Viernes, 27 de octubre de 2006
Estas dos populares celebraciones tienen lugar los d?as 1 y 2 de noviembre


Desde hace m?s de un milenio -a partir del siglo IX-, la Iglesia Cat?lica celebra el 1 de noviembre la solemnidad lit?rgica de Todos los Santos, d?a de precepto.
En ese mismo contexto celebrativo y temporal, los monjes benedictinos de la c?lebre abad?a de Cluny, comenzaron tambi?n a celebrar al d?a siguiente -2 de noviembre- la conmemoraci?n de los fieles difuntos, que pronto se extendi? por toda la Iglesia y en el siglo XIV ten?a tambi?n lugar en Roma.

Ambas est?n unidas por el denominador com?n de la vida eterna despu?s de la vida terrena. Ambas han sido y siguen siendo muy populares hasta el que punto que el mes de noviembre es el mes de las ?nimas, tiempo propicio, pues, para rezar por los difuntos y para reflexionar sobre la llamada doctrina de la Iglesia de los "Nov?simos" o Escatolog?a, que no es sino el dogma cristiano de la resurrecci?n de los muertos y la respuesta al sentido de la vida y de la muerte.

1 de noviembre: Todos los Santos

El mi?rcoles 1 de noviembre es la solemnidad lit?rgica de Todos los Santos. Se trata de un popular y bien sentida fiesta cristiana, que al evocar a quienes nos han precedido en el camino de la fe y de la vida, gozan ya de la eterna bienaventuranza, son ya -por as? decirlo- ciudadanos de pleno derecho del cielo, la patria com?n de toda la humanidad de todos los tiempos.
Esta solemnidad lit?rgica, la Iglesia englobaba a todos los santos. Si durante el resto del a?o lit?rgico se nos ofrecen las memorias de distintos y conocidos santos, en la fiesta del 1 de noviembre protagonistas, sobre todo, los santos an?nimos, los santos desconocidos, los santos del pueblo, los santos de nuestras familias; santos, en definitiva, con rostro tan cercano hasta el punto se que no hay duda de que entre los santos del 1 de noviembre se incluyen amigos, paisanos, conocidos y familiares.
?Y qu? es ser santo? Afirmaba d?as atr?s el Papa Benedicto XVI: "El santo es aquel que est? tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que ?stas lo ir?n progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad est? dispuesto a renunciar a todo, tambi?n a s? mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del pr?jimo".
Santos de carne y hueso
Hace ya unos a?os el sacerdote y m?sico espa?ol Ces?reo Gabara?n, autor, por ejemplo, del popular "T? has venido a la orillas", compuso una canci?n en la que nos describ?a lo que es la santidad. Dec?a la letra de la canci?n: "Un santo no es un ?ngel, es hombre de carne y hueso, que sabe levantarse y volver a caminar. El santo no se olvida del llanto de su hermano, ni piensa que m?s bueno subi?ndose a un altar. Santo es el que vive su fe con alegr?a y lucha cada d?a pues vive para amar".
Adem?s, la fiesta de Todos los Santos, es tambi?n una llamada apremiante a que vivamos todos nuestra vocaci?n a la santidad seg?n nuestros propios estados de
vida, de consagraci?n y de servicio. En este tema insisti? mucho el Concilio Vaticano II, de cuya clausura se celebran ahora los 40 a?os. El cap?tulo V de su Constituci?n dogm?tica "Lumen Gentium" lleva por t?tulo "Universal vocaci?n a la santidad en la Iglesia".
La santidad no es patrimonio de algunos pocos privilegiados. Es el destino de todos, como fue, como lo ha sido para esa multitud de santos an?nimos a quienes hoy celebramos. Record?moslo: "Un santo no es un ?ngel, es hombre de carne y hueso, que sabe levantarse y volver a caminar. El santo no se olvida del llanto de su hermano, ni piensa que m?s bueno subi?ndose a un altar. Santo es el que vive su fe con alegr?a y lucha cada d?a pues vive para amar".

2 de noviembre: los fieles difuntos

El jueves 2 de noviembre es el d?a de la conmemoraci?n de los fieles difuntos. Nuestros cementerios y, sobre todo, nuestro recuerdo y nuestro coraz?n se llenan de la memoria, de la oraci?n ofrenda agradecidas y emocionadas a nuestros familiares y amigos difuntos.
La muerte es, sin duda, alguna la realidad m?s dolorosa, m?s misteriosa y, a la vez, m?s insoslayable de la condici?n humana. Como afirmara un c?lebre fil?sofo alem?n del siglo XX, "el hombre es un ser para la muerte". Sin embargo, desde la fe cristiana, el fatalismo y pesimismo de esta afirmaci?n existencialista y real, se ilumina y se llena de sentido. Dios, al encarnarse en Jesucristo, no s?lo ha asumido la muerte como etapa necesaria de la existencia humana, sino que la ha transcendido, la ha vencido. Ha dado la respuesta que esperaban y siguen esperando los siglos y la humanidad entera a la nuestra condici?n pasajera y caduca. La muerte ya no es final del camino. No vivimos para morir, sino que la muerte es la llave de la vida eterna, el clamor m?s profundo y definitivo del hombre de todas las ?pocas, que lleva en lo m?s profundo de su coraz?n el anhelo de la inmortalidad.
En el Evangelio y en todo el NT encontramos la luz y la respuesta a la muerte. Las vidas de los santos y su presencia tan viva y tan real entre nosotros, a pesar de haber fallecido, corroboran este dogma central del cristianismo que es la resurrecci?n de la carne y la vida del mundo futuro, a imagen de Jesucristo, muerto y resucitado.
Morir se acaba
Meses antes de fallecer, en junio de 1990, ya muy visitado por la hermana enfermedad, el periodista, sacerdote, escritor y poeta Jos? Luis Mart?n Descalzo, escribi?, con jirones de su propio cuerpo y de su propia alma, versos bell?simos y tan cristianos sobre la muerte.
Dicen as?: "Morir s?lo es morir. Morir se acaba./Morir es una hoguera fugitiva./Es cruzar una puerta a la deriva/y encontrar lo que tanto se buscaba./Acabar de llorar y hacer preguntas,/ver al Amor sin enigmas ni espejos;/descansar de vivir en la ternura;/tener la paz , la luz, la casa juntas/y hallar, dejando los dolores lejos,/la Noche-luz tras tanta noche oscura". (Jes?s de las Heras - Director de Ecclesia)
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