Martes, 07 de noviembre de 2006
HOMIL?A DEL SR. CARDENAL ARZOBISPO DE TOLEDO
EN LA CLAUSURA DE LA XL SEMANA SOCIAL DE ESPA?A


S.I. Catedral Primada de Toledo, 5 de noviembre de 2006


Queridos hermanos Obispos, queridos sacerdotes, Presidente y Junta de las Semanas Sociales de Espa?a, queridos hermanos y hermanas en el Se?or: Con esta celebraci?n de la Eucarist?a finaliza la XL Semana Social, en el Centenario de las Semanas Sociales de Espa?a, que ha tratado el tema de "Perspectivas cristianas para una cultura de la convivencia", cuesti?n siempre viva y abierta, pero que hoy asume una urgencia decisiva por lo fr?gil de esta misma convivencia. En esta ma?ana, damos gracias a Dios por su inmenso amor entregado hasta el extremo en su Hijo Jesucristo, nuestra reconciliaci?n y nuestra paz, que ha acercado y reconciliado a los que estaban lejos y es el fundamento indestructible para la unidad entre los hombres y los pueblos. En Jesucristo se nos ha descubierto y hecho posible el sentido y dignidad de la vida humana, la vocaci?n de todo hombre y toda mujer a la ?ntima uni?n con Dios, fuente y condici?n de la unidad de todo el g?nero humano, es decir de la convivencia aut?ntica y respetuosa y de la paz verdadera.

A esta acci?n de gracias unimos nuestro agradecimiento a Dios por los cien a?os de las Semanas Sociales que han contribuido de manera importante a difundir el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia y, propiciar su aplicaci?n ente nosotros, y que, junto a otras iniciativas, prosiguen sin desmayo en su empe?o por que esta Doctrina social sea punto de referencia de la vida del pueblo cristiano. La doctrina Social de la Iglesia, traducci?n hist?rica de los frutos de la redenci?n, rostro humano de la redenci?n de Jesucristo, signo visible del misterio del que la Iglesia es portadora, consecuencia m?s inmediata y visible de su experiencia de Cristo, esto es: el respeto y el aprecio de la persona y su dignidad inviolable en tanto que persona, siempre y en cualquier circunstancia; la comuni?n de afecto y de vida entre todos los miembros de Cristo y de su humanidad; un amor apasionado por el hombre, por todo hombre; y una preferencia por los m?s pobres, los m?s d?biles y los m?s necesitados.

La Palabra de Dios que hemos proclamado y escuchado en esta celebraci?n nos pone ante lo fundamental de la vida del hombre y del cristiano; nos descubre la entra?a misma del ser cristiano y la base que sustenta su actuar en el mundo y en la historia, inseparable del reconocimiento de Dios como Dios, como del s?lo y ?nico Dios, se?or ?nico de nuestras vidas, a quien debemos un amor total por encima de todo, con todo lo que somos, con todo nuestro coraz?n, nuestra mente, nuestra querer y nuestros sentimientos. Un amor que es cumplimiento entero de la voluntad de Dios, de sus mandatos, que no son ajenos a nuestro ser de hombres imagen de Dios, un amor que es obediencia plena al querer divino, que es su infinito y apasionado amor por todos y cada uno de los hombres. Aqu? radica la verdad del hombre, ah? est? su felicidad y su dicha, su libertad y la base para su encuentro en amor con los otros.

