S?bado, 07 de octubre de 2006
La revista ILUMINARE publica art?culo sobre San Francisco Javier de Alberto N??ez Ortiz, s.j. sobre la figura de San Francisco Javier como maestro y modelo de la Misi?n para el Domund 2006.

JAVIER : Maestro y modelo de la misi?n

El Maestro Javier


Francisco de Javier estudi? en la Universidad de Par?s, donde en 1530 obtiene el grado de Maestro en Artes. Durante alg?n tiempo ejercitar?a la docencia, pero incluso en su ?poca de ministerio apost?lico, habi?ndose unido al grupo fundador de la Compa??a de Jes?s, congregado por ??igo de Loyola, seguir?a siendo conocido siempre por ese t?tulo: Maestro Javier. Existe una ?ntima conexi?n entre la espiritualidad ignaciana y el modo de proceder en la educaci?n. El Maestro Javier, imbuido de esa visi?n de la vida surgida de una experiencia religiosa com?n, aunque en sus a?os de apostolado en Asia no se ocupase de tareas expl?citamente acad?micas, sin embargo actuar? en la misi?n siguiendo las mismas l?neas que inspiraban la pedagog?a de otros jesuitas dedicados a las obras educativas. Constituyen lo que se ha dado en llamar ?cultura educativa ignaciana?, que conserva su actualidad y que podr?amos resumir en los siguientes puntos:

? La comprensi?n fundamental de la persona humana como imagen de Dios. La plenitud del ser humano viene de algo que le ha sido dado gratuitamente: su condici?n de hijo o hija de Dios.
? Libertad y responsabilidad individual. La persona est? llamada a responder libremente a Dios. De ah? el inter?s por el individuo y su misi?n en la Iglesia.
? Cristo modelo de persona. Jes?s se presenta como modelo divino de la persona en el servicio a los hermanos. Javier refleja su ideal al inicio de sus cartas: ?La gracia y amor de Cristo nuestro Se?or sea siempre en nuestra ayuda y favor?.
? Primac?a de la acci?n. La educaci?n es una preparaci?n para la vida, para la acci?n, cuya orientaci?n esencial es el servicio, especialmente a los m?s pobres.
? En la Iglesia. La educaci?n prepara a responder conscientemente a la llamada interior de Cristo, en la Iglesia y al servicio de toda la humanidad.
? El magis. Javier hered? de su Padre Maestro Ignacio una inquietud espiritual que se exterioriza en la predilecci?n por una palabra: ?m?s?. Esa palabra alcanzaba al Jap?n y a China, retos de evangelizaci?n para Javier.
? La comunidad. El misionero, Francisco Javier, se sentir?a siempre parte de una comunidad de origen, manteniendo con ella lazos de informaci?n y afectos.
? El discernimiento. Para Javier, educar es ense?ar a otros a tomar decisiones a trav?s de un proceso de discernimiento personal y comunitario. Javier debi? decidir d?nde y en qu? trabajar: la misi?n a Indonesia, a Jap?n y a China.

La primac?a de la caridad en la misi?n

Durante mucho tiempo ha sido corriente llamar ?misi?n? (o en plural ?misiones?) al env?o a evangelizar en una zona geogr?fica alejada de la cristiandad. Pero desde el Concilio Vaticano II hemos recuperado el sentido originario de la misi?n, que pertenece de suyo a toda la Iglesia (todos los bautizados y en todos los lugares). El origen de esa misi?n recibida se halla en Dios mismo, en el env?o al mundo del Hijo y del Esp?ritu por el Padre para mostrar su inmenso amor por nosotros. As? Jes?s, cuando comienza su predicaci?n en Nazaret, hace suyas las palabras prof?ticas de Isa?as: ?El Esp?ritu del Se?or est? sobre m?, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Noticia, a proclamar la liberaci?n a los cautivos, la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a?o de gracia del Se?or? (Lc 4, 18-19). Todos los cristianos, ungidos por el mismo Esp?ritu en el Bautismo, participan de esa misi?n liberadora de Cristo.

