Domingo, 05 de noviembre de 2006
El contenido de este escrito est? basado en las ideas que ha expuesto en una Carta dirigida a sus diocesanos el Arzobispo de Pamplona.


DIA DE LA IGLESIA DIOCESANA
DOMINGO, 19 DE NOVIEMBRE DE 2006


. Se oyen con frecuencia voces criticas contra las riquezas de la Iglesia, o por mejor decirlo, contra una Iglesia demasiado rica. Estas cr?ticas nos vienen bien, porque nos ayudan a ser cr?ticos con nosotros mismos. Y de alguna manera nos honran, porque quienes nos critican, en parte est?n reconociendo que la Iglesia de Jesucristo, como consecuencia de su vocaci?n espiritual, tiene que ser santa, austera, pobre y solidaria.

En nuestro caso, el patrimonio que posee la Iglesia Diocesana de Tenerife, evidentemente, no est? dedicado a una rentabilidad econ?mica, sino que est? dedicado al servicio de la vida espiritual y religiosa de quien quiera utilizarlo y que, desde el punto de vista econ?mico, es m?s carga que otra cosa.

Sin embargo, con un poco de buena voluntad, la vida econ?mica de la Iglesia es f?cil de comprender y aun de justificar. Las parroquias viven en su mayor parte de las libres aportaciones de los fieles. Los gastos ordinarios son discretos y comprenden la n?mina del sacerdote, los peque?os gastos del culto, el mantenimiento de los edificios y las instalaciones, junto con lo necesario para el ejercicio de la caridad con los pobres que es esencial a la vida de las comunidades cristianas.

Lo m?s dif?cil de resolver llega cuando hay que restaurar un iglesia o cuando hay que edificar una nueva parroquia. Poner en marcha una nueva parroquia cuesta cientos de miles de euros Esta inversi?n recae sobre el esfuerzo de la Di?cesis y de los feligreses de la parroquia. Es admirable y digna de gratitud la generosidad de los cat?licos con su Iglesia. Con confianza en Dios y la diligente colaboraci?n de muchas personas vamos saliendo adelante con todo.

Hace poco se ha dado a conocer la noticia de que el Gobierno piensa aumentar el ?ndice de la voluntaria asignaci?n tributaria al 0,7. Esta modificaci?n permitir? prescindir del complemento presupuestario que el Gobierno a?ad?a cada a?o para completar el resultado de la asignaci?n tributaria hasta la cantidad prevista. A partir de esta modificaci?n, este cao?tulo de los inaresos de la lalesia depender? exclusivamente de la generosidad y responsabilidad de los cat?licos. El n?mero de los contribuyentes que ponen la "X" a favor de la Iglesia en sus declaraciones de la renta no es muy alto. Es preciso que los cristianos conozcan mejor la vida de su Iglesia y crezca en ellos la estima y la gratitud hacia esta Iglesia mediante la cual nos llegan los bienes de la redenci?n de Jesucristo y el amor de Dios nuestro Padre.

Esta modificaci?n est? siendo bien acogida porque subraya la voluntariedad de la contribuci?n de los ciudadanos y la libertad de la Iglesia. De todos modos, los cat?licos debemos tener clara la idea de que, en una sociedad aut?nticamente democr?tica y aconfesional, la Iglesia, por sus actividades estrictamente religiosas (construcci?n y restauraci?n de templos, mantenimiento de actividades apost?licas y asistenciales), tiene tanto derecho a ser subvencionada con dinero p?blico como cualquier otra actividad opcional que favorezca el bien com?n, material o espiritual, de los ciudadanos. En una visi?n serena y objetiva de las cosas, es claro que los ciudadanos tienen derecho a recibir ayudas del Estado para ejercitar su libertad religiosa y practicar la religi?n que quieran, como otros reciben subvenciones para enriquecer su vida cultural o practicar el deporte.

Si una peque?a asociaci?n dedicada al teatro, a la m?sica o al deporte, merece ser apoyada por el gobierno, ?por qu? no va a merecerlo otra asociaci?n, grande o peque?a, que se dedica a favorecer la educaci?n religiosa y moral de los ciudadanos, a fomentar el comportamiento virtuoso de todos, a mitigar los sufrimientos de enfermos y necesitados? No podemos dar por buena esa opini?n tan difundida de que en un Estado no confesional no se puede dedicar dinero p?blico a favorecer la vida religiosa de los ciudadanos. Todo depende de si consideramos a la religi?n como algo positivo que forma parte del bien com?n de los ciudadanos, o la consideramos como algo pernicioso que, en el mejor de los casos, no merece m?s que mera tolerancia. La Administraci?n, si quiere actuar democr?ticamente, no puede mirar con indiferencia, y menos con aversi?n, una actividad que es tan importante como la religi?n y la vida moral para una parte importante de los ciudadanos.

Al margen de estas discusiones, los cat?licos debemos tener muy claro que hemos de mantener la vida y las actividades de nuestra Iglesia, tambi?n, con nuestras aportaciones personales en forma de voluntariado y con las ayudas econ?micas en forma de donativos ocasionales o como cuotas peri?dicas y continuas.

Necesitamos hacer todos un peque?o esfuerzo de generosidad. Necesitamos construir varias parroquias nuevas, tenemos que remediar la situaci?n de muchas iglesias que necesitan ser restauradas. El motor de todo es el amor de Dios, el entusiasmo por nuestro Se?or Jesucristo, la valoraci?n agradecida por los bienes de la redenci?n, el amor a nuestros hermanos que necesitan recibir los dones de Dios para ser felices y alimentar su esperanza.

Es evidente que ni el dinero ni los bienes materiales son lo m?s importante en la Iglesia. Para todos es muy claro que las verdaderas riquezas de la Iglesia son la fe y la vida espiritual, las obras de misericordia, de los cristianos. Todo lo dem?s est? en el orden de los medios y nos viene por a?adidura. No debemos inquietamos. Contamos con la providencia amorosa de nuestro Dios y con la colaboraci?n generosa de los fieles y de otras personas de buena voluntad. Ninguna de fas dos cosas nos van a faltar. Dios sea bendito.
Comentarios