Lunes, 30 de octubre de 2006
ZENIT publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI en la concelebraci?n eucar?stica para la canonizaci?n de cuatro beatos, Rafael Gu?zar y Valencia, Felipe Smaldone, Rosa Venerini y Teodora Gu?rin, en la plaza de San Pedro del Vaticano el pasado 15 de octubre.


Queridos hermanos y hermanas:
Cuatro nuevos santos se proponen hoy a la veneraci?n de la Iglesia universal: Rafael Gu?zar y Valencia, Felipe Smaldone, Rosa Venerini y Teodora Gu?rin. Sus nombres se recordar?n siempre. Por contraste, viene a la mente inmediatamente el "joven rico", del que habla el evangelio reci?n proclamado. Este joven ha permanecido an?nimo; si hubiera respondido positivamente a la invitaci?n de Jes?s, se habr?a convertido en su disc?pulo y probablemente los evangelistas habr?an registrado su nombre. Este hecho permite vislumbrar enseguida el tema de la liturgia de la Palabra de este domingo: si el hombre pone su seguridad en las riquezas de este mundo no alcanza el sentido pleno de la vida y la verdadera alegr?a; por el contrario, si, fi?ndose de la palabra de Dios, renuncia a s? mismo y a sus bienes por el reino de los cielos, aparentemente pierde mucho, pero en realidad lo gana todo.

El santo es precisamente aquel hombre, aquella mujer que, respondiendo con alegr?a y generosidad a la llamada de Cristo, lo deja todo por seguirlo. Como Pedro y los dem?s Ap?stoles, como santa Teresa de Jes?s, a la que hoy recordamos, y como otros innumerables amigos de Dios, tambi?n los nuevos santos recorrieron este itinerario evang?lico, que es exigente pero colma el coraz?n, y recibieron "cien veces m?s" ya en la vida terrena, juntamente con pruebas y persecuciones, y despu?s la vida eterna.

Por tanto, Jes?s puede en verdad garantizar una existencia feliz y la vida eterna, pero por un camino diverso del que imaginaba el joven rico, es decir, no mediante una obra buena, un servicio legal, sino con la elecci?n del reino de Dios como "perla preciosa" por la cual vale la pena vender todo lo que se posee (cf. Mt 13, 45-46). El joven rico no logra dar este paso. A pesar de haber sido alcanzado por la mirada llena de amor de Jes?s (cf. Mc 10, 21), su coraz?n no logr? desapegarse de los numerosos bienes que pose?a.

Por eso Jes?s da esta ense?anza a los disc?pulos: "?Qu? dif?cil es que los que tienen riquezas entren en el reino de Dios!" (Mc 10, 23). Las riquezas terrenas ocupan y preocupan la mente y el coraz?n. Jes?s no dice que sean malas, sino que alejan de Dios si, por decirlo as?, no se "invierten" en el reino de los cielos, es decir, si no se emplean para ayudar a los pobres.

Comprender esto es fruto de la sabidur?a de la que habla la primera lectura. Esta sabidur?a ―nos dice― es m?s valiosa que la plata y el oro, a?n m?s que la belleza, la salud y la luz misma, "porque su resplandor no tiene ocaso" (Sb 7, 10). Obviamente, esta sabidur?a no se reduce ?nicamente a la dimensi?n intelectual. Es mucho m?s; es "sabidur?a del coraz?n", como la llama el salmo 89. Es un don que viene de lo alto (cf. St 3, 17), de Dios, y se obtiene con la oraci?n (cf. Sb 7, 7).

En efecto, esta sabidur?a no ha permanecido lejos del hombre, se ha acercado a su coraz?n (cf. Dt 30, 14), tomando forma en la ley de la primera alianza sellada entre Dios e Israel a trav?s de Mois?s. El Dec?logo contiene la sabidur?a de Dios. Por eso Jes?s afirma en el Evangelio que para "entrar en la vida" es necesario cumplir los mandamientos (cf. Mc 10, 19). Es necesario, pero no suficiente, pues, como dice san Pablo, la salvaci?n no viene de la ley, sino de la gracia. Y san Juan recuerda que la ley la dio Mois?s, mientras que la gracia y la verdad han venido por medio de Jesucristo (cf. Jn 1, 17).

