S?bado, 21 de octubre de 2006
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo 22 de Octubre, XXIX del tiempo ordinario.


Los grandes ejercen el poder



XXIX Domingo del tiempo ordinario (B)
Isa?as 53, 2a. 3a. 10-11; Hebreos 4, 14-16; Marcos 10, 35-45

?Entonces Jes?s, llam?ndoles, les dijo: ?Sab?is que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como se?ores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. Pero no ha de ser as? entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, ser? vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, ser? esclavo de todos??. Despu?s de aqu?l sobre las riquezas, el Evangelio de este domingo nos da a conocer el juicio de Cristo sobre otro de los grandes ?dolos del mundo: el poder. Tampoco el poder es intr?nsecamente malo, como no lo es el dinero. Dios se define a s? mismo ?el omnipotente? y la Escritura dice que ?el poder pertenece a Dios? (Sal 62, 12).

Ya que, sin embargo, el hombre hab?a abusado del poder que se le concedi?, transform?ndolo en dominio del m?s fuerte y en opresi?n del d?bil, ?qu? hizo Dios? Para darnos ejemplo se despoj? de su omnipotencia; de ?omnipotente? se hizo ?impotente?. ?Se despoj? de s? mismo, tomando la condici?n de siervo? (Flp 2, 7).Transform? el poder en servicio. La primera lectura del d?a contiene una descripci?n prof?tica de este salvador ?impotente?: ?Creci? como un reto?o delante de ?l, como ra?z de tierra ?rida. Despreciado y deshecho de hombres, var?n de dolores y sabedor de dolencias?.

Se revela as? un nuevo poder, el de la cruz: ?Ha escogido Dios m?s bien lo necio del mundo para confundir a los sabios? (1 Cor 1, 24-27). Mar?a, en el Magnificat, canta anticipadamente esta revoluci?n silenciosa obrada por la venida de Cristo: ?Derrib? del trono a los poderosos? (Lc 1, 52).

?Qui?n es puesto bajo acusaci?n por esta denuncia del poder? ?S?lo los tiranos y dictadores? ?Ojal? as? fuera! Se tratar?a, en este caso, de excepciones. En cambio nos afecta a todos. El poder tiene infinitas ramificaciones, se mete por todas partes, como cierta arena del Sahara cuando sopla el viento siroco. Hasta en la Iglesia. El problema del poder no se plantea, por lo tanto, s?lo en el mundo pol?tico. Si nos quedamos ah?, no hacemos m?s que unirnos al grupo de los que est?n siempre dispuestos a dar golpes, por sus propias culpas... en el pecho de los dem?s. Es f?cil denunciar culpas colectivas, o del pasado; m?s dif?cil las personales y del presente.

Mar?a dice que Dios ?dispers? a los soberbios de coraz?n; derrib? del trono a los poderosos? (Lc 1, 51 s.). Ella se?ala impl?citamente un ?mbito preciso en el que hay que empezar a combatir la ?voluntad de poder?: el del propio coraz?n. Nuestra mente (?los pensamientos del coraz?n?) puede convertirse en una especie de trono en el que nos sentamos para dictar leyes y fulminar a quine no se somete. Somos, al menos en los deseos si no en los hechos, los ?poderosos en los tronos?. En la familia misma es posible, lamentablemente, que se manifieste nuestra voluntad innata de dominio y atropello, causando continuos sufrimientos a quien es v?ctima de ello, frecuentemente (no siempre) la mujer.

?Qu? opone el Evangelio al poder? ?El servicio! Un poder para los dem?s, no sobre los dem?s. El poder confiere autoridad [en el sentido de dominio. Ndt], pero el servicio confiere algo m?s, autoridad que significa respeto, estima, una ascendencia verdadera sobre los dem?s. Al poder el Evangelio opone tambi?n la no-violencia, esto es, un poder de otro tipo, moral, no f?sico. Jes?s dec?a que habr?a podido pedir al Padre doce legiones de ?ngeles para derrotar a los enemigos que estaban a punto de acudir para crucificarle (Mt 26,53), pero prefiri? rogar por ellos. Y fue as? que logr? su victoria.

El servicio no se expresa, sin embargo, siempre y s?lo con el silencio y la sumisi?n al poder. A veces puede impulsar a alzar valientemente la voz contra el poder y contra sus abusos. As? lo hizo Jes?s. ?l experiment? en su vida el abuso del poder pol?tico y religioso de la ?poca. Por ello es cercano a todos cuantos, en cualquier ambiente (en la familia, en la comunidad, en la sociedad civil), pasan por la experiencia de un poder malo y tir?nico. Con su ayuda es posible, como hizo ?l, no ?sucumbir al mal?, m?s a?n, vencer ?el mal con el bien? (Rm 12, 21).

[Traducci?n del italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:56  | Espiritualidad
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