnitud rasga el velo de la noche con su cola de fuego. A éste le siguen otros de caprichosas formas y colores. La plaza es un ascua. Innumerables ruedas giran al unísono. Entre el incesante chisporroteo se enmarca, llena de resplandores, la figura del Crucificado. Por último, una atronadora lluvia de cohetes corona las alturas como un surtidor de estrellas. Hasta que se apaga y enmudece este volcán luminoso. El Cristo se acoge, seguido de sus fieles, a la humildad de su Santuario”

Todos los años Icod celebra sus fiestas en honor de este Cristo… Icod mismo, Icod todo, en una fiesta permanente.

Fiestas del Cristo, entronizado allá por el año 1869. En épocas subsiguientes, las casas del recorrido procesional, cubiertas de flores y de productos de pinar, formaban como una bóveda fragante. En 1879, arcos de lienzos multicolores, hojas de palma y flecos de piñones, lucen en la calle de San Sebastián; en 1881, se multiplicaban éstos, se engalanaba la alameda del Calvario, y se celebra en un salón del ex-convento de San Francisco una fiesta lírico-musical, de tal éxito, que hubo que repetirse en la capital de la Isla; en 1883, fue adornada además, espléndidamente, la plaza de la Constitución; en 1902, levantose un arco de belleza extraordinaria frente a la plaza Agustina donde nos encontramos hoy. Siempre ha continuado el auge de estas fiestas y la constante renovación de las mismas. Hay nostalgia de aquellos arcos de verdes ramas, aquellos festones de jibalbera que adornaban los edificios; y que han sido desterrados para siempre por los progresos del tiempo y los cambiantes gustos de las épocas.
Todas esta crónicas recopiladas constituyen por su contenido un importante y preciado documento social, histórico, religioso y literario, pues traspasan ampliamente el objetivo básico que les guía: "anunciar" nuestra Fiesta del Cristo.
Con estos ejemplos basta para hacerse una idea de la aportación lírica de varios cronistas, que han sentido a Icod, su tierra y sus pobladores, las emociones íntimas de una población trabajadora, aportación que se extiende a muchos visitantes que aprecian nuestra forma de vivir y sentir

Estas son variadas y excelentes voces y escritos que he querido compartir con todos ustedes.


A nivel personal, comentarles que yo he vivido estas fiestas cuando era un niño y los recuerdo con sentida nostalgia. Añoranzas entrañables de aquellas fiestas del Santísimo Cristo del Calvario. Sobre todo, gozábamos en las procesiones, llenas de fuegos pirotécnicos. “Las ruedas de fuego” que antes se explosionaban muy cerca de la gente creando sustos considerables. ¿Quién no las recuerda?


Ya no es sólo este el día en que todos procuramos poblar de recuerdos y delicias el mundo de la niñez, en que el muchacho a través de la pleitesía va cobrando el diseño imaginativo y real de su persona futura. Pues hay siempre en el hombre la posibilidad de volverse niño para hacerse infinitamente creador: cuando se sensibiliza para los efectos de la bondad.
.Y, Puedo recordar, también, porque lo pide la ocasión, vivencias y protagonistas del Icod en mi niñez. En mi fantasía los puedo ver a todos. Hay mucha gente que cree que una impresión depositada en la memoria de un niño en los primeros años de su existencia no puede seguir ahí más de cinco o seis años, pero eso es un error. Yo recuerdo y aprecio todos esos momentos en este territorio de Icod de los Vinos. Vienen a la memoria lugares secretos de mi infancia, reflejos donde derramábamos vivencias, sueños y aspiraciones. Todo está sellado a fuego en mis recuerdos de la niñez, las numerosas tardes en la biblioteca municipal, leyendo con mis amigos, la literatura infantil de entonces. Éramos niños fascinados por la lectura que nos sumergía al conocimiento de mundos exóticos. Por ejemplo, las aventuras del Club de los Cinco, Tin-Tin, El Capitán Trueno, El Zorro, Flipper, Asterix, y un largo etcétera.


