Viernes, 27 de octubre de 2006
La Delegaci?n del Clero de la Di?cesis de Tenerife env?a el tema de la formaci?n permanente


LA PRESENTACI?N DE JES?S
EN LOS TRES PRIMEROS EVANGELIOS


1. LOS EVANGELISTAS, ESCRITORES HUMILDES.

En el manual m?s sencillo de introducci?n a los Evangelios aparecer? necesariamente una frase que dir?: los Evangelios no son biograf?as o historias de Jes?s en el sentido moderno de la palabra; ni siquiera en el sentido de las historias o biograf?as de los autores antiguos, anteriores a los evangelistas o contempor?neos suyos. Los Evangelios no fueron escritos como las obras de esos autores para engrosar la producci?n literaria
de la antig?edad, sino como instrumentos de predicaci?n y catequesis dentro de la Iglesia, que entonces no era la gran Iglesia de hoy, sino la naciente Iglesia de Palestina y
las ciudades importantes del Oriente griego.

Por lo que se refiere a San Marcos, el mismo Nuevo Testamento nos lo indica expl?citamente. En el libro de los Hechos de los Ap?stoles leemos que, en su primer viaje, San Pablo, al que acompa?a Bernab?, lleva como ?ayudante? o ?ministro? a Juan,
que poco antes es llamado Juan Marcos. Que con la alabra ?ministro? no se quiere indicar un servicio ordinario, como el de un escudero a un hidalgo en viaje, lo vemos
por el pr?logo del Evangelio de Lucas, que emplea el mismo t?rmino para referirse a los ?ministros de la palabra?, de los que el tercer evangelista dice que ha recogido la tradici?n sobre Jes?s que va a ofrecer en su libro. San Marcos, por tanto, fue un
ministro de la palabra, un colaborador de San Pablo, luego de Bernab? y por fin de San Pedro en la predicaci?n del Evangelio. Y como parte de su trabajo apost?lico, de su ministerio de la palabra, escribi? su Evangelio.

Ya esto nos dice que los evangelistas no fueron literatos profesionales. A la misma conclusi?n llegamos leyendo los Evangelios: el griego en que est?n escritos no es el griego literario que escrib?an los autores paganos de la ?poca, sino el griego vulgar, que hoy conocemos mejor gracias a las cartas y documentos privados que nos han conservado los papiros egipcios. San Mateo y San Lucas mejoran muchas veces la lengua y la redacci?n de San Marcos, pero no llegan a ofrecemos en sus Evangelios obras de la gran literatura. Esto no es un descubrimiento de la ciencia b?blica moderna. Ya San Agust?n, que no era s?lo un Santo Padre, sino tambi?n un gran entendido en el arte de la gram?tica y la ret?rica, escrib?a: ?Cristo envi? al mar de este mundo unos pocos pescadores armados con las redes de la fe, no instruidos en las disciplinas liberales, totalmente ignorantes de cuanto pertenece a las doctrinas de estas artes, no preparados en gram?tica, ni armados de dial?ctica, ni hinchados
de ret?rica?.

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San Agust?n, por tanto, como hab?an hecho ya los grandes padres
griegos como San Juan Cris?stomo, no tiene reparo en afirmar que los evangelistas carec?an de toda formaci?n literaria.
Pero junto a la humildad literaria de los Evangelios, en la que insiste muchas veces en sus sermones y escritos, el sabio obispo de Hipona resalta tambi?n la profundidad de su contenido. La vasija es de barro, pero en su interior guarda oro puro. As?, comentando el episodio de la vocaci?n de los ap?stoles pescadores, dice: ?Hoy muy h?bil tiene que ser el orador que pueda exponer dignamente lo que escribi? el pescador?
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Con estas palabras, San Agust?n expresa maravillosamente el
misterio que entra?a la Sagrada Escritura. De igual modo que en el Jes?s de Nazaret que se fatiga del camino, tiene sed, llora y es crucificado por sentencia del procurador Poncio Pilato, la Iglesia ve el Verbo de Dios hecho carne, as? en estos escritos venera y oye la Palabra de Dios, que llega a los hombres en el ropaje humilde de una gram?tica y una ret?rica campesina y ruda.

