S?bado, 30 de septiembre de 2006

El padre Antonio Mar?a del Hogar Santa Rita de el Puerto de la Cruz narra la vida de Santa Leonor en separata a la Revista "Como las Abejas" de Julio-Agosto.


Santa Leonor, Reina de Inglaterra. Se celebra su fiesta el 22 de febrero. Naci? en la localidad francesa de Aix en Provence en el a?o del Se?or, 1222. Es la segunda hija de Ram?n Berenguer IV, Conde de Barcelona, Pr?ncipe de Arag?n y Marqu?s de Provenza. Es cu?ada de San Luis IX, Rey de Francia, que se cas? con su hermana Margarita. A la edad de 14 a?os se cas? con Enrique III de Inglaterra en la Catedral de Canterbury, el 14 de enero de 1236. Su madre es Beatriz de Saboya. De su matrimonio Dios le dio 9 hijos. Cinco de ellos: Ricardo, Juan, Catalina, Guillermo y Enrique murieron antes de los 10 a?os. De los otros cuatro, dos fueron Reyes. Eduardo 1 de Inglaterra, que sucedi? en el trono a su padre, Enrique III. Se cas? con Leonor de Castilla, hija de San Fernando III El Santo, que es primo hermano de San Luis IX Rey de Francia; Margarita, Reina de Escocia y su hijo Edmundo que ostent? varios condados, conde de Leicester, de Derby, de Chester y de Lancaster y propuesto por el Papa para rey de Sicilia.

Su esposo, Enrique?III de Inglaterra, falleci? en el a?o 1272. Ya, viuda, le sucedi? en el trono su hijo Eduardo?I y 4 a?os m?s tarde, en el a?o 1276, se retir? al monasterio benedictino de Amesbury, a dedicarse de lleno a la Santidad, viviendo, sin ning?n cargo, la vida sencilla de una monja benedictina.

Despu?s de 16 a?os de una vida entregada en exclusiva a Dios, vol? su alma al cielo el 24 de enero de 1292 a la edad de 70 a?os.
Don Ram?n de Berenguer IV tuvo la suerte de que 4 de sus hijas llegaran a ser reinas: Leonor, Reina de Inglaterra, (nuestra Santa). Margarita, Reina de Francia, esposa de San Luis, Rey de Francia. Sandra, Reina de los Romanos y Beatriz, Reina de Angiu.

He aqu? una peque?a semblanza de su vida: Tuvo la gran suerte de vivir en un ambiente muy religioso, con sus piadosos padres, don Ram?n Berenger y do?a Beatriz de Saboya. Es contempor?nea de grandes Santos, como San Francisco de As?s, Santo Domingo de Guzm?n, San Antonio de Padua, San Luis Rey de Francia, Santa Clara, Santa In?s de As?s, San Fernando?III el Santo, entre otros.

Desde muy peque?a destac? entre sus hermanos por su coraje y sus virtudes. A lo largo de su vida, un tanto ajetreada, Dios le concedi? gracias extraordinarias, en medio de la dif?cil vida de las Cortes.

Ya casada con Enrique III, tiene que sufrir las vicisitudes del reinado. Destronan a su esposo como Rey y tiene que exiliarse en Francia con su hijo Eduardo, heredero del trono, junto a su hermana, la Reina Margarita. Esta convence a su esposo San Luis IX, Rey de Francia para que apoye a su sobrino Eduardo con un ej?rcito y as? reconquistar el poder y conseguirla libertad para su padre, Enrique III, que est? encarcelado.

As?, Santa Leonor, vuelve a Inglaterra acompa?ada de un legado pontificio y devuelven la corona perdida a su esposo, Enrique III. A los pocos a?os, en 1272, fallece Enrique III y sube al trono de Inglaterra su hijo Eduardo I. Pasados cuatro a?os. en 1276, Leonor decide retirarse de la vida de las cortes y recogerse como viuda en calidad de una sencilla monja, en el monasterio de la Abad?a benedictina de Amesbury.

Pidi?, por favor, que no le pusieran ning?n cargo, ni tuvieran distinci?n alguna con ella, por su condici?n de Reina de Inglaterra. Quiso, en todo momento, pasar desapercibida, aceptando los oficios m?s humildes de la comunidad y as? cumplir estrictamente, sin ninguna excepci?n, las sabias reglas de San Benito.

Mujer, a la vez, en?rgica y piadosa, admirada por su esposo y sus hijos y, ahora, por las religiosas del convento, que no les cab?a en la cabeza, tanta humildad, en alguien que fue tan destacada en la Sociedad, viviendo ahora una vida sencilla, sin ning?n privilegio. Al contrario, se hab?a propuesto, por encima de todo, obedecer y obedecer, despu?s de tantos a?os mandando. Era especialmente devota del Sant?simo Sacramento, que recib?a con un fervor extraordinario. No quer?a visitas ni de familiares, ni de amigos, para no distraer su vida de oraci?n y recogimiento.