Por tanto, para alcanzar la salvaci?n es preciso abrirse en la fe a la gracia de Cristo, el cual, sin embargo, pone una condici?n exigente a quien se dirige a ?l: "Ven y s?gueme" (Mc 10, 21). Los santos han tenido la humildad y la valent?a de responderle "s?", y han renunciado a todo para ser sus amigos. Eso es lo que hicieron los cuatro nuevos santos, a quienes hoy veneramos particularmente.

En ellos encontramos actualizada la experiencia de Pedro: "Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido" (Mc 10, 28). Su ?nico tesoro est? en el cielo: es Dios.

El evangelio que hemos escuchado nos ayuda a entender la figura de san Rafael Gu?zar y Valencia, obispo de Veracruz en la querida naci?n mexicana, como un ejemplo de quienes lo han dejado todo para "seguir a Jes?s". Este santo fue fiel a la palabra divina, "viva y eficaz", que penetra en lo m?s hondo del esp?ritu (cf. Hb 4, 12). Imitando a Cristo pobre se desprendi? de sus bienes y nunca acept? regalos de los poderosos, o bien los daba enseguida. Por ello recibi? "cien veces m?s" y pudo ayudar as? a los pobres, incluso en medio de "persecuciones" sin tregua (cf. Mc 10, 30). Su caridad vivida en grado heroico hizo que le llamaran el "Obispo de los pobres".


En su ministerio sacerdotal y despu?s episcopal, fue un incansable predicador de misiones populares, el modo m?s adecuado entonces para evangelizar a las gentes, usando su Catecismo de la doctrina cristiana.

Siendo una de sus prioridades la formaci?n de los sacerdotes, reconstruy? el seminario, que consideraba "la pupila de sus ojos", y por eso sol?a exclamar: "A un obispo le puede faltar mitra, b?culo y hasta catedral, pero nunca le puede faltar el seminario, porque del seminario depende el futuro de su di?cesis". Con este profundo sentido de paternidad sacerdotal enfrent? nuevas persecuciones y destierros, pero garantizando la preparaci?n de los alumnos.

Que el ejemplo de san Rafael Gu?zar y Valencia sea un llamado para los hermanos obispos y sacerdotes a considerar como fundamental en los programas pastorales, adem?s del esp?ritu de pobreza y de la evangelizaci?n, el fomento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, y su formaci?n seg?n el coraz?n de Cristo.

San Felipe Smaldone, hijo del sur de Italia, supo practicar en su vida las mejores virtudes propias de su tierra. Sacerdote de gran coraz?n, alimentado con la oraci?n constante y la adoraci?n eucar?stica, fue sobre todo testigo y servidor de la caridad, que manifestaba de modo eminente en el servicio a los pobres, en particular a los sordomudos, a los que se entreg? totalmente. La obra que inici? prosigue gracias a la congregaci?n de las religiosas Salesianas de los Sagrados Corazones, fundada por ?l, que se ha extendido por diversas partes de Italia y del mundo.


En los sordomudos san Felipe Smaldone ve?a reflejada la imagen de Jes?s, y sol?a repetir que, del mismo modo que nos arrodillamos ante el sant?simo Sacramento, as? tambi?n debemos arrodillarnos ante un sordomudo. Aceptemos, seg?n su ejemplo, la invitaci?n a considerar siempre indisolubles el amor a la Eucarist?a y el amor al pr?jimo. M?s a?n, la verdadera capacidad de amar a los hermanos s?lo puede venir del encuentro con el Se?or en el sacramento de la Eucarist?a.