Pero en todo escrito humano, para que haya riqueza de contenido, debe haber tambi?n una cierta habilidad literaria. As? lo vemos en las literaturas populares de todas las latitudes. Los Evangelios pertenecen en gran medida a este tipo de literatura; por eso los autores alemanes que desde 1920 aplicaron a los Evangelios el m?todo llamado de la historia o cr?tica de las formas los clasifican como ?peque?a literatura?, por oposici?n a la ?gran literatura?, es decir, a las obras de autores que escriben con conciencia de literatos y pensadores. Centr?ndonos en la primera p?gina de los tres primeros Evangelios, la que hace la presentaci?n del ministerio de Jes?s, vamos a ver ahora c?mo en ella los evangelistas, en su condici?n de escritores al servicio de la predicaci?n, denuncian dentro de su sencillez una notable habilidad literaria; habilidad que parece exigida y provocada por la grandeza de lo que quieren expresar.

1 De Civ. Dei. XXII, 5.
2 Sermo 250, 1


2. LA PRESENTACI?N DE JES?S EN EL EVANGELIO DE SAN MARCOS

En el libro de los Hechos de los Ap?stoles tenemos varios discursos de San Pedro y San Pablo. Naturalmente, estos discursos no son reproducci?n taquigr?fica de los originales: el de San Pablo en Antioqu?a de Pisidia, por ejemplo, que es uno de los
m?s largos, puede leerse en menos de cinco minutos; es innconcebible que el ap?stol realizase un largo y penoso viaje desde Chipre y a trav?s de las monta?as de Panfilia para hablar s?lo durante cinco minutos en la sinagoga de Antioqu?a. Lo que
San Lucas nos ofrece en Hechos son res?menes de la predicaci?n apost?lica, sermones en miniatura, como muestra de lo que era la primera presentaci?n del Evangelio a los distintos auditorios. En estos sermones hay siempre un elemento esencial: una descripci?n esquem?tica del ministerio de Jes?s, su muerte y resurrecci?n. He aqu? esta descripci?n, seg?n aparece en el discurso de San Pedro
que prepara el bautismo del centuri?n Cornelio:

Vosotros conoc?is la palabra esparcida por toda Judea, comenzando por Galilea, despu?s del bautismo que Juan predic?: a Jes?s de Nazaret, c?mo Dios lo ungi? con Esp?ritu Santo y poder, y pas? por todas partes haciendo el bien y curando a todos los tiranizados por el diablo, pues Dios estaba con ?l. Y nosotros somos testigos de todo cuanto obr?, tanto en el pa?s de los jud?os como en Jerusal?n; y lo llegaron a matar colg?ndolo de un madero. A ?ste, Dios lo resucit? al tercer d?a, e hizo la
gracia de que se manifestase visiblemente no a todo el pueblo, sino a los testigos escogidos de antemano por Dios, a nosotros, que con ?l comimos despu?s que ?l resucit? de entre los muertos (Hch 10, 37-41).

Salta a la vista que este pasaje del discurso de San Pedro es un compendio del Evangelio de San Marcos, o que el Evangelio de San Marcos es un desarrollo de este pasaje del discurso. Todos los Evangelios se cierran con la resurrecci?n y las apariciones de Jes?s, pero s?lo el de San Marcos comienza con la presentaci?n del Bautista, como preludio a su presentaci?n de Jes?s. San Marcos, por tanto, abre su Evangelio con la presentaci?n de un hecho, no con la afirmaci?n de una verdad abstracta: la aparici?n p?blica de Jes?s, el comienzo de su ministerio. Veamos ahora el modo literario con que hace la presentaci?n de este acontecimiento.