Si pregunt?semos a Javier qu? es lo m?s importante en la misi?n, nos responder?a sin dudar lo m?s m?nimo: la caridad, el amor. En las instrucciones a sus colaboradores no se cansaba de repetirlo:

?Ruegoos mucho que con esa gente, digo con los principales, y despu?s con todo el pueblo os hay?is con mucho amor; porque si el pueblo os ama, y est? bien con vos, mucho servicio har?is a Dios? (27 de marzo de 1554). ?Tratad siempre con mucho amor con esta gente y haced obra en que de ellos se?is amado? (27 de marzo de 1554). ?Procurar?is con todas vuestras fuerzas haceros amar de esta gente, porque siendo de ellos amado, har?is mucho m?s fruto que siendo de ellos aborrecido? (febrero de 1548). Y en la misma carta reitera: ?Mucho os torno a recomendar que trabaj?is en haceros amar en los lugares donde anduviereis y estuviereis, as? haciendo buenas obras como con palabras de amor, para que todos seamos amados antes que aborrecidos: porque de esta manera har?is m?s fruto, como ya dije?.

Tambi?n en nuestros d?as, la primera enc?clica del Papa Benedicto XVI identifica en esos t?rminos la esencia de la comunidad cristiana: ?La naturaleza ?ntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebraci?n de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que tambi?n se podr?a dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestaci?n irrenunciable de su propia esencia? (Deus caritas est, n. 25). Por eso, el Papa afirma en el Mensaje del DOMUND 2006 que ?La caridad, alma de la misi?n?. ?La misi?n, si no es orientada por la caridad, es decir, si no nace de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a una mera actividad filantr?pica y social? (n. 1).

A trav?s del testimonio de la caridad, la Iglesia sirve al Reinado de Dios, presente ya en el mundo. No es extra?o, pues, que el di?logo con otras religiones y culturas sea parte integrante de su misi?n. Sin embargo, la misi?n no puede reducirse ni al servicio asistencial de la caridad, ni al di?logo, ni al simple mantenimiento de las comunidades cristianas ya existentes. Como en la ?poca de Javier, siguen siendo necesarias las ?misiones? propiamente dichas: las iniciativas eclesiales para propagar el Evangelio por el mundo entero y fundar la Iglesia entre los pueblos que todav?a no conocen a Cristo. De esa manera se van extendiendo visiblemente, sacramentalmente, los l?mites de la Iglesia. Como, escrib?a Javier, desde Malaca, a los jesuitas de Europa, el 22 de junio de 1549:

?Grande es la consolaci?n que llevamos en ver que Dios nuestro Se?or ve las intenciones, voluntades y fines por que vamos a Jap?n. Y pues nuestra ida es solamente para que las im?genes de Dios conozcan a su Criador, y el Criador sea glorificado por las criaturas que a su imagen y semejanza cri?, y para que los l?mites de la santa madre Iglesia, esposa de Jesucristo, sean acrecentados, vamos muy confiados que tendr? buen suceso nuestro viaje?.

Las razones cristianas de la misi?n

En el Evangelio, Jes?s resucitado les da a sus disc?pulos en Galilea una misi?n universal: ?Id, pues, y haced disc?pulos a todas las gentes? ense??ndolos a guardar todo lo que yo os he mandado? (Mt 28, 19-20). Quiz? el mandato misionero sea vivido hoy con cierta vacilaci?n por parte de muchos cristianos en Espa?a. Se ve bien la cooperaci?n al desarrollo con los pueblos m?s desfavorecidos, pero ?para qu? predicar nuestra religi?n a los que ya tienen la suya? Esa pregunta se traduce en otra: ?por qu? la misi?n? Intentando responderla podr?amos evocar cuatro razones importantes que no han perdido vigencia desde Javier:

? Porque Dios quiere que todos los hombres se salven, y de esa voluntad procede el env?o de su Hijo Jes?s y el ser mismo de la Iglesia. ?El amor fraterno que el Se?or pide a sus ?amigos? encuentra su manantial en el amor paterno de Dios? (Mensaje DOMUND 2006, n. 3).
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? Porque ?sta, impulsada por el amor recibido, tiene la obligaci?n de compartir con todos los hombres los bienes espirituales de la salvaci?n. ?La misi?n constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente? (Mensaje DOMUND 2006, n. 1).
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? Porque la gloria de Dios es el bien del hombre, y no hay mayor bien para ?l que el conocer a su Creador y Redentor, su bienaventuranza. ?Precisamente, de la conciencia de esta misi?n com?n toma fuerza la generosa disponibilidad de los disc?pulos de Cristo para realizar obras de promoci?n humana y espiritual? (Mensaje DOMUND 2006, n. 3).
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? Porque Cristo es el contenido de la nueva humanidad (fraternidad, reconciliaci?n, unidad?) que los hombres esperan como liberaci?n del error y del pecado. La Iglesia al anunciar a Cristo sirve a la humanidad. ?Toda comunidad cristiana est? llamada, pues, a dar a conocer a Dios que es Amor... Dios impregna con su amor la entera creaci?n y la historia humana? (Mensaje DOMUND 2006, n. 2).