Como he dicho, la vida que llevaba con mis amigos estaba llena de encanto y así permanece aún en mis recuerdos. Soy testigo excepcional de las emociones vividas en cada pálpito recreado dadas las hechuras con que estaba fabricado Icod.. Puedo rememorar las travesuras como monaguillo del Arcipreste don Valentín Marrero el recordado cura-párroco que bautizaba a todos los niños con el sobrenombre “DE la CANDELARIA”, y el misterio que nos producía las excursiones por Las Furnias, los sabrosos olores de Casa Chicho, los delicados olores de las flores del Hostal del Drago, el lejano martilleo de las campanas de las iglesias de los distintos barrios, la mirada escurridiza de las jóvenes extranjeros en el Parque del Drago, etc. Etc. Puedo recordarlo y hacerlo tan real como siempre fue. Puedo traer a mi memoria el rito respetuoso de los Miércoles de Ceniza, ese día se aprovechaba para hacer la foto oficial en ese curso de los alumnos del Colegio “SECTOR OESTE” en las escalinatas del Parque de LORENZO-Cáceres. Puedo ver las primeras tardes estivales de gozo en la Playa de San Marcos. Puedo ver las máscaras de aquellos Carnavales primerizos en las calles y plazas de nuestra ciudad. Sé el aspecto que tiene el guardia municipal cuando nos arrebataba la pelota de fútbol. Sé el ruido que hace un tablón de buena tea en San Andrés. Puedo ver los bailarines en la Media Naranja de EL AMPARO, veo, como no, a mi incansable abuelo Angelito Medina Cámara virarse pa´ LA VEGA, virarse pa´ EL AMPARO. También conozco las fiestas de San Bernabé en LA VEGA, SAN ANTONIO, SANTA BÁRBARA, SAN FELIPE, LAS ANGUSTIAS, LAS CANALES, BUEN PASO, SAN MARCOS, LLANITO DE PERERA, LA CENTINELA, y tantas otras.

Supongo que este estado de cosas se debía principalmente a la circunstancia de que la ciudad en sí era atractiva para el recreo. Y entre mis entresijos de niño recuerdo, la emoción de los primeros días escolares en el “SECTOR OESTE” ubicado parcialmente en los Pabellones de la Parada en la Avenida Cristóbal del Cristo, La Parada era el kilómetro cero para nuestras vivencias. Y que decir de las tardes de cacerías de lagartos y ranas en Los Cuatro Caminos y Las Angustias. Después de tres horas de caminata, llegábamos de vuelta a casa saludablemente cansados, sobrecargados con las vivencias, muy hambrientos y justo a tiempo para la cena.

Todo esto lo consigo ver con perfecta claridad cuando hablo del pasado con mis amigos.
Jugábamos también en aquella zona de huertas de LA ASOMADA, que era un lugar paradisíaco para un muchacho. El contacto con la naturaleza era directo, y hasta sucio, como debe ser. Nos pasábamos todo el día en plena calle, corriendo, silbando, gritando, chillando y riendo. Era lo que se puede llamar un espíritu alegre, inocente y amable. Es una pena los tiempos de hoy para los juegos infantiles. Al parecer, en la actualidad se han abandonado todas esas cosas buenas. Hay algo muy cierto, mis estudios y mi educación me capacitan para decir que fuimos en esa niñez icodenses afortunadamente felices. ¡Lecciones de tiempo!


Y ahora pasemos a los señalados Aniversarios que se celebran en el presente año 2006. Como dije, se conmemora el décimo Aniversario de la Cofradía del Calvario y por tal motivo hemos de destacar que nació con profunda devoción el 3 de mayo de 1906. En este año la Cofradía tiene alrededor de 30 aspirantes, por lo que su futuro esta más que garantizado. Los 104 cofrades que la conforman esperan con devoción renovada siempre las Fiestas y celebraciones que en honor al Cristo se desarrollan. En la actualidad se ha creado un sentimiento especial entre sus devotos.

Y también el centro Icodense celebra un importante Aniversario. Cumple cien años (1906-2006). Desde entonces, el Centro Icodense se ha constituido absolutamente como un servicio completo de riqueza cultural, educativa, deportiva y de ocio para la ciudad.



