Jueves, 09 de noviembre de 2006
8 noviembre 2006 ZENIT publica la intervenci?n de Benedicto XVI en la audiencia general del mi?rcoles, 8 deNoviembre, en la que continu? adentr?ndose en la personalidad del ap?stol Pablo. En esta ocasi?n analiz? ?La centralidad de Jesucristo?.


Queridos hermanos:

En la catequesis precedente, hace quince d?as, trat? de trazar las l?neas esenciales de la biograf?a del ap?stol Pablo. Hemos visto c?mo el encuentro con Cristo en la carretera de Damasco revolucion? literalmente su vida. Cristo se convirti? en su raz?n de ser y en el motivo profundo de todo su trabajo apost?lico. En sus cartas, despu?s del nombre de Dios, que aparece m?s de quinientas veces, el nombre mencionado con m?s frecuencia es el de Cristo (380 veces). Por tanto, es importante que nos demos cuenta de c?mo Jesucristo puede influir en la vida de una persona y, por tanto, tambi?n en nuestra misma vida. En realidad, Jesucristo es el ?pice de la historia de la salvaci?n y por tanto el verdadero punto discriminante en el di?logo con las dem?s religiones.

Al ver el ejemplo de Pablo, podremos formular as? el interrogante de fondo: ?c?mo tiene lugar el encuentro de un ser humano con Cristo? ?En qu? consiste la relaci?n que se deriva del mismo? La respuesta que ofrece Pablo puede ser comprendida en dos momentos.

En primer lugar, Pablo nos ayuda a comprender el valor fundamental e insustituible de la fe. En la Carta a los Romanos escribe: ?Pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley? (3, 28). Y en la Carta a los G?latas: ?el hombre no se justifica por las obras de la ley sino s?lo por la fe en Jesucristo, por eso nosotros hemos cre?do en Cristo Jes?s a fin de conseguir la justificaci?n por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie ser? justificado? (2,16). ?Ser justificados? significa ser hechos justos, es decir, ser acogidos por la justicia misericordiosa de Dios, y entrar en comuni?n con ?l, y por tanto poder establecer una relaci?n mucho m?s aut?ntica con todos nuestros hermanos: y esto en virtud de un perd?n total de nuestros pecados. Pues bien, Pablo dice con toda claridad que esta condici?n de vida no depende de nuestras posibles buenas obras, sino de la pura gracia de Dios: ?Somos justificados por el don de su gracia, en virtud de la redenci?n realizada en Cristo Jes?s? (Romanos 3, 24).

Con estas palabras, san Pablo expresa el contenido fundamental de su conversi?n, la nueva direcci?n que tom? su vida como resultado de su encuentro con Cristo resucitado. Pablo, antes de la conversi?n, no era un hombre alejado de Dios ni de su Ley. Por el contrario, era un observante, con una observancia que rayaba en el fanatismo. Sin embargo, a la luz del encuentro con Cristo comprendi? que con ello s?lo se hab?a buscado hacerse a s? mismo, su propia justicia, y que con toda esa justicia s?lo hab?a vivido para s? mismo. Comprendi? que su vida necesitaba absolutamente una nueva orientaci?n. Y esta nueva orientaci?n la expresa as?: ?la vida, que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me am? y se entreg? a s? mismo por m?? (G?latas 2, 20).

Pablo, por tanto, ya no vive para s? mismo, para su propia justicia. Vive de Cristo y con Cristo: d?ndose a s? mismo; ya no se busca ni se hace a s? mismo. Esta es la nueva justicia, la nueva orientaci?n que nos ha dado el Se?or, que nos da la fe. ?Ante la cruz de Cristo, expresi?n m?xima se su entrega, ya no hay nadie que pueda gloriarse de s?, de su propia justicia! En otra ocasi?n, Pablo, haciendo eco a Jerem?as, aclara su pensamiento: ?El que se glor?e, glor?ese en el Se?or? (1 Corintios 1, 31; Jerem?as 9,22s); o tambi?n: ?En cuanto a m? ?Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Se?or Jesucristo, por la cual el mundo es para m? un crucificado y yo un crucificado para el mundo!? (G?latas 6,14).

Al reflexionar sobre lo que quiere decir no justificarse por las obras sino por la fe, hemos llegado al segundo elemento que define la identidad cristiana descrita por san Pablo en su propia vida. Identidad cristiana que se compone precisamente de dos elementos: no buscarse a s? mismo, sino revestirse de Cristo y entregarse con Cristo, y de este modo participar personalmente en la vida del mismo Cristo hasta sumergirse en ?l y compartir tanto su muerte como su vida.

