Jueves, 12 de octubre de 2006
Art?culo de Don Jos? S?nchez Gonz?lez, Presidente de la Comisi?n Episcopal de Migraciones, publicado en IGLESIA NIVARIENSE n?mero 68, Septiembre-Octubre.

EN PATERA Y EN CAYUCO


+ Jos? S?nchez Gonz?lez
Presidente de la Comisi?n Episcopal de Migraciones


En pateras y en cayucos siguen llegando miles de inmigrantes del Africa Negra o Subsahariana a nuestras costas. sobre todo a las Islas Canarias. Algunos llegan muertos; otros ? ?Cu?ntos? ? han perecido en la traves?a. Junto con los miles que entran por aeropuertos y dem?s costas y fronteras, constituyen el "ej?rcito de reserva" de la Europa pr?spera, que hoy los necesita como mano de obra m?s barata y corno alternativa a la falta de j?venes y ni?os en una Europa que envejece a un ritmo similar al que enriquece.

Alguien habla de la tercera fase de esclavitud del Continente Africano, del "Continente olvidado". La primera fue la "venta de esclavos", a ra?z de la necesidad de mano de obra barata y resistente para los duros trabajos en el reci?n descubierto Continente Americano. La segunda. la explotaci?n y el despojo de sus materias primas por parte de las potencias coloniales europeas.

Nadie pone en duda que la principal causa de los actuales movimientos migratorios de Africa hacia Europa es la violencia que ejerce el escandaloso des-nivel econ?mico, la falta de trabajo y de desarrollo y la presi?n demogr?fica. En los exiliados y solicitantes de refugio, adem?s, la persecuci?n y la amenaza.

Afrontar seriamente el fen?meno de las migraciones y el remedio de las causas que las originan llevar?a necesariamente a plantearnos en los pa?ses ricos y desarrollados una ayuda generosa sin precedentes y de larga duraci?n, hasta conseguir elevar el nivel de desarrollo y de bienestar y crear posibilidades de trabajo, que hicieran innecesaria la salida del pa?s. Se tratar?a, en definitiva, de hacer posible el derecho a no tener que emigrar, manteniendo intacto el derecho de toda persona a emigrar.

Hoy no se perciben signos convincentes de que las cosas vayan en esta direcci?n. Ni en los pa?ses ricos, en su miserable y mezquina ayuda al desarrollo. cuyos programas y promesas electorales van dirigidas casi exclusivamente a mejorar el nivel de vida de los connacionales: ni en los pa?ses pobres. cuyos gobernantes no siempre est?n m?s interesados por el bienestar de sus ciudadanos que por el propio o el de su familia, por la defensa del poder y el mantenimiento de sus privilegios. Como consecuencia. seguir? existiendo la necesidad de emigrar.

Pero, ?c?mo? Aqu? tambi?n la res-puesta es clara: As? no. Abandonados a su suerte, manejados por las mafias. con inhibici?n - ?O con complicidad? ?de las autoridades de sus pa?ses de origen: en fr?giles embarcaciones, con largas y peligrosas traves?as, con un futuro incierto, acogidos provisionalmente, por muy de alabar que sean el esfuerzo y la generosidad de los responsables de la acogida y del voluntariado en las costas de llegada. trasladados a otras zonas de la Pen?nsula, orientados a los lugares donde conocen una persona o tienen la referencia de un tel?fono, vagando en muchos casos sin rumbo y en busca de un trabajo. "como sea"... Claramente, as? no.

Corresponde, a las autoridades de los pa?ses europeos y en general a los pa?ses desarrollados establecer con los pa?ses de origen de los inmigrantes cauces de colaboraci?n y medidas y convenios que contribuyan a la justa regulaci?n de estos flujos migratorios, garantizando, en primer lugar. la dignidad y los derechos fundamentales de las personas. S?lo as? puede la emigraci?n contribuir a solucionar el desequilibrio entre los pa?ses desarrollados, de baja natalidad, y los pa?ses con alto crecimiento demogr?fico y pobreza de recursos, de desarrollo v de trabajo. En este proceso. es gravemente arriesgado que un pa?s camine en solitario y huya hacia delante con leyes y normas que pueden convertirse. m?s pronto o m?s tarde, en un bumerang para el mismo pa?s.

Entretanto, para nosotros, los inmigrantes son, ante todo, personas. con la misma dignidad y los mismos derechos fundamentales que nosotros; para los cristianos, son nuestros hermanos. Por consiguiente, nuestro trato con ellos ha de ser del m?ximo respeto a su identidad y a sus diferencias, de disposici?n para la acogida fraterna. de ayuda solidaria, de defensa de sus derechos y de empe?o en contribuir a sensibilizar nuestra sociedad y, con m?s raz?n, nuestra Iglesia y a todos los cristianos en la cultura del respeto. de la convivencia. de la ayuda mutua, de la solidaridad y del amor cristiano.

M?s dif?cil tenemos poder influir en eliminar o paliar las causas de la pobreza y del subdesarrollo. Hay quienes ya lo est?n haciendo desde hace siglos; pero son pocos. Son, por ejemplo. los misioneros y algunos cooperantes. Sirven a los m?s pobres de los pobres. sin esperar nada a cambio, a veces con riesgo de sus vidas. Les llevan, con la Buena Noticia del Evangelio, ayuda material, cultura, salud, formaci?n profesional y promoci?n, ejemplo para el compromiso por los dem?s...

He aqu? un excelente camino, ya abierto, para atajar, al menos en parte, las causas que obligan a emprender a la desesperada la aventura de una emigraci?n de alto riesgo y sin destino claro. Si no nos sentimos llamados a esta noble misi?n. al menos ayudemos generosa-mente a quienes ya la est?n cumpliendo.
Publicado por verdenaranja @ 0:04  | Migraciones
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