Jueves, 05 de octubre de 2006
Tema para la reflexi?n sacerdotal dentro de la formaci?n permanente en la Di?cesis de Tenerife.

LA CERTEZA SOBRE JES?S Y LOS EVANGELIOS


La cuesti?n esencial sobre la escritura, en concreto sobre los Evangelios, es solamente una: la posibilidad de alcanzar certeza sobre Cristo hoy. Toda nuestra labor como sacerdotes, como ministros de la palabra, radica en este punto. Que nuestro pueblo cristiano crezca en la certeza de Cristo y que aquellos que no lo conocen, lo conozcan y puedan tambi?n estar ciertos de ?l. Estamos en un mundo donde convive la exigencia racional con la credulidad m?s ingenua. Por un lado se duda de los Evangelios Can?nicos, al mismo tiempo que, por otro, se traga ingenuamente cualquier cosa, como hemos visto con el famoso Evangelio de Judas. Se plantea la necesidad de una adhesi?n a la propuesta cristiana que sea razonable, que est? confirme a la exigencia racional del ser humano. Esto todav?a si cabe a?n m?s porque nunca la Iglesia ha pedido una adhesi?n que no fuera razonable.

Lo que nos interesa, pues, antes que nada, es qu? m?todo me da la posibilidad de ser razonable en mi adhesi?n a Cristo. De la respuesta a esta pregunta, y por lo tanto, del m?todo elegido, depende el modo de acercarse a los Evangelios. Y aqu? la cultura se divide y se pone de manifiesto la actitud del hombre, no simplemente de cara a la fe, sino para con la realidad en su totalidad. Fundamentalmente son las actitudes de las que brotan tres respuestas distintas. No son simplemente tres cap?tulos de la historia cultural de occidente, sino las actitudes que llevan los hombres de todos los tiempos frente al problema cristiano, y no solamente, sino frente a las circunstancias m?s variadas de la vida. 1

1. Un hecho del pasado: el racionalismo

El primer m?todo de acercamiento a los Evangelios parte del siguiente presupuesto: Jesucristo es un hecho del pasado, como lo fueron otros personajes hist?ricos. ?C?mo poder conocer hoy a un personaje hist?rico? La raz?n se ve obligada a recoger todos los datos posibles que tengamos sobre ?l, los documentos del pasado que nos queden en la actualidad. Es lo que conocemos como ?fuentes?. Estas fuentes deben ser clasificadas y valoradas en todos sus aspectos. A trav?s de la comparaci?n y valoraci?n se llegar? finalmente a un juicio, que tendr? mayor o menor certeza sobre unos u otros aspectos del personaje.

Este es el m?todo de la ?raz?n hist?rica?. No hay nada que objetar a este m?todo cient?fico. Nosotros mismos en el los estudios eclesi?sticos lo empleamos frecuentemente. Pero, ?cu?l es el resultado a la hora de su aplicaci?n a la persona de Cristo? Un joven y brillante te?logo protestante llamado Albert Schweitzer realiz? a principios del siglo XX un balance de toda la literatura cient?fica aparecida durante dos siglos y medio sobre la figura de Cristo. En resumen el autor distingue dos tendencias. Para una parte de los autores estudiados las fuentes existentes no son suficientes para darnos una imagen cierta de la figura de Jes?s. Por ello, Cristo permanece para nosotros un gran desconocido.

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La otra tendencia que encontr? Schweitzer en los autores, es la tendencia apocal?ptica o escatol?gica. Jes?s habr?a sido uno de tantos que esperaban en aquella ?poca el final del mundo. Haciendo suya la escatolog?a del juda?smo tard?o, Jes?s de Nazaret habr?a concebido el significado mismo de su existencia.

