Mi?rcoles, 08 de noviembre de 2006
08 Nov. 06 (ACI).- En su habitual catequesis de los mi?rcoles, el Papa Benedicto XVI continu? su reflexi?n sobre la figura de San Pablo, record? que nadie ni nada puede ocupar el lugar de Cristo en la vida del creyente y advirti? los peligros de rendirse ante los ?dolos.

?Para Pablo no basta decir que los cristianos son bautizados o creyentes: para ?l comporta estar ?en Cristo Jes?s?. Lo que somos como cristianos se lo debemos a ?l y a su gracia. Ya que ning?n otro puede ocupar su lugar a nada y a ning?n otro rendimos nuestra devoci?n?, explic? el Pont?fice.

En este sentido, precis? que ?ning?n ?dolo debe contaminar nuestro universo espiritual, porque de ser as?, en vez de gozar de la libertad adquirida recaer?amos en formas de esclavitud humillante. Nuestra pertenencia radical a Cristo y el hecho de que estemos ?en ?l?, debe infundirnos una actitud de confianza total?.

Ante unas 15 mil personas reunidas en la Plaza de San Pedro, el Papa explic? que el encuentro con Jes?s en el camino de Damasco, ?revolucion? literalmente la vida de San Pablo. Cristo pas? a ser su raz?n de ser y el motivo profundo de toda su actividad apost?lica. En realidad Jesucristo es el ?pice de la historia de la salvaci?n y por tanto el verdadero punto discriminante en el di?logo con las otras religiones?.

?Pablo nos ayuda a comprender el valor fundamental e insustituible de la fe?, dijo el Santo Padre y a?adi? que a la luz del encuentro con Cristo, Pablo, que no hab?a vivido lejos de la Ley, entendi? que hasta entonces ?hab?a querido construir su propia justicia y que con esta justicia hab?a vivido para s? mismo. Comprendi? que deb?a dar una nueva orientaci?n a su vida frente a la Cruz de Cristo, expresi?n extrema de su entrega, ninguno puede enorgullecerse de s?, ni de la propia justicia?.

?Tras haber reflexionado sobre lo que significa justificaci?n no por las obras, sino por la fe llegamos al segundo elemento que define la identidad cristiana que tiene dos caracter?sticas: no buscarse a s? mismo, sino entregarse con Cristo y compenetrarse con ?l hasta compartir su muerte y su vida?, agreg?.
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