S?bado, 07 de octubre de 2006
6 octubre 2006 ZENIT publica el discurso que dirigi? Benedicto XVI el 21 de septiembre a los participantes en un curso para nuevos obispos organizado por la Congregaci?n vaticana para los Obispos.



Queridos hermanos en el episcopado:

Os saludo cordialmente a cada uno de vosotros. Mi saludo se dirige ante todo al se?or cardenal Giovanni Battista Re, que se ha hecho int?rprete de vuestros sentimientos, y lo extiendo con afecto a cuantos han organizado y coordinado vuestro encuentro. Durante estos d?as hab?is escuchado la experiencia de algunos jefes de dicasterio de la Curia romana y de obispos, que os han ayudado a reflexionar sobre algunos aspectos del ministerio episcopal de gran importancia para nuestro tiempo.

Hoy es el Papa quien os acoge con alegr?a, y se siente feliz de compartir con vosotros los sentimientos y las expectativas que viv?s durante estos primeros meses de vuestro ministerio episcopal. Ciertamente ya habr?is experimentado c?mo Jes?s, el buen Pastor, obra en las almas con su gracia. ?Te basta mi gracia? (2 Co 12, 9), fue la respuesta que escuch? el ap?stol san Pablo cuando pidi? al Se?or que le ahorrara los sufrimientos. Que esta misma certeza alimente siempre vuestra fe y estimule en vosotros la b?squeda de caminos para llegar al coraz?n de todos con el sano optimismo que deb?is irradiar siempre en torno a vosotros.

En la enc?clica Deus caritas est reafirm? que los obispos tienen la primera responsabilidad de edificar la Iglesia como familia de Dios y como lugar de ayuda rec?proca y de disponibilidad (cf. n. 32). Para poder cumplir esta misi?n hab?is recibido, con la consagraci?n episcopal, tres oficios peculiares: el munus docendi, el munus sanctificandi y el munus regendi, que en conjunto constituyen el munus pascendi. En particular, el munus regendi tiene como finalidad el crecimiento en la comuni?n eclesial, es decir, la construcci?n de una comunidad concorde en la escucha de la ense?anza de los Ap?stoles, en la fracci?n del pan, en la oraci?n y en la uni?n fraterna (cf. Hch 2, 42).

?ntimamente unido a los oficios de ense?ar y santificar, el de gobernar ?es decir, el munus regendi? constituye para el obispo un aut?ntico acto de amor a Dios y al pr?jimo, que se manifiesta en la caridad pastoral. Lo indic? autorizadamente el concilio Vaticano II en la constituci?n Lumen gentium, presentando a los obispos como modelo a Cristo, buen Pastor, que no vino para ser servido sino para servir (cf. n. 27). En esta l?nea, la carta apost?lica postsinodal Pastores gregis invita al obispo a inspirarse constantemente en la imagen evang?lica del lavatorio de los pies (cf. n. 42). S?lo Cristo, que es el amor de Dios encarnado (cf. Deus caritas est, 12), puede indicarnos de modo autorizado c?mo amar y servir a la Iglesia.

Queridos hermanos, cada uno de vosotros, siguiendo el ejemplo de Cristo, en la atenci?n diaria a la grey, ha de hacerse ?todo a todos? (cf. 1 Co 9, 22), proponiendo la verdad de la fe, celebrando los sacramentos de nuestra santificaci?n y testimoniando la caridad del Se?or.

Acoged con coraz?n abierto a los que llaman a vuestra puerta: aconsejadlos, consoladlos y sostenedlos en el camino de Dios, tratando de llevarlos a todos a la unidad en la fe y en el amor, cuyo principio y fundamento visible, por voluntad del Se?or, deb?is ser vosotros en vuestras di?cesis (cf. Lumen gentium, 23). Tened en primer lugar esta solicitud con respecto a los sacerdotes. Actuad siempre con ellos como padres y hermanos mayores que saben escuchar, acoger, consolar y, cuando sea necesario, tambi?n corregir; buscad su colaboraci?n y estad cerca de ellos, especialmente en los momentos significativos de su ministerio y de su vida. Tened la misma solicitud por los j?venes que se preparan para la vida sacerdotal y religiosa.

