Lunes, 02 de octubre de 2006
Paradojas de la intolerancia


Alejandro Llano
21 de septiembre de 2006 La Gaceta de los Negocios (Madrid)


Todo lo que est? sucediendo en torno al discurso del Papa en la Universidad de Ratisbona resulta sumamente revelador. Lo primero que salta a la vista es la superficialidad con la que suelen tratarse documentos que merecer?an una lectura atenta y completa, tras la cual viniera una interpretaci?n basada en el conocimiento de causa. No es esto lo que ha sucedido con la lecci?n acad?mica de Benedicto XVI en la Universidad de Regensburg. He sacado la impresi?n ?despu?s de revisar peri?dicos de varios pa?ses? que casi ninguno de los comentaristas ha le?do ?ntegro el texto y, salvo los propios medios germanos, pr?cticamente nadie ha acudido a la redacci?n original en alem?n. Lo cual es especialmente grave cuando la versi?n a la que se ha tenido acceso proviene de las p?simas traducciones al castellano.
Quienes han tenido la fortuna de frecuentar como estudiantes alguna universidad alemana conocen el g?nero de la Vorlesung, de la lecci?n o conjunto de lecciones magistrales que todav?a hoy componen el n?cleo de la ense?anza en instituciones acad?micas que se cuentan entre las m?s prestigiosas del mundo. La seriedad, el rigor, y la libertad con que se imparten estas conferencias son cualidades que por s? solas hablan de lo que puede dar de s? una universidad que no se haya convertido todav?a en una escuela de ense?anzas profesionales. Y Joseph Ratzinger fue un profesor ordinario de alt?sima calidad: condici?n intelectual y universitaria que l?gicamente no ha perdido por haber llegado a ser arzobispo, cardenal y Papa. As? es preciso, particularmente en este caso, escucharle y leerle. Todo lo dem?s es sacar sus palabras del contexto pragm?tico en el que se pronunciaron.
Desde el punto de vista ret?rico, el discurso de Benedicto XVI fue precisamente un canto a la Universidad alemana, de la que ?l procede y a la que se siente ?ntimamente vinculado, porque sigue siendo uno de los intelectuales m?s reflexivos y completos del mundo. Ama su amplitud de miras, su libertad de ense?anza, su respeto a los que disienten, su voluntad ilimitada de di?logo. ?C?mo pensar que un ambiente as?, en el contexto de una visita festiva a su patria intelectual, podr?a haberse despachado con un ataque frontal a una religi?n que tantas veces ha dicho que veneraba? ?C?mo sospechar siquiera que una cita que ven?a al pelo para ilustrar su hilo argumentativo sea resultado de una selecci?n caprichosa o imprudente? Por no pensar siquiera en la frivolidad y la desatenci?n de quienes confundieron el lenguaje indirecto, tan caro a la lengua alemana, con la propia aserci?n en la que se compromete el hablante.
Ni siquiera desde el punto de vista sem?ntico se puede decir que el Papa haya atacado al islam. Resulta incluso que el emperador bizantino, de cuya pluma se toma la fuerte expresi?n que ha servido para escandalizar a fan?ticos y c?nicos, era hist?ricamente promusulm?n, y que la escena que describe en su libro es el recuerdo de una conversaci?n habida en Ankara, poblaci?n que ya entonces es turca.
Lo que casi todos han pasado por alto es que el discurso del Pont?fice es una alabanza a la raz?n tanto desde el punto de vista cient?fico y filos?fico como teol?gico. Benedicto XVI piensa que el uso implacable de la inteligencia es el instrumento m?s alto y adecuado para lograr la paz y acercar el hombre a Dios. El rechazo de toda violencia que tal actitud lleva consigo viene a ser el hilo conductor de la lecci?n y excluye, por coherencia interna del texto, cualquier intenci?n de atacar con esta idea a otra religi?n. Har?a falta mucha ignorancia o mala fe para interpretar as? este texto. El hecho de que tal malentendimiento se haya producido se vuelve contra los que lo han formulado. Son ellos los que hacen gala de intolerancia. Lo cual es una paradoja que ser?a c?mica si no resultara pat?tica. No es Benedicto XVI el que propugna la violencia religiosa. No es ?l quien lanza interpretaciones insidiosas desde peri?dicos que se precian de tener la objetividad y la tolerancia como ense?as.
Ha sido penoso advertir durante estos d?as c?mo peri?dicos espa?oles que pretenden constituir un paradigma de tolerancia lanzaban hip?tesis insidiosas y justificaban protestas que han conducido hasta el asesinato de personas. Para justificar una posible comparaci?n con los cristianos, un acad?mico como Juan Luis Cebri?n se remonta, con un tono hist?ricamente inaceptable y un juicio global totalmente injusto, nada menos que a la reconquista espa?ola. En el mismo art?culo quintaesencia las actitudes democr?ticas en la promoci?n y defensa de la libertad, mientras propugna la exclusi?n en las escuelas de todo tipo de ense?anza religiosa. Intolerancia se llama esa figura en cualquier diccionario.
S?lo cabe desear que se calmen los ?nimos manipulados y que la vida period?stica y cultural espa?ola suba de nivel. Al menos, un escal?n.


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