Hoy, al hacer una valoración global de esta contribución del Centro Icodense tan meritoria que llega hasta el presente y abarca numerosas expresiones artísticas y conferencias desde los géneros de poesía, literatura, ciencia, derecho, tecnología, deportes, fiestas, verbenas y, como no, acontecimientos políticos; no puede menos que causar asombro comprobar la significación de la divulgación del conocimiento que en esta insigne Sociedad ha tenido siempre un tiempo y un lugar.

Cien años de práctica cultural nos han dejado multitud de gestas artísticas. El espíritu de superación y la voluntad de servicio a la cultura y a los icodenses como faro de luz de la Sociedad. Los discursos culturales sólo cobran su valor (y su sentido) en relación con la sociedad local, caracterizada por una ley particular de convivencia. En su larga trayectoria, los salones del Centro Icodense han recibido en sus cien años de historia la visita de grandes conferenciantes, escritores e intelectuales, protagonistas en diferentes épocas del mundo de la cultura. Se convirtió en una tradición celebrar estos actos en abierto al público icodense entre sus columnas. Plumas míticas, como Gutiérrez Albelo, García Ramos y Dulce María Loynaz son claros ejemplos, y un sinfín de otros nombres de alto prestigio.

De la misma forma, la sociedad civil se ha manifestado siempre en el Centro Icodense. Sus diferentes formas de conexión social han buscado cobertura, como necesidad exterior, para proyectar los distintos discursos e ideales. Costumbres, representaciones colectivas, formas sociales y grupales, quedan registradas en todo momento, como un orden social. Por ello, las instituciones culturales de los pueblos y ciudades no deben ser vistas simplemente como el producto de la voluntad, más o menos esclarecida, sino como las resultantes necesarias para proporcionar ambientes adecuados y las circunstancias más facilitadoras para la formación de actitudes. Hay que observar que los procesos sociales poseen su propia estructura y dinámica, y también en este caso es preciso conocer esta estructura; comprender esto es tarea compleja no sólo porque cualquier ordenamiento de convivencia humana depende hasta cierto punto de deseos y objetivos humanos, sino también porque el ordenamiento que forman las sociedades es creado intencionadamente.


la Sociedad siempre ha abierto sus puertas para llenar de buenos propósitos y alegres intenciones sus convocatorias. En resumen, unas tardes y noches, bien pensadas y realizadas, muchos y variados bailes de Carnaval, en blanco y negro o en estampados, que han atraído a un aluvión de icodenses, Piñatas, Fines de Año, Fiestas de los Casados, Aniversarios, Bailes de los ´60, Galas de Elección de Reina de la Sociedad, etc., etc.
El Centro Icodense ha sido punto de encuentro y de expresión cultural para los intelectuales durante este siglo de existencia. Los intelectuales son críticos, liberales o conservadores, radicales o reaccionarios, en la vida de la época que les ha tocado vivir. la exhibición de la cultura musical no es una exhibición cultural como las demás. Se han apreciado en esta ciudad, todos los géneros, obras y maestros más representativos. Desde la música popular, ballet, folklore, bandas, orquestas de cámara, sinfónica, vocal y coral han recibido excelente acogida por el auditorio asistente.
También, la beneficencia y la ayuda social para determinados colectivos desfavorecidos han sido consideradas desde su nacimiento conductas generosas por la Sociedad. En la definición del Centro Icodense existe un elemento insoslayable, su función social. Las colaboraciones con otras entidades sin fines de lucro han sido numerosas (Caritas InterParroquial, Cruz Roja, Club de Leones, Apreme, Amas de Casa Atlántida, Asociaciones contra el cáncer, etc.). Para la realización de estas actividades intervienen además muchos factores que tienen que ver con cuestiones religiosas y éticas, imagen institucional, prestigio social, y las debidas restricciones en disponibilidad de fondos.


Por tanto, debemos sentirnos orgullosos de la Sociedad Centro Icodense, y en esta ocasión aprovechó para felicitarles.


No presento excusas por apartarme del estilo habitual de los pregones, de lo cual podrá acusárseme, pero creo haber mirado con ojos imparciales y estoy seguro de haber escrito, por lo menos, con honradez de icodense, sea o no sensato cuanto digo.