Es importante no perder de vista estas razones cristianas. En ellas radica la diferencia con un concepto secularizado de misi?n, como si su modelo fuera una especie de buen samaritano, que hace el bien sin mirar a qui?n, y que se ocupa de su hermano, mientras otros m?s expl?citamente religiosos van a lo suyo? Pero a menudo se olvida que con la par?bola del buen samaritano (Lc 10, 29-37), Jes?s respond?a a la pregunta: ??Qui?n es mi pr?jimo??. El ?hacer el bien sin mirar a qui?n? se convierte as? en un ?hacer el bien mirando bien a qui?n?, como dici?ndose a uno mismo: esa mujer o ese hombre que sufre es mi pr?jimo, est? unido a m?, en Dios, desde el origen de la creaci?n y tenemos un destino com?n en la gloria. Se revela as? la fuente trascendente de la compasi?n del samaritano y de la Iglesia: Dios mismo, origen, medio y fin de toda la creaci?n. No nos sorprende, por tanto, que Javier, maestro y modelo de la misi?n, recomendase vivamente a sus compa?eros que incluso cuando distribuyan limosna recuerden a la gente la necesidad de acoger la vida eterna y la salvaci?n que s?lo Cristo puede dar. Para Javier, la misi?n ?como todo lo dem?s? debe estar fundada s?lo en Dios. En una larga carta escrita a los jesuitas de Goa (5 de noviembre de 1549), Francisco lo reitera sin ambages:

?Os ruego que totalmente os fund?is en Dios en todas vuestras cosas, sin confiar en vuestro poder o saber u opini?n humana; y de esta manera hago cuenta que est?is aparejados para todas las grandes adversidades, as? espirituales como corporales, que os pueden venir, pues Dios levanta y esfuerza a los humildes, principalmente aquellos que en las cosas peque?as y bajas vieron sus flaquezas como en un claro espejo y se vencieron en ellas?.

El ardor misionero de San Francisco Javier puede animar a la Iglesia en la Europa de hoy. La actual crisis de vocaciones al sacerdocio o a la vida religiosa no deber?a erigirse como un impedimento absoluto para la misi?n. Un d?a las palabras de Javier tuvieron eco entre los universitarios de Par?s, pues iban dirigidas expl?citamente a las conciencias, como se lee en una carta de 1544 del misionero de Asia a su amigo Ignacio, en Europa:

?Muchos cristianos se dejan de hacer en estas partes por no haber personas que en tan p?as y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la Universidad de Par?s, diciendo en Sorbona a los que tienen m?s letras que voluntad para disponerse a fructificar con ellas: cu?ntas ?nimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos??

Al comienzo de este milenio, la exhortaci?n apost?lica Ecclesia in Europa de Juan Pablo II se hac?a eco de aquellas palabras de Javier desde la India a los estudiantes universitarios europeos:

?Un anuncio de Jesucristo y de su Evangelio que se limitara s?lo al contexto europeo mostrar?a s?ntomas de una preocupante falta de esperanza. La obra de evangelizaci?n est? animada por verdadera esperanza cristiana cuando se abre a horizontes universales, que llevan a ofrecer gratis a todos lo que se ha recibido tambi?n como don. (...) En otros continentes, particularmente Asia y ?frica, las Comunidades eclesiales observan todav?a a las Iglesias en Europa y esperan que sigan llevando a cabo su vocaci?n misionera. Los cristianos en Europa no pueden renunciar a su historia?.

Es verdad, no podemos renunciar a nuestra historia. Y tampoco podemos olvidar el testimonio de San Francisco Javier, maestro y modelo de la misi?n cristiana. Por eso Benedicto XVI expresa en su Mensaje para el DOMUND 2006 ?que la Jornada Misionera Mundial sea ocasi?n propicia para comprender cada vez mejor que el testimonio del amor, alma de la misi?n, concierne a todos. Servir al Evangelio no puede considerarse como una aventura solitaria, sino el empe?o que cada comunidad comparte? (n. 4).

Alberto Nu?ez Ortiz, s.j.
Universidad de Deusto
Publicado por verdenaranja @ 1:10  | Misiones
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