Al leer hoy en una traducci?n esta primera p?gina de San Marcos nadie sospecha los quebraderos de cabeza que ha dado a los comentaristas. Y sin embargo, el original griego contiene tal cantidad de extra?ezas gramaticales y redaccionales, que
algunos autores han llegado a sugerir una audaz hip?tesis: la edici?n original del Evangelio de San Marcos perdi? su primera p?gina ?al mismo tiempo que la ?ltima, que pertenec?a a la misma hoja de papiro que la primera?, y lo que hoy

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tenemos es un tosco remiendo debido a la mano de un torpe escriba ?semejante al que otro escriba a?adi? al final?. Entre las cosas que hoy extra?an en el comienzo de Marcos mencionaremos dos: que el evangelista cite las palabras del profeta (vv.
2-3) que se cumplen con la aparici?n de Juan en el desierto antes de decir que ?ste predicaba un bautismo de penitencia (v. 4), y que hable de las multitudes que acuden a recibir este bautismo antes de describir el aspecto exterior y el modo de
vida del Bautista (v. 6: ?iba vestido de pelos de camello, con un cintur?n de cuero en la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre?).

Pero un examen atento del texto original hace muy probable la hip?tesis de que aqu? nos hallamos ante un fen?meno que se repite con cierta frecuencia en San Marcos: un griego extra?o por traducci?n literal de un original arameo, la lengua en que
predic? Jes?s y que utilizaron los ap?stoles en su primera predicaci?n dentro de Palestina. Leyendo el texto griego a la luz del arameo, las extra?ezas de esta p?gina desaparecen y descubrimos una presentaci?n solemne del Bautista, como
pre?mbulo a la aparici?n de Jes?s, que tiene mucho de la grandiosidad con que en el Antiguo Testamento se describen las intervenciones de Dios. Teniendo en cuenta esta historia literaria del texto de San Marcos, la primera p?gina de su Evangelio debe traducirse as?:

Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Como est? escrito en el profeta Isa?as: ?He aqu? que env?o mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino; voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Se?or, enderezad sus sendas?, comenz? Juan el Bautista a predicar en el desierto un bautismo de penitencia para perd?n de los pecados. Y acud?an a ?l toda la regi?n de Judea y los jerosolimitanos todos, y eran bautizados por ?l en el r?o Jord?n, confesando sus pecados
(Mc 1,1-5).

Como es f?cil apreciar, lo que aqu? tenemos es un p?rrafo solemne y de cierta longitud, dividido en dos partes. La primera dice c?mo, cumpli?ndose la profec?a de Isa?as, Juan el Bautista comienza a predicar en el desierto un bautismo de
penitencia; la segunda describe el eco que la predicaci?n de Juan encuentra en las multitudes que acuden. Ambas cosas constituyen el acontecimiento que prepara la aparici?n de Jes?s. Por eso no hay nada anormal en la redacci?n de San Marcos, ni en la colocaci?n de la cita antes de la narraci?n del hecho, ni en la menci?n de las turbas antes de describir la indumentaria y la dieta de Juan, es decir, antes de presentarlo. En cuanto a la colocaci?n de la cita prof?tica, este comienzo de San
Marcos tiene un paralelo muy cercano en un libro del Antiguo Testamento: el de Esdras. Este libro va a narrar el retorno de los exiliados en Babilonia y la restauraci?n de la vida religiosa en Jerusal?n y Jud?. Pero el autor sagrado no
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escrib?a simplemente para satisfacer la curiosidad de sus lectores, sino para alimentar su fe haci?ndoles ver la mano de Dios en la historia de su pueblo. Por eso, en un estilo sencillo pero solemne, comienza:

El a?o primero de Ciro, rey de Persia, cumpli?ndose la palabra del Se?or por boca de Jerem?as, profeta, suscit? Dios el esp?ritu de Ciro, rey de Persia, que hizo pregonar de palabra y por escrito en todo su reino: ??Qui?n hay entre vosotros de todo su pueblo? Sea Dios con ?l y suba a Jerusal?n,que est? enJ ud?,y edifique la casa del Dios deI srael...?
(Esd1,1-5).

Lo que el autor sagrado quiere decir con este p?rrafo inicial de su libro es lo siguiente: el retorno de Babilonia, que en el plano terreno fue obra de la pol?tica tolerante de Ciro y dem?s reyes persas, fue a la vez un acontecimiento que entraba
en el plan de Dios; estaba anunciado por el profeta. Lo mismo viene a decir San Marcos con el p?rrafo inicial de su Evangelio: la aparici?n del Bautista predicando en el desierto tiene lugar seg?n el plan de Dios, cuyos primeros pasos est?n descritos en los libros sagrados del Antiguo Testamento, y cuya culminaci?n va a narrar ?l en su libro.

