Domingo, 15 de octubre de 2006
Publicada en ?Paraula-Iglesia en Valencia? el 15 de octubre de 2006

Todo ser humano necesita amar y ser amado; todos queremos amar de alguna manera, pero no siempre se est? dispuesto a recorrer el camino que nos permite avanzar hacia el amor verdadero. La Enc?clica de Benedicto XVI, ?Deus caritas est?, sobre el amor cristiano, viene al encuentro de los hombres y de las mujeres del siglo XXI y sus dificultades para creer en el amor, proponi?ndoles el coraz?n de la fe cristiana: Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dio en ?l, tal como se se?ala en el Nuevo Testamento, en la primera carta de Juan.
El Papa interpela a la reflexi?n rigurosa sobre el amor y a la consideraci?n del anuncio del Evangelio de Jesucristo a lo largo de la historia como motor de la civilizaci?n del amor. En todo momento hist?rico se puede comprobar que el deseo de amar del ser humano puede ser v?ctima de una manipulaci?n que lo deforme. Nuestros d?as no son una excepci?n: los esc?pticos sobre el amor abundan tambi?n en el siglo XXI. Dicho escepticismo tiene su origen, en muchas ocasiones, en la experiencia del amor superficial y adulterado. Un amor falso maltrata y degrada al ser humano, especialmente a los m?s d?biles o indefensos.

La fe en Jesucristo, muerto y resucitado por nuestra salvaci?n, cuyo coraz?n traspasado ha hecho brotar fuentes de aguas vivas para renovar en el ser humano la capacidad de entrega a los dem?s, es ofrecida por el Santo Padre para recuperar el sentido del amor en nuestros d?as. La fe en Jesucristo, grano de trigo que cae en tierra y muere, dando as? fruto abundante, viene en ayuda del ser humano para que mantenga su deseo de amar y para que se fortalezca en el camino de la ascesis, la renuncia, la purificaci?n y la recuperaci?n que exige avanzar en el verdadero amor.

Benedicto XVI observa un especial cuidado en no presentar el amor ni como algo tan elevado que parezca inalcanzable, ni como algo tan pr?ximo que parezca trivial. Su propuesta se puede resumir as?: el amor, que est? presente como don en la vida de todos los hombres, tiene que ser elevado y purificado desde nuestra responsabilidad. Todo amor es presencia de Dios que quiere lo mejor para el otro.

El amor puede confundirse con el propio ego?smo, como la b?squeda de sensaciones placenteras y de sentimientos agradables. Conforme el ser humano madura advierte que amor y ego?smo generan din?micas incompatibles. Se avanza en el amor cuando hay descubrimiento del otro, ocupaci?n y preocupaci?n por ?l. El verdadero amor pide pasar de buscarse a s? mismo a ansiar el bien del amado. La renuncia y el sacrificio querido de forma libre aparecen entonces como los indicadores de un amor que no se transforma en enga?o.

Tambi?n el ?xtasis propio del amor es una invitaci?n a buscar su verdadero desarrollo. El amor es ?xtasis en el sentido de invitaci?n a salir de uno mismo, pero no de un modo moment?neo, a modo de arrebato, sino como un camino m?s constante y paciente. El yo encerrado en s? mismo alcanza su liberaci?n por la entrega de s? mismo a los dem?s, lo que le permite reencontrarse con su m?s profunda identidad y con la posibilidad cierta de descubrir a Dios.

Benedicto XVI insiste en que no hay contradicci?n entre el amor mundano, t?cnicamente designado como eros, que se describe como un amor ascendente y posesivo, y el amor teologal, t?cnicamente designado como agap?, que se describe como un amor descendente y oblativo. En el eros hay una gran promesa de felicidad que s?lo se cumple cuando se descubre al otro y ponemos su bien por encima de nuestros intereses. Este es el papel del agap?: insertarse en la promesa de felicidad del eros para hacerla posible elev?ndola y purific?ndola.

El amor de Dios viene en ayuda de la debilidad del ser humano, que no puede ?nicamente y siempre dar, sino que tambi?n necesita recibir. Dios derrama su Esp?ritu de Amor en nuestros corazones para que sigamos el ejemplo del ?nico justo, de Jesucristo, cuyo sacrificio personal en la cruz llev? el amor a la plenitud.

Como fruto del V Encuentro Mundial de las Familias con el Santo Padre en Valencia os invito a que profundicemos en lo que significa el amor de Dios en nuestras vidas y a que recuperemos el sentido del amor y el compromiso por amor para exponerlo y ser luz en nuestra sociedad. Frente a la cultura de los esc?pticos y la cultura de la muerte, los cat?licos proponemos la cultura del amor y de la vida. S?lo as? estaremos en condiciones de renovar profundamente tanto nuestras personas y nuestras familias, como nuestra cultura y nuestra sociedad.

Con mi bendici?n y afecto,

Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Arzobispo de Valencia
Publicado por verdenaranja @ 23:33  | Hablan los obispos
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