"Escucha, Israel: El Se?or, nuestro Dios es solamente uno". Esta es la clave. "Existe un solo Dios que es el Creador del cielo y de la tierra y, por tanto, tambi?n es el Dios de todos los hombres... realmente todos los otros dioses no son Dios y toda realidad en la que vivimos se remite a Dios, es creaci?n suya... no se trata de un dios cualquiera, sino que el ?nico Dios verdadero, ?l mismo, es el autor de toda la realidad;... ?ste Dios ama a su criatura porque la ha hecho, ama al hombre... personalmente... y le da la Torah "la Ley", es decir abre los ojos de Israel sobre la verdadera naturaleza del hombre, y le indica el camino del verdadero humanismo" (Benedicto XVI, Deus Caritas est, 9), inseparable del amor incondicional a Dios, que es Amor, como se ha manifestado plenamente en su Hijo Jesucristo. Jes?s ha dado pleno cumplimiento a la Ley. Obediente hasta la muerte y una muerte de Cruz, cumpliendo en todo la voluntad del Padre, haciendo del querer del Padre su alimento, ha desplegado enteramente su vida am?ndonos hasta el extremo, hasta su entrega sacrificial por nosotros los hombres, y as?, como ante la pregunta que se le plantea en el relato evang?lico proclamado, nos ha mostrado el camino del hombre, en el que es inseparable la relaci?n entre el amor a Dios y amor al pr?jimo. "Ambos est?n tan estrechamente entrelazados, que la afirmaci?n de amar a Dios 'sobre todas las cosas, por encima de todo' es en realidad mentira si el hombre se cierra al pr?jimo o incluso lo odia... el amor del pr?jimo es un camino para encontrar tambi?n a Dios y... cerrar los ojos ante el pr?jimo nos convierte tambi?n en ciegos ante Dios" (Benedicto XVI, Deus caritas est, 16).

El reconocimiento de Dios, el amor de Dios sobre todas las cosas comporta unirnos a su voluntad y a su amor, por tanto a su amor apasionado y total hasta despojarse de s? por el hombre y llenarlo de su amor. No cabe contraposici?n. Es la base del amor al pr?jimo, su ra?z y fundamento m?s firme. Quien ama a Dios por encima de todo crece en comuni?n con la voluntad divina, con su sentir y su querer, con su pensar y su actuar, siempre en favor del hombre, volcado sobre ?l; as? coinciden cada vez m?s nuestro querer y la voluntad de Dios, que es amor, amor encarnado y crucificado por nosotros, en su Hijo Jesucristo. Ah? est? la verdad del hombre, la verdad de una nueva humanidad, ah? est? su futuro, el futuro de una humanidad nueva que se rige por el amor, que se hace historia.

La Palabra de Dios hoy nos pone ante lo esencial. Debemos volver a Dios, tenerle a ?l en el centro de nuestras vidas yen la realidad donde nuestro coraz?n est? puesto, descansa, se apoya y vive. As? es como podr? surgir una humanidad nueva, una cultura de la convivencia. Sin Dios no hay futuro para el hombre, se destruye el fundamento de toda convivencia entre los hombres que radica en el amor. Esto es lo fundamental y prioritario, irrenunciable. Al hombre de nuestro tiempo, desgarrado y dividido por tantas divisiones internas y externas, por tantos fragmentos de verdad, sin encontrar su tan necesitada unidad, es preciso ofrecerle aquello esencial que requiere dar sentido a su vida y orientar su existencia, personal y comunitaria, por el camino certero de la verdad, que se realiza en el amor y nos hace libres en la comuni?n de amor. En la afirmaci?n "Dios es amor" y en el doble e inseparable mandamiento, "amar?s al se?or tu Dios sobre todas cosas, y al pr?jimo como a ti mismo", tenemos el n?cleo de la fe y el fondo de la realidad del hombre. Ah? est? la entra?a y la novedad del cristianismo; pero ah? est? tambi?n lo que concierne a todos, lo que es v?lido y universal, lo que es decisivo a todo hombre ya la comunidad humana en cuanto tal, lo que est? en el fundamento: El amor, "del cual Dios nos colma y que nosotros debemos comunicar a los dem?s" (Benedicto XVI, Deus Caritas est, 1). En ?l est? el amor, ?l es el amor, ?l nos ha amado primero. Por eso mismo el primero y principal, insustituible mandamiento es el amor a Dios, que es el ?nico Se?or, no hay otro, por encima de todas las cosas.