Por ello la figura de Jes?s nos resultar?a a los hombres de hoy tan extra?a y enigm?tica. El problema personal que se le plante? al eminente Schweitzer fue el siguiente: la raz?n no pod?a llevarle m?s que al extrav?o en relaci?n con la figura hist?rica de Jes?s, pero, su coraz?n sent?a la verdad, la fuerza, la vitalidad de Jes?s. Hombre de fe, buen protestante, abandon? todo estudio para entregar su vida en ?frica curando enfermos. Lleg? a recibir, muchos a?os despu?s el Premio Nobel de la Paz (1952). En las Consideraciones finales de su obra podemos leer esto: ?La investigaci?n sobre la vida de Jes?s ha seguido un proceso muy curioso. Su intenci?n inicial fue salir al encuentro del Jes?s hist?rico; pensaba que, una vez encontrado, podr?a presentarlo a los hombres de nuestra ?poca tal y como ?l era, es decir, como maestro y salvador. Los investigadores soltaron las amarras con que se hab?a atado a Jes?s desde hac?a siglos en los muros de la doctrina eclesial; su alegr?a fue indescriptible al ver que la personalidad de Jes?s volv?a a recobrar la vida y el movimiento y que el hombre hist?rico Jes?s se iba acercando a ellos. Pero Jes?s no se par?; atravesando las fronteras de nuestra ?poca, volvi? tranquilamente a la suya. Lo que ha llenado de sorpresa y de temor a la teolog?a de las ?ltimas d?cadas ha sido precisamente que, a pesar de sus esfuerzos por interpretar e incluso violentar los textos, ha sido incapaz de mantener a Jes?s en nuestra ?poca; ha tenido que resignarse a verlo pasar. Jes?s volvi? a su propia ?poca con la misma necesidad con la que vuelve el p?ndulo a su posici?n inicial cuando lo dejan libre?.1 A esta primera actitud la llamamos actitud racionalista. El racionalismo como postura mental nace del concepto de que la raz?n es la medida de todas las cosas. Esto conduce a proyectar sobre lo real las dimensiones previamente fijadas y reconocidas por la raz?n. Por definici?n aprior?stica, todo lo que pretende superar esas medidas simplemente no existe.

En su discurso a la Universidad de Ratisbona los pasados d?as, el Papa Benedicto ha llamado a este proceso ?la auto limitaci?n moderna de la raz?n?2. Se trata de una reducci?n donde la raz?n s?lo admite la existencia de lo mensurable, es decir, a lo que es dominable por las medidas que ya poseemos. Es una auto limitaci?n de la raz?n que elimina la categor?a que define el realismo, esto es, la categor?a de la posibilidad. Es ?el mismo ser humano, seg?n el Papa, quien sufre una reducci?n?, pues los interrogantes que el hombre se plantea sobre la propia existencia no pueden ser respondidos desde la ciencia, en el momento en que casi toda la filosof?a y la teolog?a quedan fueran de la ciencia, y la fe sucumbe marginalmente en la regi?n de lo precient?fico o acient?fico, en el mundo del subjetivismo y de lo meramente opinable.
1 Cfr. A. Schweitzer, Investigaci?n sobre la vida de Jes?s, EDICEP, Valencia, 1990. 2 Benedicto XVI, Fe, raz?n y universidad .Recuerdos y reflexiones, Encuentro con el mundo de la cultura, Universidad de Ratisbona, 12 de septiembre de 2006.

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Hablando de uno de los m?ximos exponentes de esta postura, Von Harnack, el Papa dec?a en Ratisbona:
?La idea central de Harnack era sencillamente volver al hombre Jes?s y a su mensaje fundamental, anterior a todas las elucubraciones de la teolog?a y, precisamente, tambi?n antes de las helenizaciones: este mensaje fundamental constituir?a la verdadera culminaci?n del desarrollo religioso de la humanidad. Jes?s habr?a acabado con el culto sustituy?ndolo con la moral. En definitiva, se presentaba a Jes?s como padre de un mensaje moral humanitario?

?El objetivo de Harnack, en el fondo, era hacer que el cristianismo estuviera en armon?a con la raz?n moderna, precisamente libr?ndolo de elementos aparentemente filos?ficos y teol?gicos, como por ejemplo la fe en la divinidad de Cristo y en la trinidad de Dios. En este sentido, la ex?gesis hist?rico-cr?tica del Nuevo Testamento, en su visi?n, volvi? a situar la teolog?a en el cosmos de la universidad: para Harnack, la teolog?a es algo esencialmente hist?rico y, por tanto, estrictamente cient?fico. Lo que investiga sobre Jes?s mediante la cr?tica es, por decirlo as?, expresi?n de la raz?n pr?ctica y en consecuencia tambi?n se puede sostener en el conjunto de la universidad?.

