Viernes, 10 de noviembre de 2006
Carta Pastoral del Arzobispo de Oviedo, Don Carlos Osoro Sierra, con motivo del Domund 2006, 22 de octubre. (Iglesia en Asturias)


?SAN FRANCISCO JAVIER, TESTIGO Y MAESTRO DE LA MISI?N?
22 de octubre de 2006


San Francisco Javier, expresi?n de la belleza que tiene el amor de Dios
Un a?o m?s, celebramos la Jornada Misionera Mundial Misionera del DOMUND, que nos ofrece la posibilidad de hacer una reflexi?n serena sobre la misi?n de la Iglesia. El Papa Benedicto XVI ha elegido como lema para esta jornada el de ?La caridad, alma de la misi?n?. En Espa?a, con motivo de la celebraci?n del Quinto Centenario del nacimiento de San Francisco Javier, tenemos para esta edici?n de 2006 un lema espec?fico: ?San Francisco Javier, testigo y maestro de la misi?n?. La figura fascinante de San Francisco Javier es una expresi?n singular de la fuerza y de la belleza extraordinaria que tiene la caridad, es decir, el amor como alma de la misi?n. A pesar de lo breve que fue la acci?n misionera de San Francisco Javier, once a?os y medio, sin embargo, es uno de los grandes misioneros de la historia. La fisonom?a espiritual de este santo nos hace ver c?mo arde en su coraz?n, con una fuerza muy honda, la llama poderosa del amor de Dios y el amor inmenso a los hombres que nacen precisamente de la fuerza del amor de Dios en su vida. Esto es lo que lleva a Francisco Javier a tener un celo especial por extender la gloria de Dios y por desear que llegue a todos los hombres la salvaci?n.

testigos y maestros, como vasijas que se llenan del amor de Dos para darlo
Solamente se puede ser testigo y maestro siendo vasija que se ha dejado llenar por el amor de Dios. Pues, si la misi?n no nace de ese profundo acto de amor de Dios, corre siempre el riesgo de verse reducida a una simple actividad filantr?pica o social. ?Qu? fuerza m?s grande tiene el percibir el amor de Dios en cada persona! Cuando sentimos que Dios nos quiere y nos envuelve en su amor, entramos en el n?cleo de esa experiencia ?nica que nos capacita para anunciar el Evangelio. Llenarnos del amor de Dios nos convierte en testigos y maestros. Para poder evangelizar la Iglesia necesita la fortaleza del Esp?ritu Santo que, en definitiva, es estar fuerte y lleno del Amor de Dios. Descubrimos c?mo los ap?stoles, cuando a?n no hab?an recibido el Esp?ritu Santo, viv?an acobardados y recluidos en el cen?culo. Sin embargo, cuando llegan a tenerlo, a?n siendo muy pocos y sin gran sabidur?a humana, muestran una fuerza capaz de evangelizar a todos los pueblos: ?Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo que vendr? sobre vosotros, y ser?is mis testigos en Jerusal?n, en Judea y Samar?a, y hasta los confines de la tierra? (Hch 1, 8) y ?la Iglesia se edificaba y caminaba en la fidelidad al Se?or, e iba en crecimiento por la asistencia del Esp?ritu Santo? (Hch 9, 31).

urgencia de la misi?n y riesgo de vaciar el impulso misionero
Hay unas palabras en la Primera Carta de San Juan que nos hacen descubrir la urgencia de la misi?n de la Iglesia, me refiero a estas: ?En esto se manifest? el amor que Dios nos tiene; en que Dios envi? al mundo a su Hijo ?nico para que vivamos por medio de ?l? (1 Jn 4, 9). Solamente viviendo de Jesucristo tenemos capacidad para realizar la misi?n que ?l entreg? a la Iglesia de anunciarle a todos los hombres. El Amor se hizo presente entre nosotros en Jesucristo. Ese mismo amor tiene que seguir haci?ndose visible y palpable entre los hombres a trav?s de la Iglesia. Y no se har? tal, no encontrar? rostros que lo hagan presente, si se vive al margen, si se tienen dudas o se escamotea la presencia alentadora y transformadora de ese amor que tiene rostro: Jesucristo. ?Tendremos hoy este riesgo?

Viene bien recordar aquellas palabras de la enc?clica Redemptoris missio del Papa Juan Pablo II en las que nos se?ala una realidad que se puede dar en la Iglesia: ?La misi?n espec?fica ?ad gentes? parece que se va parando, no ciertamente en sinton?a con las indicaciones del Concilio y del magisterio posterior?En la historia de la Iglesia el impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad, as? como su disminuci?n es signo de una crisis de fe? (RM 2). Hagamos todo lo que est? a nuestro alcance en nuestra Iglesia Diocesana para dar a conocer al Dios que es Amor. Vivamos la comuni?n con Jesucristo para poder regalar as? el amor en su manifestaci?n m?s radical _hasta dar la vida por todos los hombres_ para que todos sientan el efecto del Amor entra?able y misericordioso manifestado en Jesucristo.

el arte de vivir en la caridad: incendiar el mundo con la caridad
Como San Francisco Javier, estamos llamados a ser testigos y maestros. Un testigo y un maestro se hace en la casa del hombre que es Dios mismo. Hay que vivir en ?l y de ?l, solamente as? ardemos con ese fuego de amor, de caridad, que es capaz de incendiar el mundo entero. San Francisco Javier, testigo y maestro en el arte de la misi?n, fue un testigo aut?ntico, pues hablaba de lo que ?l mismo ve?a y experimentaba; no hablaba de memoria o de cuestiones aprendidas en un libro, lo hac?a como quien contaba de primera mano lo que estaba contemplando, que no era m?s que a Jesucristo. El testigo, por tanto, es siempre un contemplativo que se convierte en maestro que ense?a a los dem?s desde su propia experiencia fraguada en esa relaci?n ?ntima y profunda con el Se?or: la Verdad.