A continuaci?n, San Marcos describe la indumentaria y la dieta del Bautista con estas palabras:

Y Juan iba vestido de pelos de camello, con un cintur?n de cuero en la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestres (1, 6).

Desde el punto de vista literario, esta descripci?n del Bautista no pod?a venir antes: hubiera estropeado la redacci?n del p?rrafo inicial. Por eso San Marcos la hace ahora, antes de ofrecer el contenido de la predicaci?n de Juan. Pero en ella hay dos
cosas que llaman la atenci?n. En primer lugar, el hecho de que Juan fuese vestido as? y comiera saltamontes no repercute para nada en la narraci?n que sigue; para entender ?sta, el lector no necesitaba ser informado sobre qu? com?a y c?mo iba vestido el Bautista. En segundo lugar, sin embargo, esta descripci?n de la
indumentaria del Bautista es muy semejante a la que el libro segundo de los Reyes hace de la indumentaria de El?as, que dice as?:

Era un hombre vestido de pieles y con un cintur?n de cuero a la cintura (2R 1,8).

Esto nos permite entender por qu? San Marcos se detiene a damos una informaci?n aparentemente innecesaria: en Juan Bautista habla el esp?ritu de El?as, uno de los mayores profetas del Antiguo Testamento y el m?s vinculado a la expectaci?n
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mesi?nica jud?a en tiempo de Jes?s. Y San Marcos dice esto con su descripci?n de la indumentaria de Juan inmediatamente antes de dar un breve extracto de su predicaci?n, o mejor proclamaci?n. As? hace que sus palabras adquieran la m?xima autoridad: la misma que para el jud?o piadoso ten?an las palabras de los profetas,
porque en Juan hablaba el ?ltimo de los profetas. Estos pre?mbulos solemnes, redactados con palabras y en el estilo de las Sagradas Escrituras, nos revelan todo su sentido cuando leemos las palabras del Bautista que vienen a continuaci?n:

Detr?s de m? viene el que es m?s poderoso que yo, al que no soy digno de desatar, agach?ndome, la correa de las sandalias. Yo os bautizo en agua, pero ?l os bautizar? en Esp?ritu Santo (1,7s).

Estas son las ?nicas palabras que San Marcos pone en boca del Bautista. No ofrece nada de lo que fue su llamada a la conversi?n. Las ?nicas palabras de Juan que ha recogido son las que hablan de Jes?s, las que hacen la presentaci?n de Jes?s y a la vez describen su categor?a superior: el que viene detr?s del Bautista est? muy por encima de ?l.

Ahora entendemos la raz?n de ser de la solemnidad de los vers?culos anteriores: con ella, en realidad, San Marcos no pretend?a hacer una presentaci?n solemne de Juan, sino de Jes?s por medio de Juan. Por eso ya San Marcos est? diciendo lo que dir? m?s tarde el pr?logo del cuarto Evangelio: Juan Bautista no era la luz, pero apareci? para dar testimonio de la luz. Esto es lo que decimos cuando lo llamamos ?el Precursor?, es decir, el heraldo que corre delante para anunciar la llegada del
soberano.

San Marcos, por tanto, a pesar de su gram?tica ruda y el car?cter popular de su estil?stica, nos sorprende en esta primera p?gina de su Evangelio con una innegable habilidad literaria al servicio de la predicaci?n cristiana. Luego, a lo largo del libro,
encontraremos p?ginas en que la narraci?n est? hecha con una viveza y un arte extraordinarios, con recursos de aut?ntico estilista. Y siempre al servicio de su tarea de ministro de la palabra.

