Jueves, 05 de octubre de 2006
4 octubre 2006 ZENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI en la audiencia general del mi?rcoles 4 de Octubre dedicada a presentar la figura del ap?stol Bartolom?.


Queridos hermanos y hermanas:
En la serie de los ap?stoles llamados por Jes?s durante su vida terrena, hoy llama nuestra atenci?n el ap?stol Bartolom?. En las antiguas listas de los doce siempre aparece antes de Mateo, mientras que cambia el nombre de quien le precede: en algunos casos es Felipe (Cf. Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,14) o Tom?s (Cf. Hechos 1,13).

Su nombre es evidentemente patron?mico, pues hace referencia expl?cita al nombre del padre. Se trata de un nombre de caracter?sticas probablemente arameas, ?bar Talmay?, que significa ?hijo de Talmay?.

No tenemos noticias importantes de Bartolom?. De hecho, su nombre aparece siempre y s?lo dentro de las listas de los doce que antes he citado y, por tanto, no es el protagonista de ninguna narraci?n. Tradicionalmente, sin embargo, es identificado con Natanael: un nombre que significa ?Dios ha dado?. Este Natanael era originario de Can? (Cf Juan 21,2) y, por tanto, es posible que haya sido testigo de alg?n gran ?signo? realizado por Jes?s en aquel lugar (Cf Juan 2,1-11).

La identificaci?n de los dos personajes se debe probablemente al hecho de que Natanael, en la escena de la vocaci?n narrada por el Evangelio de Juan, es colocado junto a Felipe, es decir, en el puesto que tiene Bartolom? en las listas de los ap?stoles referidas por los dem?s Evangelios. A este Natanael, Felipe le hab?a dicho que hab?a encontrado a ?ese del que escribi? Mois?s en la Ley, y tambi?n los profetas: Jes?s el hijo de Jos?, el de Nazaret? (Juan 1, 45).

Como sabemos, Natanel le plante? un prejuicio de mucho peso: ??De Nazaret puede haber cosa buena?? (Juan 1,46a). Esta expresi?n es importante para nosotros. Nos permite ver que, seg?n las expectativas jud?as, el Mes?as no pod?a proceder de un pueblo tan oscuro, como era el caso de Nazaret (Cf. tambi?n Juan 7,42). Al mismo tiempo, sin embargo, muestra la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas, manifest?ndose precisamente all? donde no nos lo esperamos. Por otra parte, sabemos que, en realidad, Jes?s no era exclusivamente ?de Nazaret?, sino que hab?a nacido en Bel?n (Cf. Mateo 2,1; Lucas 2,4). La objeci?n de Natanael, por tanto, no ten?a valor, pues se fundamentaba, como sucede con frecuencia, en una informaci?n incompleta.

El caso de Natanael nos sugiere otra reflexi?n: en nuestra relaci?n con Jes?s, no tenemos que contentarnos s?lo con las palabras. Felipe, en su respuesta, presenta a Natanael una invitaci?n significativa: ?Ven y lo ver?s? (Juan 1,46b). Nuestro conocimiento de Jes?s tiene necesidad sobre todo de una experiencia viva: el testimonio de otra persona es ciertamente importante, pues normalmente toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega por obra de uno o de varios testigos. Pero nosotros mismos tenemos que quedar involucrados personalmente en una relaci?n ?ntima y profunda con Jes?s.

De manera semejante, los samaritanos, despu?s de haber escuchado el testimonio de la compatriota con la que Jes?s se hab?a encontrado en el pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con ?l y, despu?s de ese coloquio, dijeron a la mujer: ?Ya no creemos por tus palabras; pues nosotros mismos hemos o?do y sabemos que ?ste es verdaderamente el Salvador del mundo? (Juan 4, 42).

Volviendo a la escena de la vocaci?n, el evangelista nos dice que, cuando Jes?s ve que Natanael se acerca, exclama: ?Ah? ten?is a un israelita de verdad, en quien no hay enga?o? (Juan 1,47). Se trata de un elogio que recuerda al texto de un Salmo: ?Dichoso el hombre [?] en cuyo esp?ritu no hay fraude? (Salmo 32,2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, quien replica sorprendido: ??De qu? me conoces?? (Juan 1,48a). La respuesta de Jes?s no se entiende en un primer momento. Le dice: ?Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi? (Juan 1,48b).

Hoy es dif?cil darse cuenta con precisi?n del sentido de estas ?ltimas palabras. Seg?n dicen los especialistas, es posible que, dado que a veces se menciona a la higuera como el ?rbol bajo el que se sentaban los doctores de la ley para leer la Biblia y ense?arla, est? aludiendo a este tipo de ocupaci?n desempe?ada por Natanael en el momento de su llamada.

