Jueves, 12 de octubre de 2006
Interesante art?culo con el que se abre la revista IGLESIA NIVARIENSE en su n?mero 68, Septiembre-Octubre, al empezar el curso.

Programar por una mayor
fidelidad al Evangelio


Sabemos que el gozo de creer y la audacia para evangelizar s?lo se alimentan del Esp?ritu de Dios, no del instinto de conservaci?n. No queremos sustituir con la organizaci?n, el trabajo o la actividad lo que s?lo puede nacer del Esp?ritu? La semilla de la Pa-labra de Dios depositada en la tierra de nuestras islas, de nuestra Iglesia y de nuestro coraz?n es activada por la lluvia del Esp?ritu Santo. Sin El, Jesucristo pertenece al pasado; el Evangelio es letra muerta; la Iglesia simple organizaci?n; la acci?n pastoral, pura propaganda; la liturgia, mera evocaci?n m?gica; y el comportamiento cristiano, una moral de esclavos.

Dicho esto, no conviene perder de vista que iniciarnos el ?ltimo a?o de nuestro Plan Diocesano de Pastoral que, en este curso, nos invita a continuar poniendo el acento preferente en "Intensificar la transmisi?n de la fe cristiana poniendo el acento en el primer anuncio, a las mujeres y hombres de hoy con hechos y palabras". En este primer editorial de nuestra revista nos han parecido muy sugerentes algunas reflexiones del Obispo Uriarte que, en buena medida orientan nuestra reflexi?n.

Cuando nuestra fe se transfigura con el humilde resplandor de la experiencia, el trabajo cansa, pero no fatiga; las dificultades apenan, pero no desaniman; los testimonios negativos de personas e instituciones eclesiales nos preocupan, pero no nos desmoralizan; la magnitud de los problemas de nuestra sociedad nos impresiona, pero no nos abate; las propias servidumbres y miserias nos duelen, pero no nos deprimen.

La experiencia creyente es el alma de toda nuestra vida cristiana personal y comunitaria. Si llenamos de Esp?ritu nuestros planes, trabajos, reuniones, revisiones seremos m?s f?cil-mente mediaciones de la salvaci?n de Jes?s. Si no lo hacemos acabaremos fatigados, deshidratados, quemados.

La fe renovada por la experiencia espiritual producir?, por la acci?n del Esp?ritu Santo, vocaciones laicales dispuestas a asumir responsabilidades y desplegar carismas al servicio de la vitalidad de la comunidad cristiana y de la humanizaci?n de nuestra sociedad. Que ?los adultos laicos sean laicos adultos? en su fe, en su eclesialidad, en su compromiso familiar, profesional, social y pol?tico es un requisito derivado de su vocaci?n. Que muchos de ellos encuentren en los servicios catequ?ticos, lit?rgicos, caritativos, en los Consejos de Pastoral
y de Econom?a el surco de su compromiso es hoy una necesidad para reforzar una Iglesia debilitada y consolidar la misma fe de los laicos. Si mirarnos al ancho mundo de la Iglesia, es dificil sustraerse a la impresi?n de que asistimos, por fin, a la hora de los laicos.

La construcci?n interna de nuestra comunidad eclesial no debe nunca acaparar nuestras energ?as eclesiales. Una Iglesia que se mira a s? misma para autocomplacerse o para lamentarse ha olvidado que ella es una realidad de salvaci?n necesaria, pero relativa, es decir, referida a Alguien fuera de s? misma. La comunidad de Jes?s. la Di?cesis Nivariense, quiere y tiene que ser una Iglesia ?descentrada? porque tiene su centro no en s? misma sino en Jesucristo, su Unico Se?or, y tiene su campo de servicio evangelizador y humanizador en la sociedad en la que est? inscrita.

La mirada que el Esp?ritu comunica a su Iglesia desborda siempre los l?mites del etnocentrismo. El contingente multicolor de los inmigrantes, personas humanas, hijos de Dios Padre, copart?cipes como nosotros de los bienes de la tierra, desarraigados de sus culturas de origen, necesitados de papeles, de orientaci?n, de trabajo, de compa??a, deseosos muchos de que alguien se preocupe tambi?n de su fe, no son para nosotros seres lejanos sino especialmente pr?ximos pero especialmente necesitados. Deber?n ser destinatarios de nuestra atenci?n preferente. Ser?a una alegr?a que comprobaran que en esta tierra y en esta Iglesia son especialmente reconocidos, respetados, ayudados y queridos.

Trabajar pastoralmente bajo la gu?a de una programaci?n no son pasos que sofistican nuestra misi?n pastoral sino necesidades pastorales por una mayor fidelidad al Evangelio, por una m?s ajustada coherencia con la naturaleza misma de la Iglesia, por una adaptaci?n realista a las dificultades evangelizadoras y a los recursos pastorales disponibles en nuestras islas. No incurrimos en la ilusi?n de que los nuevos estilos e instrumentos disipan nuestras graves dificultades evangelizadoras, ni mucho menos en la herej?a de pensar que nuestros medios humanos son salvadores. Simplemente querernos poner a los pies del Se?or y de su Evangelio nuestro ingenio, nuestra buena voluntad y nuestra seriedad en el trabajo, en la confianza de que el Esp?ritu quiere valerse de ellos para impulsar la salvaci?n de Jesucristo.
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