3. LA PRESENTACI?N DE JES?S EN EL EVANGELIO DE SAN MATEO

El Evangelio de San Mateo no comienza con la presentaci?n del Bautista como el de San Marcos, sino con la genealog?a y la infancia de Jes?s. Por eso en ?l el relato de la aparici?n del Bautista en el desierto no se prestaba tanto como en San Marcos
para hacer una presentaci?n solemne de Jes?s. As? nos lo permiten ver las diferencias que existen entre sus redacciones del episodio del Bautista. Como las m?s importantes se?alaremos aqu? dos.
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Por un lado, el cap?tulo 3 de San Mateo, que es donde narra la aparici?n del Bautista, comienza con una frase que liga el episodio con lo narrado en el cap?tulo anterior: ?Por aquellos d?as se present? Juan el Bautista predicando en el desierto de
Judea?. Con esto, la aparici?n de Juan ya no es un comienzo absoluto, ni tiene el car?cter solemne de una primera presentaci?n de Jes?s. Por otro lado, en San Mateo, Juan no es presentado exclusivamente como un heraldo que anuncia la
llegada de Jes?s; ciertamente San Mateo pone en su boca las mismas palabras que San Marcos: ?Detr?s de m? viene el que es m?s poderoso que yo, al que no soy digno de quitar las sandalias?
(3,11); pero estas palabras no son las primeras ni las
?nicas que le hace pronunciar. Antes, en el vers?culo 1, ha dicho: ?Por aquellos d?as se present? Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo:

?Arrepent?os, pues est? cerca el reino de los cielos??. Y tres vers?culos m?s adelante pone en su boca todo un serm?n, con una en?rgica llamada a la penitencia, que termina con las palabras que presentan a Jes?s. Como ocurre casi siempre, la redacci?n de San Mateo es aqu? acad?micamente m?s cuidada que la de San
Marcos, y su griego menos rudo. Pero por todo lo que hemos dicho, esta primera p?gina del ministerio p?blico en San Mateo no tiene la viveza y grandiosa sencillez de la p?gina paralela de San Marcos.

Esto no quiere decir que el primer Evangelio sea m?s pobre que el segundo, o que deje de decir algo que dice ?ste. La diferencia que hemos se?alado indica simplemente que en cada Evangelio tenemos un escritor distinto, como en los Cristos de los grandes pintores tenemos distintas maneras de representar al mismo
Cristo. Para ver c?mo San Mateo, con distinta t?cnica literaria, hace tambi?n una presentaci?n solemne de Jes?s al comienzo de su ministerio basta pasar del cap?tulo 3 al 4. Tras narrar el bautismo de Jes?s y las tentaciones, que en cierto modo no
forman parte del ministerio p?blico, el evangelista pasa a narrar el comienzo de su predicaci?n en Galilea. San Marcos presenta este comienzo con una gran sobriedad:

Y despu?s que Juan fue entregado, vino Jes?s a Galilea, y all? predicaba el Evangelio de Dios, y dec?a: ?Se ha cumplido el tiempo y est? cerca el reino de Dios; arrepent?os y creed en el Evangelio? (1, 14s).

San Mateo, en cambio, sin a?adir nada a la informaci?n que nos ofrece San Marcos, hace del acontecimiento una presentaci?n solemne, compuesta casi exclusivamente de expresiones b?blicas, que es uno de los mayores aciertos literarios de su
Evangelio. Dice as?:
Habiendo o?do que Juan hab?a sido entregado [Jes?s] se retir? a
Galilea. Y dejando Nazaret se fue a habitar a Cafarna?n, la mar?tima, en
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los confines de Zabul?n y Neftal?, para que se cumpliese lo anunciado por el profeta Isa?as cuando dice: ?Tierra de Zabul?n y tierra de Neftal?, camino del mar, a orillas del Jord?n, Galilea de los gentiles: el pueblo que yac?a en tinieblas ha visto una gran luz, a los que habitaban en tierra y sombra de muerte ha amanecido una luz?. Desde entonces comenz? Jes?s a predicar y decir: ?Arrepent?os, pues est? cerca el reino de los cielos? (4,12-17).

San Mateo interrumpe con frecuencia su relato para decir lo mismo que aqu?: que lo narrado es cumplimiento de unas palabras prof?ticas. Este hecho y otros datos recogidos en un examen literario de su Evangelio han movido a algunos autores a
sospechar que el autor del primer Evangelio ?es decir, del actual Evangelio griego? fue un escriba jud?o, familiarizado por tanto con las Sagradas Escrituras y la ex?gesis de las mismas, que se hab?a convertido al cristianismo. Y ciertamente el primer Evangelio, que es una reelaboraci?n del primitivo escrito arameo de Mateo el ap?stol, es obra de un h?bil escriba cristiano, un ministro de la palabra con m?s preparaci?n t?cnica, podr?amos decir, que San Marcos.

