Lunes, 16 de octubre de 2006
Publicado en el Boletín "Misioneros Javierianos", número 425, AGOSTO-SEPTIEMBRE


ENTRE NOSOTROS

compartiendo una ilusión

COMIENZA UN LARGO VIAJE



Francisco, una vez elegido por Ignacio, comienza un largo viaje que durará todo el resto de su vida. El 7 de abril de 1541 (ese día cumplía 35 años) zarpa del río Tajo rumbo a la India. Después vendrán once años de viajes y evangelización en India, Indonesia, Malaca, Las Molucas, Japón, hasta llegar a Sancián a las puertas de China.

Francisco parte como misionero y como nuncio apostólico, es un viaje que durará trece meses y en el que se ponen de manifiesto, una vez más, algunas características de su vida y de su forma de realizar la misión: «siempre más», sencillez-testimonio, cercanía y amor a los pobres y enfermos, todo ello como consecuencia de su pasión por Dios y por la humanidad.

«Más, más, más»

Francisco se embarca en la nave Capitana, le acompaña Rodrigues para despedirse de él, es una despedida dura de dos hermanos y amigos. Antes de despedirse le revela un secreto a Rodrigues, un secreto que no le había querido revelar antes: «¿os acordáis aún—le dijo Francisco— de la noche aquella del hospital de Roma, en que os desperté gritando inerte: más, más, más? ¡Cuantas veces me habéis pedido que os dijera lo que aquello significaba, y yo os decía siempre que no era nada!
Pero ahora conviene que lo sepáis: Veía yo entonces, si en sueños o despierto no lo sé, Dios lo sabe, los grandísimos trabajos, .fatigas y aflicciones que por, hambre, sed, fríos, viajes, naufragios, traiciones, persecuciones y peligros se me ofrecían por amor del Señor, y que el mismo Señor me concedía entonces la gracia de que nada de esto me bastara, y yo pedía más y más y más con aquellas palabras que vos oísteis.
Pues yo espero ahora en la divina Bondad, que en este viaje se me va a conceder ciertamente lo que allí se me ofreció y también el deseo que se me daba».

Sencillez de vida

Comienza su viaje y su misión viviendo con una sencillez sin parangón. Al capitán de La Capitana le parecía que, por la estima y cercanía al rey de Portugal y por su condición de nuncio apostólico, Javier debía viajar con cierta comodidad y dignidad y, por lo tanto, tener un criado que le sirviera y no hacerse la comida y la colada él mismo. Ante estas sugerencias del capitán Javier responde: «Señor conde, el adquirir crédito y autoridad por ese medio... ha traído a la Iglesia de Dios y a sus prelados el estado de decadencia en que ahora se encuentran; y el medio por donde se ha de adquirir este crédito y autoridad es lavando la ropa y guisando la olla, sin tener necesidad de nadie, procurando emplearse en el servicio de las almas de los prójimos».

La de Francisco es una respuesta que muestra el estilo de vida que ha tenido, que tiene y que quiere que caracterice su relación con los demás y su trabajo apostólico: la sencillez del pobre, del que no se hace servir estando al servicio de todos, ofreciendo el mejor servicio, el de que puedan conocer a Cristo, al Señor que ha dado sentido a su vida.

Los más necesitados

Coma ya había hecho antes durante el viaje se pone al servicio de los más necesitados, sobre todo de los enfermos. Las condiciones de aquellos viajes eran deplorables, sobre todo para los de baja condición y para la tropa. Eran frecuentes las muertes y las personas que enfermaban por las condiciones en que se viajaba. Francisco se pone a su servicio: los cuida, les prepara la comida y reparte la suya, los cura, los consuela hu¬mana y espiritualmente. Este viaje de Francisco, como todos los que seguirán y las esperas en tierra entre un viaje y otro, no son tiempos de «espera» de paso entre un trabajo y otro, son tiempos de dedicación plena al servicio de los demás, de los más necesitados.

P. Luis Pérez Hernández s.x.


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