"El problema central de nuestro tiempo es la ausencia de Dios, y por ello el deber prioritario de los cristianos es testimoniar al Dios vivo. Antes de los deberes (morales y sociales) que tenemos, de lo que hemos de dar testimonio con fuerza y claridad es del centro de nuestra fe. Hemos de hacer presente en nuestra fe, en nuestra esperanza y en nuestra caridad la realidad del Dios vivo. Si hoy existe un problema de moralidad, de recomposici?n moral en la sociedad deriva de la ausencia de Dios en nuestro pensamiento, en nuestra vida. O, para ser m?s concreto, de la ausencia de la fe en la vida eterna, que es vida con Dios... Hemos dejado de atrevernos a hablar de la vida eterna y del juicio. Dios se ha vuelto para nosotros un Dios lejano, abstracto. Ya no tenemos el valor de creer que esta criatura, el hombre, sea tan importante a los ojos de Dios, que Dios se ocupa y preocupa con nosotros y por nosotros. Pensamos que todas estas cosas que hacemos son en definitiva cosas nuestras, y que para Dios, si es que existe, no pueden tener demasiada importancia. Y as? hemos decidido construirnos a nosotros mismos, reconstruir "el mundo sin contar realmente con la realidad de Dios, la realidad del juicio y de la vida eterna. Pero si en nuestra vida de hoy y de ma?ana prescindimos de Dios, de la vida eterna, todo cambia, porque el ser humano pierde su gran honor, su gran dignidad. Y todo se vuelve al final manipulable. Pierde su dignidad esta criatura a imagen de Dios, y, por tanto, la consecuencia inevitable es la descomposici?n moral, la b?squeda de s? mismo en la brevedad de esta vida; hemos de inventar nosotros el mejor modo de construir la vida y la vida en este mundo. Por eso, nuestra tarea fundamental, si realmente queremos contribuir a la vida humana ya la humanizaci?n de la vida en este mundo, es la de hacer presente y por as? decirlo, casi tangible, esta realidad de un Dios que vive, de un Dios que nos conoce y nos ama, en cuya mirada vivimos, un Dios que reconoce nuestra responsabilidad y de ella espera la respuesta de nuestro amor realizado y plasmado en nuestra vida de cada d?a" (J. Ratzinger, Ser cristiano en la era neopagana, Madrid 1995, 204) .

"Hay quien piensa, dec?a el Papa Benedicto XVI el pasado septiembre en Munich, que los proyectos sociales deben promoverse con la m?xima urgencia, mientras que las cuestiones que ata?en a Dios... revisten bastante menor inter?s y urgencia. Con todo, la experiencia... ense?a precisamente que la evangelizaci?n ha de ser prioritaria, que el Dios de Jesucristo tiene que ser conocido, cre?do y amado, debe convertir los corazones para que las cuestiones sociales puedan progresar, para que se emprenda la reconciliaci?n... Si s?lo damos a los hombres conocimientos, habilidades, capacidades t?cnicas e instrumentos, les damos demasiado poco. Y entonces se imponen demasiado pronto los mecanismos de la violencia, y la capacidad de destruir y de matar se vuelve dominante, transform?ndose en capacidad de alcanzar el poder, un poder que antes o despu?s deber?a traer consigo el derecho, pero que nunca ser? capaz de hacerlo. Con ello nos alejamos cada vez m?s de la reconciliaci?n, del compromiso com?n con la justicia y el amor. Entonces se extrav?an los criterios con los que la t?cnica se pone al servicio del derecho y del amor, criterios de los que precisamente todo depende; criterios que no son meras teor?as, sino que alumbran el coraz?n, encauzando as? la raz?n y la acci?n por el camino recto" (Benedicto XVI, Homil?a en la explanada de la Neue Messe de Munich, 10-9-2006).

Por ello, no hay prioridad ni imperativo m?s urgente para los cristianos que se pueda anteponer a ?sta: la prioridad del testimonio del Dios vivo el estar "centrados" en el primer desaf?o que tenemos de creer realmente y dar testimonio del Dios vivo. Todo lo dem?s est? subordinado a este esencial, apremiante e imprescindible testimonio de Dios vivo. "Si vivimos bajo los ojos de Dios, y si Dios es la prioridad de nuestra vida, de nuestro pensamiento y de nuestro testimonio, lo dem?s es s?lo un corolario. Es decir, de ello resulta el trabajo por la paz, por la criatura, la protecci?n de los d?biles, el trabajo por la justicia y el amor" (J. Ratzinger, Ser cristiano, 205).