Cuenta ella, que le parec?a mentira haberse visto libre de las responsabilidades y de los miles de problemas y enredos de las cortes, donde hab?a tantas intrigas, tanta envidia, tantas ansias de poder. Ahora encerrada tras las paredes de un convento, pod?a gozar de la paz que se respira detr?s de estos muros y pasarse horas y horas en contemplaci?n ante el Sagrario.

Ten?a sesenta a?os cuando contrajo una enfermedad en la garganta. que le dejaba tragar nada, y hasta qued? privada del uso de la palabra. Llorando ante el Sagrario, le ped?a al Se?or que le curara, para poder, al menos. recibir el Santo Sacramento de la Eucarist?a. Se cuenta que, estando un d?a en la enfermer?a del convento, cuando el sacerdote le llevaba la comuni?n a una compa?era enferma sinti? tan grandes deseos de comulgar que instant?neamente se cur? de la garganta y pudo tambi?n ella comulgar y quedarse curada prodigiosamente para siempre.

Tuvo diferentes visiones del cielo y las religiosas la vieron, m?s de una vez, elevada hasta la altura del Cristo colgado encima del altar mayor, absorta en contemplaci?n. Destac? por su humildad, por su encantadora sencillez, por una exquisita delicadeza en sus modales, por su finura de reina, obediencia ciega a sus superiores y una dulzura celestial en el habla, acompa?ada de una bonita sonrisa. Las religiosas que le escuchaban, quedaban, como envueltas en una nube celestial, cautivadas portanta mansedumbre en un car?cter en?rgico y de una personalidad tan definida.

Se pasaba largas horas en oraci?n, lo que le permit?a su tiempo libre, y siempre frente al Sagrario, donde, dec?a ella, estaba prisionero su gran amor. Siempre pidi?, que, por favor, le trataran como la menos importante de todas las religiosas y que jam?s tuvieran en cuenta su antigua condici?n de Reina de Inglaterra. Que nunca m?s le recordaran su pasado. Ya casi al final de su vida, animaba a sus hermanas religiosas a ser fieles a las santas reglas de San Benito que tantos Santos hab?a fabricado y la paz tan grande que ella misma sent?a en el cumplimiento estricto de las mismas. iQu? paz se siente cuando se cumple con el deber, dec?a convencidal.

Un d?a, en pleno ?xtasis, exclam? ante las religiosas: "qu? gozo tan grande siento. Estoy viendo a mi Se?or con una gran guirnalda de rosas, para coloc?rmela a mi llegada al Para?so. Soy feliz. Ya se acerca mi Se?or a recibirme" y con los ojos fijos en el crucifijo que ten?a en sus manos, march? a vivir eternamente al Pa?s de la vida. Ten?a 70 a?os. Corr?a el a?o del Se?or de 1292.

Son precisamente estos ?ltimos a?os de su vida los que acabaron moldeando a la futura Santa, dejando a toda la humanidad un ejemplo encantador de humildad y de sencillez, despu?s de haber vivido una vida tan complicada en las cortes. All?, en el silencio del convento, aprendi? a valorar la vida espiritual que un d?a vivi? de peque?a con sus padres y que descuid? un tanto por los deberes de estado, en unos tiempos dif?ciles para la Corona Inglesa, como ya se ha dicho.

Tambi?n influy? en ella, las tantas conversaciones tenidas con su cu?ado San Luis Rey de Francia y lo que se o?a de la vida de esos grandes gigantes de la santidad en la edad media, San Francisco de As?s, Santo Domingo de Guzm?n, San Antonio de Padua, Santa Clara y su consuegro, San Fernando III el Santo.

Por supuesto, la parte m?s hermosa y atractiva de Santa Leonor, fue sin duda sus a?os en el monasterio, viviendo como una simple monja benedictina, sin t?tulos, sin honores humanos. Todo esto puede llegar a ser "vanidad de vanidades".

Al cabo de unos a?os de haber retornado a la Casa del Padre Dios, cuando el obispo mand? desenterrar a la Santa para ponerla en una urna debajo del altar, su cuerpo desprend?a un olor suav?simo, superior a todos los perfumes que se conocen en el mundo.

Fue precisamente el Papa Bonifacio VIII, en el a?o 1297 quien la canoniz? y la coloc? en el cat?logo de los Santos, juntamente con su cu?ado, el Gran San Luis Rey de Francia, primo hermano de San Fernando III el Santo de Espa?a. Ten?a como mucha prisa para poder recuperar el tiempo que cre?a perdido en medio de las cortes, donde educ?, personalmente, a todos sus hijos. As? transcurri? su vida, dejando a sus compa?eras religiosas una obra llena de sinceridad y humildad y de un amor, fuera de lo com?n, al Sant?simo Sacramento. Siempre conserv? la exquisita educaci?n humana y religiosa recibida de sus piadosos padres.

Que Santa Leonor y Santa Rita, nuestras dos protectoras viudas nos echen una mano.

Con mucho afecto dedicado a los devotos de Santa Leonor copatrona con Santa Rita de la Fundaci?n Canaria para el Alzheimer "Santa Leonor y SAnta Rita"

Antonio Mar?a Hern?ndez Hern?ndez


Publicado por verdenaranja @ 13:07
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