En virtud del oficio de gobernar (cf. Lumen gentium, 27), el obispo est? llamado tambi?n a juzgar y regular con leyes, indicaciones y sugerencias, la vida del pueblo de Dios encomendado a su cuidado pastoral, seg?n lo previsto por la disciplina universal de la Iglesia. Este derecho y deber del obispo es muy importante para que la comunidad diocesana est? internamente unida y avance con profunda comuni?n de fe, de amor y de disciplina con el Obispo de Roma y con toda la Iglesia.

Por tanto, os exhorto, queridos hermanos en el episcopado, a ser custodios atentos de esta comuni?n eclesial y a promoverla y defenderla vigilando constantemente sobre la grey de la que hab?is sido constituidos pastores. Se trata de un acto de amor que requiere discernimiento, valent?a apost?lica y bondad paciente al tratar de convencer e implicar, para que vuestras indicaciones sean acogidas de buen grado y aplicadas con convicci?n y prontitud. Con la d?cil obediencia al obispo, cada fiel contribuye responsablemente a la edificaci?n de la Iglesia. Esto ser? posible si, conscientes de vuestra misi?n y de vuestras responsabilidades, sab?is alimentar en cada uno de ellos el sentido de pertenencia a la Iglesia y la alegr?a de la comuni?n fraterna, implicando a los organismos espec?ficos previstos por la disciplina eclesial. Construir la comuni?n eclesial ha de ser vuestro compromiso diario.

La carta apost?lica Pastores gregis y el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos insisten en indicar a cada pastor que su autoridad objetiva debe ser sostenida por una vida ejemplar. La serenidad en las relaciones, la delicadeza en el trato y la sencillez de vida son dotes que sin duda enriquecen la personalidad humana del obispo.

En la ?Regla pastoral?, san Gregorio Magno escribe que ?el gobierno de las almas es el arte de las artes? (n. 1). Este arte requiere el crecimiento constante de las virtudes, entre las cuales deseo recordar la prudencia, que san Bernardo define ?madre de la fortaleza?. La prudencia os har? pacientes con vosotros mismos y con los dem?s, valientes y firmes en las decisiones, misericordiosos y justos, preocupados ?nicamente por vuestra salvaci?n y por la de vuestros hermanos ?con temor y temblor? (Flp 2, 12).

La entrega total de vosotros mismos, que exige el cuidado de la grey del Se?or, necesita el apoyo de una intensa vida espiritual, alimentada por una asidua oraci?n personal y comunitaria. Por tanto, un contacto constante con Dios debe caracterizar vuestras jornadas y acompa?ar todas vuestras actividades. Vivir en ?ntima uni?n con Cristo os ayudar? a alcanzar el necesario equilibrio entre el recogimiento interior y el esfuerzo necesario requerido por las m?ltiples ocupaciones de la vida, evitando caer en un activismo exagerado.

El d?a de vuestra consagraci?n episcopal hab?is hecho la promesa de orar de forma incansable por vuestro pueblo. Queridos hermanos, permaneced siempre fieles a este compromiso, que os capacitar? para ejercer de modo irreprensible vuestro ministerio pastoral. Mediante la oraci?n, las puertas de vuestro coraz?n se abren al proyecto de Dios, que es proyecto de amor, al que ?l os ha llamado uni?ndoos m?s ?ntimamente a Cristo con la gracia del episcopado. Sigui?ndolo a ?l, el Pastor y Obispo de vuestras almas (cf. 1 P 2, 25), ser?is impulsados a tender siempre a la santidad, que es el objetivo fundamental de la existencia de todo cristiano.

Queridos hermanos, a la vez que os agradezco vuestra grata visita, quiero aseguraros mi recuerdo diario ante el Se?or por vuestro servicio eclesial, que encomiendo a la Virgen Mater Ecclesiae. Invoco su protecci?n sobre vosotros, sobre vuestras di?cesis y sobre vuestro ministerio. Con estos sentimientos, os imparto a vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendici?n apost?lica.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 0:45  | Habla el Papa
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