As? lo vemos de modo especial en la p?gina que estamos comentando. El evangelista, ante este or?culo de Isa?as dirigido a los habitantes de Galilea, del antiguo territorio de las tribus de Zabul?n y Neftal?, deportados a Mesopotamia por los reyes asirios, vio que la aparici?n de una gran luz en medio de las tinieblas era en realidad lo que hab?a tenido lugar con el comienzo de la predicaci?n de Jes?s en Galilea. La luz de que hablaba el profeta era Jes?s y su palabra. Por eso, para
expresar esta gozosa realidad, no se limita a decir, como San Marcos, que Jes?s march? desde el Jord?n a Galilea y empez? a predicar. Presenta el acontecimiento como realizaci?n de la profec?a sobre la luz que brilla para los que moran en
tinieblas y sombras de muerte; y para ello describe el lugar en que Jes?s inicia su predicaci?n con las palabras mismas de la profec?a: Jes?s marcha a Cafarna?n, la mar?tima ?que responde al ?camino del mar? del profeta?, a los confines de Zabul?n y Neftal?, dato que no es una puntualizaci?n geogr?fica, sino un medio de hacer resaltar la correspondencia entre la aparici?n de Jes?s predicando y la aparici?n de la gran luz que el profeta anunciaba a la tierra de Zabul?n y Neftal?. De este modo, el sencillo acontecimiento del retorno de Jes?s a Galilea adquiere las dimensiones de un gran acontecimiento, enmarcado en el plan de Dios como en la primera p?gina de San Marcos; un contecimiento que desborda los l?mites de la historia humana por ser el comienzo de la obra salvadora de Dios por medio de
Jesucristo. Con la aparici?n de Jes?s en Galilea, Dios hace brillar una gran luz para los que habitan en tinieblas. Este modo de presentar a Jes?s como luz ser? uno de los preferidos del cuarto Evangelio; recu?rdense el pr?logo y el relato de la curaci?n del ciego de nacimiento.
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4. LA PRESENTACI?N DE JES?S EN EL EVANGELIO DE SAN LUCAS.

En el Evangelio de San Lucas encontramos el mismo fen?meno que en el de San Mateo: la aparici?n del Bautista y el bautismo de Jes?s no se hallan al comienzo del libro, sino en el cap?tulo 3, tras dos cap?tulos dedicados a la infancia de Jes?s. Al mismo tiempo, su presentaci?n del Bautista es m?s a?n que en San Mateo la de un predicador de penitencia: adem?s de las palabras de severa amenaza que San Mateo pone en boca de Juan, San Lucas lo presenta dando consejos a los diversos grupos de gente que acuden a
?l pregunt?ndole: ?qu? hemos de hacer? (3,10-14). Todo esto nos hace ver que San Lucas, a pesar de que tambi?n en ?l Juan habla de Jes?s como el que viene detr?s de ?l y es m?s poderoso que ?l, y al que no es digno de desatar la correa de las sandalias, no
quiso narrar el episodio de forma que el relato fuese una presentaci?n solemne de Jes?s como en San Marcos.

Pero el parecido de San Lucas con San Mateo no se queda aqu?: tambi?n San Lucas hace en el cap?tulo siguiente, al narrar el comienzo de la predicaci?n en Galilea, una presentaci?n solemne de Jes?s. Veamos c?mo. Tras narrar las tentaciones de Jes?s en el
desierto, San Lucas contin?a:
Y volvi? Jes?s con la fuerza del Esp?ritu a Galilea, y su fama se extendi? por toda la comarca. Y ?l ense?aba en sus sinagogas, y era aclamado por todos (4,14s).

