Lunes, 09 de octubre de 2006
7 octubre 2006 ZENIT publica el comentario redactado por monse?or Fernando Sebasti?n, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela a los discursos de Benedicto XVI pronunciados durante su visita a Baviera en el pasado mes de septiembre.


En los primeros d?as de septiembre, el Papa Benedicto XVI visit? los lugares de su vida en su Baviera natal. Durante aquellos encuentros, en un ambiente profundamente humano y cordial, el Papa quiso ofrecernos unas reflexiones extraordinariamente oportunas para todos los cristianos europeos. Me parece de gran utilidad presentar ahora a los cat?licos navarros un resumen de las ideas m?s interesantes desarrolladas por el Papa durante aquellos d?as tan intensos.

En su visita el Papa deja ver c?mo la fe cristiana no nos aleja de los hombres ni nos desarraiga de nuestras tierras y nuestras costumbres, Al rev?s, nos ayuda a ser m?s sensibles ante los beneficios que recibimos de familiares, amigos y vecinos en cada momento de nuestra vida. La fe en Dios nos ayuda a profundizar en nuestra humanidad. El Papa muestra su alegr?a por poder volver a los lugares de su infancia, de sus estudios y de sus a?os de profesor. La fe nos hace miembros de una comunidad espiritual que dura en el tiempo y se extiende en el espacio. Quien cree nunca est? solo. Su deseo profundo durante este viaje es ayudar a sus compatriotas a ?recuperar la alegr?a del cristianismo?, la alegr?a de ser cristianos, de vivir en una cultura cristiana. ?Mi esperanza es que todos mis compatriotas de Baviera y de Alemania se hagan parte activa en la transmisi?n de los valores fundamentales de la fe cristiana a los ciudadanos de ma?ana?. ?No os parece oportuno este deseo del Papa tambi?n para nosotros?

Ser cristiano significa reconocer a Dios como entro de la realidad y de nuestra vida personal. Dios tiene que llegar a ser la fuerza determinante de nuestra vida y de nuestras acciones. Adorando sinceramente a Dios llegamos a ser realmente libres, enteramente personas. De esta adoraci?n nace la verdadera igualdad entre los hombres y la aut?ntica fraternidad universal. El amor a Dios se manifiesta en el amor al pr?jimo.

Nuestro Dios no es un Dios lejano, est? con nosotros, es parte de nuestro mundo humano en la humanidad de Jes?s, nuestro hermano. Y Jes?s est? cerca de nosotros en los sacramentos de la Iglesia. Viviendo con El nos hacemos personas limpias, justas, felices, capaces de transparentar la bondad y la felicidad de Dios. La comuni?n espiritual y sacramental con Jes?s hace de todos nosotros un pueblo universal que tiene que ser ejemplo de vida para la humanidad entera. Donde se engrandece el recuerdo y la presencia de Dios, tambi?n se engrandece el hombre, lo mejor de la humanidad. Hay tres lugares privilegiados para recibir, alimentar y expresar nuestra fe, la familia, la escuela y la parroquia.

La fe en Dios es sencilla, consiste en sentirse cerca de El, confiarse a su amor, dejarse transformar por su amor para vivirlo y practicarlo en nuestra vida de cada d?a. El Credo que recitamos es el Credo de nuestro bautismo, por el que recibimos el amor de Dios que viene a nosotros, nos situamos en Cristo como el molde viviente de nuestra vida, y en El nos hacemos todos hijos de Dios y verdaderos hermanos entre nosotros. ?Puede haber un mensaje m?s hermoso y m?s fecundo? ?Puede haber otro programa de humanidad mejor que este programa de nuestra fe?

En la magistral lecci?n que el Papa expuso en la Universidad de Ratisbona, desfigurada por la pol?mica que provoc?, el Papa hace un diagn?stico de la cultura actual y nos descubre los caminos del verdadero progreso y de la paz firme y estable entre los pueblos y las culturas. La verdadera religi?n no convive con la violencia sino con la raz?n y con la libertad. Una raz?n, sin religi?n, una cultura que se cierra a la trascendencia, como ocurre en Occidente, pierde el rastro de la verdad y se deteriora en perjuicio del hombre. Una fe que no reconoce la verdad de la raz?n, como ocurre en los diferentes fanatismos, se pervierte tambi?n en sus esencias religiosas. Religi?n y raz?n se necesitan y se enriquecen mutuamente. Sobre esta convicci?n tiene que apoyarse el di?logo sincero entre diferentes religiones y diferentes culturas. La pol?mica por las pretendidas ofensas hacia el Islam ha encubierto las verdaderas ense?anzas del Papa para el hombre europeo y las tendencias culturales de nuestras sociedades. Actuar seg?n la recta raz?n conduce a Dios. Actuar contra la raz?n es tambi?n actuar contra Dios. Y negarse a reconocer a Dios es negar la fuerza m?s profunda de nuestra raz?n. El encuentro entre la fe b?blica y la raz?n de los griegos produjo el alma de Europa. Una raz?n, una ciencia, una cultura que se niega a crecer hasta el reconocimiento y la aceptaci?n de Dios se hace incapaz de iluminar la vida del hombre y de entrar en di?logo con las dem?s culturas. Una lectura reposada de esta lecci?n de Ratisbona nos puede hacer mucho bien a nosotros.