Santa Rosa Venerini es otro ejemplo de disc?pula fiel de Cristo, dispuesta a abandonarlo todo para cumplir la voluntad de Dios. Sol?a repetir: "Me encuentro tan clavada a la voluntad divina, que no me importa ni la muerte ni la vida: quiero vivir cuanto ?l quiera, y quiero servirlo cuanto le agrade y nada m?s" (Biograf?a Andreucci, p. 515). De aqu?, de su abandono en Dios, brotaba la clarividente actividad que realizaba con valent?a en favor de la elevaci?n espiritual y de la aut?ntica emancipaci?n de las j?venes de su tiempo. Santa Rosa no se contentaba con proporcionar a las muchachas una instrucci?n adecuada; tambi?n se preocupaba por garantizarles una formaci?n completa, con s?lidas referencias a la ense?anza doctrinal de la Iglesia. Su mismo estilo apost?lico sigue caracterizando hoy la vida de la congregaci?n de las Maestras P?as Venerini, fundada por ella. ?Y cu?n actual e importante es tambi?n para la sociedad de hoy el servicio que prestan en el campo de la ense?anza y especialmente de la formaci?n de la mujer!

"Ve, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres..., y luego s?gueme". Estas palabras han impulsado a innumerables cristianos a lo largo de la historia de la Iglesia a seguir a Cristo en una vida de pobreza radical, confiando en la divina Providencia. Entre estos generosos disc?pulos de Cristo estaba una joven francesa, que respondi? incondicionalmente a la llamada del divino Maestro. La madre Teodora Gu?rin entr? en la congregaci?n de las Hermanas de la Providencia en 1823 y se dedic? a la tarea de ense?ar en escuelas. Luego, en 1839, sus superioras le pidieron que viajara a Estados Unidos para dirigir una nueva comunidad en Indiana.

Despu?s de su largo viaje por tierra y por mar, el grupo de seis hermanas lleg? a Saint Mary of the Woods. All? fundaron una sencilla capilla, una caba?a de madera, en medio del bosque. Se arrodillaron ante el sant?simo Sacramento y dieron gracias, pidiendo la ayuda de Dios para la nueva fundaci?n. Con gran confianza en la divina Providencia, la madre Teodora super? muchos desaf?os y persever? en la obra que el Se?or la hab?a llamado a realizar. En el momento de su muerte, en 1856, las hermanas dirig?an diversas escuelas y orfanatos en todo el Estado de Indiana. Como dijo ella misma: "?Cu?nto bien han hecho las Hermanas de Saint Mary of the Woods! Y mucho mayor bien podr?n hacer si permanecen fieles a su santa vocaci?n".

La madre Teodora Gu?rin es una hermosa figura espiritual y un modelo de vida cristiana. Estuvo siempre disponible para las misiones que la Iglesia le ped?a; en la Eucarist?a, en la oraci?n y en una infinita confianza en la divina Providencia encontraba la fuerza y la audacia para llevarlas a cabo. Su fuerza interior la impulsaba a prestar atenci?n particular a los pobres y en especial a los ni?os.


Queridos hermanos y hermanas, demos gracias al Se?or por el don de la santidad, que hoy resplandece en la Iglesia con singular belleza. Jes?s nos invita tambi?n a nosotros, como a estos santos, a seguirlo para tener en herencia la vida eterna. Que su testimonio ejemplar ilumine y anime especialmente a los j?venes, para que se dejen conquistar por Cristo, por su mirada llena de amor.

Mar?a, Reina de los santos, suscite en el pueblo cristiano hombres y mujeres como san Rafael Gu?zar y Valencia, san Felipe Smaldone, santa Rosa Venerini y santa Teodora Gu?rin, dispuestos a abandonarlo todo por el reino de Dios; dispuestos a hacer suya la l?gica del don y del servicio, la ?nica que salva al mundo. Am?n.

[Traducci?n distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 22:05  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios