Viernes, 03 de noviembre de 2006
3 noviembre 2006 ZENIT publica el discurso que Benedicto XVI dirigi? a los profesores y alumnos de las universidades pontificias de Roma al final de la misa de inicio de a?o acad?mico, presidida por el cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregaci?n para la Educaci?n Cat?lica, en la bas?lica de San Pedro, el 23 de octubre.


Se?ores cardenales;

venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos hermanos y hermanas:
Me alegra encontrarme con vosotros al final de la santa misa y poder as? expresaros mis mejores deseos para el nuevo a?o acad?mico. Saludo en primer lugar al se?or cardenal Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregaci?n para la educaci?n cat?lica, que ha presidido la concelebraci?n eucar?stica, y le agradezco cordialmente las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre.

Saludo al secretario y a los dem?s colaboradores del dicasterio para la educaci?n cat?lica, renovando a todos la expresi?n de mi gratitud por el valioso servicio que prestan a la Iglesia en un ?mbito tan importante para la formaci?n de las nuevas generaciones. Mi saludo se extiende a los rectores, a los profesores y a los alumnos de todas las universidades y ateneos pontificios aqu? presentes y a los que est?n espiritualmente unidos a nosotros en la oraci?n.

Como todos los a?os, tambi?n esta tarde se ha dado cita la comunidad acad?mica eclesi?stica romana, formada por cerca de quince mil personas y caracterizada por una amplia multiplicidad de procedencias. De las Iglesias de todo el mundo, especialmente de las di?cesis de reciente creaci?n y de los territorios misioneros, vienen a Roma seminaristas y di?conos para frecuentar los ateneos pontificios, as? como presb?teros, di?conos, religiosos y religiosas, y no pocos laicos, para completar sus estudios superiores de licenciatura y doctorado, o para participar en otros cursos de especializaci?n y actualizaci?n. Aqu? encuentran profesores y formadores que, a su vez, son de diversas nacionalidades y de diferentes culturas. Con todo, esta variedad no crea dispersi?n, porque, como expresa de la forma m?s elevada tambi?n esta celebraci?n lit?rgica, todos los ateneos, las facultades y los colegios tienden a una unidad superior, obedeciendo a criterios comunes de formaci?n, principalmente al de la fidelidad al Magisterio. Por tanto, al inicio del nuevo a?o, bendigamos al Se?or por esta singular comunidad de profesores y alumnos, que manifiesta de modo elocuente la universalidad y la unidad de la Iglesia cat?lica. Una comunidad tanto m?s hermosa porque se dirige de modo especial a los j?venes, d?ndoles la oportunidad de entrar en contacto con instituciones de alto valor teol?gico y cultural, y ofreci?ndoles al mismo tiempo la posibilidad de experiencias eclesiales y pastorales enriquecedoras.

Quisiera reafirmar tambi?n en esta ocasi?n, como lo he hecho en varios encuentros con sacerdotes y seminaristas, la importancia prioritaria de la vida espiritual y la necesidad de lograr, adem?s del crecimiento cultural, una equilibrada maduraci?n humana y una profunda formaci?n asc?tica y religiosa.

Quien quiera ser amigo de Jes?s y convertirse en su disc?pulo aut?ntico ―sea seminarista, sacerdote, religioso, religiosa o laico― no puede por menos de cultivar una ?ntima amistad con ?l en la meditaci?n y en la oraci?n. La profundizaci?n de las verdades cristianas y el estudio de la teolog?a o de otra disciplina religiosa suponen una educaci?n en el silencio y la contemplaci?n, porque es necesario desarrollar la capacidad de escuchar con el coraz?n a Dios que habla.

El pensamiento siempre necesita purificaci?n para poder entrar en la dimensi?n donde Dios pronuncia su Palabra creadora y redentora, su Verbo "salido del silencio", seg?n una hermosa expresi?n de san Ignacio de Antioqu?a (Carta a los Magnesios VIII, 2). Nuestras palabras s?lo pueden tener alg?n valor y utilidad si provienen del silencio de la contemplaci?n; de lo contrario, contribuyen a la inflaci?n de los discursos del mundo, que buscan el consenso de la opini?n com?n.

Por tanto, quien estudia en un centro eclesi?stico debe estar dispuesto a obedecer a la verdad y, en consecuencia, a cultivar una especial ascesis del pensamiento y de la palabra. Esa ascesis se basa en la familiaridad amorosa con la palabra de Dios y antes a?n con el "silencio" del que brota la Palabra en el di?logo de amor entre el Padre y el Hijo en el Esp?ritu Santo. A ese di?logo tambi?n nosotros tenemos acceso mediante la santa humanidad de Cristo. As? pues, queridos amigos, como hicieron los disc?pulos del Se?or, pedidle: Maestro, "ens??anos a orar" (Lc 11, 1), y tambi?n: ens??anos a pensar, a escribir y a hablar, porque estas cosas est?n ?ntimamente unidas entre s?.

Estas son las sugerencias que os doy a cada uno de vosotros, queridos hermanos y hermanas, al inicio de este nuevo a?o acad?mico. Las acompa?o de buen grado con la seguridad de un recuerdo especial en la oraci?n, para que el Esp?ritu Santo ilumine vuestro coraz?n y os lleve a un claro conocimiento de Cristo, capaz de transformar vuestra existencia, porque s?lo ?l tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6, 68).

Vuestro futuro apostolado ser? fecundo y fructuoso en la medida en que, durante estos a?os, os prepar?is estudiando con seriedad, y sobre todo aliment?is vuestra relaci?n personal con ?l, tendiendo a la santidad y teniendo como ?nico objetivo de vuestra existencia la realizaci?n del reino de Dios.

Encomiendo estos deseos a la maternal intercesi?n de Mar?a sant?sima, Sede de la Sabidur?a. Que ella os acompa?e a lo largo de este nuevo a?o de estudio y escuche todas vuestras expectativas y esperanzas.

Con afecto imparto a cada uno de vosotros y a vuestras comunidades de estudio, as? como a vuestros seres queridos, una especial bendici?n apost?lica.

[Traducci?n del original italiano distribuida por la Santa Sede
? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 23:42  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios