Domingo, 15 de octubre de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa ?predicador de la Casa Pontificia? a las lecturas de la liturgia de la Misa del domingo XXVIII Domingo del tiempo ordinario (B).
Sabidur?a 7, 7-11; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30.

ROMA, viernes, 6 enero 2006 (ZENIT.org).


?Qu? dif?cil es que un rico entre en el Reino de los Cielos!


Una observaci?n preliminar es necesaria para despejar el terreno de posibles equ?vocos al leer lo que el Evangelio de este domingo dice de la riqueza. Jes?s jam?s condena la riqueza ni los bienes terrenos por s? mismos. Entre sus amigos est? tambi?n Jos? de Arimatea, ?hombre rico?; Zaqueo es declarado ?salvado?, aunque retenga para s? la mitad de sus bienes, que, visto el oficio de recaudador de impuestos que desempe?aba, deb?an ser considerables. Lo que condena es el apegamiento exagerado al dinero y a los bienes, hacer depender de ellos la propia vida y acumular tesoros s?lo para uno (Lc 12, 13-21).

La Palabra de Dios llama al apegamiento excesivo al dinero ?idolatr?a? (Col 3, 5; Ef 5, 5). El dinero no es uno de tantos ?dolos; es el ?dolo por antonomasia. Literalmente ?dios de fundici?n? (Ex 34, 17). Es el anti-dios porque crea una especia de mundo alternativo, cambia el objeto a las virtudes teologales. Fe, esperanza y caridad ya no se ponen en Dios, sino en el dinero. Se realiza una siniestra inversi?n de todos los valores. ?Nada es imposible para Dios?, dice la Escritura, y tambi?n: ?Todo es posible para quien cree?. Pero el mundo dice: ?Todo es posible para quien tiene dinero?.

La avaricia, adem?s de la idolatr?a, es asimismo fuente de infelicidad. El avaro es un hombre infeliz. Desconfiado de todos, se a?sla. No tiene afectos, ni siquiera entre los de su misma carne, a quienes ve siempre como aprovechados y quienes, a su vez, alimentan con frecuencia respecto a ?l un solo deseo de verdad: que muera pronto para heredar sus riquezas. Tenso hasta el espasmo para ahorrar, se niega todo en la vida y as? no disfruta ni de este mundo ni de Dios, pues sus renuncias no se hacen por ?l. En vez de obtener seguridad y tranquilidad, es un eterno reh?n de su dinero.

Pero Jes?s no deja a nadie sin esperanza de salvaci?n, tampoco al rico. Cuando los disc?pulos, despu?s de lo dicho sobre el camello y el ojo de la aguja, preocupados le preguntaron a Jes?s: ?Entonces ?qui?n podr? salvarse??, ?l respondi?: ?Para los hombres, imposible; pero no para Dios?. Dios puede salvar tambi?n al rico. La cuesti?n no es ?si el rico se salva? (esto no ha estado jam?s en discusi?n en la tradici?n cristiana), sino ?qu? rico se salva?.

Jes?s se?ala a los ricos una v?a de salida de su peligrosa situaci?n: ?Acumulaos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan? (Mt 6, 20); ?Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas? (Lc 16, 9).

?Se dir?a que Jes?s aconseja a los ricos transferir su capital al exterior! Pero no a Suiza, ?al cielo! Muchos ?dice Agust?n- se afanan en meter su propio dinero bajo tierra, priv?ndose hasta del placer de verlo, a veces durante toda la vida, con tal de saberlo seguro. ?Por qu? no ponerlo nada menos que en el cielo, donde estar?a mucho m?s seguro y donde se volver? a encontrar, un d?a, para siempre? ?C?mo hacerlo? Es sencillo, prosigue San Agust?n: Dios te ofrece, en los pobres, a los porteadores. Ellos van all? donde t? esperas ir un d?a. La necesidad de Dios est? aqu?, en el pobre, y te lo devolver? cuando vayas all?.

Pero est? claro que la limosna de calderilla y la beneficencia ya no es hoy el ?nico modo de emplear la riqueza para el bien com?n, ni probablemente el m?s recomendable. Existe tambi?n el de pagar honestamente los impuestos, crear nuevos puestos de trabajo, dar un salario m?s generoso a los trabajadores cuando la situaci?n lo permita, poner en marcha empresas locales en los pa?ses en v?as de desarrollo. En resumen, poner a rendir el dinero, hacerlo fluir. Ser canales que hacen circular el agua, no lagos artificiales que la retienen s?lo para s?.





Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Espiritualidad
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