S?bado, 30 de septiembre de 2006
LA REALIDAD ACTUAL DE LA INMIGRACI?N DEL CONTINENTE AFRICANO NOS INTERPELA


Ante la llegada constante a nuestras costas, durante en estos ?ltimos meses, de personas procedentes del Continente Africano en condiciones inhumanas y el fallecimiento de tantas otras miles en su intento de alcanzarlas, los responsables del ?rea de Pastoral social de la Di?cesis de Tenerife, de la que forman parte las Delegaciones de C?ritas, Pastoral de la Salud, Pastoral Penitenciaria, Apostolado del Mar y Migraciones; la Comisi?n Diocesana de Justicia y Paz, Manos Unidas y el ?rea de emigraciones y Asuntos Sociales de la CONFER (Confederaci?n de Religiosos y religiosas), nos hemos reunido para analizar, reflexionar a la luz de la Palabra de Dios y de la Doctrina Social de la Iglesia y tomar una postura que quiere ser coherente con la fe en Jesucristo que profesamos.

Con esta comunicaci?n, queremos hacer participe de esta reflexi?n a toda la Comunidad Diocesana y animarles a todos y a todas a que oremos y revisemos nuestra forma de pensar y de actuar y nos impliquemos en una b?squeda com?n, cada uno desde nuestras posibilidades, de medios concretos para avanzar hacia una sociedad m?s fraterna y solidaria.
Antes de nada, queremos manifestar nuestra valoraci?n positiva de los pronunciamientos de nuestro Obispo y de los distintos Organismos Diocesanos que se han manifestado reiteradamente sobre este tema. Tambi?n, valoramos las actuaciones de nuestras Parroquias y de otros organismos y comunidades eclesiales, en esta l?nea.

CONSIDERACIONES PREVIAS:

Ante la situaci?n de tantos hombres, mujeres y ni?os que lo arriesgan todo, incluso la vida, para conseguir un sue?o, un sue?o parecido al sue?o de Dios: sentarse a la mesa, compartir los bienes, mejorar la vida, vivir, etc. tenemos que acercarnos "descalzos", despojados de estereotipos y prejuicios preconcebidos, con respeto sumo a las personas, porque toda realidad humana es sagrada.
No podemos pensar, hablar, afirmar nada desde la simplicidad y el desconocimiento de la realidad y de las causas que han motivado la salida de su tierra en estas condiciones, de tantos y tantas hermanas, hijos e hijas de un mismo Padre.
En el momento presente, en plena era de la globalizaci?n neoliberal, asistimos a numerosas contradicciones que acontecen en nuestro mundo: Por un lado se expansionan, internacionalizan y deslocalizan las grandes empresas y, los grandes capitales fluyen sin apenas control ni fronteras. Mientras millones de personas en los pa?ses empobrecidos ven con impotencia c?mo su derecho a una vida digna con unas m?nimas garant?as pol?ticas, sociales y econ?micas es cada vez m?s limitado.
El fen?meno de las migraciones no es nuevo, tampoco en Canarias, ni desaparecer? a fuerza de la utilizaci?n de unos medios que supongan la ignorancia y falta de respeto de los derechos humanos y sociales de las personas y de los pueblos.
La situaci?n de pobreza extrema en aumento, en que viven los habitantes de ?frica subsahariana es la causa ?ltima de los movimientos migratorios desde este Continente hacia Europa. El ?ltimo Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas nos revela que en el ?frica subsahariana, actualmente, viven en condiciones de extrema pobreza cien millones de personas m?s que en 1990.
En la Sagrada Escritura aparece reiteradamente c?mo el Pueblo de Dios experiment?, en su propia historia, tener que migrar a otras tierras para mejorar sus condiciones de vida y, tambi?n, las actitudes y criterios que debemos tener con los "forasteros". "No molestar?s ni oprimir?s al emigrante porque ustedes fueron emigrantes en Egipto" (?x 22,20)
El libro del ?xodo expresa el sentimiento de Dios ante las situaciones injustas en que vive el pueblo y elige a personas, a las que env?a a comprometerse en su liberaci?n: "He visto la opresi?n de mi Pueblo en Egipto, he o?do sus quejas, me he fijado en sus sufrimiento..." (Ex 3, 7ss).
La Doctrina Social de la Iglesia es clara y contundente en este sentido. Juan Pablo II, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Migraciones de 2004, nos da algunos criterios que debemos tener en cuenta, tanto para definirnos cuando hablamos como para revisar nuestro estilo de vida y nuestra forma de actuar. Afirma que toda persona ?gtiene derecho a emigrar y a no emigrar ?g. Es necesario "Crear condiciones concretas para vivir en paz y dignidad en la propia patria": Mucha gente "al carecer de comida, de salud, trabajo, vivienda, educaci?n y paz se ve obligada migrar por la fuerza". Existe, tambi?n el derecho a emigrar cuyo fundamento est? en el destino universal de los bienes de este Mundo". (Mater et Magistra" n. 30, 31).
La Iglesia siempre ha estado presente junto a las personas y a los pueblos empobrecidos, caminando con ellos, acogiendo, acompa?ando, ayudando a su desarrollo integral, impulsando proyectos de desarrollo y de codesarrollo, denunciando la injusticia y exigiendo el respeto y la promoci?n de todos sus derechos.

