Jueves, 09 de noviembre de 2006
Art?culo del Padre Fernando Lorente, O.H. publicado
en EL D?A, el mi?rcoles 8 de Noviembre en la seccci?n CRITERIOS.

Luz en el Camino
Fernando Lorente, O.H. *


A todas las personas que, en el correr del tiempo y lugares, el testimonio de su existencia nos sigue ense?ando a convivir con respeto y sencillez

Y SON MUCHAS en nuestra sociedad actual. Sin embargo, sus nombres nunca vienen en los peri?dicos o muy raramente. No tienen t?tulos ni cuentas corrientes elevadas. Pero son personas grandes. Aunque no poseen muchas riquezas, algunas s?; unas y otras las tienen como algo que no se puede comparar con dinero: la riqueza de la bondad, capacidad de acogida, ternura y generosidad hacia el necesitado.

Hombres y mujeres, de diversas profesiones y estados, ancianos y j?venes, gentes que el pueblo llano distingue como personas del mont?n, personas de a pie a las que poco se valoran, pero que van pasando por la vida poniendo amor y cari?o a su alrededor. Personas sencillas y buenas que s?lo saben vivir echando una mano y haciendo el bien a quienes les necesitan. Gentes que no conocen el orgullo ni tienen grandes pretensiones. Personas a las que siempre encontramos en el momento oportuno, cuando se necesita de ellas la palabra de ?nimo, la mirada cordial, la mano y el abrazo, verdaderos gestos de cordialidad.

Entre estas personas, nunca faltan padres sencillos y buenos que se toman tiempo para escuchar a sus hijos peque?os, responder a sus infinitas preguntas, disfrutar con sus juegos y descubrir de nuevo la vida junto a ellos. Igualmente nos encontramos con madres incansables que llenan el hogar de calor y alegr?a. Mujeres que no tienen precio, pues saben dar a sus hijos lo que m?s necesitan para enfrentarse a la vida. Esposos que van madurando su amor d?a a d?a, aprendiendo a ceder, cuidando generosamente la felicidad del otro, perdon?ndose mutuamente en los mil peque?os roces de la vida.

Estas gentes desconocidas son las que hacen el mundo m?s habitable y la vida m?s humana. Ellas ponen un aire limpio y respirable en nuestra sociedad. De estas personas aqu? referidas y otras m?s que viven el mismo esp?ritu, Cristo ha dicho que son grandes porque viven al servicio de los dem?s. Quiz?s ni ellas mismas lo sepan, pero gracias a sus vidas se abre paso en tantos barrios y hogares la energ?a m?s antigua y genuina: la energ?a del amor. En el desierto de este mundo a veces tan inh?spito y duro, donde s?lo parece crecer la rivalidad y el enfrentamiento, ellas construyen y forman peque?os oasis en los que brotan la amistad, la reciprocidad y mutua ayuda. No usan los pu?os ni gritan; no se pierden en discursos y teor?as, lo suyo es siempre amar calladamente y prestar ayuda a quienes la necesitan. Pudiera ser -hasta esto es posible- que despu?s nadie les agradezca nunca nada, pero estas personas no por eso dejan de ser grandes y muy grandes, sencillamente porque son humanas y responsablemente cristianas.

Aqu? est? la grandeza de estas personas: amar y as?, de verdad. En el precepto del amor a Dios y al pr?jimo tienen su origen todos los dem?s preceptos dictados por ?l: en ?l tienen su profunda ra?z. As?, pues, nos da a entender Cristo que en el precepto del amor en su esencia nunca puede ser "Ley". Es "cumplimiento" de la Ley y fundamento de la vida de la fe cristiana. Aqu? es bueno recordar lo que dijo Jes?s al escriba "que hab?a respondido tan sabiamente": "No est?s lejos del Reino de Dios". (Mc 12,34). Basado en esta doctrina, tenemos que agradecer al gran papa Juan Pablo II, tan inteligente y sencillo, esta afirmaci?n apost?lica que nos dej? y tan oportuna para todos los tiempos y para todas las personas: "La caridad procede de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y a Dios conoce... Porque Dios es amor. (I Jn. 4, 7-8). Solamente lo que es construido sobre Dios, sobre el amor, es durable. Y un mundo que se construye sin Dios, por m?s prometedora que sea su ideolog?a pol?tica, se construye, tarde o temprano, contra la persona humana".

* Capell?n de la Cl?nica San Juan de Dios
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