El trabajo de Albert Schweitzer fue realmente genial pues puso de manifiesto la imposibilidad de alcanzar a Cristo con los m?todos hist?rico-cr?ticos. Hasta el punto de que todos los trabajos exeg?ticos posteriores hasta nuestra actualidad, incluso con todos los avances cient?ficos y los nuevos descubrimientos, siguen terminando en una de las dos tendencias que ?l hab?a se?alado. El Papa en Ratisbona afirmaba que no defiende la idea de ?que hay que regresar al per?odo anterior a la Ilustraci?n, rechazando las convicciones de la ?poca moderna? sino que es necesaria ?la valent?a para abrirse a la amplitud de la raz?n, y no la negaci?n de su grandeza?: ?No actuar seg?n la raz?n, no actuar con el logos, es contrario a la naturaleza de Dios?, dijo Manuel II?

De hecho esta actitud racionalista es, como dice el Papa, una reducci?n, pero tambi?n una reducci?n del mensaje cristiano antes de haberlo tomado en consideraci?n. Ante el anuncio de la Iglesia que lo presenta como ?Dios con nosotros?, este m?todo lo reconduce a una lejan?a similar a la que ten?a como ser divino antes de hacerse hombre. Se ha vaciado de contenido el mensaje cristiano. Se suprimen los t?rminos del problema a investigar antes de haber empezado. Parte de una ausencia, eliminando as? la hip?tesis central del cristianismo. Y no es que la postura racionalista no intente considerar a Cristo como hecho hist?rico, pero lo hist?rico ya se ha reducido: se considera hist?rico a lo que se acopla a sus medidas y excluye la posibilidad de que exista un hecho hist?rico que no tenga las caracter?sticas que previamente ha determinado.
Es justo advertir ahora que de la actitud racionalista podemos participar todos de una manera u otra. Dirige f?cilmente la mente hacia un tipo de concepci?n que en todo caso nos es familiar. El que Dios se haga presencia humana es para nosotros un misterio.

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Tenemos la tentaci?n de reducir a Dios a nuestras im?genes. El esfuerzo de los hombres por concebir su relaci?n con Dios ha dado lugar a las distintas religiones. Pero Dios ya no es una lejan?a a la que el hombre con su esfuerzo tenga que tratar de llegar, sino Alguien que se ha acercado en su camino al hombre y se ha hecho compa?ero suyo.

2. Una iluminaci?n interior: la actitud protestante.

La postura protestante es, en contraste con la racionalista, profundamente religiosa. Percibe a Dios claramente como el Otro, como Misterio, mucho m?s grande que el hombre, que la imaginaci?n humana no puede definir. Por eso el hombre religioso de matriz protestante vive intensamente la categor?a de lo posible; puede comprender la posibilidad del anuncio cristiano: Dios hecho presencia. Dios convertido en contenido de una experiencia presente. Pero esta experiencia no se desarrolla a trav?s y dentro de lo humano, porque el hombre es nada frente a Dios. Dios se ha hecho presencia en la humanidad s?lo en un punto: Cristo.

?C?mo alcanzar certeza sobre esta presencia? ?Qu? m?todo utilizar? Puesto que se trata de un misterio y el hombre es impotente frente al misterio, s?lo puede darse esta experiencia por el Esp?ritu mismo de Dios que ilumina el coraz?n interiormente y, por inspiraci?n, hace ?sentir? la verdad de la persona de Jes?s. Se trata de una experiencia meramente interior.
El hecho de Jes?s es un hecho realmente lejano. Qued? en ese punto de la historia, una entrada veloc?sima, no mensurable ni imaginable, que Kart Barth llamaba ?contacto por tangencia?. Al hombre posterior a ese hecho no le queda otro camino para acercarse que la lectura del texto b?blico, donde el coraz?n del hombre se inflama y entiende lo que es justo, donde la lectura de la Escritura se convierte en una relaci?n interior y directa con el esp?ritu.
Esta es una actitud cultural que nos resulta f?cilmente comprensible a los cat?licos, y en especial a los cat?licos de hoy. Cuando uno ?siente? se muestre seguro y confiado. Pero si no se ?siente? uno se queda fr?o y perplejo. La dificultad es si este ?sentir? se asume como criterio, porque entonces cada cual es juez de s? mismo y profeta de s? mismo. De hecho la experiencia de los profetas siempre ha gozado de gran estima en el mundo protestante. Con todo hay que recordar que el profeta siempre ten?a un punto objetivo y verificable: su relaci?n con el pueblo y el tiempo, esto es la historia del pueblo. Es el tiempo quien da la raz?n al profeta. El m?todo suscitado por el protestantismo, la iluminaci?n interior, genera un subjetivismo que provoca dos interrogantes. El primero, ?c?mo se puede distinguir si lo que el hombre ?siente? es resultado de la iluminaci?n del Esp?ritu o es una idealizaci?n de sus pensamientos? El segundo interrogante es: ?c?mo es posible que el mismo Esp?ritu, al querer entrar en contacto con el hombre para ayudarlo, haya decidido utilizar un m?todo multiplicador de la confusi?n, m?todo que por desgracia el hombre ya era perfectamente capaz de utilizar por s? solo? Curiosamente aunque la actitud protestante es religiosa en grado sumo, corre el peligro de que se identifique con la posici?n racionalista que en un principio era lo

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m?s opuesto. Y es que ambas tienen el denominador com?n del subjetivismo. No por casualidad dentro del cristianismo el racionalismo se ha extendido por el ?mbito protestante. Tomemos el ejemplo de uno de los grandes de la cr?tica hist?rica como es Bultmann. No es un racionalista, sino un hombre movido por la sola fides. Para Bultmann el kerigma no naci? de la vida de Jes?s y ni siquiera busca su apoyo. Como, seg?n ?l, los evangelios est?n tan contaminados por la comunidad, tan mezclado de historia y mito, nada, seg?n la raz?n, se puede saber de Jes?s, fuera del hecho de que existi?, de que fue un profeta escatol?gico hebreo que predicaba la inminencia del reino de Dios, que viv?a en contraste con el ambiente hebreo y que muere probablemente sin saber el por qu?3. Lo que interesa no es el hecho ?que es objeto del historiador? y no sirve para nada a la fe. Interesa s?lo el hecho mismo, la existencia de aquel fracasado profeta que fue ocasi?n para que naciera el kerigma como respuesta de Dios. Resume J. Guitton la respuesta de Bultmann:
?La idea de Dios hecho hombre preexist?a en el cielo de los mitos, y esta idea, que se impon?a al esp?ritu como imposible fuertemente apetecible, necesario quiz?, fue aplicada ocasionalmente a la persona verdadera o ficticia de Jes?s, encontrando en ese momento y medio hist?rico las circunstancias favorables para transformarse en un dogma guardado desde entonces por la Iglesia?4

Ahora es necesario, seg?n Bultmann ?acerc?ndose de nuevo a los racionalistas? una trabajo que elimine el lenguaje m?tico (principalmente gn?stico), que describe a Cristo como preexistente, como Hijo de Dios encarnado en el seno de la Virgen Mar?a, los milagros, la transfiguraci?n, la resurrecci?n o pentecost?s. Desmitizar para poder reinterpretar los relatos en t?rminos adecuados al hombre moderno. La fe queda ya escindida de la raz?n, como en los racionalistas y la fe no tiene m?s justificaci?n que la fe misma.

Pero la verdadera objeci?n al m?todo de la iluminaci?n interior, que hemos llamado gen?ricamente ?protestante? es que no respeta los datos del anuncio cristiano tal como originalmente se han dado: un ser divino que se hizo hombre, un hombre que com?a, beb?a, dorm?a y al que uno se lo pod?a encontrar por la calle. Alguien a quien se pod?a encontrar al salir de casa hablando en medio de un grupo de hombres, y cuyas palabras llegaban al alma. Sus palabras cambiaban por dentro, pero ven?an de fuera. Es decir: el anuncio cristiano es un hecho ?ntegramente humano, con todos los factores de la realidad humana, que son interiores y exteriores, subjetivos y objetivos. La actitud protestante anula esta integridad y reduce la experiencia cristiana a una experiencia meramente interior.

3. La perspectiva ortodoxo-cat?lica

Decimos ortodoxo-cat?lica porque tanto la ortodoxia oriental como el catolicismo mantienen la misma actitud que tiene una caracter?stica coherencia con la estructura del acontecimiento cristiano tal como apareci? en la historia. Esto se debe a que tanto el catolicismo como las iglesias orientales han permanecido unidas a la tradici?n, mientras que las dem?s posturas para ser coherentes

3 Cfr. R: BULTMANN, Jes?s, Buenos Aires, 1968. Traducci?n de su obra Jesus, T?bingen, 1926. 4 Cfr. J: GUITTON, Jes?s, Par?s, 1956.

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consigo mismas han tenido que oponerse en un cierto punto de su recorrido a la tradici?n consolidada desde antiguo.
La dos cuestiones que se plantean son: primero, ?c?mo apareci? en la historia el hecho cristiano?; segunda: ?c?mo es posible que suceda hoy, tantos siglos despu?s?

A la primera pregunta, ?c?mo apareci? en la historia?, se responde que apareci? como un acontecimiento que irrumpe de modo imprevisto en la historia humana (Dei Verbum 2). Se trata como describe el Concilio, de una presencia ?ntegramente humana, exactamente igual que un amigo resulta una presencia ?ntegramente humana para el que se lo encuentra por la calle. Con Jes?s se pod?a hablar y discutir, le pod?an rechazar o estar de acuerdo, y ?l pod?a responder y corregir: hab?a una realidad objetiva, que educaba la subjetividad del hombre.

La segunda pregunta, por tanto, ser?a ahora m?s expl?citamente: ?c?mo puede encontrarse con esta presencia humana el hombre de nuestra actualidad? Ser?a la ?nica forma real de cristianismo que respetase lo que fue en su origen, lo que desde el principio es el hecho cristiano. Ya nos damos cuenta aqu? que es ilusorio que esto suceda haciendo un examen de su historia, o a trav?s de una lectura directa de los evangelios, como si fuesen libros de los cuales obtener motivaciones y noticias. En el cap?tulo 10 de Lucas se narra el primer uso de un m?todo por el que Jes?s se prolonga en el espacio. ?l no pod?a llegar a todas partes, a todos los pueblos, y empieza a enviar a los disc?pulos, primero a los doce, luego a unos setenta disc?pulos. Los enviaba de dos en dos para que hablaran a la gente de lo que hab?a sucedido con ?l. Y ellos volv?an entusiasmados porque lo que suced?a con Jes?s volv?a a suceder con ellos en aquellos pueblos donde ?l les hab?a enviado. Pero para quienes se encontraron con los disc?pulos, ?qu? rostros ten?a Jes?s? ?Qu? aspecto mostraba? Ten?a el rostro y el aspecto de aquellos dos disc?pulos. El acontecimiento cristiano asum?a una forma que no se identificaba s?lo con la fisonom?a f?sica de su persona sino tambi?n con la fisonom?a de la presencia de los que se hab?an adherido a ?l: ?Quien a vosotros oye a m? me oye?5. Esta actitud ortodoxo-cat?lica ,que se recoge claramente en la Dei Verbum, (n? 8) propone esto como m?todo para alcanzar a Jes?s tambi?n hoy, afirmando que se puede constatar si su gran pretensi?n es real, si es Dios o no, si es verdadero o no el anuncio cristiano. Un flujo humano, una presencia ?ntegramente humana, una realidad formada por los que creen en ?l. Su presencia perdura visiblemente con forma encontrable en la unidad de los creyentes. Hist?ricamente hablando esta realidad se llama ?Iglesia?, sociol?gicamente hablando ?pueblo de Dios?, ontol?gicamente hablando, es decir, en el sentido profundo del t?rmino, ?Cuerpo m?stico de Cristo?. Esta fue la experiencia de Pablo que habr?a de desarrollar en su predicaci?n y en sus cartas, cuando oy? aquella voz que le dec?a: ?Saulo, Saulo, ?por qu? me persigues??6. Pero Pablo no hab?a conocido a Jes?s y s?lo persegu?a a la gente que cre?a en ?l. La actitud ortodoxo cat?lica concibe el anuncio cristiano como invitaci?n a participar en una experiencia presente ?ntegramente humana, a tener un encuentro objetivo con una realidad humana objetiva, profundamente significativa

5 Lc 10, 16
6 Hch 9,4 7

para la interioridad del hombre. Esta modalidad, por una parte, desaf?a a nuestra raz?n del mismo modo que el hombre Cristo desafi? a la raz?n de los fariseos: es el misterio de Dios el que est? presente en la humanidad de Cristo. Por otra parte, metodol?gicamente nos encontramos con la misma din?mica que se produjo hace dos mil a?os; la presencia de la humanidad de Cristo en una unidad de hombres que le hacen presente. Y as? se respeta el acontecimiento de Cristo en la totalidad de sus factores: un hecho ?ntegramente humano, tambi?n hoy. Nos acercamos, pues, a los evangelios desde un hecho presente. Vamos a un hecho del pasado desde una hecho presente hoy. Para que ese hecho del pasado testimoniado en los evangelios me permita comprender qu? es esto que nos sucede hoy, esta vida de la que participamos hoy. S?lo as? se entiende lo que dice la Dei Verbum, especialmente en el n?mero 9, sobre la relaci?n entre Escritura y Tradici?n. De lo contrario se acaba pensando que la Tradici?n es una limitaci?n, por lo dem?s poco fiable, a la lectura de los Evangelios.
El recorrido del presente al pasado sirve para clarificar que lo que se experimenta ahora como comunidad cristiana es lo mismo que han experimentado los monjes en la Edad Media y aquellos que han recibido el anuncio cristiano despu?s de la resurrecci?n de Jes?s, como se narra en los Hechos de los Ap?stoles, y antes que ellos, Juan y Andr?s el primer d?a que estuvieron con Jes?s. Mejor, el ?nico modo para comprender lo que narra el evangelio sobre el encuentro de Juan y Andr?s es justamente esta experiencia presente.

Conclusi?n: valorarlo todo

Las dos primeras actitudes tanto la racionalista como la protestante acent?an ciertos valores, que son justos. Pero estos valores est?n reconocidos e integrados en la posici?n ortodoxo cat?lica.

a) Esta no s?lo no elimina ni censura la investigaci?n hist?rica, los m?todos hist?rico-cr?ticos, sino que dota a la persona de la posibilidad de utilizar esa investigaci?n de una manera m?s adecuada. Las fuentes, los evangelios, son palabras que expresan y documentan un tipo de experiencia del pasado. Es necesario poseer ?hoy? el esp?ritu y la conciencia propios de la misma experiencia que hace dos mil a?os dict? esos evangelios. Dicho en palabras de la Dei Verbum: ?La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Esp?ritu con que fue escrita?, (n? 12), citando a San Jer?nimo.
S?lo cuando se participa en la experiencia que ha dictado unos documentos o una determinada expresi?n literaria pueden ?stos ser comprendidos con la penetraci?n capaz de desvelar su sentido objetivo, y se nos posibilita percibir la unidad que subyace a todos ellos y que se expresa coherentemente en todo. De este modo la objetividad del conocimiento hist?rico, que es el valor que se quer?a afirmar en la actitud racionalista, se salva precisamente cuando uno participa en la experiencia que dict? esos documentos hist?ricos. Y hay s?lo una hip?tesis para ello: que esa experiencia siga presente, que tenga lugar actualmente. Esto es la Iglesia, la unidad de los creyentes en Cristo. Y ?la Iglesia de Cristo ?como

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afirmaba Juan Pablo II? toma en serio el realismo de la Encarnaci?n, y por ello atribuya gran importancia al estudio hist?rico-cr?tico de la Biblia?7.
Metidos en el contexto de todas las hip?tesis posibles, los ?si? y los ?pero?, no se puede eludir el car?cter razonable de la interpretaci?n cat?lica, que resalta sobre todo la integridad y la sencillez de su lectura de lo sucedido.

b) En la actitud protestante el valor que se acent?a es que lo absoluto, independientemente de las desviaciones humanas, puede mostrarse directamente a sus criaturas: es la experiencia m?stica. Si imagin?ramos a un hombre enamorado de una mujer, ?cu?ndo es m?s potente el impulso de admiraci?n y de contemplaci?n? ?Cu?ndo se la imagina o cuando la tiene ante s?? Es mil veces m?s potente el sentido m?stico de contemplaci?n en presencia del objeto de amor, que cuando depende del sentimiento de lejan?a. Esta es la raz?n por la que la hayan existido tantos y tan grandes m?sticos en la Iglesia cat?lica. Por ello la relaci?n entre el creyente y la unidad de los cristianos en torno a la autoridad de los sucesores de los Ap?stoles no obscurece, sino que asegura, precisa y exalta el nexo prof?tico y m?stico entre la persona y el Esp?ritu de Cristo que el protestantismo destaca.

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