Y Como relaté en el principio de mi intervención, invito a gozar y aprovechar la FIESTA y la diversión al ritmo de la música y la expresión de la cultura. ¡Vengan todos y acérquense por estos días a este Icod! De orden del Señor Alcalde, levanto yo mi voz y extiendo mi ruego. Vengan a hacernos compañía, vengan todos a festejar las tradiciones y los encuentros. Abandonen la tranquilidad para zambullirse en alegría sin fin. Fortalezcan amistades y disfruten con las familias. Porque también la ciudad es un dispositivo de mediación social y una forma de concebir nuestro ser y estar en el mundo.


Paisanos y amigos; hemos llegado al final de nuestro recorrido de breves crónicas y manifestaciones sobre Icod. Permítanme concluir este pregón con los siguientes versos, escritos desde el rincón del corazón por el gran poeta icodense EMETERIO GUTIÉRREZ ALBELO: Versos emocionantes como los que dedica al CRISTO DEL CALVARIO, versos rítmicos, sonoros, que se enjuagan en las emociones de todos los caminantes. Expresión desbordante y luminosa, verso popular que se palpa y llega a la emoción del que lo lee, que se recoge en un dolor íntimo, penitencial, en la neblinosa senda del cielo. Hay en esta composición poética una simbología propia de la intrahistoria de Icod de los Vinos. Versos que se miran en el espejo de la vida y lo dicen todo.


Estos poemas de Emeterio Gutiérrez Albelo son, sin lugar a dudas, uno de los mejores ejemplos líricos de nuestra FIESTA DEL CRISTO DEL CALVARIO:

Dicen así:


Cristo mío del Calvario

que con tus hondos destellos

-faro de amor- te desangras

sobre la mar del recuerdo.


Cristo que en horas lejanas

fuiste guardián de mis juegos,

confidente de mis ansias,

y físico de mis duelos.


Hoy con renovado impulso

a tu Santuario me acerco.

En tus llagas, florecidas,

están libando mis sueños.

Y como entonces, oh Cristo,

con el alma de un chicuelo,

vengo a traerte mi ofrenda

de retamas y poleos,

mientras repaso a tus plantas

el rosario de mis versos.

Cristo mío que arribaste

al corazón de este pueblo

sobre las ondas amargas

de un mar confuso y revuelto

-indemne sobre el naufragio-

como un navío del cielo.


Tú estás aquí, dulce mástil
clavado en el mismo centro

de este valle de brocados,

de tules y terciopelos;

y cuyas flores encienden

para Ti sus pebeteros.


Tu sangre, Señor, inunda

-lava de amor- este suelo.

En los trigales florece

con amapolas de fuego,

y se cuaja en los racimos

fragantes de los viñedos.

Tu voz retumba en el monte

con un volcánico acento,
susurros sobre los pinos

con vaguedad y misterio

y tiene un temblor de esquilas


fragantes en los almendros.

El Drago por Ti, es un cáliz


elevándose hasta el cielo,

y como en Ti, en sus heridas

canta un dolor de milenios.

El Teide copia a tu espalda

-en su triángulo pétreo-

esa cuña de dolor

de tu divino tormento.


El mar se estrella a tus plantas

sin socavar sus cimientos,

y te corona de espumas,

islote de amor eterno.


Y para que en él te claves, como en un dulce madero,

hasta en su forma de Cruz

se abre a tus plantas el pueblo.


Desde la costa a la cumbre,

desde el llano hasta el otero,

palpitan en pleamar

de fervores los romeros.

De todas partes acuden

con sus cánticos y rezos,

y al atraer amoroso

a todos hacia tu centro,

eres, Flor Universal,

una Rosa de los Vientos.

En todos los corazones


hay repiques mañaneros,  

tu paso se deshojan
en los más fragantes pétalos,

y en la alta noche se encienden
igual que ruedas de fuego.


Así un año y otro año,

en fervoroso renuevo,

sigue el hondo palpitar

sobre las alas del tiempo.

En Tu honor, oh Cristo mío,

luminaria del recuerdo;

Cristo que en horas lejanas

fuiste doctor de mis duelos,

confidente de mis ansias,

y hasta guardián de mis juegos.

Cristo mío del Calvario,

que hoy me iluminas de nuevo,

y entre las sombras avanzas

¡como un navío del Cielo!


Emeterio GUTIÉRREZ ALBELO

 

 

con la misma fervorosa dedicación.
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