Domingo, 29 de octubre de 2006
ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del domingo 29 de octubre, XXX del tiempo ordinario.

Tomado de entre los hombres y constituido para los hombres


XXX Domingo del tiempo ordinario (B)
Jerem?as 31, 7-9; Hebreos 5, 1-6; Marcos 10, 46-52

El pasaje del Evangelio relata la curaci?n del ciego de Jeric?, Bartimeo... Bartimeo es alguien que no deja escapar la ocasi?n. Oy? que pasaba Jes?s, entendi? que era la oportunidad de su vida y actu? con rapidez. La reacci?n de los presentes (?le gritaban para que se callara?) pone en evidencia la inconfesada pretensi?n de los ?acomodados? de todos los tiempos: que la miseria permanezca oculta, que no se muestre, que no perturbe la vista y los sue?os de quien est? bien.

El t?rmino ?ciego? se ha cargado de tantos sentidos negativos que es justo reservarlo, como se tiende a hacer hoy, a la ceguera moral de la ignorancia y de la insensibilidad. Bartimeo no es ciego; es s?lo invidente. Con el coraz?n ve mejor que muchos otros de su entorno, porque tiene la fe y alimenta la esperanza. M?s a?n, es esta visi?n interior de la fe la que le ayuda a recuperar tambi?n la exterior de las cosas. ?Tu fe te ha salvado?, le dice Jes?s.

Me detengo aqu? en la explicaci?n del Evangelio porque me apremia desarrollar un tema presente en la segunda lectura de este domingo, relativa a la figura y al papel del sacerdote. Del sacerdote se dice ante todo que es ?tomado de entre los hombres?. No es, por lo tanto, un ser desarraigado o ca?do del cielo, sino un ser humano que tiene a sus espaldas una familia y una historia como todos los dem?s. ?Tomado de entre los hombres? significa tambi?n que el sacerdote est? hecho de la misma pasta que cualquier otra criatura humana: con los deseos, los afectos, las luchas, las dudas y las debilidades de todos. La Escritura ve en esto un beneficio para los dem?s hombres, no un motivo de esc?ndalo. De esta forma, de hecho, estar? m?s preparado para tener compasi?n, estando tambi?n ?l revestido de debilidad.

Tomado de entre los hombres, el sacerdote es adem?s ?constituido para los hombres?, esto es, devuelto a ellos, puesto a su servicio. Un servicio que afecta a la dimensi?n m?s profunda del hombre, su destino eterno. San Pablo resume el ministerio sacerdotal con una frase: ?Que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios? (1 Co 4,1). Esto no significa que el sacerdote se desinterese de las necesidades tambi?n humanas de la gente, sino que se ocupa tambi?n de ?stas con un esp?ritu diferente al de los soci?logos o pol?ticos. Frecuentemente la parroquia es el punto m?s fuerte de agregaci?n, incluso social, en la vida de un pueblo o de un barrio.

La que hemos trazado es una visi?n positiva de la figura del sacerdote. No siempre, lo sabemos, es as?. De vez en cuando las cr?nicas nos recuerdan que existe tambi?n otra realidad, hecha de debilidad e infidelidad... De ella la Iglesia no puede hacer m?s que pedir perd?n. Pero hay una verdad que hay que recordar para cierto consuelo de la gente. Como hombre, el sacerdote puede errar, pero los gestos que realiza como sacerdote, en el altar o en el confesionario, no resultan por ello inv?lidos o ineficaces. El pueblo no es privado de la gracia de Dios a causa de la indignidad del sacerdote. Es Cristo quien bautiza, celebra, perdona; el [sacerdote] es s?lo el instrumento.

Me gusta recordar, al respecto, las palabras que pronuncia antes de morir el ?cura rural? de Bernanos: ?Todo es gracia?. Hasta la miseria de su alcoholismo le parece gracia, porque le ha hecho m?s misericordioso hacia la gente. A Dios no le importa tanto que sus representantes en la tierra sean perfectos, cuanto que sean misericordiosos.

[Traducci?n del italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Espiritualidad
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