Ya en estas palabras, que vienen a repetir lo que dicen San Marcos y San Mateo, observamos una diferencia: Jes?s regresa desde el desierto a Galilea impulsado por la fuerza del Esp?ritu. Con esto el evangelista est? diciendo que no narra una historia
profana ordinaria, sino una historia sagrada, es decir, una historia cuyo personaje principal es Dios. Pero la gran originalidad de San Lucas aqu? es el episodio que sigue
inmediatamente: el de la predicaci?n de Jes?s en la sinagoga de Nazaret. El texto dice:
Y fue a Nazaret, donde se hab?a criado, y entr?, seg?n su costumbre, el d?a de s?bado en la sinagoga y se levant? a leer. Y le fue entregado el libro del profeta Isa?as; y abriendo el libro encontr? el lugar en que estaba escrito: ?El Esp?ritu del Se?or est? sobre m?, pues me ha ungido; para anunciar una buena nueva a los pobres me ha enviado, para pregonar a los cautivos remisi?n, y a los ciegos vista; para enviar con libertad a los
oprimidos, para proclamar un a?o de gracia del Se?or? [Is 61,1-2; 58, 6].
Y enrollando el libro lo entreg? al servidor y se sent?. Y los ojos de todos en la sinagoga estaban clavados en ?l. Y comenz? a decirles: ?Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros o?dos [=delante de vosotros]?. Y todos
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daban testimonio a su favor y se maravillaban de las palabras de gracia que sal?an de sus labios, y dec?an: ??No es ?ste el hijo de Jos??? (4,1622).

Es innegable que esta escena est? revestida de una grandiosa solemnidad ?obs?rvese, por ejemplo, el dato de que ?los ojos de todos estaban clavados en ?l??, que en ella tenemos un comienzo solemne del ministerio de Jes?s. Y en este caso estamos seguros
le que la solemnidad de la presentaci?n es obra del evangelista Lucas, que pone as? su arte de escritor al servicio de la catequesis cristiana. En hip?tesis cabr?a decir: si San
Lucas quer?a narrar los hechos de la vida de Jes?s, y uno de los primeros fue su predicaci?n en Nazaret, su relato no es obra literaria, sino reflejo fiel de los hechos. Pero tenemos motivos para pensar que la cosa no es tan simple. Esta p?gina de San Lucas es una de las m?s adecuadas para hacer ver c?mo ?l, y los dem?s autores de Evangelios, son a la vez historiadores y evangelistas.

Tambi?n los otros dos Evangelios sin?pticos contienen una escena de Jes?s predicando en la sinagoga de Nazaret, pero se diferencian de San Lucas en dos cosas: por un lado colocan la escena no al comienzo del ministerio de Jes?s, sino m?s bien hacia el final de su actividad en Galilea; por otro, su relato es m?s breve que el de San Lucas, y su brevedad se debe sobre todo a que no contienen el pasaje que hemos ofrecido, el que habla de la lectura de Isa?as por Jes?s y su afirmaci?n de que la profec?a se estaba cumpliendo delante de sus oyentes. Se pod?a pensar que el episodio tuvo lugar al comienzo del ministerio, y que San Marcos y San Mateo lo han desplazado m?s adelante. Pero hay otros casos en que es muy claro que San Lucas cambi? de lugar una escena porque con ello lograba una mejor presentaci?n literaria o un mayor efecto catequ?tico; y esto es, sin duda, lo que hizo en la escena de la predicaci?n de Jes?s en Nazaret.

El evangelio de San Marcos, que fue la fuente principal que utiliz? San Lucas para componer el suyo, hablaba al comienzo en t?rminos generales de la predicaci?n de Jes?s en Galilea, y m?s adelante narraba el episodio de la predicaci?n en la sinagoga de
Nazaret. El escritor y evangelista Lucas vio, por una parte, que aquel modo de comenzar el relato del ministerio de Jes?s era demasiado vago y literariamente poco expresivo, y lo sustituy? por un ejemplo concreto: el de la predicaci?n de Jes?s en Nazaret. Por otra parte, San Lucas, utilizando otro material que le ofrec?a la tradici?n o redactando de su propia mano, convirti? la escena de la sinagoga de Nazaret en una proclamaci?n
solemne de lo que representaba en el plan de Dios la predicaci?n y la obra de Jes?s. Y de esta manera compuso una escena que es a la vez un acierto literario y catequ?tico: el lector aprend?a as? desde la primera p?gina el sentido de todo lo que leer?a despu?s en el libro sobre Jes?s.
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Antes de terminar el comentario a esta primera p?gina de San Lucas debemos se?alar un dato interesante. Seg?n nos dice una antigua tradici?n eclesi?stica, que es confirmada por el an?lisis de sus dos libros, San Lucas era un gentil, probablemente de Antioqu?a, que trabaj? luego con San Pablo en la predicaci?n del Evangelio a los gentiles. De ah? su inter?s por destacar el car?cter universalista del Evangelio de Jesucristo. Y, sin
embargo, como lo vemos claramente en su relato de la predicaci?n de Jes?s en Nazaret, no ha roto con la tradici?n jud?a. Su presentaci?n solemne de la predicaci?n de Jes?s est? hecha, como las de San Marcos y San Mateo, con una cita del Antiguo Testamento.
De modo semejante, San Pablo, cuando escribe a comunidades compuestas quiz? exclusivamente de cristianos de origen gentil, como las de Galacia o Corinto, apoya sus afirmaciones con argumentos tomados de la Escritura Sagrada jud?a, el Antiguo
Testamento, e incluso utiliza razonamientos caracter?sticos de los escribas jud?os y totalmente extra?os al pensamiento griego. Esto tiene una explicaci?n muy sencilla: el n?cleo del Evangelio que predica la Iglesia, la vida, muerte y resurrecci?n de Jes?s, es, como dice San Lucas con su escena de Nazaret, el cumplimiento de cuanto Dios hab?a anunciado por medio de sus profetas, la realizaci?n de la prolongada espera que llena los d?as y las p?ginas del Antiguo Testamento. Jes?s es inconcebible sin el Antiguo Testamento y la tradici?n jud?a.

5. HISTORIA Y CATEQUESIS EN LOS EVANGELIOS

Este an?lisis de tres p?ginas evang?licas nos pone en condiciones de entender qu? clase de libros son los evangelios, y a la vez de explicarnos sus divergencias dentro de su gran parecido. Los evangelistas quieren narrar una historia, la historia de Jes?s de Nazaret; pero al verdadero significado de esta historia s?lo se llega por la fe. Ve?amos, por ejemplo, c?mo San Mateo no se limita a decir que Jes?s volvi? del desierto a Galilea y
comenz? a predicar, sino dice: ?Fue a habitar a Cafarna?n, la mar?tima, en los confines de Zabul?n y Neftal?, para que se cumpliese lo anunciado por el profeta Isa?as...? As?
San Mateo narra un hecho real, que ning?n cr?tico pondr? en duda: que Jes?s desarroll? la mayor parte de su ministerio en Galilea, teniendo como centro la ciudad de Cafarna?n. Pero al narrar este hecho con palabras del profeta y decir luego que ?stas se
cumplen en ese hecho, est? proclamando algo que s?lo pueden ver los ojos de la fe.

Los evangelistas narran como predicadores y catequistas que quieren llevar a la fe en Jes?s o mantenerla viva. De ah? que en gran parte, como en las tres distintas presentaciones del comienzo del ministerio de Jes?s, su relato sea m?s bien un canto, no una narraci?n prosaica. As? nos lo ha hecho ver el arte literario que pon?an en la presentaci?n estos humildes escritores que son los evangelistas.
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El Nuevo Testamento utiliza muchos t?tulos para nombrar a Jes?s: Hijo de Dios, Hijo del Hombre, Hijo de David, Mes?as-Cristo, Se?or, Siervo de Dios, Sumo Sacerdote, Cordero y otros. Esta riqueza de t?tulos nos est? diciendo: el misterio y la riqueza que encierran la persona y la obra de Cristo son tan grandes, que para expresarlos el lenguaje humano se ve forzado a movilizar todos sus recursos. Lo mismo ocurre con las primeras p?ginas de los evangelios sin?pticos que hemos comentado: las tres nos
presentan al mismo Jes?s, pero de modo distinto, con recursos literarios distintos. Para nosotros, esta variedad de presentaciones no es un engorro, sino una gran ventaja: en
ella tenemos diversos caminos para llegar a entender el misterio de Jesucristo, Hijo de Dios, y su obra salvadora; y a la vez diversos medios para mantenernos en la fe en ?l. Y esta fe har?, como dice San Juan al final de su evangelio, que tengamos vida en su nombre.
Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Espiritualidad
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