Lunes, 02 de octubre de 2006
En estos d?as en que vivimos tan dependientes de lo inmediato y tangible, tan condicionados por lo pr?ctico a corto plazo, tan predispuestos a no aceptar sino lo que podemos directamente comprobar, pues la mentira se ha establecido entre los hombres, podr?a parecer de ilusos hablar de ?ngeles; sino fuera porque se refiere Jes?s a ellos en distintos momentos y porque la Iglesia los describe como seres espirituales, no corporales, seg?n ense?a un?nimemente la Sagrada Escritura y la Tradici?n. Son criaturas personales e inmortales, dotadas de inteligencia y voluntad, que superan en perfecci?n a todos los seres visibles.
La fe cat?lica y la aceptaci?n de la Biblia conducen de modo necesario a considerar a las criaturas ang?licas como otra m?s de las obras de Dios. Los ?ngeles se encuentran presentes de tal modo en la historia de la relaci?n de los hombres con Dios, que si neg?ramos su existencia nada de esa relaci?n se podr?a sostener. Aparecen, de hecho, junto al hombre con toda naturalidad, como un elemento m?s de esa existencia sobrenatural y trascendente que nos ha sido revelada. Y su presencia es habitual: unos personajes espirituales, seg?n se desprende de su comportamiento ?no est?n sujetos a las leyes f?sicas como el hombre? que, en ocasiones, se designan por su nombre propio, como es el caso de Miguel, Gabriel y Rafael. Los vemos al comienzo de la historia de la salvaci?n, en el Para?so, y en otros numerosos momentos de esa historia, casi siempre como mensajeros de Dios. Especialmente significativo, en este sentido, es el anuncio de la Encarnaci?n del Hijo de Dios a Mar?a, por medio del arc?ngel Gabriel, con lo que dio comienzo la singular y salvadora presencia de Dios en el mundo.
El mismo Jesucristo habla de ellos varias veces. Por ejemplo, cuando se refiere al fin del mundo: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompa?ado de todos sus ?ngeles... Pero antes hab?an aparecido ya en gran n?mero con ocasi?n de su nacimiento, anunciando el hecho a los pastores de Bel?n; le sirvieron en el desierto despu?s de su ayuno y de haber sido tentado por el diablo; un ?ngel le confotar? en la agon?a de Getseman?; est?n presentes junto al sepulcro de Cristo resucitado; cuando ascendi? finalmente a los cielos, hacen caer a sus disc?pulos en la cuenta de la realidad que viv?an, para que comenzar?n sin m?s dilaci?n la extensi?n del Evangelio.
Los ?ngeles son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y que sirven a sus designios salv?ficos con las otras criaturas, declara el "Catecismo de la Iglesia Cat?lica". Los ?ngeles cooperan en toda obra buena que hacemos, afirma santo Tom?s de Aquino. Y el propio "Catecismo": Los ?ngeles rodean a Cristo, su Se?or. Le sirven particularmente en el cumplimiento de su misi?n salv?fica para con los hombres y la Iglesia venera a los ?ngeles que la ayudan en su peregrinar terrestre y protegen a todo ser humano. Respetar las leyes inscritas en la creaci?n y las relaciones que derivan de la naturaleza de las cosas es un principio de sabidur?a y un fundamento de la moral. Si no mantuvi?ramos con segura certeza la existencia de los ?ngeles, ya que aparecen como otra m?s de las verdades reveladas, estar?amos negando la raz?n de credibilidad en la fe, que no es verdadera y cierta por ser razonable, sino por la autoridad infalible de Dios que revela.
La Iglesia habla asimismo de la existencia de los demonios, que son ?ngeles ca?dos por haber rechazado libremente servir a Dios y su designio. Su opci?n contra Dios es definitiva. Intentan asociar al hombre en su rebeli?n contra Dios. As? lo afirma precisamente el "Catecismo de la Iglesia Cat?lica"; la misma idea que de modo repetido han recordado los ?ltimos Romanos Pont?fices: que es un ser personal que induce a los hombres a separarse de Dios.
La fiesta de los tres arc?ngeles que hoy celebramos, debe ser una buena ocasi?n para que fomentemos m?s el trato con estos esp?ritus celestiales. Los ?ngeles custodios est?n junto cada uno para asistirnos en nuestro camino hasta la casa del Cielo. No queramos menospreciar a ese pr?ncipe del Para?so, que desea colaborar con nuestras fuerzas, mientras deseamos ser cada d?a m?s agradables a Dios. San Josemar?a nos recuerda uno de tantos detalles, recogidos en la Escritura, de natural familiaridad de los primeros fieles con sus ?ngeles:
Bebe en la fuente clara de los "Hechos de los Ap?stoles": en el cap?tulo XII, Pedro, por ministerio de Angeles libre de la c?rcel, se encamina a casa de la madre de Marcos. ?No quieren creer a la criadita, que afirma que est? Pedro a la puerta. "Angelus ejus est!" ??ser? su Angel!, dec?an.
?Mira con qu? confianza trataban a sus Custodios los primeros cristianos.
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Entre muchos otros piropos, dedicamos a nuestra Madre del Cielo el de Reina de los ?ngeles. A Ella suplicamos confiadamente que nos recuerde, siempre que sea preciso, que contamos para nuestro bien con la poderosa y amable asistencia de nuestro ?ngel.


Publicado por verdenaranja @ 13:38  | Espiritualidad
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