Domingo, 05 de noviembre de 2006
DOMINGO 33 DEL TIEMPO ORDINARIO / B
19 de Noviembre



Entrada: Hermanas y hermanos: Hoy celebramos la Eucarist?a del pen?ltimo domingo del A?o lit?rgico.
La Palabra de Dios nos invita a mirar hacia el objetivo final para el que hemos nacido, la vida eterna. Nuestra reuni?n se?ala y adelanta aquella otra reuni?n, la ?ltima y definitiva, que congregar? desde todos los rincones de la tierra a los elegidos del Se?or.

Hoy celebramos tambi?n el d?a de la Iglesia Diocesana con el lema: LA FAMILIA, UNA PEQUENA IGLESIA. TU IGLESIA, UNA GRAN FAMILIA. En ella, desde el seno de nuestra familia, Iglesia dom?stica, como la llama el Vaticano II, y a trav?s de la Parroquia, hemos nacido a la vida de Dios. Debemos querer a la Iglesia porque es regalo del Se?or y por los bienes espirituales que hemos recibido y estamos recibiendo. Esto nos recuerda que debemos colaborar apost?licamente, seg?n la llamada de cada uno, en la catequesis, en la liturgia, en cantas, en la visita a enfermos. Debemos cooperar tambi?n en sostener y mejorar la econom?a de la Iglesia Diocesana. Hacen falta recursos econ?micos para que la Iglesia pueda desarrollar su tarea, ya que son m?s las necesidades que los medios de que se dispone. Merece la pena escuchar esta llamada. Es se?al de agradecimiento.

LITURGIA DE LA PALABRA


Primera lectura: Dispong?monos a escuchar la gran promesa de vida eterna despu?s de la resurrecci?n. Los que tenemos fe sabemos que, en medio de las dificultades, Dios no nos abandona. La ?ltima palabra sobre nuestras vidas no la tiene ni el dolor ni la muerte, sino Dios, el Padre que nos ama y nos salva.

Salmo: Convencidos de que Dios no nos abandona nunca, alegres y confiados, oremos con las palabras del Salmo, diciendo: PROT?GEME, DIOS M?O, QUE ME REFUGIO EN TI

Segunda lectura: La segunda lectura nos recuerda que gracias a Jesucristo, que entreg? su vida para salvarnos, se nos perdonan los pecados y podemos acercamos a Dios con toda confianza. La Eucarist?a renueva para nosotros el sacrificio ?nico de Jes?s.

ORACI?N UNIVERSAL


1.- Por la Iglesia, en marcha hacia el encuentro definitivo con Cristo; para que testifique ante la humanidad entera la fe en la vida futura. ROGUEMOS AL SE?OR.

2: Por todos los que en la Iglesia prestan el servicio de anunciar el Evangelio; para que acierten a presentar la totalidad del misterio de Cristo, incluidas las verdades eternas, que dan sentido a nuestra existencia. ROGUEMOS AL SE?OR.

3: Por nuestra Iglesia Diocesana; para que con el esfuerzo y la colaboraci?n personal y econ?mica de todos pueda llevar adelante su misi?n evangelizadora. ROGUEMOS AL SE?OR.

4.-Por todos los cristianos; para que trabajemos unidos por un mundo mejor, m?s fraterno, m?s justo, convencidos de que de esta manera estamos construyendo ya nuestra morada definitiva en el cielo. ROGUEMOS AL SE?OR.

5.-Por todos los que nos hemos reunido para celebrar el Banquete de la Eucarist?a, como anticipo del banquete eterno del Reino de Dios; para que realicemos el gran proyecto cristiano que nos ense?a el Evangelio de Jesucristo. ROGUEMOS AL SE?OR.


DOMINGO 33?. DEL TIEMPO ORDINARIO/ B


En estos domingos del final del A?o Lit?rgico leemos pasajes que apuntan hac?a tiempos futuros, con un lenguaje misterioso y dificil de entender. No hace falta que intentemos dar con la clave de cada detalle. Lo importante es saber que se trata de una invitaci?n a tomarnos en serio el modo de vivir la fe y de una llamada a la confianza de cara a los acontecimientos futuros. Esta es la tarea fundamental de la Iglesia de la que formamos parte desde que recibimos la fe por el bautismo, como el mejor regalo que nos hicieron nuestros padres, despu?s de haber nacido a la vida de este mundo.

El profeta Daniel trata de infundir ?nimos a sus lectores para que permanezcan fieles a su fe en medio de la persecuci?n del Rey Ant?oco en tiempos de los Macabeos, en el siglo II antes de Cristo.

Por eso, les anuncia que, aunque "ser?n tiempos diflciles" la batalla entre el bien y el mal, capitaneada por el arc?ngel San Miguel, se inclinar? del lado de los seguidores de Yahv?: "entonces se salvar? tu pueblo" y los que hayan sido fieles "brillar?n como el fulgor del firmamento, como fas estrellas, por toda la eternidad".

Es un mensaje de victoria y de aliento que nos va bien a todos, porque estamos empe?ados en.una lucha parecida. El salmo tambi?n invita a una actitud de energ?a y de confianza: "Tengo siempre presente al Se?or, con ?l a mi derecha no vacilar?, no me entregar?s a la muerte ni dejar?s a tu fiel conocer la corrupci?n".

De igual manera, el Evangelio pone en labios de Jes?s un discurso referente al final de los tiempos. Los detalles no son lo m?s importante. Lo m?s importante del discurso de Jes?s es que tambi?n anuncia la victoria y la salvaci?n: "Ver?n venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad". Como decimos en el Credo: "desde all? ha de venir a juzgar a vivos y muertos". ?Cu?ndo ocurrir? esto? Tampoco esto es importante. S? que lo es el que "sus palabras no pasar?n".

Nos viene bien mirar hacia los acontecimientos ?ltimos. No necesariamente a los del fin del mundo. S?, al final de nuestra vida y a esos momentos continuos de gracia que Dios nos concede a lo largo de los d?as y los a?os, y que s?lo sabremos descubrir y acoger si estamos atentos y vigilantes.

Al final del A?o Lit?rgico es de sabios realizar una evaluaci?n de c?mo va nuestro camino cristiano.

Podemos mirar con respeto a ese Cristo glorioso que viene a juzgar a todos los pueblos. Pero tambi?n podemos y debemos contemplarlo, sobre todo, con confianza: el que vendr? como Juez es el mismo que se hizo ni?o en Bel?n, que muri? por nosotros, en quien creemos, a quien escuchamos, a quien intentamos seguir, a quien recibimos en la Eucarist?a, domingo tras domingo. La Palabra de Dios no quiere llenarnos de angustia, ni pretende dar raz?n a los anunciadores de cat?strofes y a los profetas de calamidades. Al contrario, nos est? anunciando la salvaci?n. Eso s?: nos invita a la vigilancia y a la seriedad en nuestro camino cristiano, ?nica y exclusivamente por nuestro bien, para que estemos siempre preparados para el encuentro definitivo con el Se?or, sea cuando sea.
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