LA REALIDAD ACTUAL NOS INVITA A LOS CAT?LICOS A TOMAR CONCIENCIA Y A UNA NUEVA FORMA DE VIVIR Y DE RESPONDER

No relacionamos ni describimos aqu?: la situaci?n en que est?n las personas que, despu?s de llegar a nuestras Islas, se encuentran retenidas; las situaciones que se dan en alta mar; c?mo se est?n haciendo las repatriaciones, etc. Existen abundantes, variadas y, muchas veces, alarmistas y contradictorias informaciones al respecto, por intereses econ?micos y partidistas.

S?lo queremos, en este corto espacio, aportar algunas sugerencias y propuestas para la implicaci?n de la comunidad cristiana y de cada uno de nosotros en este tema:
En primer lugar, es necesario "ponernos en el lugar de los que se arriesgan a emprender la marcha hacia el Norte" y responder a la pregunta: ?qu? har?a yo de estar en su lugar?, intentando comprender sus derechos y sus razones. Y no defender nuestra posici?n privilegiada que nos parece que se ve amenazada. Es preciso reforzar la empat?a hacia esas personas concretas.
Hacer una lectura creyente de esta realidad, vi?ndola como una llamada del Se?or a la interculturalidad, al enriquecimiento mutuo, a preparar en la generosidad y en la acogida un camino solidario con el empobrecido y el diferente hacia un futuro mejor.

Orar intensamente al Se?or para que su Luz ilumine las conciencias y la inteligencia de los responsables inmediatos de gestionar estos hechos y para que mueva sus corazones con el fin de que act?en en coherencia con la justicia.
Ser creativos a la hora de buscar-ofrecer posibilidades y de abrir oportunidades para compartir los huecos existentes, tanto en Canarias, como en el resto del Estado Espa?ol y en Europa, y para la creaci?n de otros nuevos huecos donde se pueda acoger, integrar y posibilitar una vida m?s digna a los que llegan.
Respetar la ley fundamental de la creaci?n: "el destino universal de los bienes creados", siendo conscientes de que los recursos naturales mundiales son escasos para que todos los habitantes del Planeta consuman al ritmo de los que vivimos en el Norte.

Cambiar nuestro estilo de vida, consumiendo menos y de modo m?s responsable y compartir solidariamente nuestros bienes tanto materiales como personales.
Tomar conciencia y crearla a nuestro alrededor de que la soluci?n real a medio y largo plazo de esta situaci?n es un cambio en las reglas del comercio internacional "global", de forma que se gestione un consumo responsable, se cancele la deuda externa, se garantice la utilizaci?n y distribuci?n justa de los recursos de cada pa?s, se potencie el comercio justo, se realicen programas de codesarrollo con los pa?ses empobrecidos, etc.

Promover que, desde en nuestros ?mbitos locales, se tomen las medidas necesarias para contribuir a que desaparezcan las causas que generan estos hechos: la riqueza en la que vive una peque?a parte de la poblaci?n mundial, a costa de la otra, mayoritaria, empobrecida y explotada.
Comprometernos en la defensa y en la promoci?n de los "Derechos Humanos" y sociales de todas las personas, con la misma fuerza, sean del pa?s que sean.

Buscar y utilizar medios adecuados que nos ayuden a ser coherentes, tanto en nuestro estilo de vida, como en nuestros razonamientos y nuestros compromisos solidarios con las exigencias del Evangelio en este tema. .
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