Pablo lo escribe en la Carta a los Romanos: ?Fuimos bautizados en Cristo Jes?s, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos con ?l sepultados? somos una misma cosa con ?l? As? tambi?n vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes?s? (Romanos 6, 3.4.5.11). Precisamente esta ?ltima expresi?n es sintom?tica: para Pablo, de hecho, no es suficiente decir que los cristianos son bautizados, creyentes; para ?l es igualmente importante decir que ellos ?est?n en Cristo Jes?s? (Cf. tambi?n Romanos 8,1.2.39; 12,5; 16,3.7.10; 1 Corintios 1, 2.3, etc?tera).

En otras ocasiones invierte los t?rminos y escribe que ?Cristo est? en nosotros/vosotros? (Romanos 8,10; 2 Corintios 13,5) o ?en m?? (G?latas 2,20). Esta compenetraci?n mutua entre Cristo y el cristiano, caracter?stica de la ense?anza de Pablo, completa su reflexi?n sobre la fe. La fe, de hecho, si bien nos une ?ntimamente a Cristo, subraya la distinci?n entre nosotros y ?l. Pero, seg?n Pablo, la vida del cristiano tiene tambi?n un elemento que podr?amos llamar ?m?stico?, pues comporta ensimismarnos en Cristo y Cristo en nosotros. En este sentido, el ap?stol llega a calificar nuestros sufrimientos como los ?sufrimientos de Cristo en nosotros? (2 Corintios 1, 5), de manera que ?llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jes?s, a fin de que tambi?n la vida de Jes?s se manifieste en nuestro cuerpo? (2 Corintios 4,10).

Todo esto tenemos que aplicarlo a nuestra vida cotidiana siguiendo el ejemplo de Pablo que vivi? siempre con este gran horizonte espiritual. Por una parte, la fe debe mantenernos en una actitud constante de humildad ante Dios, es m?s, de adoraci?n y de alabanza en relaci?n con ?l. De hecho, lo que somos como cristianos s?lo se lo debemos a ?l y a su gracia. Dado que nada ni nadie puede tomar su lugar, es necesario por tanto que a nada ni a nadie rindamos el homenaje que le rendimos a ?l. Ning?n ?dolo tiene que contaminar nuestro universo espiritual, de lo contrario en vez de gozar de la libertad alcanzada volveremos a caer en una forma de esclavitud humillante. Por otra parte, nuestra radical pertenencia a Cristo y el hecho de que ?estamos en ?l? tiene que infundirnos una actitud de total confianza y de inmensa alegr?a.

En definitiva, tenemos que exclamar con san Pablo: ?Si Dios est? por nosotros ?qui?n contra nosotros?? (Romanos 8, 31). Y la respuesta es que nada ni nadie ?podr? separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jes?s Se?or nuestro? (Romanos 8,39). Nuestra vida cristiana, por tanto, se basa en la roca m?s estable y segura que puede imaginarse. De ella sacamos toda nuestra energ?a, como escribe precisamente el ap?stol: ?Todo lo puedo en Aquel que me conforta? (Fi1ipenses 4,13).

Afrontemos por tanto nuestra existencia, con sus alegr?as y dolores, apoyados por estos grandes sentimientos que Pablo nos ofrece. Haciendo esta experiencia, podemos comprender que es verdad lo que el mismo ap?stol escribe: ?yo s? bien en qui?n tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi dep?sito hasta aquel d?a?, es decir, hasta el d?a definitivo (2 Timoteo 1,12) de nuestro encuentro con Cristo, juez, salvador del mundo y nuestro.

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en espa?ol:]

Queridos hermanos y hermanas:
Despu?s de haberse encontrado con Cristo en el camino de Damasco, ?l fue para Pablo el centro de toda su vida y de su actividad apost?lica. El Ap?stol se percat? de la importancia insustituible de la fe, es decir, que nadie puede alcanzar la salvaci?n por los propios medios, sino s?lo por la gracia de Dios que nos llega mediante la redenci?n de Jesucristo. ?ste es nuestro punto de apoyo vital, que no pretende reivindicar nada a Dios, sino esperar todo de ?l. Otro aspecto importante de la fe es que, para el cristiano, no basta ser creyente o bautizado, sino que comporta estar "en Cristo Jes?s". Se trata de una mutua compenetraci?n con ?l, que lleva a vivir en la propia carne su vida, su muerte y resurrecci?n. Esta experiencia esencial nos invita a ser humildes ante Dios, a alabarlo por la gracia insondable que nos ha dado, a la vez que nos infunde inmensa alegr?a y confianza, pues, como dice el Ap?stol, "todo lo puedo en aqu?l que me conforta" (Flp 4, 13).

Saludo a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a las Siervas de Mar?a Ministras de los Enfermos, al grupo de la Fundaci?n Casa Museu, de Mallorca, Espa?a, y a la "Scuola Italiana" de Chile, as? como a los dem?s participantes de Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos.

Muchas gracias por vuestra atenci?n.

[? Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
Publicado por verdenaranja @ 0:39  | Habla el Papa
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