Mucha gente se esfuerza en presentar un mundo sin Dios. Pero sin Dios no salen las cuentas. No hay modo de explicar razonablemente la maravilla del mundo y de la vida. Esta fe en Dios nos cura del miedo al mundo, del miedo a la vida y a la muerte, nos hace vivir felices en la casa de nuestro Padre que protege y garantiza nuestra vida para siempre. La fe suprime el miedo pero nos hace madurar en la responsabilidad de nuestra salvaci?n y de la salvaci?n de los dem?s. Es responsabilidad de los cristianos que los hombres de nuestro tiempo puedan conocer a Jesucristo como patrimonio de la humanidad y salvador de la humanidad.


En nuestro tiempo se da como una sordera espiritual que nos impide escuchar la palabra de Dios. Hay demasiadas voces que nos aturden y perdemos la sinton?a con Dios. As? quedamos un poco perdidos en la orientaci?n y valoraci?n de nuestra vida. El horizonte de nuestra vida y de nuestras aspiraciones se reduce de manera preocupante. Cuando nos olvidamos de Dios nos parece que todo sigue siendo normal. No nos percatamos de que hemos perdido de vista lo m?s bello y lo m?s profundo de nuestra vida, de la vida de los dem?s, del mundo en que vivimos.

A veces los cristianos perdemos tambi?n la cercan?a y el gusto de Dios. Hacemos consistir nuestro cristianismo en una cierta sensibilidad social. Tenemos menos inter?s por las cosas de Dios. No nos damos cuenta de que es la cercan?a de Dios lo que nos hace capaces de amar de verdad a nuestro pr?jimo. El Dios de Jesucristo tiene que ser conocido, adorado y amado para que las cuestiones sociales progresen y encuentren verdadera soluci?n. El evangelio y la acci?n social son inseparables. El crecimiento en recursos econ?micos y t?cnicos es demasiado poco para el coraz?n del hombre. Para vivir la verdad de nuestra vida en plenitud necesitamos vivir en comuni?n espiritual con Dios. El respeto a las personas de dentro y de fuera no crecer? en el mundo occidental si no crece de nuevo en nuestro mundo la fe en Dios, si Dios no est? con nosotros y nosotros con Dios. El mundo necesita a Dios. Nosotros necesitamos a Dios. Necesitamos situarnos libremente con amor y confianza en la presencia de Dios. El es la fuente y la garant?a de nuestra humanidad, personal y social.

En Occidente hacen falta hombres que quieran asumir y continuar la misi?n salvadora de Jes?s. Los sacerdotes, los cristianos que quieran ser ap?stoles, tiene que cumplir dos condiciones ?estar con El y hablar de El?. Estar con El por la oraci?n, por el amor, por la obediencia interior. Hablar de El, predicando fielmente el evangelio en comuni?n con la Iglesia. El mundo es ?el campo de Dios?. Dios cuida de nosotros con su palabra y con su amor. El sacerdote, como Jes?s, tiene que alimentar su vida y su trabajo de esta confianza en el amor y en el poder de Dios. Para trabajar en el ?campo de Dios? hay que vivir ?ntimamente unido a El, reconocerle a El la primac?a, anunciar fielmente su palabra y los dones de su amor.

La Virgen Mar?a, con su coraz?n abierto hacia Dios y su vida estrechamente vinculada a Jes?s, es el modelo y la madre de nuestra fe, el modelo y la madre de la Iglesia. Ella nos ense?a a vivir siempre cerca de Jes?s, a confiar en su amor, a compartir con El el dolor de la Cruz y el gozo definitivo de la resurrecci?n. Mar?a es madre nuestra en la oraci?n, en el amor, en la fiel obediencia y en la fuerte esperanza.

Todo lo que precede es s?lo un ramillete de la catequesis llena de amor y clarividencia que el Papa quiso ofrecer en cuatro d?as de gran intensidad a todos sus hermanos de Baviera, de Alemania y de Europa. Estoy seguro de que una lectura tranquila de sus homil?as y discursos podr?a hacernos a todos mucho bien.

Pamplona, 4 de Octubre del 2006-10-04

+ Fernando Sebasti?n Aguilar.
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela.
Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Hablan los obispos
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