Lunes, 06 de noviembre de 2006
Escrito publicado en la revista del Movimiento de los Siervos de los Pobres del Tercer Mundo.

San Francisco Javier, Patrono de las Misiones, desde que se uni? a San Ignacio de Loyola, y despu?s de que, durante unos Ejercicios Espirituales, fuera aconsejado por ?l, decidi? darse completamente al Se?or, con una entrega amorosa y total. Resonaron en su coraz?n, venciendo poco a poco todas sus resistencias, las palabras de Jes?s, que San Ignacio le repiti? sin cansarse: ?,De que le sirve al hombre ganar al mundo entero si pierde su alma?? (Mt 16, 26). En realidad no fue f?cil para ?l dar este paso. Tras haber estudiado cinco a?os hab?a obtenido en Par?s la licencia de Artes y Filosof?as. Luego hab?a cursado por otros siete a?os Sagrada Teolog?a, y le hab?an invitado a ense?ar en el Colegio de Beauvais. Brillante deportista, simp?tico, alegre y siempre de buen humor..., ya ten?a asignada una canonj?a en la Catedral de Pamplona. S?lo despu?s de ?perseguirlo? por cuatro a?os, San Ignacio logr? su conversi?n a Cristo. Por eso, el Padre Polanco, tan pr?ximo al fundador de la Compa??a de Jes?s, escribi? que ?Javier fue el barro m?s duro que le toc? moldear al padre Ignacio?.

El joven Francisco se embarc? desde Lisboa rumbo a Oriente el 1 de enero de 1541, con el ardiente deseo de compartir el Evangelio de Jesucristo con personas de tierras lejanas. Lleg? a Goa (India) el 6 de mayo de 1542, pero pronto se dirigi? hac?a el sur, realizando innumerables viajes. Tras evangelizar varias localidades de la costa occidental, se traslad? a Mylapore, donde se encuentra la tumba del ap?stol Tom?s. Pas? ah? unos meses, en profunda oraci?n, despu?s de los cuales viaj? a Jap?n, sin atender jam?s a su propia salud y comodidad. A punto de embarcarse escribi?, el 25 de enero de 1549, que ?no hay ma?yor descanso en esta vida sin sosiego que vivir en grandes peligros de muerte, tomados por s?lo amor y servicio de Dios Nuestro Se?or y acrecentamiento de nuestra santa fe?. Francisco muri? el 3 de diciembre 1552, a las puertas de China, sin poder realizar su sue?o de predicar ah? el Evangelio. Su cuerpo fue trasladado a Goa, donde todav?a hoy es venerado en la iglesia del Bom Jes?s.

Es imposible saber cu?ntas almas llev? a Dios con su predicaci?n. Las conversiones que oper? en India y Jap?n son centenares de miles, incluyendo pr?ncipes y reyes. Predicaba incansablemente en las plazas, iba por las calles con una campanilla lla?mando a s? a los ni?os y catequiz?ndolos, ense??ndoles los misterios principales de nuestra Religi?n, visitaba hospitales y prisiones, escuchaba las confesiones de much?sima gente...; en una palabra, mostr? siempre un celo inmenso por las almas. Por este celo, que le fue inspirado por el ejemplo del mismo San Ignacio, estaba dispuesto a enfrentarse a todo para la conversi?n de los pecadores. Mucho es lo que hizo San Francisco para la Iglesia de la India, preparando los caminos para las generaciones sucesi?vas de cristianos, que iban a difundir el Evangelio de Jesucristo por todos los rincones del pa?s, siguiendo su mismo esp?ritu de generoso servicio.

Pero desde la India y el Jap?n, el Santo logr? evangelizar tambi?n a la vieja Europa a trav?s de sus cartas, que el Rey Juan III de Portugal orden? se leyeran en todas las iglesias de su reino despu?s de la homil?a, y que San Felipe Neri sol?a leer en sus conferencias espirituales. Tuvo un eco especial en los pa?ses cristianos la carta que escribi? desde Coch?n, el 15 de enero de 1544, a sus compa?eros residentes en Roma. Despu?s de contar sus trabajos y hablar de sus proyectos, lanza en esta carta un vigoroso llamamiento a los universitarios de toda Europa, y especialmente a los de la Sorbona, donde ?l mismo hab?a estudiado durante 12 a?os a partir de los 19. Escribe: ?Muchos cristianos se dejan de hacer en estas partes por no haber personas que en tan p?as y santas cosas se ocupen. Muchas veces me mueven pensamientos de ir a los estudios de esas partes, dando voces, como hombre que tiene perdido el juicio, y principalmente a la Universidad de Par?s, diciendo a los que tienen m?s letras que voluntad... ?cu?ntas ?nimas dejan de ir a la gloria y van al infierno por la negligencia de ellos! Y as?... muchos de ellos se mover?an, tomando medios y ejercicios espirituales para conocer y sentir en sus ?nimas la voluntad divina, con-form?ndose m?s con ella que con sus propias afecciones, diciendo: "Se?or, aqu? estoy, ?qu? quieres que yo haga? Env?ame adonde quieras; y si conviene, aun a los indios".

Movido por Dios para que realizara grandes cosas, el Santo fue un hombre de profunda oraci?n y am? mucho a las humillaciones, as? como grandes mortificaciones corporales. Estaba convencido de que es a los humildes a quien Dios dona grandes gracias para convertir a las almas. Tenemos muchos testimonios de esta profunda humildad. Fue con este esp?ritu que se pon?a al servicio de todos, en los hospitales, durante los largos viajes en mar (sin hacer valer su dignidad de Nuncio Apost?lico)..., y cuando escrib?a una carta a San Ignacio, o le?a una carta recibida de ?l, siempre lo hac?a de rodillas, por el gran amor que le ligaba a su Superior. Entre las innumerables ense?anzas que podemos recibir de la vida de San Francisco Javier (su esp?ritu de oraci?n, de mortificaci?n, su ardiente celo para la salvaci?n de las almas...), ?sta es para nosotros Siervos de los Pobres, misioneros y educado-res de tantos ni?os, una verdadera lecci?n. Cuanto m?s nos volvamos peque?os, humildes, aceptando cualquier humillaci?n... tanto m?s f?cilmente podremos llevar a Dios las almas de todos aquellos peque?os hu?rfanos y abandonados que la Divina Providencia querr? encomendar a nuestros cuidados.


Hermano Pierfilippo Giovanetti, Seminarista sptm
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