Jueves, 05 de octubre de 2006
Art?culo del Padre Fernando Lorente publicado EL D?A el mi?rcoles, 4 de Octubre en la Secci?n de ?Criterios?.

Luz en el Camino
Fernando Lorente, o.h.



?Qu? pasa hoy?


(EL D?A, 4 - X. Criterios) ?SIN "MI SUSTITUTO"? Con esta pregunta me llegan comunicaciones de lectores de este espacio muy interesados por la doctrina de mi Sustituto en los cuatro art?culos publicados con este t?tulo. La irregularidad producida ha sido por olvido personal -ya soy viejo- pero hoy reparo lo cometido. Al mismo tiempo quiero manifestar de qui?n es la doctrina que, no sin raz?n, ha interesado a tantos lectores. Se trata del ?ltimo discurso "Europa en la crisis de las culturas", pronunciado por Joseph Ratzinger antes de ser elegido Pont?fice Benedicto XVI. Est? recogido en la revista cat?lica internacional de pensamiento y cultura "Communio". Nueva ?poca, n?mero l, verano 2006. Naci? en l972 a la sombra de distinguidos te?logos europeos, entre ellos Ratzinger, quien dijo entonces: La revista "Communio" debe hacer de la palabra de Dios la respuesta a los problemas del hombre,? debe dirigirse a los hombres que buscan y se cuestionan su existencia para, en di?logos con ellos, aprendan a percibir la luz de la palabra de un modo siempre nuevo y constantemente renovado...".
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Un gran historiador acad?mico espa?ol nos anuncia (ABC, 25-8-2006) que en el verano de 306 Constantino, aclamado por los suyos -su poder viene de abajo y no de arriba- y reconocido en todo el Occidente, la futura Europa toma una decisi?n que dura siglos: suspender la persecuci?n y aceptar la libertad religiosa. Los obispos de Hispania, la m?s dura de todas las naciones de Occidente, aprovechan la nueva oportunidad para celebrar un Concilio en Iliberris, fijando bien las dimensiones de su fe.
?Cu?nto tiempo pasado! Fue entonces -ya han pasado mil setecientos a?os- cuando se atisb? la idea clave de la europeidad, libertad religiosa, que iba a permitir crear la s?ntesis definitiva entre esas tres grandes contribuciones al patrimonio europeo: el antropocentrismo hel?nico, el ius romano y la calidad de la persona humana capaz de transcenderse, que aportaba el cristianismo. La importancia de esta realidad hist?rica y que arranca hacia atr?s en su origen, y siempre tan viva en el presente, es la que nos ofrece mi sustituto. Leamos y reflexionemos lo que nos dice bajo este t?tulo:
El significado permanente de la fe cristiana. "El cristianismo, ya desde su comienzo, se ha comprendido a s? mismo como la religi?n del Logos, como la religi?n seg?n la raz?n. Ha individualizado a sus precursores en las otras religiones en la Ilustraci?n filos?fica que despej? el camino de las tradiciones para dirigirse a la b?squeda de la verdad y hacia el bien, hacia el ?nico Dios que est? por encima de todos los dioses. En cuanto a la religi?n de los perseguidos, universal, m?s all? de los diferentes Estados y pueblos, el cristianismo ha negado al Estado el derecho de considerar la religi?n como una parte del orden estatal, postulando as? la libertad de la fe. Ha definido siempre a los hombres, a todos los hombres sin distinci?n, como criaturas de Dios y a imagen de Dios, proclamando para ellos la dignidad misma, como principio, aunque dentro de los l?mites imprescindibles del orden social.
En este sentido, la Ilustraci?n tiene origen cristiano y nace, no es casualidad, precisamente y exclusivamente en el ?mbito de la fe cristiana; nace all? donde el cristianismo, en contra de su naturaleza, se hab?a convertido por desgracia en tradici?n y religi?n del Estado. La voz de la raz?n hab?a sido domesticada demasiado, a pesar de que la filosof?a como b?squeda de racionalidad (tambi?n de nuestra fe) hab?a sido siempre prerrogativa del cristianismo. Ha sido y es m?rito de la Ilustraci?n haber vuelto a proponer estos valores originales del cristianismo y haber vuelto a dar a la raz?n su propia voz. El concilio Vaticano II, en la Constituci?n sobre la Iglesia en el mundo contempor?neo, ha puesto de nuevo en evidencia esta correspondencia profunda entre la Iglesia y modernidad, el gran patrimonio que ha de ser tutelado por ambas partes. (?) Pero para esto, necesitamos, por encima de todo, en este momento de la historia hombres que a trav?s de una fe iluminada y vivida, hagan a Dios cre?ble en este mundo. El testimonio negativo de cristianos que hablaban de Dios y viv?an en contra de ?l ha oscurecido la imagen de Dios y ha abierto la puerta a la incredulidad. Necesitamos hombres que tengan la mirada fija en Dios, aprendiendo de ?l la verdadera humanidad. Necesitamos hombres cuyo intelecto sea iluminado por la luz de Dios y a los que Dios abra el coraz?n de modo que su intelecto pueda hablar al intelecto de los dem?s y su coraz?n pueda abrirse al coraz?n de los dem?s".
Aqu? termina mi sustituto. Siento profunda gratitud hacia ?l por este servicio. La doctrina que nos ha ofrecido pienso que ha dado abundante luz sobre lo que significa Dios en las personas y en la sociedad que constituyen. Y, trat?ndose de la sociedad europea, como testimonio que siguieron el sendero iluminado por esta luz tan divina y humana, quiero destacar a los fundadores de la nueva Europa (1947): Schuman, De Gasperi, Adenauer -y ahora la se?ora Merkel-, cuando pusieron en marcha la nueva etapa ya pensaban en este compromiso cristiano y no en nacionalismo ni en estructuras econ?micas. Eran conscientes de que hab?a que rectificar errores; los derechos humanos no son resultado de una opci?n o de un consenso, pues forman parte de la naturaleza humana. Y se edifican sobre tres piedras clave: Vida, libertad y propiedad. La aceptaci?n de esto, pese a los muchos desv?os y abandonos que hemos de registrar, permiti? a Europa emprender un camino delante de todas las culturas. Esto debemos conmemorar ahora, nos dice el historiador del que ha hecho referencia don Luis Su?rez Fern?ndez, diecisiete siglos despu?s. Aquel gesto de Constantino, hijo de una cristiana, Helena, que desde aquel instante superaba las deficiencias jur?dicas de su condici?n, result? decisivo. Y hoy, ?por d?nde est? Espa?a y Europa, de la que forma parte, a la hora de trabajar y confiar alcanzar la misma meta gloriosamente hist?rica, tan propia de este continente y tan necesitada de ella?
* Capell?n de la Cl?nica S. Juan de Dios
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