La ense?anza constante del Papa Benedicto XVI, desde el inicio de su pontificado, es un constante apelar a este testimonio de Dios, a centrar la vida en Dios, a advertir sobre la ruina que le adviene al hombre, a la humanidad, cuando se aleja de Dios o hace que no cuente. Desde su primera homil?a en el inicio solemne de su ministerio petrino, hasta su viaje apost?lico a Baviera, su tierra natal, pasando por su gran Enc?clica "Dios es amor", es una permanente y apremiante llamada a que los hombres vuelvan a Dios. Ah? se juega todo. Eso es lo esencial. En tiempos como los nuestros de grandes cambios y de una complejidad tan enorme en todos los campos no podemos perder el norte, no podemos quedar atrapados por la barah?nda de cosas, ni enredados en miles cosas que no llevan a ning?n sitio las ramas no pueden impedirnos ver el bosque. Es preciso ir a lo esencial y centrarnos en lo que es el centro de todo: la fe en Dios, que se ha revelado plenamente en la existencia hist?rica de su Hijo ?nico, Jesucristo, nacido de Mar?a. ?En ?l hemos conocido a Dios, que es Amor!", (1 Jn 4' 16). Es plenamente cierto y seguro, "el mundo necesita a Dios. Nosotros necesitamos a Dios. ?A qu? Dios necesitamos?" Al que vemos, palpamos, y contemplamos en Jes?s, que muri? por nosotros en la cruz, el Hijo de Dios encarnado que aqu? nos mira de manera tan penetrante, en quien est? el amor hasta el extremo. Este es el Dios que necesitamos: el Dios que a la violencia opuso su sufrimiento el Dios que ante el mal y su poder esgrime, para detenerlo y vencerlo, su misericordia (Benedicto XVI, Homil?a en la explanada de Neu Messe).

Esto es lo fundamental, prioritario e irrenunciable. Est? por encima de todo. "Escucha, Israel, el se?or muestro Dios es solamente uno". Aqu? est? la base de nuestra presencia cristiana en el mundo.

No quiero finalizar esta homil?a, sin evocar el recuerdo de algo que veo providencial. Ayer, d?a 4, fiesta de San Carlos Borromeo, hizo 24 a?os que nos visit? el Papa Juan Pablo en Toledo. Aqu?, en el barrio del Pol?gono, tuvo el encuentro con el apostolado de los laicos. No es una coincidencia casual con la celebraci?n del primer Centenario de las semanas Sociales. El Papa invit? a la presencia cristiana y evangelizadora de los laicos en el mundo. Esta presencia es inseparable de la Doctrina Social de la Iglesia.

Hace unos momentos escuch?bamos al obispo auxiliar de Madrid en la ?ltima lecci?n de la Semana estas palabras: "En los ?ltimos decenios, ateni?ndonos a las abundantes y riqu?simas ense?anzas de ?ndole social de Juan Pablo II, hemos constatado c?mo la aportaci?n de la Doctrina Social de la Iglesia ?una parte de las m?s importantes Enc?clicas de Juan Pablo II han merecido el ser consideradas Enc?clicas Sociales- han significado un aliento espec?fico para que el hombre de fines de un milenio y de los comienzos de los a?os 2000 pudiese no olvidarse qui?n era ?l mismo, c?mo podr?a afrontar los graves retos en el campo de la bio?tica, c?mo ayudar a superar los conflictos b?licos y pol?ticos y, no en ?ltimo lugar, c?mo favorecer las nuevas organizaciones sociales y c?mo dar respuesta a los problemas suscitados por los nuevos nacionalismos insolidarios en un mundo globalizado".

Que sean las ense?anzas de Juan Pablo II norte y gu?a de la presencia cristiana en el mundo; que sean, unidas a las ense?anzas del Concilio Vaticano II, de los Papas en su Doctrina Social, y del ?ltimo de los Papas, Benedicto XVI, la luz que gu?e permanentemente estas Semanas Sociales, para que constantemente sigan influyendo en nuestra sociedad, renov?ndola desde dentro.

Y tambi?n quiero anunciar el prop?sito, ahora que comienza el XXV Aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a Toledo, que vayamos preparando nuestro coraz?n y nuestras aportaciones para, en una cuestaci?n popular, dedicarle una estatua, aqu? en Toledo, en esta ciudad emblem?tica por su fe y por su significado en la historia de Espa?a y de Europa.

Que as? sea.
Publicado por verdenaranja @ 23:38  | Hablan los obispos
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