arriesgar la vida para predicar la Buena Noticia y ser testigos de la verdad
Fijo la mirada en un dato de la personalidad de San Francisco Javier: su parres?a apost?lica, su audacia y la fortaleza que mostraba en todas las situaciones, incluso cuando arriesgaba gravemente su vida para afirmar y predicar la verdad de Jesucristo. Al igual que San Pablo, sent?a en su vida la misi?n extraordinaria que el Se?or hab?a encargado a la Iglesia: la de predicar la Buena Noticia a todas las naciones de la tierra (cf. Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-16). San Francisco Javier es un testigo y un maestro que arriesg? gravemente su vida a la hora de dar testimonio de la Verdad. Su predicaci?n fue siempre sencilla, centrada en las grandes verdades del Credo y en las principales oraciones cristianas. Arriesgar la vida por anunciar a Jesucristo supone: 1) luchar directamente contra el pecado: ?Como el Padre me ha enviado, as? os env?o yo? (Jn 20, 21); 2) dar testimonio expl?cito de la verdad, que es el mismo Jesucristo, sin ambig?edades de ning?n tipo; 3) predicar directamente a Cristo Salvador, sin correr el riesgo de predicar otros valores que vac?en de contenidos la vida cristiana; 4) alentar la conversi?n de los hombres con el testimonio de vida y la palabra, desde la ?ptica de una Iglesia martirial.

empe?o de la comunidad cristiana: llenar el mundo de caridad, de Dios mismo
El empe?o primero de toda comunidad cristiana es regalar al mundo el Amor, ese amor que se manifest? en Jesucristo y que llena nuestra vida por la efusi?n del Esp?ritu Santo que se nos ha dado. Nuestra gran tarea y misi?n es llenar el mundo de la caridad, que es Dios mismo. Por eso, ser fieles al amor divino, es el gran empe?o que debemos de tener todos los cristianos y todas las comunidades cristianas. Cuando tenemos conciencia de esta misi?n, hay generosidad y disponibilidad de los disc?pulos para realizar toda clase de obras; pues, tal como nos dec?a el Papa Juan Pablo II, ?actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno? (RM 60). La comunidad cristiana llena el mundo de Dios si desarrolla estos compromisos:


? Colaborar con todas las fuerzas de que sea capaz en la actividad de la Obra Pontificia de la Propagaci?n de la Fe.
? Suscitar inter?s por la evangelizaci?n universal en las familias, en las comunidades cristianas, en las parroquias, escuelas, laicos, sacerdotes, vida consagrada.
? Fomentar las vocaciones misioneras.
? Animar a la cooperaci?n espiritual en favor de las misiones.
? Favorecer el intercambio de personal apost?lico para la evangelizaci?n del mundo.
? Colaborar econ?micamente con la Iglesia para solventar las necesidades de la misi?n.

nuestra Archidi?cesis de Oviedo, misionera
Nuestra Iglesia Diocesana tiene que vivir cada d?a la misi?n con m?s intensidad, pues la Iglesia naci? para la misi?n. Hoy os pido ayuda econ?mica para realizar la misi?n ad gentes; sed generosos, la transformaci?n radical de este mundo solamente llegar? si promovemos el Amor de Dios, como lo hizo Francisco Javier, en todas las situaciones que nos toca vivir. En el libro de los Hechos de los Ap?stoles San Lucas ilustra con tres grandes retratos la naturaleza de la Iglesia, que San Francisco Javier tambi?n supo vivir:


1. El libro de los Hechos de los Ap?stoles nos habla de la permanencia de los disc?pulos en el cen?culo, en compa??a de los fieles de Jes?s, junto con Mar?a, su madre, y en la constancia de la oraci?n. Toda la actividad de San Francisco Javier es dirigirse al Dios vivo, para estar disponibles a su querer.
2. El libro de los Hechos de los Ap?stoles nos dice que para ser cristiano hay que acoger el regalo del dep?sito de la fe, en la asiduidad en la ense?anza de los ap?stoles, en la perseverancia en la vida de comunidad, en la fracci?n del pan y en la oraci?n. San Francisco Javier nos recordar? que palabra y sacramento son las dos columnas del edificio vivo de la Iglesia.
3. El libro de los Hechos de los Ap?stoles nos hace vivir sabiendo y experimentando en nuestra propia vida que Dios es Amor. Es el fuego del Esp?ritu Santo quien pone en movimiento a la Iglesia. Y el Esp?ritu, que es amor, impulsa a los disc?pulos a ser testigos del amor, es decir, de Jesucristo, hasta los confines de la tierra. ?No es esto lo que hizo San Francisco Javier?


colabora econ?micamente en la misi?n de la Iglesia y siente la intercesi?n de San Francisco Javier y de la Santina de Covadonga
Os pido que colabor?is econ?micamente en el anuncio de Jesucristo a los hombres que a?n no lo conocen. Al pedir la intercesi?n de San Francisco Javier, uno de los patronos de las misiones, invocamos tambi?n la de la Sant?sima Virgen Mar?a, en su advocaci?n de Covadonga, para poder regalar a todos, como Ella hizo, el rostro humano de un Dios que es Amor.

Con gran afecto, os bendice

Carlos Osoro Sierra
Arzobispo de Oviedo
Publicado por verdenaranja @ 22:34  | Hablan los obispos
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