Mi?rcoles, 01 de noviembre de 2006
ZENIT ha publicado el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia de la solemnidad de Todos los Santos, que ha celebrado la Iglesia el 1 de noviembre.

Solemnidad de Todos los Santos

La santidad no es un lujo...


XXX Domingo del tiempo ordinario (B)
Apocalipsis 7, 2-4.9-14; 1 Juan 3, 1-3; Mateo 5, 1-12a



Los santos que la liturgia celebra en esta solemnidad no son s?lo aquellos canonizados por la Iglesia y que se mencionan en nuestros calendarios. Son todos los salvados que forman la Jerusal?n celeste. Hablando de los santos, San Bernardo dec?a: ?No seamos perezosos en imitar a quienes estamos felices de celebrar?. Es por lo tanto la ocasi?n ideal para reflexionar en la ?llamada universal de todos los cristianos a la santidad?.

Lo primero que hay que hacer, cuando se habla de santidad, es liberar esta palabra del miedo que inspira, debido a ciertas representaciones equivocadas que nos hemos hecho de ella. La santidad puede comportar fen?menos extraordinarios, pero no se identifica con ellos. Si todos est?n llamados a la santidad es porque, entendida adecuadamente, est? al alcance de todos, forma parte de la normalidad de la vida cristiana.

Dios es el ??nico santo? y ?la fuente de toda santidad?. Cuando uno se aproxima a ver c?mo entra el hombre en la esfera de la santidad de Dios y qu? significa ser santo, aparece inmediatamente la preponderancia, en el Antiguo Testamento, de la idea ritualista. Los medios de la santidad de Dios son objetos, lugares, ritos, prescripciones. Se escuchan, es verdad, especialmente en los profetas y en los salmos, voces diferentes, exquisitamente morales, pero son voces que permanecen aisladas. Todav?a en tiempos de Jes?s prevalec?a entre los fariseos la idea de que la santidad y la justicia consisten en la pureza ritual y en la observancia escrupulosa de la Ley.

Al pasar al Nuevo Testamento asistimos a cambios profundos. La santidad no reside en las manos, sino en el coraz?n; no se decide fuera, sino dentro del hombre, y se resume en la caridad. Los mediadores de la santidad de Dios ya no son lugares (el templo de Jerusal?n o el monte de las Bienaventuranzas), ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo. En Jesucristo est? la santidad misma de Dios que nos llega en persona, no en una lejana reverberaci?n suya. ?l es ?el Santo de Dios? (Jn 6, 69)

De dos maneras entramos en contacto con la santidad de Cristo y ?sta se comunica a nosotros: por apropiaci?n y por imitaci?n. La santidad es ante todo don, gracia. Ya que pertenecemos a Cristo m?s que a nosotros mismos, habiendo sido ?comprados a gran precio?, de ello se sigue que, inversamente, la santidad de Cristo nos pertenece m?s que nuestra propia santidad. Es ?ste el aletazo en la vida espiritual.

Pablo nos ense?a c?mo se da este ?golpe de audacia? cuando declara solemnemente que no quiere ser hallado con una justicia suya, o santidad, derivada de la observancia de la ley, sino ?nicamente con aquella que deriva de la fe en Cristo (Flp 3,5-10). Cristo, dice, se ha hecho para nosotros ?justicia, santificaci?n y redenci?n? (1 Co 1,30). ?Para nosotros?: por lo tanto, podemos reclamar su santidad como nuestra a todos los efectos.

Junto a este medio fundamental de la fe y de los sacramentos, debe encontrar tambi?n lugar la imitaci?n, esto es, el esfuerzo personal y las buenas obras. No como medio desgajado y diferente, sino como el ?nico medio adecuado para manifestar la fe, traduci?ndola en acto. Cuando Pablo escribe: ?Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificaci?n?, est? claro que entiende precisamente esta santidad que es fruto del compromiso personal. A?ade, de hecho, como para explicar en qu? consiste la santificaci?n de la que est? hablando: ?que os alej?is de la fornicaci?n, que cada uno sepa poseer su cuerpo con santidad y honor? (1 Ts 4, 3-9).

? No hay sino una tristeza: la de no ser santos?, dec?a L?on Bloy, y ten?a raz?n la Madre Teresa cuando, a un periodista que le pregunt? a quemarropa qu? se sent?a al ser aclamada santa por todo el mundo, le respondi?: ?La santidad no es un lujo, es una necesidad?.

[Traducci?n del italiano realizada por Zenit]
Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Espiritualidad
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