De todos modos, lo que m?s cuenta en la narraci?n de Juan es la confesi?n de fe que al final profesa Natanael de manera l?mpida: ?Rab?, t? eres el Hijo de Dios, t? eres el Rey de Israel? (Juan 1, 49). Si bien no alcanza la intensidad de la confesi?n de Tom?s con la que concluye el Evangelio de Juan: ??Se?or m?o y Dios m?o!? (Juan 20,28), la confesi?n de Natanael tiene la funci?n de abrir el terreno al cuarto Evangelio. En ?sta se ofrece un primer e importante paso en el camino de adhesi?n a Cristo. Las palabras de Natanael presentan un doble y complementario aspecto de la identidad de Jes?s: es reconocido tanto por su relaci?n especial con Dios Padre, del que es Hijo unig?nito, como por su relaci?n con el pueblo de Israel, de quien es llamado rey, atribuci?n propia del Mes?as esperado.

Nunca tenemos que perder de vista ninguno de estos dos elementos, pues si proclamamos s?lo la dimensi?n celestial de Jes?s corremos el riesgo de hacer de ?l un ser et?reo y evanescente, mientras que si s?lo reconocemos su papel concreto en la historia, corremos el riesgo de descuidar su dimensi?n divina, que constituye su calificaci?n propia.

No tenemos noticias precisas sobre la posterior actividad apost?lica de Bartolom?-Natanael. Seg?n una informaci?n referida por el historiador Eusebio en el siglo IV, un cierto Panteno habr?a encontrado en la India los signos de la presencia de Bartolom? (Cf. ?Historia Eclesi?stica?, V, 10,3).

En la tradici?n posterior, a partir de la Edad Media, se impuso la narraci?n de su muerte por despellejamiento, que se hizo despu?s sumamente popular. Basta pensar en la famos?sima escena del Juicio Universal de la Capilla Sixtina, en la que Miguel ?ngel present? a san Bartolom? teniendo en la mano izquierda su propia piel, en la que el artista dej? su autorretrato.

Sus reliquias son veneradas aqu?, en Roma, en la Iglesia que se le ha dedicado en la Isla del T?ber, adonde habr?an sido tra?das por el emperador alem?n Ot?n III en el a?o 983.

Concluyendo, podemos decir que la figura de san Bartolom?, a pesar de la falta de noticias, nos dice que la adhesi?n a Jes?s puede ser vivida y testimoniada incluso sin realizar obras sensacionales. El extraordinario es Jes?s, a quien cada uno de nosotros estamos llamados a consagrar nuestra vida y nuestra muerte.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. En espa?ol, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy nos fijamos en el ap?stol Bartolom?, tradicionalmente identificado con Natanael. En el relato de su vocaci?n, Felipe le anuncia que ha visto al Mes?as; Natanael responde que no pod?a venir de un lugar corno Nazaret, corno se pensaba entonces. Con ello se resalta la libertad de Dios, que viene a nuestro encuentro precisamente all? donde los hombres no se lo imaginan. A continuaci?n, Felipe invita a Natanael a conocer personalmente a Jes?s: ?iVen y ver?s!?, le dice. Nos ense?a as? que, en la vida cristiana es necesario que cada uno llegue a tener una relaci?n personal e ?ntima con Cristo. Despu?s, en su di?logo con Jes?s, Natanael concluir? con una confesi?n de fe: ?Rab?, t? eres el Hijo de Dios; t? eres el Rey de Israel?. Esta afirmaci?n ilumina un doble aspecto de la identidad de Jes?s: su dimensi?n divina en cuanto Hijo de Dios Padre, y su dimensi?n humana e hist?rica corno Rey de Israel, en cuanto Mes?as esperado. No tenemos noticias precisas de la ulterior actividad apost?lica de Bartolom?-Natanael, pero su figura permanece ante nosotros como testimonio de una profunda adhesi?n a Jes?s, a?n sin realizar obras extraordinarias.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua espa?ola, en especial al grupo de la Junta de Castilla y Le?n y a los diversos grupos parroquiales de Espa?a; saludo tambi?n a los peregrinos de M?xico y de otros Pa?ses Latinoamericanos. Os animo, siguiendo al ap?stol Bartolom?, a consagraros por entero a Cristo, especialmente en la sencillez de vuestra vida cotidiana. ?Que Dios os bendiga!
[? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 11:28  | Habla el Papa
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